Título– The Devil in Me
Autor– Lyson
Disclaimer– Beyblade es propiedad de Takao Aoki. La mente maestra detrás de este fanfiction es Lyson, quien me concedió el honor de traducirlo.
Advertencias– Yaoi, angst, violencia, gore, sangre, violación y violencia sexual explícita.
Lo de siempre. Muchas gracias por leer. Por favor, dejen un comentario para saber cómo les pareció. ¡Felices fiestas!
Capítulo Dos - Encontrando la Maldad
Tatyana abrió sus ojos y un dolor de cabeza le recorrió bajando desde su cabeza hasta su espina, se sentía como si hubiese estado en coma, la luz opaca en la habitación que se colaba por las cortinas abiertas le hería los ojos gravemente.
Se sentó en la gran cama y miró alrededor, era obvio que su esposo hacía ya tiempo que se había marchado, el cielo gris no podía indicarle la hora verazmente.
Las sábanas estaban frías y, cuando dio un paso en el piso de madera, se sentía como hielo, la casa estaba inusualmente fría.
–Quizá debería hablar con Stas acerca de calefacción central… –murmuró para sí misma mientras se tambaleaba para ponerse de pie.
Dio un vistazo a su rededor otra vez, se sentía extrañamente mareada. Miró a las pastillas próximas a su cama, pastillas para dormir que la hacían sentir peor que el estar despierta por falta de sueño. Gruñó, cogió la botella y caminó al limpio bote de basura en su baño y las desechó, notando que tenía que ver al doctor por algo menos potente.
Ella no podía darse el lujo de dormir cuando… abrió los ojos al darse cuenta.
–Maldición… –blasfemó cuando revisó la hora, viendo que ya pasaban de las doce–. Yuri debe estar hambriento… –acotó y dejó la recámara a prisa.
Mientras Tatyana caminaba por el pasillo podía escuchar su corazón latiendo en sus oídos, la casa siempre estaba callada pero ahora era escalofriante. Detuvo su andar y su respiración se detuvo cuando vio la puerta de la habitación de Yuri abierta.
–Querido Señor… cómo… –susurró y se apuró en avanzar, aún más inestable ahora.
Alcanzó el marco de la puerta y su rostro de contrajo en agonía y desagrado, al tiempo que tropezaba dentro del cuarto un par de pasos.
Vio a Carmen yaciendo en su estómago, sangre le cubría por completo al igual que su largo cabello rubio. Conforme Tatyana se iba acercando notó que a la mano de Carmen le faltaba un pedazo, por lo que trajo su propia mano para cubrir su boca o sentía que podría vomitar.
No sabía si Carmen estaba muerta pero justo en ese momento ella necesitaba encontrar a su hijo.
–Y… Yuri… –llamó suavemente en la recámara.
Sus ojos recayeron en el niño cuando éste se levantó de detrás del lado de su cama, ella rompió en llanto con la visión de la boca y ropas sangrientas de su hijo, cayendo de rodillas en el suelo.
El niño se inclinó hacia abajo y recogió algo. Cuando él comenzó a rodear la cama hacia ella, pudo ver que se trataba de un recipiente. Yuri vino y se sentó con las piernas cruzadas en el piso frente al lugar donde ella se hallaba arrodillada, él le ofreció un pastel de la misma manera en que Carmen había hecho con él.
Tatyana sintió un sentimiento agobiante al ver manchas de sangre en el pastel y migas de éste en la sangre seca de la boca de su hijo… ella vomitó.
Yuri estaba sentado cuando vio a su madre vomitar en el suelo junto a él, por lo que se levantó y fue a sentarse a su cama.
Tatyana se levantó y estuvo a punto de huir del cuarto, teniendo el gélido pomo de la puerta en la mano, cerró la puerta y le puso llave. Tosió y trastabilló todo el camino escaleras abajo, donde encontró el teléfono, Carmen había quedado en el olvido por el momento.
La policía había llegado harían unos cinco minutos, y harían unos veinte desde que ella los había llamado.
–Señora, iremos dentro de la habitación ahora… sea clara en esto por favor, ¿dice que hay una mujer muerta en el cuarto, la recámara de su hijo de diez años, quien también está allí dentro? –inquirió el capitán, sonando escéptico y ligeramente turbado.
Los ojos de Tatyana estaban inyectados de sangre de tanto llorar. Se levantó de su asiento en el sillón, aún portaba su camisón.
–No lastimen a mi bebé, es sólo un niño pequeño… –exhaló.
El capitán se volvió e instruyó a sus hombres escaleras arriba, siguiéndolos. Cuando hubieron subido, vieron la llave en la puerta.
–Está cerrada… –dijo el oficial al frente.
–Pues ábranla… –respondió el capitán secamente.
Él asintió y lo hizo, dio vuelta a la llave y abrió la puerta.
–Jesu… cristo… –musitó el oficial al frente impactado.
Los otros cinco oficiales y el capitán tuvieron reacciones similares con la mujer yaciendo en el cuarto, uno de ellos caminó al cuerpo y le dio la vuelta.
–Joder… Oh, Dios… –miró hacia otro lado.
–¿Qué sucede? –el capitán se aproximó y su cara se desencajó por la impresión cuando vio que el ojo izquierdo de la mujer estaba colgando de su cuenca y había rasguños por todo su rostro.
–¿Qué demonios pasó aquí…? –un oficial se preguntó a sí mismo.
Allí, en la cama, se encontraba recostado un niño dormido, todos ellos lo voltearon a ver, dándose cuenta de las manchas de sangre en su ropa y rostro.
–Creo que tengo una idea… –el capitán aseguró.
–Está muerta, señor… No hay pulso… –un oficial aún agachado cerca de la mujer reportó con sus dedos en su cuello.
Él asintió y entonces escucharon pisadas que se acercaban corriendo. La puerta se abrió y un hombre con cabello negro pulcro y ojos azules entró mirando a su alrededor.
–¡Joder! –gritó y miró al niño en la cama, el hombre se veía casi enfermo con la vista del niño.
–Señor, ¿usted en el padre del niño? –el capitán asintió mientras observaba al niño durmiente.
–No soy su padre, le dije a esa estúpida mujer que se deshiciera de esa cosa, pero se encariñó con eso… y lo nombró su hijo… –espetó furioso.
Los oficiales de policía estaban sorprendidos, mientras que el capitán permanecía calmado.
–Le vamos a pedir por favor si puede ir con su esposa a la estación, necesitamos hacerles algunas preguntas –le dijo.
Stas estaba a punto de irse cuando vio que un oficial se acercaba al niño durmiente.
–Yo no… haría eso… –dijo dando un paso al frente–. Eso no está durmiendo… –dijo.
El policía retrocedió sintiéndose realmente asustado por alguna razón por la mirada en los ojos del padre.
–Señor, debemos llevarnos al niño con nosotros… –el capitán le dijo y más gente llenó el cuarto, gente para recoger el cuerpo y ambulancias que ya habían sido llamados para este momento.
Sólo entonces Tatyana caminó en la habitación y los pasó a todos ellos hasta llegar al chiquillo que dormía.
–Dejen a mi niño… Yo lo llevaré… –explicó y acomodó el cuerpo ligero en sus brazos.
Todos vieron que él estaba despierto ahora que sus brazos descansaban alrededor del cuello de su mamá y sus piernas rodeaban su cintura, al tiempo que los veía a todos conforme ella dejaba la recámara, cargándolo.
El padre miró el cuarto una vez más, la sangre, el cuerpo, los bienes horneados y el aroma de vómito, no pudo soportarlo y su marchó.
El capitán giró hacia un oficial.
–Los quiero a esos dos para interrogarlos –ordenó.
Eran cerca de las 6 p.m. esa tarde cuando Stas Ivanov estaba sentado en la sala de detención de la policía, parecía tan enfermo justo entonces, su piel estaba tan muerta, y sus ojos surcados con arrugas y preocupación. Alguien entró al cuarto. Stas volteó a ver al hombre trajeado, tenía en cabello azul, ojos café oscuro y se veía muy delgado en ese traje.
–Buenas tardes, señor Ivanov, soy el detective Hiro Granger… –se presentó a sí mismo.
Stas asintió ligeramente y se sentó de nuevo en la silla de acero. Hiro permaneció de pie.
–Tenemos que hacerle algunas preguntas acerca de su hijo… –comenzó y Stas pareció molesto–. ¿Hay algo mal? –cuestionó.
–Eso… no es mi hijo… –dijo suavemente.
Hiro alzó una ceja.
–¿Eso? Aparentemente así es como ha estado llamando… –miró al expediente en su mano–, al joven Yuri Ivanov desde el incidente –dijo molesto.
Stas no lo miró, así que Hiro continuó.
–Muy bien, ¿a qué hora su esposa llamó para decirle que algo estaba mal?
Stas sacudió la cabeza.
–Cerca de las doce y media, creo… –murmuró.
–¿Qué fue lo que ella le dijo que estaba mal?
Stas miró al hombre más joven.
–Ella dijo que Yuri mató a Carmen… –dijo con seguridad.
–Correcto… –Hiro entrecerró los ojos.
Mientras tanto…
–¿Dónde está mi hijo? –Tatyana gritó en pánico.
–Él está seguro, señora Ivanov, él está en el centro de cuidados en la estación.
–¿Hay otros niños…? –se asustó–. Deben alejarlo… ¡Por favor, escúchenme! –dijo histérica.
–¡Señora, por favor! –la mujer con cabello rubio y complexión delgada aparentemente poseía una voz demandante, pues Tatyana se calló, también de la preocupación.
–Su hijo estará bien con los otros niños, nadie lo va a lastimar… –dijo más suavemente esta ocasión.
Tatyana respiraba inestablemente, no era que ellos lo fueran a lastimar a él de lo que se preocupaba.
Ella estaba en una oficina pequeña con esta mujer policía, Judy Tate, le habían dicho que era para interrogarla.
–Señor Ivanov, tenemos entendido que había una llave afuera de la puerta de la habitación del niño, lo encerraron allí tras el incidente o era una situación común –comenzó.
Tatyana estaba sacudiendo su cabeza.
–Siempre… encerrado… o Stas se enfadaría… –dijo por lo bajo.
–¿Por qué su esposo se enfadaría? –preguntó, frunciendo el ceño.
–Porque… Yuri es peligroso… él ataca a su padre a veces… mi pobre bebé, no conoce nada mejor… –Ella comenzó a llorar.
Judy parpadeó.
–¿Su hijo de diez años ataca a su padre? –ella parecía bastante irritada.
–Sí… así que lo encerramos… –Lloró aún más–. Él simplemente no es normal…
Judy continuó.
–Cuando usted… halló el cuerpo,… ¿qué estaba haciendo su hijo?
–Estaba comiendo pastel… y estaba por toda su boca… la sangre… –ella tembló visiblemente.
Judy entrecerró los ojos.
–¿Está medicada? La ambulancia dijo que tras examinarla, encontraron que sus pupilas estaban dilatadas –inquirió.
Tatyana asintió.
–Estoy… tomando medicación para dormir y antidepresivos.
Tatyana vio a Stas sentado en el corredor, ella se dirigió a él, esperando ser sostenida y reconfortada, pero él se dio la vuelta.
–Te dije que era una inmundicia… era malvado… pero cuando te dije que nos deberíamos de deshacer de eso, ¡me rogaste, Tatyana! –dijo furibundo.
–¡Es mi bebé! –contradijo ella irascible.
–No es un bebé, no es un niño… ¡es una cosa! –le gritó y ella lloriqueó bajo su mirada intensa.
Los oficiales en la estación le pusieron atención a esto.
–Está bien, cálmense… –un oficial se aproximó a la escena porque Stas parecía que la iba a golpear.
Stas retiró la mirada cuando vio a Hiro acercarse con la mujer rubia, Judy, y algunos otros oficiales, Judy se detuvo junto a Tatyana y le asintió al oficial.
–Tatyana Ivanov, está bajo arresto por el asesinato de Carmen Malevich… –le informó.
–¡Qué! –gritó Stas–. ¡Mi esposa no mató a Carmen! ¡Esa cosa lo hizo! –dijo furioso.
Tatyana estaba sin habla mientras era esposada y los oficiales le decían sus derechos.
Hiro les dijo a los oficiales que refrenaran a Stas.
Escuche, su esposa admitió estar bajo medicación muy fuerte al encontrar a esa mujer muerta en la habitación de su hijo… entre ustedes dos encerrando a su hijo, llamándolo peligroso y refiriéndose a él como un "eso"… creo que el caso es bastante claro, señor Ivanov, su esposa y usted mismo son personas bastante enfermas, únicamente lamento que el niño haya crecido con ustedes dos y que haya estado encerrado en los confines de su cuarto… –Hiro alzó los hombros.
Stas estaba mudo.
–Qué hay con la sangre… en sus ropas y su boca… y… y mi esposa ha sido tan buena con eso… ¿Cómo pueden acusarla de asesinato? –suspiró.
–Tan lejos como va la sangre, creo que las oportunidades de que su esposa haya asesinado a la víctima frente a su hijo… los pasteles estaban cubiertos de sangre. Así que eso explicaría cómo llegó a su cara, manos y en su…
–¡Ustedes, gente, son ridículos! ¡Están tan ciegos! ¡Nada de esto tiene sentido! –se estaba volviendo indócil. Hiro sacudió la cabeza.
–Debería estar avergonzado, Stas Ivanov, su hijo es tan inocente… –Hiro afirmó.
Noquearon a Stas con el bastón de policía al tiempo que él peleaba por liberarse de sus amarres. Cuando claudicó, Hiro les dijo que lo encerraran, habría cargos contra él también.
En el centro de cuidados…
–Oye, aquí, Yuri, ¿te estás divirtiendo? –la cuidadora de los niños le preguntó con voz dulce.
Yuri la miró con esos ojos intensos y la miró con su cabello rojo, similar al propio, sólo que un poco más oscuro.
Él no respondió, así que ella sonrió.
–Vendré a revisarte de nuevo más tarde, ¿de acuerdo? –dijo en un arrullo, alejándose de la mesa donde él estaba sentado.
Yuri observó su cabello y miró a la mesa, cogió las tijeras que estaban próximas a los crayones con lo que había estado jugando.
Movió sus mechones de sus ojos y tomó silenciosas aspiraciones de interés mientras se movía para levantarse, pero antes de que pudiera camina, unas manos bajo sus brazos lo levantaron del suelo en el aire y las tijeras se le cayeron de sus delicadas y pequeñas manitas.
–Vamos, peque, te encontraremos una linda institución donde puedas obtener el cuidado y tratamiento que te mereces… –la voz de la mujer fue escuchada, pero ignorada.
Al tiempo que Yuri era cargado fuera de allí, sus ojos se mantuvieron en las tijeras que se habían caído de su mano. Intentó alcanzarlas, frunciendo el ceño, molesto.
Se inclinó para mirar a la mujer que lo llevaba y de nuevo sobre su hombro a las tijeras y frunció el ceño de nuevo, separó sus bonitos labios rojos y mostró sus dientes…
–¡Aaahh! –gritó pero no lo soltó, en lugar de ello, gritó y se lo entregó a Hiro.
–¿Qué ocurrió…? –sostuvo al pálido y delgado niño flojamente de vuelta en sus brazos.
–Me mordió… –Judy dijo con una risita sobando su hombre–. No tan duro, sólo bastante firme. Tiene una buena mandíbula –se rió.
–Ha pasado por mucho… –Hiro comentó, mientras comenzaban a caminar fuera de la estación hacia el carro que los aguardaba.
–Me pregunto si habla… –Judy dijo, mirando al niño que la estaba observando.
–No importa, estará bien una vez que obtenga atención y afecto… –Hiro dijo restándole importancia una vez llegaron hasta el automóvil.
Colocó a Yuri en el carro y acomodó su pequeña figura en él.
–¿Puedes sentarlo en la parte de atrás? –pidió Judy.
Hiro frunció el ceño, pero asintió, se introdujo en el carro y Judy se subió en el asiento de pasajero al lado del oficial que iba a conducir.
Judy permanecía intranquila al sentir los ojos de Yuri sobre ella mientras Hiro jugaba con sus suaves mechones rojos.
–Eres un niño lindo… te vamos a encontrar un lugar seguro para vivir… –concluyó.
Yuri pestañeó y miró a la nieve fuera de la ventana.
–No más mamá… –susurró tan bajo que nado lo escuchó.
Gracias a todos aquellos que leyeron y dejaron un review en el capítulo pasado. Espero que esta historia siga siendo de su agrado.
PPBKAI
Yue Kokuyoku
GabZ
Kimiko Ivanov
Funeral–Of–The Humanity
Saint Lolita
Gaby KIvanov
