Pd: Sé que me demoro demasiado, pero las vacaciones y mi hermana pequeña consumen gran parte de mi tiempo.

Ahora una escena caliente para ustedes… me encanta escribir estas escenas, pero siempre las publico con miedo.

Advertencia: Escenas sexuales, lenguaje ofensivo y un montón de cosas malas.


Elena explotó más fuerte de lo que nunca lo había hecho, su cuerpo se tensó, se arqueo y su respiración quedo atrapada en su garganta a medida que su orgasmo la destruía en mil pedazos. Damon seguía lamiendo todo lo que ella le daba y el cuerpo de Elena seguía tiritando con las pequeñas secuelas de lo que había vivido hace algunos minutos atrás.

Le acariciaba el cabello mientras su respiración agitada volvía a la normalidad. Cuando ella abrió los ojos y lo observó sonriendo, se derritió un poco, pero se dio la vuelta y quedo a horcajadas sobre Damon el cual todavía estaba vestido con el pantalón y la camisa entreabierta.

Se agachó y se acercó a sus labios, rozando los suyos con los de Damon, cuando él se acercó a besarla ella se alejó y sonrió para luego inclinarse y pasar la punta de su lengua por sus labios.

Él, que tenía sus manos en la cara externa de sus muslos, a la tercera vez que Elena volvió a acercarse para tentarlo la agarró por la cara y la besó, un beso rudo, apasionado y lleno de lujuria.

Cuando él la soltó ella se enderezo y empezó a desabotonar la camisa lentamente al mismo tiempo que acariciaba su pecho, mostrando una calma que no poseía.

Cuando termino se inclinó sobre él y comenzó a dejar un sendero de besos desde su cuello hasta su vientre bajo, pasando los dedos por su esculpido abdomen, maravillándose por como la suavidad y la dureza se contrastaban.

Tímidamente y esperando no estar sonrojándose, desabrocho el cinturón de Damon, para luego pasar al botón y a la bragueta.

Bajó la mano para acariciarlo, pero se detuvo cuando Damon la interrumpió con el sonido de sus zapatos al caer.

-Me estorbaban – se encogió de hombros y ella se carcajeo.

Él se sentó y con ella aún en su regazo la rodeo con sus brazos y acarició su espalda.

-Eres hermosa – le susurró cerca de sus labios, ella sonrió tímidamente, y lo beso otra vez no pudiendo tener lo suficiente de él.

Mientras se besaban ella le sacó la camisa y entre los dos le sacaron el pantalón junto al bóxer.

Elena sentía los nervios crecer en la boca de su estómago mientras él bajaba y besaba el punto sensible detrás de su oreja, después de todo el único hombre con el que había estado era Stefan y esa experiencia no había sido muy placentera, pero Damon ya le había dado el suficiente placer para superar con creces todo lo que había hecho antes.

Lo volvió a empujar en la cama y volvió a recorrer a besos otra vez su pecho acomodando todo su pelo en un hombro.

Al principio pensó que tal vez tendría que ayudarlo a excitarse al igual que tenía que hacer con Stefan de vez en cuando, pero el hombre estaba como una roca.

Sólo para torturarlo un poco y como una pequeña venganza por hacerla rogar, se recostó a su lado y empezó a pasar los dedos lentamente por su erección, deleitándose.

-Agh, Elena – él inhalo entre dientes y apretó las sabanas con una mano, se sentía como un adolescente virgen que en cualquier momento podía acabar en su mano y más cerca se sentía cuando ella empezó a acariciar su longitud, pero no estaba dispuesto a mostrar lo mal que estaba, así que sólo apretó aún más fuerte los dientes y comenzó a contar de mil a cero.

Le encantaba la inocencia que mostraba, pero lo estaba volviendo loco y ella por su parte no entendía como podía estar igual o más excitada que en un principio, siendo que el hombre le había dado uno de los mejores orgasmos de su vida.

Sólo por hacerlo y siguiendo un instinto se acercó y saco su lengua lamiendo su punta, y al hacerlo él gruño, se dio la vuelta y la recostó sobre su espalda, se estiró sobre ella y acercó la mano a el cajón superior de la comoda, rezando internamente para que hubiera aunque fuera un condón como en todas las otras habitaciones.

Cuando lo encontró estaba demasiado excitado para percatarse de la gran cantidad de paquetes de aluminio que había allí, indicando que ninguno de los condones en ese cajón habían sido tocados.

Se acercó el paquetito a los dientes y lo abrió, poniéndoselo sin dificultad. La abrió aún más de piernas y pasó su miembro por los hinchados labios de ella, Elena jadeó en necesidad.

El la penetro despacio con los ojos cerrado, acomodando los brazos al lado de su cabeza mientras ella ubicaba sus manos en sus costados, empezó lento dándole tiempo para acostumbrarse y después varió los movimientos hasta que encontró un ritmo que la hacía ronronear cada vez que entraba en ella. Elena pasó las manos por su espalda mientras acompañaba sus movimientos.

-Ahhh, Damon – gimió ella cuando el cambio un poco el ángulo y rozaba cierto punto en sus paredes. Se sentía tan cerca, vibraciones viajaban por su espalda y su cuerpo se tensaba.

Sin embargo, él en un momento dado disminuyo casi a cero sus movimientos y se tomó todo su tiempo para salir y entrar en ella para luego sólo dejar la cabeza de su pene dentro de ella.

-Ahh, Damon… por favor – empezó a mover sus caderas para hacer que la tomara de nuevo, se sentía tan vacía.

-¿Por favor qué? – le pregunto él cerca de sus labios, rozando sus labios con los suaves labios de ella.

-Aghh – ella se quejó y se impulsó para darse la vuelta y quedar a horcajadas sobre él y empezar a montarlo a un ritmo rápido.

Él la observaba montarlo extasiada y se concentró en levantar sus caderas para encontrarse con los movimientos de ella y a los segundos se sentó acomodando su frente en su clavícula, cambiando las cosas lo cual hizo a Elena empezar a moverse más rápido apoyando las rodillas en la cama buscando desesperadamente la liberación al placer que se construía en ella.

Cuando ella bajo y giro sus caderas, él perdió el hilo de su concentración y se dejó caer en la cama, ubicando las manos en sus caderas respirando con dificultad.

Ella lo miró en un segundo en particular y se percató que en ningún momento se habian mirado a los ojos, o el ubicaba su cabeza en su cuello o tenia los parpados cerrados o ella los tenia.

Al bajar otra vez su orgasmo la derrumbo, su corazón vuelto loco, su respiración detenida y sus paredes contrayéndose alrededor de él junto a su placer explotando y haciéndola arquear la espalda y tirar la cabeza hacia atrás en éxtasis, perdiendo el hilo de sus movimientos y pensamientos.

Apenas noto cuando Damon los giró paso una de sus rodillas por debajo de una de sus piernas y comenzó a penetrarla a un ritmo rápido, mientras que con la mano mantenía abierto su otro muslo.

-Oh, Dios - gimió ella apenas teniendo el tiempo para recuperarse de su orgasmo anterior, el embestía en ella con los ojos cerrados a un ritmo primitivo, se sentía cerca, demasiado, pero algo faltaba.

-Elena, tómame – gimió él desesperado con la cabeza echada hacia atrás. Ella se inclinó hacia adelante con brazos temblorosos y lo tiro sobre ella.

- Mírame, Damon, mírame – cuando él abrió los ojos se sintió abrumado por los sentimientos que le expresaban sus ojos, ella arqueo la espalda al sentirse de nuevo allí y esto hizo que sus paredes volvieran a apretar su miembro, lo cual pudo con él e hizo que dejara llevar por su orgasmo junto al tercero de ella.

Salió de Elena y se recostó de espaldas mirando al techo tratando de recuperar el aire que sus pulmones reclamaban.

Se sacó el condón para luego tirarlo a un basurero convenientemente cerca.

La sintió cerca y estiró brazo para que ella se recostara junto a él, lo hizo sin dudar y acomodo la cabeza en su pecho y él la rodeo con su brazo.

-Eso fue… - murmuro Elena al rato.

-Lo sé – rio y beso su sien, luego acomodo su otro brazo detrás de la cabeza y ella acomodo una de sus piernas por sobre las de él.

Se sentía tan cómodo y en paz que se sorprendió, no acostumbraba a abrazarse después del sexo o a ser cariñoso o a mirar a los ojos a su pareja sexual mientras se venía, pero esta mujer cambiaba todos sus panoramas, sacaba partes de él que no creía haber mostrado nunca y eso le incomodaba, lo hacía sentirse débil e indefenso, dependiente.

Le había dicho "Te quiero" y estaba consciente de que no se lo había dicho de vuelta, se había quedado sorprendido y sólo se había dejado guiar por sus instintos y esos instintos la deseaban, le decían que la hiciera suya.

¿Cómo podía quererlo si la había amenazado y hecho llorar más veces de las que podía contar, si la tenía como una de las prostitutas de la mansión?

Esto le hizo fruncir el entrecejo… ¿Se había acostado con Elijah? Después de todo era su único cliente en todo este tiempo y si él la tomaba vez que podía, entendía completamente al hombre.

La mujer era sexy como el infierno e insaciable como ella misma.

Él ya estaba casi listo de nuevo y eso que ella ya había sacado gran parte de él.

Pero igual estaba el asunto de apegarse demasiado a ella, tenía sentimientos hacia Elena no podía negar eso, la verdad lo había golpeado como un tren cuando ella salió por esa puerta después de que él la rechazara, pero no estaba seguro de si la quería aún. Ese sentimiento era un poco extraño para él.

Era hermosa, cautivadora, aventurara y demasiado tierna e inocente, pero también era fuerte, obstinada, con un montón de secretos y por sobre todo adicta.

La muerte de su madre, la única mujer que había amado y que lo había amado de vuelta incondicionalmente se fue, dejando un vacío demasiado grande en él y una culpa que aún no podía borrar de su mente y de su corazón, después de todo el había sido tan culpable como su padre.

-Estas demasiado callado – habló Elena. Maldición juraba que dormía. Ella se incorporó por sobre un codo.

- Me dejaste agotado, mujer – le dio su sonrisa torcida y ella bajó la mirada sonrojada. Ahí estaba de nuevo, coqueteándole y provocándolo sin la menor intención – Escucha, hay algo que debo preguntarte. Sin mentiras ¿De acuerdo? – patético, débil, miedoso. Ella asintió de inmediato.

- No creo que pueda mentirte, Damon – habló mirándolo a los ojos.

-Amm ¿Tú…. – carraspeo, "Hombre, por favor, sólo te falta ponerte una falda", pensó desconcertado - ¿Aún… te... drogas constantemente? – la soltó de una.

La sonrisa en su cara decayó. Esa pregunta tenía dos respuestas, verdades a medias a los ojos de Elena.

-No, ya no – no se permitió sentirse mal. Era una mentirita pequeña, ya que no era constantemente, pero tampoco lo había dejado del todo.

La sonrisa en su cara la hizo desear que fuera cierto, que no se hubiera drogado el día que se enteró de lo de Rebeckah o algunos días después de eso.

Lo besó tratando de ocultar su culpa y su sonrisa, que la hacía querer vomitar por su mentira, paso una de sus manos por su mejilla para alojarse en su pelo, para enredarse allí.

Ella tiró de su labio inferior y él sonrió y se separó.

-¿Qué te parece… - beso - si me sueltas unos segundos? – beso – Para cuando vuelva… soy todo tuyo – beso - ¿De acuerdo? – ella se mordió el labio y asintió.

Dios lo quería y lo deseaba.

La beso una última vez y se levantó para dirigirse al baño. La visión de las mejillas de su trasero la excito y sonrojo a partes iguales.

Se tiró en la cama mirando el techo. Después de un rato se estaba aburriendo de esperarlo, se habría quedado dormido, no lo creía.

Se levantó y tomó la camisa que estaba a los pies de la cama para cubrirse.

-¿Damon? – lo llamó acercándose al baño. Lo vio apoyado con las dos manos en el lavamanos, respirando dificultosamente – Ey, Damon – se acercó y acomodó una mano en su espalda.

- Me mentiste – Elena lo vio mover los labios, pero no le entendió.

-¿Qué? – lo rodeo con sus brazos y acomodó su mejilla en su espalda, inhalando su aroma.

Él la empujo y se alejó, tomó una jeringa con una liga del lavamanos.

-Me mentiste Elena – le gritó – Me quisiste ver la cara – tiró las cosas al piso – Ni siquiera te basta con inhalar la maldita cosa. Ahora te la inyectas – La empujo con su hombro y se dirigió a la puerta.

Espera, ¿Qué?

Salió corriendo tras él. Lo vio ponerse los pantalones.

-Damon, ¿De qué estás hablando? – él esquivó la mano que ella alargó hacia la suya – No me estoy inyectando nada – le chilló sintiendo las lágrimas quemar en la comisura de sus ojos.

-¿Me vas a decir que tampoco la estas inhalando? – le habló a centímetros de su cara. Ella vaciló.

-Por lo menos no eres tan zorra como creía – se paseó por la habitación buscando algo – Pero si eres bastante manipuladora, te concedo eso.

-No, Damon, escúchame – lo tomó del codo – Esas cosas no son mías, te lo juro – gritó extendiendo sus brazos tratando de levantar las mangas de su camisa negra, tratando de mostrarle que estaban ilesos. Damon la miró, ni siquiera dándole una mirada a sus brazos.

- Mi camisa, sácatela - habló calmadamente. Encontrando lo que estaba buscando.

-Damon, no….

- -Oh, pero espera quiero saber una cosa antes… ¿Quién te las está dando? – Se llevó una mano a la mandíbula – Elijah, tal vez. ¿Cuantas veces le chupas la polla para que te dé un poco, eh? – Ella le pego una cachetada que resonó por toda la habitación, las lágrimas desbordándose por sus mejillas.

Un musculo de su mandíbula salto al él apretar tan fuerte los dientes.

-Elena, mi camisa… sácatela – habló entre dientes. La rabia pudiendo con su parte racional, pudiendo con la parte de él que le decía que se calmara y escuchara, Elena parecía sincera. Ella no se movió – Que te la saques, ¿Estas sorda? – le gritó en la cara.

Estaba herido, no estaba pensando, eso pasaba cuando se permitía querer a alguien, cuando se permitía confiar en alguien más. Por lo menos se había dado cuenta de las cosas antes.

El daño no alcanzaba a ser tan malo ¿o si?, no entendía porque dolía como el infierno, porque sentía que algo se partía a la mitad en su pecho.

-Eres estúpida ¿Cómo te inyectas esa cosa? – Se quebró – Mata a las personas, Elena – sacudió su cabeza – Y al parecer a las personas que me importan – se movió por la habitación – Maldita sea – pateo una silla.

-Damon – ella sollozaba – Créeme, por favor créeme – se sorbió la nariz – te prometo que no… no lo he hecho, por lo que acabamos de compartir.

¿Cómo se atrevía? , a manchar con sus falsas promesas, con sus mentiras lo que había sido más importante para él en todo este tiempo. Lo que lo había hecho sentirse amado, humano.

-Sácatela mentirosa drogadicta, sácatela – Soltó las palabras sin pensarlo mirando al techo y se arrepintió de bajar la mirada cuando vio su estado.

Temblando se desabrochó los pocos botones y se la saco quedando desnuda frente a él, estiró su mano y se la ofreció.

Él la tomó y salió corriendo de allí, no pudiendo soportar la forma en que sus rodillas se doblaron y golpearon el piso cuando ella se dejo caer de rodillas.


Pobres, todos los personajes, lo sé...

Odie y entendí a Damon en este capitulo ¿Ustedes?.

Daia, me matas, tus preguntas me dan ideas y al mismo tiempo sonrisas ¿Tan mala crees que soy?...

Simo, mujer, sin ti no sé que haría con ciertas cosas.

A todas las nuevas seguidoras, bienvenidas a mi retorcido y dramático mundo, gracias y mil gracias por sus reviews...

Si hay cosas que no les parezcan, por favor... haganmelas saber, ¿Creen que las escenas sexuales son muy explicitas, muy descriptivas?... para poder cambiar la forma de redactarlas, ustedes me hacen mejor escritora amateur con sus comentarios.

Besos :D