Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 20: Olvidar.
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Solo un poco mas.
El mundo se desdibujó ante sus ojos. El humo atestaba el lugar en el que se encontraba. Olía a tabaco, a alcohol rancio, a cuerpos sucios, a higiene deficiente, a podredumbre, a decadencia.
No le importaba nada, solo quería olvidar, nada mas.
Olvidar quien era, quien fue.
Su vida, sus vivencias, lo que una vez amó o pretendió amar.
Una nueva sustancia llegó a sus manos, y acabó en su cuerpo a los pocos segundos. Le daba igual, no llevaba la cuenta de lo que había ingerido, solo esperaba que esta fuera la definitiva, la que le robara la consciencia para siempre.
Y tal y como pasaba en cada una de sus salidas, la imponente figura del Uchiha aparecía de la nada en cuanto lograba su objetivo, desmayarse.
Izuna tomó a Sasuke del suelo, donde se encontraba tirado, sucio y perjudicado, y lo acunó contra su cuerpo, como un tesoro preciado.
No quiso saber que había sido esta vez, ni que sustancia le había dejado en ese estado.
Llegó a lo que una vez fue su hogar y le depositó con suma cautela sobre el colchón.
Esa casa había dejado de ser un hogar, para ser el sitio en el que Sasuke despertaba después de cada salida, sin saber que había hecho ni con quien. No tenía finalidad, solo olvidar... si quizá eso se podía considerar una buena meta.
Izuna le desvistió, y buscó una toalla húmeda con la que limpiar su piel. Los restos de vómito reseco en su cuello, el hedor insoportable a sudor rancio, a alcohol ingerido y devuelto al mundo sobre su cabello, su piel.
Casi lo había conseguido. La criatura hermosa que una vez fue, casi había desparecido. El despojo que yacía en la cama no era mas que una mera caricatura de lo que una vez fue el orgulloso Uchiha.
Sasuke quería olvidarlo todo. Que una vez le amó, que tenían una vida, un hijo... en su mente solo había espacio para su drama. No dejaba de pensar en lo que había pasado.
Lo supo casi al instante, supo que estaba embarazado incluso cuando Izuna aún seguía en la cama con él, cuando su cálido esperma aún resbalaba a su interior, buscando el sitio adecuado en el que anidar, alimentarse y crecer hasta formar vida.
Pero no quiso parecer un loco. Pensó esperar, a pesar de que el embarazo de Taka no fue precisamente un paseo tranquilo. Le costó ganar peso, y tuvo varios problemas de salud... Tsunade le advirtió que un segundo embarazo sería mas peligroso, y requeriría de controles mas exhaustivos... pero quiso esperar. Tenía miedo, de hacerlo mal. Taka era tan perfecto, y él no quería darle un hermano deforme, o algo peor.
Supo que todo iba mal, no tenía hambre, y obligado a comer vomitaba sin mas... y no quiso decir nada. Le llamarían incompetente, desalmado...
No había hablado con nadie en los últimos meses. Izuna se había cansado de tratar de dialogar con él, y se había convertido en una especie de sombra protectora, que le rescataba cuando el moreno caía inconsciente en cualquier sitio.
La última vez que hablaron, a ambos la conversación se les fue de las manos. Se acusaron mutuamente de todo, a gritos, sin escucharse el uno al otro, sin oír el llanto de su hijo.
Y Sasuke ya no era él, ni estaba, ni quería volver... Izuna estaba cansado de todo, de él, de seguirle a todas partes, de ser el basurero que recogía el despojo que era su persona cuando su cuerpo ya no podía soportar el alcohol, las drogas o lo que fuera que se metía en el cuerpo.
Ya no podía soportarlo mas.
Recogió la ropa del suelo, después de asegurarse de que seguía durmiendo. Estaba agradecido por los días que había pasado junto a él, la muerte de su hijo fue una especie de punto sin retorno en su relación. Amaba a Sasuke con todo lo que era, pero vivir su autodestrucción en primera fila era insoportable.
Había tomado una decisión, una que no tendría vuelta atrás. Pero de ese modo él sería el único herido de los dos. Izuna cargaría con las heridas por los dos, con el dolor de la pérdida y con la pena que eso causaría en su hijo. Pero antes de hacer nada, quería hablar con su hermano.
Si lo iba a hacer, si iba a devolverle su vida, al menos quería saber que no estaba cometiendo un error al pensar en ello.
Sasuke se merecía al menos la oportunidad de un nuevo comienzo, a si que , arrancaría de su mente los dos últimos años, La presencia de Izuna y todo lo que habían vivido juntos, todo, quedaría olvidado para siempre.
Madara le escuchó en silencio.
Los últimos meses habían sido una auténtica tortura para su hermano.
Había aguantando día tras día, primero el silencio de su esposo, luego los gritos, el desprecio... y el siguiente escalón, ver cada día como se autodestruía sin poder intervenir para impedirlo.
Si él tuviera que hacerlo por Deidara, no habría sido tan paciente, ni considerado.
Deidara habría acabado encadenado en una de las salas de interrogatorios del anbu, y le habría mantenido ahí hasta hacerle entrar en razón... Madara habría usado toda su artillería, su hijo, su amor, lo que se le ocurriera... pero nada de eso había funcionado con Sasuke.
Era como si no entendiera que Izuna también había perdido ese bebé, en su mente solo existía él, y nada mas, ni Taka, ni sus amigos, ni su familia... Él y sus ganas de desaparecer del mundo, y hacer todo el daño posible en su caída.
Izuna sentó a su hijo sobre sus piernas. Tobi entró con el niño de la mano a la carrera. Sabía que pasaba algo, aunque no entendía qué exactamente.
Hacerle entender que su madre no le recordaría fue lo mas duro que Izuna había hecho en toda su vida. Taka miró a su padre, serio. Deidara negó, en silencio. Entendía la decisión, aunque no le gustara. Su primer impulso era ir junto a Sasuke y sacudirle hasta que le doliera la mano... pero...
Acarició su redondez y tomó a Tobi de la mano, para dejar a Izuna a solas con su pequeño.
Y regresó de nuevo a su antiguo hogar. Deshizo la venda de su cabeza con dedos temblorosos.
Sasuke seguía dormido donde él lo había dejado. Dudó, un segundo, pero si quería hacerle volver, primero tenía que devolverle las riendas de su vida, y sacar de ella aquello que le hacía daño; empezando por su presencia.
Aprovechó el momento en el que aún seguía dormido, para mirarle, con los ojos, y no con las manos como le conocía desde el inicio de su extraña relación.
Izuna suspiró. Siguió la línea de su rostro, con el dorso de los dedos. Necesitaba unos segundos para controlar su vista del todo, para acostumbrarse a la técnica perpetua y procesarla en su mente, pero la imagen de Sasuke sabía que permanecería en su mente para siempre.
Al igual que supo, en ese mismísimo momento, admirando su delgado cuerpo, que jamas volvería a enamorarse de alguien como lo estaba de Sasuke. Para él se acabó. Se centraría en Taka, en su crianza, en hacer de su hijo un hombre de provecho... en superar todo aquello como fuera.
Entendía a su esposo, esa búsqueda incesante y eterna de un modo de dejar de sentir. Intentando hacerse el mayor daño posible, para ver si así se volvía insensible, sin mas.
Quiso besarle, con los ojos abiertos, dejar su alma en ese simple gesto. Olvidar que un día le quiso, que vivió su amor hasta el final. Que sintió a su pequeño Taka llegar al mundo cuando aún se amaban, cuando eran una familia, pequeñita e inexperta.
Olvidar.
Solo eso.
Borrar sus pasos juntos, y comenzar un nuevo camino... sin él.
Sasuke gimió, al sentir su sueño interrumpido, un signo inequívoco que ya era el momento adecuado.
Izuna se sentó, junto a sus caderas y deslizó su brazo bajo el fino cuerpo del moreno, sentándole con él, dormido.
Su cabeza se fue sin fuerzas, hacia delante.
Sasuke entreabrió los ojos, confuso. La mente embotada por las sustancias que aún invadían su cuerpo, sin poder coordinar bien sus extremidades.
Su sharingan surgió, con fuerza, en respuesta al de su marido, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Sintió su intrusión como una lengua abrasadora, confundiendo sus pensamientos, hurgando sin cuidado en ellos. Poniendo, quitando, cambiando de sitio, hechos, frases, sentimientos... todo lo que habían tenido juntos había desaparecido tal y como Sasuke lo había vivido.
Conocía a Izuna, eso por supuesto, pero no recordaría su matrimonio, ni que había estado embarazado, ni que Taka era su hijo, el hijo que ambos tenían juntos.
Para Sasuke, el niño era hijo de Izuna, y de algún otro miembro del clan que él no conocía. Su casa no era de ellos, si no solo de él...
Su vida era el equipo siete... y su estado de salud tan precario era por culpa de un virus, pero se estaba recuperando.
Sasuke jadeó a la intrusión, y a la persona que estaba ahí con él, pero su cuerpo no reaccionó como esperaba. Recibió los labios del desconocido sobre los suyos, y dejó que sus yemas le cerraran los párpados con una caricia.
Y sus palabras, lejanas, confusas y pesadas, atravesar su mente en un suspiro y alejarse del mismo modo.
"Espero que seas muy feliz".
Y entonces, todo terminó.
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Naruto entró en el cuarto, sonriente.
Itachi le miró, con el pie de la niña literalmente metido en la boca, entero. Miku luchaba contra su padre con uñas y dientes, intentando que la soltara, sin éxito alguno.
– ¿Qué pasa aquí?. – Naruto ensanchó la sonrisa hasta casi llegar a las orejas.
– Fufamos. – Contestó en la misma postura. – Perdón, jejeje, jugamos. ¿Quieres un poco?. – Levantó el pequeño pie de la niña ofreciéndole a su madre, como si le invitase a comer algo rico de verás.
– No, mami, povavor... no. – Miku trató de dar pena, lanzando su manita a la puerta, por la que Tobi entraba de la mano de su mamá.
Tobi subió a la cama y empezó a golpear con sus pequeños puños la espalda de Itachi, pero el moreno, mas grande y mas listo, le arrastró por el colchón y le quitó la sandalia para mordisquear el pie del niño también. Sus carcajadas arrancaron una sonrisa a Deidara y los demás.
– Izuna ha ido a … – La voz estrangulada de Deidara rompió la frase por la mitad. – No es justo...
– No te preocupes. – Itachi siguió haciendo cosquillas a los dos niños, con la furiosa mirada de Deidara en su espalda. – No funcionará... he estado en su pellejo, y no podrá borrarlo todo sin mas.
– Pero el sharingan de Izuna. – Deidara se sentó a su lado, acariciando a los niños con una dulce sonrisa, mientras los dos trataban de tumbar a Itachi con sus limitadas fuerzas.
– Es terrible, lo sé... pero es una ilusión. No dura para siempre. – El artista parpadeó sin entender del todo. – Ocurrirá algo, una palabra, un gesto, un aroma, algo insignificante, que le devolverá todo de golpe. Solo es temporal, y creo que Izuna lo entiende así... aunque no deja de ser terrible.
– Me de pena el niño. – Deidara suspiró, comprendiendo que realmente Itachi había estado en el mismo lugar, renunciando a la persona amada solo para que fuera feliz.
– Taka ta mien. – Tobi se aferró al cuello de Itachi, pellizcando con saña sus mofletes. – Tio Suke ta funfundido. Pero to ta mien, yo presta mano cuando salga de mamá, y no mas pupa.
– brazooooooo. – Miku agarró a su padre por encima de Tobi.
– Eso, mamos a dar mil brazos a tio Zuna y tio Suke, dimos que nos den mimos a nosotos hasta que salga mano, o bebés de tio loco.
– ¡Ehhhhh!. – Miku le agarró de la camiseta por insultar a Hidan.
– Solo tenemos que comportarnos como si ellos no tuvieran nada un tiempo, todo saldrá bien. – Itachi le miró de reojo, rozando con el dorso de los dedos el vientre de Deidara. – Tamibén pensé que no tendría futuro y mira. – señaló a la niña, y después su sonrisa plena.
Cierto, por muy mal que estuviera todo, en algún momento, se arreglaría, solo había que dejar que Sasuke y su esposo, curasen su corazón con calma.
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– Esto está de muer... – Hidan arrugó la frente sin acabar la frase.
Últimamente tenía una extraña sensación; algo que le llenaba el cuerpo y no podía definir del todo.
La presión cesó, pero justo después sintió un dolor intenso en el vientre. El cálido liquido bajando por el asiento le indicó que todo estaba mal.
– ¡Ahhh... Ka ku- u … ugh!. – Su mano contuvo una arcada y se dobló hacia delante.
Mierda. Solo estaba de siete meses, sus bebés aún no estaban formados del todo y el no podía usar su inmortalidad para protegerlos. Había renunciado a su condición por tenerlos dentro.
Se arrastró como pudo hasta el despacho, con el hombro pegado a la pared.
– Maldita sea, estúpido. Te estoy llamando. – Jadeó las palabras sin fuerzas.
– ¿Y ahora que tripa se te ha roto?. – Sin volverse siguió a lo suyo,estaba acostumbrado a las peticiones egoístas del peliplata. El pergamino que estaba consultando era de lo mas interesante, contando el ritual que se seguía con el nacimiento de las nuevas sacerdotisas del culto de Jashin. Cualquiera con sangre del dios debía someterse a el y tenía que estudiar como hacerlo con sus hijos, ya que eran dos.
– Estos cabrones …...
– ¡Oh, mierda!. – Se levantó de un salto y le tomó en los brazos para ir a la carrera hasta el quirófano. – Es demasiado pronto...
– ¿Si, no me digas?... Díselo a ellos. – Contrajo la cara en una mueca dolorida. – Mierda Kaku, sácamelos de una puta vez, esto duele.
Le dejó medio sentando en la camilla y fue llenando una bandeja con material quirúrgico de todo tipo. Tomó ropa, y dio varios viajes entrando y saliendo del cuarto, mientras Hidan se retorcía manteniendo su cuerpo erguido a duras penas.
– Tienes que parir en el templo. – Le tomó en brazos, pero el peli plata se resistió sin entender. – No sé si lo he hecho bien, a si que, vas a tener que perdonarme si no es así...
– Pero allí no podré... – Apretó los labios conteniendo un grito desesperado.
– Puedo abrirte sin mas y sacarlos aquí, pero se que es importante para ti, todo lo relacionado con Jashin, y los bebés son tan hijos míos como tuyos...
No discutió, su mente no estaba para hacerlo.
Empujó la puerta con el hombro cargando a Hidan y le tumbó en mitad del símbolo del suelo, en el que había extendido una cálida capa de algodón. Hidan vio que había preparado dos cunitas, y todo estaba ordenado a los lados. Incluso las ofrendas y las velas estaban en el sitio correcto y eso le enterneció.
– Lo ideal sería que los tuvieras de modo natural, pero si no puedes soportarlo, los sacaré. – Hidan asintió.
– Dime que hago, todo esto es nuevo para mí. – Kakuzu le quitó la ropa de la parte inferior y tanteó por fuera con dedos temblorosos.
– No te muevas, voy a ver como están colocados. – Sus expertas manos viajaron por la piel tirante, reconociendo cada bulto. Suspiró aliviado.
– La buena noticia es que estás de parto. – Su mirada dejaba muy claro que ese pequeño detalle lo había notado. – La mala es que aunque quiera sedarte no va a servir de nada, por que el primero ya está asomando.
– Sácale, mierda Kakuzu... – Estiró los brazos a los lados, pero el papá los metió de nuevo dentro del círculo, regañándole.
Tomó sus tobillos y le apoyó los pies en sus propios hombros, acercando sus dos manos al bebé.
Hidan empujó con las piernas, sin mover ni un milímetro al moreno del sitio. Suspiró entre dientes, jadeó, y gimió. Al final, un grito desgarrador, eterno y alargado en el tiempo rebotó por el templo.
El primer bebé llegó al mundo protestando. Kakuzu le atendió entre las piernas abiertas de la mamá, en el sitio en el que había quedado. Formó un pequeño símbolo imitando el del suelo y limpió a la criatura con la mano.
Solo necesitó dos minutos para sentir la nueva presión en sus hombros. Hidan quería empujar de nuevo,eso era bueno. Desplazó al bebe aún unido a su madre hasta sus rodillas y buscó al segundo niño.
Hidan no le escuchaba, empujando con todas sus ganas para que terminase de una maldita vez. Gracias al cielo los dos eran mucho mas pequeños que un niño totalmente formado, pro lo que el parto fue rápido y limpio.
Kakuzu cortó los dos cordones y limpió a Hidan con una sola mano. Le agarró por las muñecas y le sentó, para que viese a los niños. Empezaron a llorar al mismo tiempo, retorciéndose al verse separados.
Hidan estalló en carcajadas, haciendo rodar a uno de los bebés para que tocara a su hermano.
Fue como mágico, por que al instante dejaron de llorar.
El que había nacido primero abrió los ojos, verdes como los de su padre, hermosos.
Eran pequeñitos, de piel pálida lechosa y blanquita. Y unos increíbles y definidos ojos verdes, tan idénticos a su padre que Hidan casi se sintió molesto.
Kakuzu se llevó a uno de los niños para limpiarle y ponerle ropa y un pañal. Hizo lo mismo con el segundo, después de dejarlo sobre el peliplata, que dudaba de como poner las manos para acoger a los dos bebés al mismo tiempo.
– Son niños... chicos. – Hidan murmuró haciendo un puchero cuando Kakuzu asintió. – ¿Los dos?.
– Si, dos hombrecitos gruñones como su mamá. – metió en bolsas las telas manchadas y recogió lo que quedaba antes de tumbarse junto a su, de repente, numerosa familia.
– Quería niñas... o por lo menos una. – Miró a Kakuzu por encima de la cabecita de uno de los niños, sonriendo cansado. – Son preciosos... gracias.
– Hakuron, el mayor. – Kakuzu señaló al bebé, con el dedo. – Hikaru, el mas pequeño... No los he pesado ni nada, pero están sanos... aún así, deberías completar el ritual para que volvamos dentro y os haga unos cuantos análisis...
– Vale. – Hidan cambió tras decirlo, volviendo su piel negra y blanca un momento. Kakuzu dibujó una sonrisa cuando los bebés imitaron a su mamá perfectamente. – Vamos a dejar que papá se divierta con sus juguetes ¿Eh chicos?.
La plegaría surgió de sus labios en su idioma natal. El padre le miró, serio. Hacía años que no escuchaba esas palabras, y en la voz de Hidan le parecieron tan maravillosas como la mas hermosa de las canciones.
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Ayyyyy que cap mas tristonceteeeeeeeeeeee
Bueno, gracias por leer y comentar
Besitos y mrodiskitos
Shiga san
