Como dije antes ¡Muchas gracias por sus comentarios! ^_^. No he podido responder porque tiene tanto que no uso este sitio que ya me volví obsoleta, pero quiero que sepan que todos y cada uno de ellos es apreciado y me hacen sentir estupendo. Gracias.


Capítulo 3

El sol estaba en su esplendor cuando Deidara, con un gesto de enfado y vergüenza, salió de Uchiha Corp.

El rubio, actualmente castaño, se hubiese dejado morir en la calle de no haber sido porque lo que más quería era que todos dejasen de mirarlo y la vía pública no era un lugar poco transitado.

Se odiaba, lo odiaba, necesitaba meterse en una caja y mandarse a un punto inespecífico de un país en otro continente, todo porque Itachi Uchiha iba a rellenar todos los "A mí nunca…" que él pudiera decir.

Primero "A mí nunca me habían dicho feo" y ahora "A mí nunca me rechazaron una cita".

Sí, lo había rechazado y lo entendía pero a la vez no lo hacía. Es decir: Uchiha debió de aceptar llevarlo a comer, Deidara se lo pedía y él no le ordenaba a cualquiera que lo invitara a comer.

No a cualquiera

Sin embargo el pelinegro le había lanzado un gesto de incredulidad y luego le soltó un suave, pero firme, – "No" –

¡¿Cómo que NO?!

- "…, puedo pagarte una comida, pero me temo que no tengo más tiempo para perderlo contigo"-

¿Perder el tiempo dijo?, ¡Con él!... ¡CON DEIDARA NAMIKAZE!

En ese momento el rostro del modelo perdió color y luego, poco a poco, su tez fue adquiriendo un notorio granate. Se acababa de dar cuenta que le había propuesto al insoportable hombre frente a él una cita, de una manera bastante descarada, y Uchiha simplemente se había negado.

¡Perder el tiempo!

No supo por qué pero se quedó callado. Se sintió diminuto y, humillado, se dio la vuelta para salir del despacho del pelinegro, sin despedirse o hacer un sólo gesto.

De eso ya habían pasado unos 20 minutos y Deidara caminaba por la calle intentando encontrar el rumbo a su casa. La ropa que usaba era un poco holgada para su menudo cuerpo y los zapatos incomodaban ligeramente sus talones, sin embargo iba sumido en sus tortuosos pensamientos.

- ¡AHH DEIDARA QUE ESTÚPIDO ERES! – el rubio se golpeó repetidamente la frente con la palma de la mano hasta que la dejó cubrir sus ojos en un gesto de pesar – No puedo creer que yo… - apartó la mano y negó frenéticamente – No me importa – se intentó auto convencer.

Antes se había sentido avergonzado pero ahora estaba enfadado.

Por todas las maneras posibles intentaba convencerse de que la razón de su enojo se debía al simple hecho de que Uchiha lo insultara y no se disculpara. Pues si no era eso le quedaba la horrible idea de que él se había deslumbrado por el pelinegro.

Pensar en que la razón de su malestar era como Itachi lo ignoraba y hacia menos con cada una de sus palabras era mortificante.

No, él no necesitaba con desesperación llamar la atención del pelinegro, no quería una cita con él y sobre todo no sentía una especie de crush. Todo había sido un conjunto de sucesos extraños que lo habían llevado hasta ese momento: Tener hambre, estar perdido y no traer ni un centavo encima.

Deidara Namikaze pensaba lanzarse a los automóviles antes de aceptar que lo que había comenzado como un día de venganza, se había convertido en él sintiéndose un idiota. Peor, saber que apenas pasaban minutos tras el mediodía.

El estómago le volvió a rugir, tenía hambre y para colmo paseaba por la zona restaurantera en el centro de la ciudad. Estaba seguro de que si fuese Deidara, el bello modelo, no tendría ni el más mínimo problema en entrar a cualquiera de esos restaurantes para saciarse sin pagar. Pero como en esos momentos era un ser humano cualquiera, lo único que podía hacer era embriagarse de los aromas y hacerse a la idea que comería hasta que lograse llegar a casa.

A ese ritmo aproximadamente en una hora o dos.

Pasó frente a su lugar favorito y no pudo evitar detenerse a observar a los comensales a través del ventanal. Hacia bastante tiempo que no lo visitaba, desde que cumplió los 4 años si mal no recordaba. Suspiró y cerró los ojos. No le gustaba pensar en las razones por las cuales dejó de ir. Negó levemente y pasó la mano por los cabellos castaños de su peluca – qué más da – se susurró y comenzó a jalar para zafársela.

Pero en ese momento ocurrió una de esas cosas extraordinarias que sólo te pasan cuando no las esperas. Pues mientras, distraído, se peleaba con uno de los pasadores que fijaban la peluca a su cabeza dio un par de pasos y chocó contra "algo". Una persona para ser más específicos, y no cualquier persona, no, Deidara acababa de golpearse la nariz contra la barbilla de Itachi Uchiha.

El idol se soltó la cabeza para sobarse la nariz al tiempo que se quejaba ligeramente. Sin embargo, cuando se dio cuenta contra quién había chocado abrió los ojos de par en par y comenzó a rezar por no estar sonrojado.

¡Tenía 21 años, por Kami! eso de avergonzarse como adolescente ya no debía ocurrirle.

- Ah…a… ar… - No supo que decir, simplemente esperó que la mano que llevó a su nariz cubriera todo su rostro. Encontró la mirada con el pelinegro y entonces fue oficial: estaba sonrojado hasta las orejas.

Itachi también se llevó la mano a la cara, acariciándose la barbilla con suavidad, y cuando bajó la mirada para ver al atacante se llevó una sorpresa al encontrarse con el castaño.

¿Coincidencia o Deidara Namikaze era un acosador? El chico había usado, en menos de 24 horas, las 2 técnicas más comunes que la gente usaba cuando quería tener una conversación "por casualidad" con él.

El rostro del Uchiha fue inexpresivo. Incluso cuando volvió a ver el sonrojo inundando aquellas mejillas y, por segunda vez, pensó que aquella reacción resultaba un tanto adorable en el joven frente a él.

- a… adiós –Deidara entró en pánico cuando se dio cuenta de su horrible estado. Las manos le cosquilleaban, sentía el corazón latirle rápidamente y su cerebro no podía procesar otra palabra aparte de "huye". E Itachi no hizo nada para detenerlo sólo lo vio caminar para ir a chocar contra Kisame, que venía unos metros tras él.

- ¡AH! – Esta vez Deidara casi se va de espaldas y hubiese caído al suelo sino fuera porque el guardaespaldas lo tomó de la mano.

– ¿Estas bien? – Kisame lo examinó - ¡Oye!, yo te conozco ¿no es así? –

Deidara pensó que quería que el viento azotara fuerte y lo llevase volando

– Es el del aeropuerto – Itachi informó sin interés

Entonces el rubio reaccionó – Es Deidara Namikaze y – jaló la mano bruscamente para que Kisame lo soltara – estoy bien gracias, o estaba antes de volverme a topar contigo – miró al Uchiha con rencor

Itachi lo ignoró, otra vez como si no fuese con él, y comenzó a caminar para entrar al restaurante

Deidara frunció el ceño – Cosas más importantes que hacer – rumió por lo bajo y se giró para también seguir por su camino – que perder el tiempo conmigo –

Kisame alcanzó a escucharlo y se contrarió. El chico parecía verdaderamente desorientado – ¿De verdad estás bien? – externó preocupado.

– Si – el modelo contestó brusco, sin embargo pudo sentir como el estómago le volvió a rugir. Así que suspiró, miró de reojo a Uchiha y vio que ya estaba lejos por varios metros, a pasos de la puerta del restaurante. Y entonces se lo pensó mejor – Yo – hizo un gesto derrotado y asegurándose de que el empresario no lo viese soltó el aire con pesar antes de mirar al guardaespaldas a los ojos – necesito que me preste su celular –

Kisame lo cuestionó con la mirada.

– Mi casa queda lejos y necesito que un amigo venga por mí –

El peliazul lo evaluó. Se notaba que pensaba que Deidara era una especie de ladrón psicópata pero también se veía bastante seguro de que si el pequeño castaño intentaba algo no le tomaría ni 2 segundos hacerlo trisas contra el pavimento.

Naomi, la secretaria, se había encargado de informarle de los berridos que el chico había vociferado en el despacho de Itachi antes de salir como bólido – Toma – le extendió el pequeño aparatito, sintiéndose un poco culpable por la actitud de su amigo, e incluso porque parte del malentendido había sido su culpa.

Deidara le respondió el gesto con una sonrisa.

Para Kisame, inexplicablemente, el chico frente suyo brilló de una manera encantadora y a pesar de lo feo que era se sintió ligeramente cautivado. Esa sonrisa brotaba candidez pura y no supo cómo fue que pasó pero saltó en su lugar.

– Aah llama – le ordenó girando el rostro a otro lado y un imperceptible rubor le cubrió las mejillas

Deidara ladeo la cabeza un par de grados y comenzó a marcar a Sasori, ajeno a los gestos avergonzados de su interlocutor.

- Moshi moshi - al otro lado del teléfono Deidara pudo escuchar la voz monótona de Sasori y varios golpeteos

- ¡Tú! – Gritó exaltado, pero al darse cuenta que estaba muy cerca de Kisame y podía escucharlo suavizó la voz - ¿Por qué me dejaste? –

Los golpeteos cesaron - … disculpe pero ¿Quién habla?

- ¿Quién crees?, ¿A cuántas personas has dejado últimamente? –

El silencio al otro lado del teléfono lo dijo bastante.

– Deidara – respondió a su propia pregunta con tono cansino.

Ah – los golpeteos volvieron a resonar – ¿Qué quieres?

– ¿Cómo que qué quiero?, me abandonaste a mitad de Tokio, ven por mí –

Toma un taxi

– Sabes que no puedo subir a un taxi ¿Y si me secuestran? –

No digas tonterías

– no son tonterías, ya pasó una vez y no quiero… -

Pues no puedo ir – interrumpió el pelirrojo antes de escuchar otra de las grandes aventuras de su compañero – estoy ocupado

– ¿Y en qué?, no puedes decir eso tienes que venir por mí – casi exigió el rubio

Deidara – Sasori arrastró su nombre de manera peligrosa e irritada – no me fastidies

– Pero – el rubio suavizó la voz y al otro lado del auricular escuchó a su amigo suspirar – Sasori danna – suplicó derrotando a su amigo.

¿Dónde estás?

– Frente al Shintai –

Sasori gruñó – voy por ti, espérame en una hora –

- ¿QUÉ?, ¡Una hora! – Deidara se exaltó, pero al no obtener respuesta de su senpai, desde el otro lado del teléfono, dejó caer la cabeza derrotado – está bien –

Más te vale estar en la puerta cuando pase porque no me bajaré del auto a buscarte – Deidara estuvo a punto de contestar algo, pero el pelirrojo ya había colgado.

A veces Sasori podía ser un amigo muy malo.

– Toma – Deidara se giró para encarar a Kisame, que desde lejos lo veía curioso – Muchas gracias – y de nuevo le dedicó una de sus sonrisas sinceras, aquellas que eran mucho más bellas que las que usaba para los carteles en los que era idolatrado por las masas. Kushina decía que era ese gesto el que necesitaba para salir en más portadas de revista, sin embargo esa expresión era involuntaria e incontrolable para él, ni siquiera lo notaba.

– De nada – el hombre tomó su celular y se lo guardó de vuelta en el pantalón con rapidez. Extrañamente el corazón le había dado un vuelco.

A lo lejos Itachi los miraba. Había esperado que Kisame fuese detrás de él y al no notarlo se giró para toparse también con la expresión de agradecimiento y pena que Deidara le dedicaba a su amigo y guardaespaldas.

Siguió sin hacer un solo gesto pero a él también le agradó aquella expresión y sintió un calorcito en la punta de los dedos. De ahí no dejó de mirarlo pues a pesar de que le parecía que era vulgar, hasta para hablar por teléfono, su rostro era verdaderamente expresivo. Bastante contrario al suyo.

Sintió vibrar su teléfono y pronto escuchó la melodía de su celular al recibir una llamada. Miró la pantalla para identificar al emisor y sus ojos reflejaron irritación al reconocer el número.

– Itachi – dijo en cuanto dio al botó de contestar, cortes pero para nada feliz.

No pudo escuchar la conversación que el castaño sostenía con su interlocutor pues tenía que atender su llamada, sin embargo, no se perdió ni una sola de sus facciones y para cuando cortó la comunicación alcanzó a escucharle decir a Kisame que esperaría durante una hora a la persona que vendría por él.

Sonrió ante la idea que cruzó por su brillante cabeza y a pasar de que él no solía actuar de esa manera, se sintió impulsado por un deseo desconocido.

- Namikaze – dio un par de pasos hacia el idol y le gustó cuando los ojos castaños se fijaron en él - ¿Aún te apetece comer? –

Deidara no pudo evitar que la sorpresa que le causaba aquella pregunta se reflejara en su rostro.

– Mi cita se atrasará, así que podemos esperar juntos –

Su cita, la sonrisa boba que se quiso formar en el rostro de Deidara se esfumó antes de siquiera existir

– Sígueme – Itahi ordenó, y si no fuese porque Deidara moría de hambre se habría negado a ir detrás de él. O eso fue con lo que intentó convencerse antes de seguirlo con el ceño levemente fruncido.

Kisame se quedó afuera, verdaderamente confundido por el inusual comportamiento de Itachi y el vendaval de emociones que desprendió Deidara.

Él sabía que su amigo tenía una cita de negocios y que se las tomaba muy enserio. Si alguien le llamaba para cancelar o modificar la hora Itachi siempre se negaba tajante, eso, más el hecho de que el pelinegro tampoco tomaba la iniciativa de compartir la mesa con alguien, que no fuese de su familia, por el puro placer de ser sociable.

Desde su punto de vista fue muy extraño.