Título– The Devil in Me
Autor– Lyson
Disclaimer– Beyblade es propiedad de Takao Aoki. La mente maestra detrás de este fanfiction es Lyson, quien me concedió el honor de traducirlo.
Advertencias– Yaoi, angst, violencia, gore, sangre, violación y violencia sexual explícita.
Muchas gracias por leer. Por favor, dejen un review para saber qué les pareció, todos sus comentarios son muy bien recibidos. Y si pueden ir y leer el resto de las historias de Lyson, se los recomiendo mucho, ya que todos sus fanfics están llenos de tramas sumamente buenas e interesantes (y los de Beyblade, son todos TalaxKai).
Capítulo Cuatro– Capturado en Silencio
Un mes después…
Ruido de pláticas, risas y pies apresurados, algo de música suave y niños siendo simplemente niños, los corredores estaban tan llenos como siempre durante el tiempo de juego en la institución.
En una mesa azul cerca de la esquina del pasillo, se encontraba sentado Yuri, sus manos entreteniéndose con bloques. Había papeles en la mesa para que dibujara, pero él no los había tocado, los crayones no le interesaban. Se quedó viendo a sus manos, mientras manejaban los bloques.
En el corredor caminaba la doctora Julia con alguien avanzando tras de ella… Yuri no volteó, nunca lo hacía. Era tiempo de su medicación o tiempo de terapia; cualquiera resultaban tonterías en la mente del niño.
Ellos lo mantenían con dosis regulares de medicación, la cual le era inyectada. El mes pasado había transcurrido sin incidentes.
Sin embargo, pese a que ellos podían apagar las reacciones de su mente hacia su cuerpo… ellos jamás podían apagar su mente.
Julia se detuvo a su lado en la mesa de tamaño mediano y se agachó para estar al nivel de sus ojos.
–Buenos días, Yuri… Espero que hayas tenido una mañana placentera… –sonrió con enfermiza dulzura, pero Yuri la ignoró al tiempo que volvía a construir lentamente con los bloques.
–Alguien muy importante ha venido a verte… –habló de nuevo–. Yuri… mírame… –le instruyó.
Ella le detuvo su mano, evitando sus movimientos y en sus ojos ella pudo observar la respuesta de furia violenta, pero su mano apenas se crispó en la suya.
Ella tembló en silencio al pensar que el niño pudiese ser de aquella manera y soltó su mano.
–Tu padre está aquí para verte… –finalizó y se dio la vuelta hacia Stas–. Los dejaré ahora.
Julia se alejó y él se sentó en la silla de tamaño mediano incómodo. Miró al niño de apariencia frágil. Yuri aún era bastante atractivo y de fachada extraña a primera vista, pero si uno miraba a sus ojos y boca podía vislumbrar las líneas de encono y miseria. Stas notó que se veía más delgado y su piel estaba mortalmente pálida ahora y casi se preguntó qué tan mal lo estaría pasando Yuri allí.
–Eres miserable, ¿no es cierto? –le habló suavemente a Yuri.
Cuando Yuri escuchó la voz familiar, levantó la vista. Sus ojos azules se enfocaron en Stas y colocó otro bloque en la alta pila, mientras veía fijamente a Stas.
Stas sonrió.
–Me alegra que estés sufriendo… Espero que mueras aquí… –dijo en con tono suave, pero viciado.
El ojo de Yuri se crispó y Stas sabía porqué.
–Quieres atacarme, ¿no? –Se rió levemente–. Lo que sea que eres… esos medicamentos te lo han quitado por completo… –dijo felizmente.
Stas se les quedó viendo a esos ojos azules sin parpadeos.
–Ella se declaró culpable… para que no hubiese investigaciones sobre la idea de que tú atacaste a Carmen… Ella irá a prisión por ti… Ella admitió haberte encerrado… Ella les dijo que yo no tenía nada que ver con ello… Todo… por ti… –Él golpeó el escritorio y los bloques se derrumbaron sobre la mesa.
Él sacudió la cabeza.
–Realmente espero que mueras aquí… o allí… –señaló el cuerpo de Yuri y desvió la mirada.
Yuri comenzó a reconstruir los bloques y Stas los volvió a tirar. Yuri miró cómo acababan en el suelo.
–Sólo vine a decir que fui forzado a pagar para que tú permanecieras en esta institución… pero me zafaré de ello… quizá termines en las calles… o en una prisión en algún lado por asesinar a alguien más… pero he hecho arreglos, no importa qué… no pagaré por tu existencia –espetó en el mismo tono viciado.
Stas sacudió su cabeza. Su vello facial había crecido y se veía sucio. Parecía deslavado en sus pantalones de mezclilla y su camisa, mientras rascaba su grasoso cabello negro.
Entonces suspiró y observó a Yuri, quien estaba garabateando o escribiendo en un pedazo de papel. Stas no sabía qué.
–¿Qué? ¿Me estás hacienda un dibujo? –se mofó.
Yuri empujó el papel a través de la mesa de madera en su dirección. Él se rió nerviosamente, cuando le dio la vuelta a la hoja para enderezarla y leerla:
cuando te vayas
no mires atrás por las puertas
Stas frunció el ceño y miró a Yuri con los ojos entrecerrados.
–¿Es una amenaza? –se rió y se puso de pie nerviosamente–. Jódete… –murmuró y aplastó el papel en su mano, al tiempo que se alejaba.
Stas no volteó a ver a Yuri, y, aún mientras atravesaba las puertas del pasillo, no miró atrás… Ya fuese porque creía en la amenaza o no, él no iba a arriesgarse. Así que caminó y no miró atrás. Una vez que estuvo a la vuelta de la esquina, redujo su paso y tomó un respiro. Odiaba darle a Yuri la satisfacción, pero no le importaba, no podía confiarse en "eso".
Caminó a la recepción y se despidió con la mano de Julia y la recepcionista. Las puertas se deslizaron al abrirse y él caminó hacia el frío aire matutino. Sonrió. Se sentía mejor ahora que le había dicho a Yuri cómo se sentía respecto a él.
Se dio la vuelta y miró por las puertas de vidrio y sonrió y se despidió de nuevo de Julia, de quien creyó, era muy atractiva. Ella también agitó la mano y le sonrió de vuelta.
Sabía que a ella le gustaba… o eso esperaba. Entonces se dio la vuelta para continuar caminando y maldijo cuando se resbaló un poco en el hielo congelado en los escalones. Se las arregló para equilibrarse, pero en su siguiente paso se resbaló de nuevo y esta vez se cayó todo el camino hacia delante.
Golpeó la grava muy duro y se pegó en la cabeza. Julia lo había visto caer y se apresuró a ver si se hallaba bien. En cuanto llegó a los escalones y lo vio yaciendo allí, abriendo y cerrando sus ojos, con el concreto del estacionamiento helando su piel, su cabeza dio un giro a la izquierda cuando escuchó un auto dando la vuelta en la esquina y ella se tapó la boca.
Escuchó a Stas gritar por ayuda, al tiempo que la SUV se dirigía a toda velocidad hacia él. Ella desvió su mirada. Oyó el sonido de huesos aplastados y su cuerpo se retrajo con miedo, cuando aterrizó de rodillas con los ojos cerrados. Ni siquiera se había dado cuenta que estaba gritando hasta que la camioneta dio un chirrido al detenerse tras el accidente.
Ella gritó fuertemente y se atrevió a mirar a Stas, sólo para ver a su brazo descansando lejos de su cuerpo y su cráneo aplastado, dejándolo completamente irreconocible, igual que otras partes de su torso que también habían sido destruidas. Únicamente gritó más al darse cuenta de ello y que habían manchas de sangre sobre su ropa, mientras permanecía arrodillada en la cima de las escaleras.
El conductor de la camioneta era un hombre, el cual, al bajarse del carro, comenzó a llorar con la vista. Vomitó al instante de ver la sangre y las marcas de sus llantas en la carne. Los empleados de la institución se comenzaron a reunir lentamente y mientras algunos lloraban y otros se apresuraban adentro, la ambulancia y la policía fueron llamadas.
Julia se tambaleó con algo de ayuda hacia el interior y se sentó en una silla en la recepción, temblando como una hoja, mientras alguien le traía agua y algunas pastillas para calmarla. Todavía estaba llorando y todos estaban corriendo de arriba a abajo histéricamente.
Alzó la mirada y miró de nuevo para ver a Yuri permanecer de pie con sus manos a sus costados cerca de las puertas de vidrio, observando la escena y obviamente el cuerpo. Ella tosió y miró a la enfermera.
–Llé… llévatelo… él no debe… –tosió de nuevo, mientras sacudía la cabeza.
La enfermera vio a Yuri y se movió para llevárselo de allí. Yuri vio a Julia con una mirada de completa calma y él simplemente caminó con la enfermera cuando ella tomó su mano. Julia tragó nerviosamente…
–¿Así que él se resbaló? –Hiro Granger le preguntó a Julia.
Julia asintió.
–Lo vi resbalarse y corrí para ayudarlo. Él no se pudo levantar… y la camioneta vino en el estacionamiento tan rápido… –Peleó para no llorar.
Hiro suspiró.
–¿Le has dicho a su hijo? –le cuestionó suavemente.
Julia lo volteó a ver de repente.
–Él lo vio… Él vino desde el salón de juegos para ver… como… como…
–¿Cómo si supiera? –Hiro dijo sin saber porqué y Julia asintió.
–Él parecía estar tan bien con el cuerpo de su padre siendo desgarrado y salpicando… –ahogó su respiración mientras hablaba–, en el concreto… –Comenzó a llorar y Hiro le acarició la espalda.
Pensó en un momento acerca de Yuri.
–¿Cómo le está yendo aquí?
Ella sacudió la cabeza.
–Es manejable, pero sólo es debido a la medicación… que le damos… –sorbió y lloró suavemente.
Hiro asintió.
–Lo estás ayudando… –le dijo Hiro como para sosegarla. Ella simplemente miró hacia el piso.
Hiro miró a los otros oficiales y asintió.
–Bueno, nosotros ya hemos acabado aquí… –le informó a Julia–. Nos mantendremos en contacto… –le dio unas palmadas en su hombro y se dio la vuelta para marcharse.
Al tiempo que llegaba a la entrada ya estaba libre y limpio de cuerpos, ambulancias y sangre. Vio a Yuri sentado en el suelo por las puertas de vidrio y se hincó a su lado.
–Si estás sufriendo, no deberías hacerlo… a él no le agradabas, ni siquiera un poco, niño… –le dijo con un movimiento de su cabeza.
Conforme se levantó y caminó a través de las puertas de cristal, miró hacia atrás y se despidió de Yuri… y Yuri se despidió de vuelta, su pequeña manita pálida ondeó ligeramente sólo dos veces antes de que aterrizara en su regazo de nuevo, ya que estaba sentado con las piernas cruzadas.
Hiro sonrió y se fue. Yuri se levantó y se alejó dentro del edificio.
