Título– The Devil in Me
Autor– Lyson
Disclaimer– Beyblade es propiedad de Takao Aoki. La mente maestra detrás de este fanfiction es Lyson, quien me concedió el honor de traducirlo.
Advertencias– Yaoi, angst, violencia, gore, sangre, violación y violencia sexual explícita.
Se apreciaría si pudiesen dejar un comentario para saber cómo les pareció la historia y la traducción. Gracias por leer.
Capítulo Tres – Una Pequeña Pesadilla
Fue, al menos, una hora en auto; un viaje relativamente largo a la institución para niños justo a las afueras de San Petersburgo.
Hiro miró al niño sentado con su cabeza girada hacia la ventana.
–¿Todo bien, Yuri? ¿Quieres tomar una siesta? –preguntó.
Fue ignorado como si ni siquiera estuviese allí, por lo que lanzó un suspiro.
–¿Cuánto falta? –le preguntó al chofer.
–Unos cinco minutos, está un poco más allá de la siguiente vuelta… –respondió.
Estaban manejando a través de los caminos nevados y comenzaban a impacientarse cuando notaron un edificio aparecer a la vista.
Era bastante grande, una enorme construcción blanca con altas paredes a su alrededor. Cruzaron la reja cuando les fue abierta y se estacionaron en el lote provisto. Todos se bajaron, excepto el niño, Judy lo vio a través de la ventana, para luego dirigir su mirada al edificio.
–Aparentemente, este lugar es más como una institución psiquiátrica para niños que un centro de atención… –habló suavemente, provocando que el frío quemase su garganta.
–Sí, lo sé, pero el doc. En la estación sugirió algo de terapia, especialmente por todo lo que debió de haber pasado el niño… –comentó, rodeando el carro para abrir la puerta donde se hallaba Yuri y poderlo sacar.
Judy observó a Hiro.
–Sí, supongo que necesita un poco de ayuda, es decir, no creo que el niño pueda hablar… y no creo que haya ido a la escuela… –vio cómo Hiro desamarraba el cinturón de seguridad de Yuri.
–Vamos… –dijo Hiro, al tiempo que lo cargaba en brazos, Yuri permaneció rígido en su agarre. Judy tembló cuando se dio cuenta que sus ojos se enfocaban en ella.
Hiro intentó hacer que Yuri se recargada en su cadera, pero Yuri mantuvo sus brazos y piernas estiradas, lo cual hizo que cargarlo fuese un tanto difícil.
–Dios, niño, podrías… ¡mierda! –gritó Hiro, tomando las manos del niño al tiempo que éstas se movían hacia su cara una segunda vez.
–¿Qué ocurrió? –cuestionó Judy, ya que se había dado la vuelta para continuar caminando, se giró y lanzó un grito ahogado–. ¿…Te rasguñó? –caminó hacia él y miró las cuatro marcas de uñas sobre el ojo de Hiro y la línea de su mandíbula, unos ligeros surcos de sangre sobre de ellos.
–Sí… –Hiro sostuvo las manos de Yuri en una sola mano, atrapándolas fuertemente entre su propio cuerpo y el de Yuri. Yuri lo miraba con un interés que a Judy no le gustó en lo absoluto.
–¡Woah! –Hiro alejó su rostro de Yuri, quien había lamido los araños de su cara–. Rayos, ¿qué pasa con este niño? –Se veía preocupado.
No estaban lejos de la entrada de la institución, ya que se habían mantenido caminando. Fue cuando el viento los golpeó que Judy se dio cuenta.
–¡Por Dios, este niño ni siquiera trae puesta una chamarra! –Miró a Yuri con su pequeña playera y pantalones de mezclilla, y sólo con sus calcetines puestos, se quitó una de sus chamarras y se la colocó encima.
Yuri la observó y estiró su mano para alcanzarla. Judy tembló otra vez al ver esos ojos, pero tomó al pequeño de diez años y lo cargó, sorprendida cuando él se aferró a su cintura, puso sus brazos alrededor de su cuello y recargó su cabeza en su hombro.
Hiro usó un pañuelo para limpiar la poca sangre que manaba, mientras se hacían paso hacia el interior. Las puertas se cerraron tras de ellos, dejándolos dentro del cálido edificio. A su ingreso, una mujer se les acercó, parecía estar en sus veintes.
–Hola, soy la doctora Julia D'Angela, esta es mí institución. Me dijeron que me iban a traer… –le dio un vistazo a su gruesa pila de papeles en un archivo–, un niño de diez años de San Petersburgo… –Sonrió.
–Sí… –Hiro señaló con la cabeza al niño en los brazos de Judy.
Julia sonrió y rodeó a Judy para ver al niño, quien parecía estar dormido.
–Oh, la pobre cosita debe estar exhausta del viaje hasta aquí… –dijo en un arrullo y tocó su nariz.
Hiro se crispó como si esperase que el chiquillo la mordiera. Julia lo volteó a ver.
–¿Estás bien? ¿Qué le ocurrió a tu rostro? –Se acercó a contemplar los arañazos.
–Se puso un poco inquieto, eso es todo… –contestó.
Ella asintió y escribió algo en su archivo.
–Sí, bueno, por lo que me dijo la estación de policía, este niño ha pasado por mucho… –murmuró al tiempo que escribía.
Levantó la vista.
–Muy bien, estaré de regreso en un momento… –se alejó a través de una de las puertas que llevaban al establecimiento. La recepcionista sólo permaneció sentada, mecanografiando.
Judy vio a Hiro, acariciando ausentemente la espalda de Yuri.
–Sabes… el ojo de Carmen Malevich le fue arrancado a rasguños… –dijo suavemente mirando los araños de Hiro.
Hiro se acercó, tomó una de las manos de Yuri y miró a la delgada y suave mano con dedos pálidos y uñas desafiladas. Había sido limpiado en la estación, así que la sangre se había ido.
–Sus uñas no eran tan largas para haber hecho ese tipo de daño… –dijo, mientras la mano de Yuri se movió en la suya, provocando que la soltara rápidamente.
Judy lo volteó a ver.
–Parece que sigues cansado… –dijo burlona. En ese momento, Julia regresó con otra enfermera más baja que ella.
–Lo llevaré a una habitación donde pueda dormir en una cama… –Sonrió y tomó a Yuri de Judy, quien lo miraba cuidadosamente. Vio cómo sus ojos se abrían por un momento al tiempo que la señorita cruzaba las puertas. Su corazón latió más rápido por alguna razón, ella verdaderamente no confiaba en ese niño.
–Ahora estará bien, ella lo dejará tomar un baño… o lo bañará si no lo puede hacer él solo… Entiendo que el niño no tiene educación, así que lo inscribiré en clases de lectura… –Estuvo escribiendo constantemente.
–Ya tendrá tiempo de adecuarse con los otros niños… tendrá una buena comida… Hemos buscado por registros médicos y aparentemente no tenía ninguno… –Sacudió su cabeza ligeramente mientras escribía.
Hiro y Judy se miraron el uno al otro. Judy recordó lo histérica que Tatyana se había puesto sobre su hijo estando cerca de otros niños.
–Sólo vigílelo cuando esté con otros niños, ¿de acuerdo? Me parece que tiene problemas de temperamento… –informó. Hiro frunció el ceño.
La doctora tomó nota de ello y asintió.
–Claro, no hay problema, pueden marcharse. Me aseguraré de hacerles saber cuando esté arreglado –Sonrió y pareció que sólo estaba esperando que se fueran.
Hiro asintió con la cabeza y se dio la vuelta para irse, Judy lo imitó, más reacia, pero también se fue.
La enfermera bajó a Yuri en una de las cuatro camas individuales en la habitación y se dirigió al baño de ese cuarto. Tarareó mientras dejaba correr el agua caliente para él tomase un baño y una vez que hubo terminado, regresó a la recámara, deteniendo su andar de golpe.
Yuri se había ido.
Caminó por la habitación, buscando debajo de las camas, por si acaso él estuviese jugando a las escondidas o algo, para luego recorrer los pasillos. Estaba muy callado en los polvosos túneles azules mientras ella avanzaba lentamente.
Cuando llegó a la esquina al final del corredor, se topó con Julia.
–Oh, lo siento, doctora… – se disculpó con una risita nerviosa.
Julia sonrió.
–No hay problema, ¿cómo está el niño? –preguntó, acomodando su bata.
–Él… este… me temo que me evadió… –sonrió.
Julia la miró.
–¿Qué?
–Lo puse en la cama que le asignamos para que pudiese prepararle el agua y cuando volví del baño él ya no estaba en la cama… –explicó.
Julia se encogió de hombros.
–Él debe tener curiosidad… o estar hambriento… quizá está buscando a sus padres… deberíamos ir a buscarlo… –dijo tristemente.
Caminaron juntas por cinco minutos, el edificio era grande, pero la mayor parte de las áreas que estaban fuera de sus límites estaban cerradas con llave.
Julia saltó cuando escuchó un grito. Era agudo, el grito de una niña joven. Ella y la enfermera intercambiaron miradas y echaron a correr hacia los cuartos de juegos.
Sería impactante si hallaban a Yuri allí, puesto que estaba al otro lado de la construcción; para él, encontrar el camino hasta allá sería inexplicable.
Llegaron a los cuartos después de una carrera de dos minutos y recorrieron con la vista el formidable salón donde se hallaban cerca de 60 niños.
Julia localizó el grito donde visualizaron a los niños reuniéndose, pero no gritando, sólo esa niña gritaba.
–¡Oye! ¡Oye! –Julia corrió y los niños le abrieron paso, algunos estaban llorando.
Julia estaba anonadada de ver a Yuri encima de una niña mayor, azotando su cabeza contra el suelo, sin embargo, reaccionó y tomó a Yuri de su cintura, apartándolo de la niña en el piso; no obstante, Yuri le rasguñó el brazo y ella pudo jurar que lo escuchó soltar un pequeño gruñido de furia.
Ella lo dejó ir y lo empujó lejos. La otra enfermera lo sostuvo, pero él no hizo nada, excepto mirar la escena mientras la enfermera revisaba su rostro y manos para buscar heridas.
Julia ayudó a la niña, la cual pertenecía a la división de doce años, a incorporarse. Ella estaba llorando, sosteniendo su cabeza que había sido azotada en los mosaicos unas cuantas veces, y su mejilla, la cual había sido claramente mordida y estaba sangrando. Ella tembló y Julia la sostuvo.
–¿Qué sucedió, Mariam? –preguntó sobando la espalda de la niña para calmarla.
–Él… él sólo saltó sobre mí… comenzó a jalar mi cabello hasta que me caí y, entonces, ¡me mordió la cara! –exclamó y se aferró a Julia–. ¡Él es un pequeño monstruo! –espetó.
Los niños a su alrededor parecían todos aterrados. Otro niño de diez años de nombre Miguel, habló.
–Doctora Julia, no quiero compartir cuarto con él… –dijo y los otros niños de diez años estuvieron de acuerdo. Algunos comenzaron a llorar.
Julia miró a Yuri, quien tenía manchas de sangre en su rostro y parecía casi satisfecho al ver a la niña llorar.
–¡Eres muy malo! –otro niño de ocho años le gritó a Yuri y Yuri se soltó.
Afortunadamente, la enfermera lo detuvo antes de que sus manos golpearan con toda su fuerza al niño, el cual gritó y escapó.
–¡Yuri! –gritó Julia, provocando que él la mirara–. Compórtate –le ordenó.
Yuri inclinó su cabeza en una manera linda antes de volverse repentinamente violento y comenzar a gritar y pelear contra el agarre de la enfermera. Sus uñas la rasguñaban, sus puños la golpeaban y también le lanzaba patadas.
Ella lanzó un alarido de dolor, al tiempo que Julia se apresuró a sujetarle las piernas. La enfermera atrapó sus brazos, ignorando sufrimiento, y, entre ambas, lo sostuvieron fuertemente aún cuando él se revolvía en el aire y sus agarres. Sus piernas pateaban y sus brazos se sacudían; a pesar de estar gritando, ellas no pudieron distinguir su voz de los diferentes bramidos de ira.
Lucharon contra él durante todo el trayecto hasta la enfermería, donde se encontraba otro doctor, quien vio con ojos muy abiertos a la escena.
–¿Qué sucede? –preguntó mientras las ayudaba a ponerlo en la cama, todavía restringiéndolo.
–Necesitamos sedarlo… Hay una niña y la enfermera Slovak que también requieren ser atendidas… –dijo señalando a la enfermera.
Ya había moretones formándose en sus brazos y otros lugares. Era vieja, más débil y estaba estremeciéndose por el sobresalto.
–¿Qué sugiere?
–Sedarlo… de ahí ya veremos –instruyó.
–Él es muy joven para ese tipo de drogas… –la enfermera murmuró mientras lo mantenían controlado.
El doctor ya estaba preparando la inyección. Yuri parecía haber dejado de hacer ruido y sólo se estaba moviendo muy poco.
–Ma… má… –su voz escapó ronca y enfadada, pero parecía un llanto.
Julia se sintió realmente mal cuando el doctor le inyectó la droga en su pequeño y delgado brazo; vio cómo sus ojos se centraban en ella y entonces se entrecerraron al tener el suero en su sistema.
Yuri fue llevado en una posición acunada a la habitación que le habían preparado para él solo. Un enfermero rubio, alto y delgado estaba caminando por los pasillos con Julia.
Los niños habían estado hablando y susurrando acerca del extraño niño, casi todos ellos estaban asustados. Yuri estaba sumamente sedado. Había sido bañado por las enfermeras, vestido y alimentado.
No estaba adormilado, pero básicamente no tenía ninguna reacción notoria desde su cerebro hacia sus extremidades, por lo que no se les podía salir de control. La institución sólo utilizaba estas drogas con los niños con discapacidades mentales, quienes eran inusualmente violentos, de lo cual Yuri mostraba los mismos síntomas.
Yacía ahora en la posición en la que lo estaban cargando, contemplando el techo con los ojos entrecerrados. Julia sonrió cuando él la miró, pero entonces volteó a ver al hombre que lo llevaba y sus dedos se movieron. Julia observó dicha acción.
–Él es muy… De verdad parece que quiere herir… míralo –dijo mientras caminaban. Ella tenía el ceño fruncido.
El doctor miró hacia abajo, notando que la boca de Yuri estaba débilmente distorsionada por el encono y sus dedos se estaban moviendo.
Julia sacudió la cabeza.
–Hemos ordenado una medicación diferente, hará que sus funciones motrices sean iguales, más lentas, pero normales, mientras que apagará las partes de su cerebro que lo hacen reaccionar de esta manera… Son menos restrictivas, por lo que será capaz de jugar e interactuar… –le comentó al enfermero.
–¿Estás segura que funcionará…? –inquirió.
–Sí, ha sido utilizada muchas veces… pero lo vamos a tener que mantener bajo estricta vigilancia… en caso de lo que tú sabes. También nos aseguraremos de que su medicación sea monitoreada al máximo, para que, de esta manera, sea completamente efectiva –le informó, puesto que él sería uno de los enfermeros de tiempo completo de Yuri.
Entraron al pequeño cuarto que le habían personalizado y le habían hecho cómodo. Prendieron la luz y deshicieron la cama. El enfermero, cuyo nombre era Gustav, acostó la pequeña figura de Yuri en la cama.
–Él estará bien… lo mantendremos bien custodiado después… –ella le sonrió a Gustav–. Sólo para que sepas, hasta que los otros fármacos lleguen aquí mañana en la tarde, lo mantendremos en este estado… tú tendrás que hacerte responsable de su desastre… si hace uno –dijo, sabiendo que el niño estaba sujeto a ir al baño en algún momento.
Él asintió. Ya había tenido que hacer esto con niños discapacitados anteriormente, por lo que no estaba sorprendido por ello.
–Le tendré un ojo encima… –respondió.
–Excelente… bueno, me pasaré por el cuarto de cuentos para ver cómo le está yendo a Helga con las historias antes de que me vaya. Ella también te estará ayudando con Yuri, así que pregúntale si necesitas ayuda… Buenas noches, Gustav –se despidió, saliendo de la habitación.
Él asintió y regresó su mirada a Yuri, quien lo estaba mirando, a su vez, Gustav se le acercó y cubrió a Yuri con las cálidas cobijas, envolviéndolo bien.
–¿Quizá quieres dormir de lado? –cuestionó.
Yuri sólo lo miró, él soltó un suspiro.
–Bueno, voy a estar en turno nocturno, ¿de acuerdo? Si necesitas algo, sólo has ruido, te escucharé porque está muy silencioso en la noche… de cualquier manera te estaré chequeando –le explicó, moviendo el cabello de Yuri de su rostro para que no lo molestara en su sueño.
–Eres afortunado de que tus padres sean ricos, ya que sus fondos cubren este lugar y no terminaste varado en algún apestoso orfanato… tendrás una mejor vida en esta institución… –le aseguró.
–Ahora descansa, ¿de acuerdo? Mañana trataremos de integrarte en las actividades de este lugar… Serán días divertidos… Lo prometo. –Le sonrió y, entonces, se levantó y caminó hacia la puerta. Yuri observó cada uno de sus pasos, sólo sus ojos lo podían seguir–. Buenas noches –se despidió Gustav, apagó la luz y cerró la puerta.
Muchas gracias a todos aquellos que leyeron el capítulo pasado, pero sobre todo, a quienes me dejaron un review.
GabZ
Funeral–Of–The Humanity
Gaby KIvanov
KIMIKO IVANOV
PPBKAI
Saint Lolita
