Toda la primera parte de este capítulo fue sumamente fácil, las palabras e ideas venían a mí y simplemente escribía y escribía… para poder hacer el capítulo más real tuve que buscar aún más información, ver videos en youtube y tengo que decir que todo lo que he aprendido me ha causado calofríos, la forma en que una vez puede arruinar tu vida y hasta matarte es sorprendente.
Que todo empiece en una fiesta o por el tal "mi amigo lo hace" no es nada parecido a lo que te puedes enfrentar.
Una vez no vale todo lo que pierdes.
Bueno decir que he disminuido un poco los efectos que causa esta droga y comentarles que se nos viene un poco difícil por algunos pares de capítulos, yo aún no le veo un final cercano D:, tengo muchas cosas que escribir, muchos secretos que dar a conocer y bueno sin más.
Empezamos con Elena, seguimos con Damon y con Elena de nuevo
Advertencia: situaciones relacionadas con drogas, lenguaje fuerte.
Se inclinó hacia adelante y cruzó las manos por sobre su pecho, no pudiendo soportar el dolor que la quemaba allí.
Lloro fuertemente, no importándole quien la escuchara, las lágrimas se desbordaban una tras otra, ahogándola. No sabía que le dolía más, que él no creyera en ella, la manera en que le habló, en que la miró o todo junto.
Lo único que sabía era que dolía y dolía demasiado. Apretó más fuertemente las manos sobre su pecho, como si con eso pudiera apaciguar el dolor, como si eso pudiera evitar que se siguiera partiendo por dentro.
Gritó frustrada por no poder parar de llorar, por el dolor, por todo.
Se paró apenas y comenzó a buscar ropa por su pieza, mientras seguía llorando.
Él creía que era una drogadicta, bien lo era. Ya lo había aceptado, su dependencia había menguado, pero no había terminado.
Se puso un jean y una camisa negra sin estampado y después recogió el vestido del piso, lo enrollo y lo tiró en el closet.
Él creía que era una zorra que se acostaba con cualquiera por tener que consumir, bien no lo era, pero no le costaría mucho meter a Elijah en su cama, el hombre estaba loco por ella. Que se hiciera la tonta no significaba que no lo supiera.
Se dirigió al baño, pasándose la manga de su camisa por las mejillas en un vano intento de secarse las lágrimas.
Se agachó y tomo la jeringa junto a la liga, y luego se acercó al lavamanos. Se miró en el espejo, rímel corrido, su pelo echo un desastre.
Se ignoró.
Vio un poco de vidrio derramado en el granito del lavamanos y unas cuantas bolsas con algo diferente a la cocaína que consumía, en realidad parecía vidrio.
Levanto una de las bolsitas y tenían forma de pequeños cristales brillantes, no se parecía mucho a lo que solía inyectarse Stefan, se encogió de hombros, no le importaba, ya nada importaba. Solo el radicar el dolor en su pecho.
Tomo las bolsitas, la jeringa, el encendedor y todo lo demás, que había allí y se dirigió a la puerta caminó a solo un lado donde sabía que podía encontrar más drogas por si estas no eran suficientes.
Él creía que se estaba inyectando cosas, para que seguir negándolo sino le iba a creer, bueno había que darle la razón y de paso ayudar a que todo fuera mejor, ya que no creía que unas pocas líneas fueran a ayudarla esta vez.
Al salir chocó con alguien "Dios, esto se está volviendo una costumbre".
-¿Qué te ha pasado? – le preguntó Rebeckah? Ella trató de pasar por su lado, tratando de evitarla- ¿Estas bien?
-Perfectamente, ¿Puedes dejarme pasar? – contestó cortante.
– Creo que a Damon no le gustan mucho las drogadictas – sonrió y le dio una mirada condescendiente. Elena la miró. – Te puedo contar un secreto – se acercó a ella – Si hay algo que Damon odia más que así mismo, es a las perras que se inyectan – su mirada dejó helada a Elena.
-A propósito ¿Te lo tiraste ya? – le preguntó como si fueran amigas de toda la vida – Es una bestia en la cama ¿O no?, si fuera por mí, lo dejaría vivir permanentemente entre mis piernas ¿Tú que piensas? – Sonrió dichosa – Aún no me decido que sabe usar mejor. Aunque mi nombre en sus labios es lo que me enloquece.
Elena estaba harta. Damon le había dicho mentirosa, bueno tendría que darle la razón.
-Bueno no lo sé, estaba demasiado ocupada follandolo como para darme decidirme por alguna parte. Aunque mi nombre no sonó en sus labios muy a menudo – frunció los labios – Debe ser porque estaba demasiado ocupado diciendo que me ama - el dolor en su pecho aumentó, ni siquiera le había dicho un "te quiero" - Aunque tienes razón el hombre es insaciable, nunca me había sentido tan llena y satisfecha.
Se alejó de allí rápido, empujándola con su hombro en el proceso. Ella la agarró del codo.
-Es mío entiendes, creí habértelo dejado claro el otro día. No perteneces aquí, él no te pertenece. Y haré lo que sea, para echarte a patadas de aquí, lo que sea… hasta hacerle ver a Damon cosas que no son – la soltó y le sonrió – Adiós.
Caminó, bajó las escaleras y se dirigió al jardín trasero, necesitaba aire. ¿Qué había hecho? ¿Qué había dicho?
Salió y se fue a un lateral de la mansión, luego se sentó en el piso y apoyo la espalda en una pared, se pasó las manos por la cara y las junto en sus labios.
No era la primera vez que le pasaba, que se dejaba llevar por la ira, que esta lo cegaba y no se percataba de lo dicho y hecho hasta que ya era tarde.
Inspiro por la nariz y maldijo, había sido mala idea pedirle la maldita camisa, olía a ella y lo único que no necesitaba era acordarse de ella, de su mirada, de sus lágrimas.
Pero metanfetaminas, ¿en serio?... ¿en qué diablos estaba pensando? Las había reconocido de inmediato, eran drogas duras, de esas drogas que no te dejaban reconocer a la persona después de unas pocas dosis.
Le ardían los ojos, y el nudo en su garganta lo ahogaba, "Dios eres patético, ¿Qué te pasa?"
Todo estaba tan bien, si no hubiera se hubiera levantado de la cama, no hubiera visto las bolsas y todo lo demás, no se hubiera… golpeo el piso… no se hubiera dejado llevar por la rabia… por… por….por la desilusión, por el dolor.
Odiaba esto, odiaba el "negocio familiar", él no quería esto, no quería. Sin embargo, la adicción y dependencia de su madre lo había parado de escapar, de irse y de nunca volver.
"Maldita drogadicta, ¿En qué pensabas Damon?, ¿En qué…?, sólo te faltó preparar las cosas e inyectárselas tu", esta no era la forma de ayudarla.
Si fuera una mujer más, no le interesaría en lo más mínimo, lo más probable es que se diera la vuelta y le tirara unos cuantos billetes para su vicio, después de todo no era su responsabilidad, lo que ella hiciera con su vida.
"Si, no era su responsabilidad, solo habia sido un buen polvo", pensó orgulloso.
-La vida de Elena no es mi maldito problema. Ella se puede meter lo que quiera – dijo en voz alta, tratando de convencerse, pero no pudo. Aunque no quisiera, si era su maldito problema.
Porque la mirada que ella le dio, las lágrimas que brotaban por sus hermosos ojos lo obligaban a creerle, aunque fuera una mentira, aunque jugara con él, no le importaba iba a vigilarla y si se estaba inyectando iba a ayudarla, si, iba a meterla a centros de rehabilitación, iba a… a hacer lo humanamente imposible por ayudarla, lo que no hizo por su madre.
No le importaba que lo estuviera manipulando y lo tuviera enredado en su dedo meñique, no podía ignorarla, era débil frente a ella…
Maldita sea.
Necesitaba hablar con ella. Arreglar las cosas, escucharla y si tenía que pedirle perdón lo haría, se arrodillaría si era necesario.
Se levantó y se dirigió a la habitación de Elena, golpeó la puerta con los nudillos, nadie contestó.
-Elena – llamó, pero ella no estaba allí, fue al baño a ver si estaba y tampoco la encontró – Oh, por favor ¿Dónde estás? – preguntó en voz alta y salió de allí, pidiendo internamente que no se hubiera ido aún del baile, el vestido no estaba donde él lo había visto por última vez.
Corrió por las escaleras y se dirigió al salón, busco a Elena con la mirada, percatándose de que Elijah tampoco estaba.
Demonios, ¿Se había ido con él?... no, no, no.
Se acercó a Alaric, Enzo y Will que charlaban con copas en sus manos.
-Ric, hey – lo saludó.
-Hombre, ¿Estas bien? – Enzo le preguntó - Pareciera que has visto a tú padre – los demás se carcajearon. Damon sonrió irónico y le levanto el dedo de al medio, para luego ignorarlo.
-¿Han visto a Elijah o a Elena? – preguntó sin rodeos.
- A Elena… no desde que saliste corriendo tras ella y a Elijah… – Ric meditó.
- Hace poco lo vi hablando con Rebeckah – levantó un hombro.
- Si, pero después salió por esa puerta – intervino Will - ¿Está todo bien?
- De maravilla – hizo un gesto sarcástico, tomó la copa de las manos de Alaric y se la bebió de un golpe, se dirigió a la barra.
Rebeckah lo interceptó.
-Damon – ella inclinó su cabeza a un lado – Hasta que apareces - colgó los brazos en su cuello.
- No estoy de humor Rebeckah, en serio – tomó sus brazos con delicadeza y los bajó.
-Bueno, eso se puede arreglar – lo miró por debajo de las pestañas, era bonita había que admitirlo, y además que hubiera superado su problema con las drogas le daba a Damon un sentimiento de orgullo.
- No lo creo– trato de ser educado, no tenía las fuerzas para ser cruel y ya había metido bastante las patas con Elena en ese ámbito – Oye ¿has visto a Elena? – se aferraba a la esperanza.
- La adicta a las meth, mmmm…. - Rebeckah pensó
-¿Cómo sabes eso? – ¿Tan ciego había sido? ¿Por qué no lo había notado?
-Bueno nos ha preguntado a mí y a las chicas de vez en cuando si tenemos un poco, he tratado de ayudarla, pero no escucha razones - se encogió de hombros – Lexi puede confirmártelo. ¿Te encuentras bien? – acomodo una mano en su brazo al verlo pálido. El asintió – Creo que la vi irse con un hombre vestido de blanco - "Adiós esperanza".
Se dio la vuelta y se obligó a caminar hacia su despacho, necesitaba alcohol y mientras más rápido mejor.
Llegó y trancó la puerta, se dirigió al escritorio de Damon, las lágrimas aún no paraban, este se parecía mucho al despacho en la mansión de Damon, donde se habían coqueteado, habían tenido su primer encuentro intimó, donde había tratado de robarle al ladrón.
Sonrió por la ironía.
Los muebles caobas, el gran escritorio, el bar, los cuadros y los ventanales eran más impersonales que los del despacho de la casa de Damon.
Se acercó y se sentó en la silla. Dejo caer las cosas que había traído en el escritorio. Y se las quedo mirando por un buen rato.
Tomó la liga y la acarició entre sus dedos.
No le había mentido a Damon, nunca se había inyectado nada, dos veces se lo afirmó, pero él ahora no había estado dispuesto a escucharla.
Sollozaba, ¿De quién era la culpa? , sólo de ella, ella le había mentido, lo había desilusionado, había sido inmadura.
Dejó la liga en el escritorio y depositó cierto contenido de la bolsita en la cuchara.
Si, era cierto, nunca se había inyectado, pero había visto a Stefan hacerlo.
Ubicó el encendedor debajo de la cuchara y observó cómo los cristales se derretían, lloró aún más.
A sus diecisiete años, era un fracasó, su vida era un fracaso y cuando todo parecía mejorar había arruinado todo. Lo había alejado, desilusionado, al igual que estaba segura lo había hecho con sus padres.
Cuando ya los cristales eran líquidos, esperó a que la sustancia hirviera, tomo la jeringuilla y aspiro gran parte del contenido ¿Cuánto era lo mínimo que se podía inyectar?, Stefan se inyectaba un poco más de la mitad, no se acordaba, pero no le importaba, Stefan era el hombre más feliz cuando lo hacía, y eso necesitaba ella ahora. Una inyección no podía ser letal, tan poco no podía ser letal.
Dejó la jeringuilla y se pasó las manos por la cara, sus ojos ardían.
Tomo la liga, estaba nueva, intacta… gracias quien quiera que seas.
Se subió la manga y se enredó la liga en su brazo, sujetando uno de los extremos entre sus dientes. Golpeo con el dedo índice la jeringuilla y luego se palpo y golpeó el brazo, imitando a Stefan.
Enterró la punta de la aguja, aspiro y al notar que el líquido se volvía rojo por su sangre, suspiró… apretó el embolo, no había vuelta atrás, la sensación la invadió casi al instante de haberse inyectado, soltó la liga y siguió inyectándose, echándose en la silla.
No llevaba ni la mitad y el hormigueo en su brazo se extendió por todo su cuerpo, le sensación era demasiado placentera, la euforia instantánea, ese subidón tres veces más fuerte que con la cocaína podía con ella, se sentía en la cima del mundo, el calor se extendía por su cuerpo y con ello la indiferencia, se sentía como una persona diferente, más de lo que era, mejor, más resistente, más fuerte…
¿Por qué estaba llorando, era demasiado hermosa y valía demasiado para gastar sus lágrimas en Damon?
Más valiente.
¿Y que se creía la estúpida de Rebeckah?, ni siquiera se hablaban, ella era mucho más hermosa, ella podía mantener a Damon entretenido en su cama durante horas.
Y él, con qué derecho la llamaba perra o drogadicta o lo que sea, era su maldito problema.
Sus pensamientos iban a toda marcha, así de rápido.
Bajo la cabeza y noto que aún quedaba, siguió inyectándose, escuchando su corazón en los oídos, ¿Tan fuerte estaba latiendo?, empezó a ahogarse con lo fuerte que su corazón saltaba en su pecho, el aire le faltaba.
Se sacó la jeringa, había sido demasiado, cuando la puso en la mesa, una serie de cosas sucedieron.
Se miró los brazos y pequeños bichos negros caminaban en sus brazos, comenzó a pasarse las manos tratando de sacárselos, pero cuando uno de ellos se metió bajo su piel, empezó a arañarse tratando de sacarlos, se estaba desesperando y sintió que alguien abría la puerta de golpe, levanto la mirada y allí estaba Jeremy, junto a su padre.
Se acercaron a ella de forma intimidante y ella asustada, tomo un abre cartas que estaba en el escritorio para defenderse.
-Aléjate Jeremy – gritó con el abre cartas en su mano.
-Elena, tranquila, suelta eso – le dijo su padre o Jeremy, no estaba segura.
Cuando Jeremy se acercó aún más, el dolor en su pecho la hizo encorvarse y todo se movió a cámara lenta.
Un grito quedo atrapado en su garganta y cayó al piso, convulsionando.
El próximo cap, viene rápido.
Rebeckah es una perra D:
¿Qué papel cumple Elijah en todo esto? D:
Déjenme sus teorías.
Nos leemos pronto :D
