Título– The Devil in Me
Autor– Lyson
Disclaimer– Beyblade es propiedad de Takao Aoki. La mente maestra detrás de este fanfiction es Lyson, quien me concedió el honor de traducirlo.
Advertencias– Yaoi, angst, violencia, gore, sangre, violación y violencia sexual explícita.
Capítulo Seis – Si No Duele, No Sirve
Era un lugar hueco, cubierto de la nieve que caía, los ladrillos de un gris sucio eran obviamente viejos y no habían tenido buen mantenimiento, al igual que los muros de 3.6 metros de alto que rodeaban a la abadía.
Al tiempo que el auto avanzaba a través de las rejas, Hiro miró a Yuri sentado a su lado.
–Este lugar probablemente es un basurero… –murmuró aunque no directamente a Yuri.
Yuri estaba sentado muy quieto, pero Hiro sabía que todavía estaba fuertemente medicado. Se preguntaba cuánto tiempo pasaría antes de que se acabara el efecto. El coche se detuvo frente a las enormes puertas que se erguían sobre ellos. Hiro y los dos trabajadores sociales salieron a la fría nieve.
Las puertas se abrieron y dos hombres vestidos en túnicas negras aparecieron, y esperaron a un tercer hombre que salió. Él también vestía de negro, un abrigo con pantalones negros y unas extrañamente sucias botas militares.
A Hiro instantáneamente no le gustó su apariencia y se inclinó para mirar a Yuri en el auto.
–Oye… cuídate de este tipo, ¿de acuerdo? –Miró directamente a Yuri.
Yuri no lo volteó a ver, pero dirigió su mirada, a través del vidrio para observar a quién se refería Hiro. Abrió lentamente la puerta para salir. Hiro permaneció de pie y se hizo hacia atrá par cerrar la puerta y vio a Yuri cerrar la otra puerta. Sus lentos movimientos le preocuparon a Hiro.
Volteó a ver de nuevo a los trabajadores sociales, quienes estaban intercambiando saludos con el director de la abadía. Se dirigió hacia ellos.
–Señor Valkov –Hiro espetó fuertemente y se obligó a extender su mano, atrayendo la atención de todos con un aire de importancia.
El hombre con cabello de un todo casi morado oscuro, sonrió, sus delgados labios se veían completamente torcidos mientras sonreía.
–Sí… ¿y usted es? –preguntó, al tiempo que tomaba la mano extendida y la estrechaba una vez firmemente.
–Soy el detective Hiro Granger de la fuerza de policía rusa. –Sonrió audazmente, cuando notó cómo el rostro del otro hombre casi se tensaba. Evidentemente el hombre no era fan de la policía.
Pero la recuperación vino rápidamente y sonrió de nuevo.
–¿Así que puedo conocer al chico nuevo que tendré bajo mi cuidado? –cuestionó desviando su mirada de Hiro.
Todos se giraron hacia Yuri, quien no estaba allí y Hiro frunció el ceño, al igual que el director y los dos trabajadores sociales.
Todos voltearon alrededor y Hiro avistó a Yuri caminando fuera de las rejas de la abadía.
–Mierda… –murmuró Hiro y se movió para ir tras él, pero Boris ya había enviado a sus dos subordinados en túnicas tras él.
–¡Oigan! –Hiro gritó corriendo tras él, negándose a que lo hirieran, pero pronto los vio regresar calmadamente con Yuri, sabía que la medicación se acabaría eventualmente y las cosas no serían tan fáciles.
–Todos han tratado de escapar en algún momento… una vez que las puertas se han cerrado, es virtualmente imposible… –La voz de Boris atrajo su atención y el trabajador social frunció el ceño.
–¿Escapar? –preguntó confundido.
Boris sonrió.
–Sí… Ellos se sienten atrapados. Los adolescentes son todos iguales: rebeldes y a veces traicioneros también… –dijo sin ninguna emoción en la voz.
Hiro los vio guiar a Yuri dentro de la gran puerta tras la señal de Boris y se sintió muy preocupado de repente. Realmente no le gustaba este lugar. Miró alrededor y no pudo ver nada más que la gran fachada de la abadía, paredes de ladrillo tan gruesas y altas… ¿cuál podría ser la razón de tal seguridad en un orfanato?
–¿Pasa algo malo, detective? –Boris le cuestionó viendo a su alrededor.
Hiro sacudió la cabeza y Boris asintió.
–En ese caso, no los entretendré más, tengo muchas cosas qué hacer… les aseguro que el pequeño… estará bien –dijo y se dio la vuelta para entrar.
–Buen día –se despidió fuertemente y lo vieron cerrar las grandes puertas con gran estruendo. Los tres volvieron al auto y se fueron. Hiro observó a las gigantescas rejas de hierro cerrarse cuando se hubieron marchado. Suspiró. No sabía si se sentía preocupado por Yuri o por la gente de la abadía.
Yuri caminó a través de la hueca abadía silenciosamente con los guardias hasta que llegaron a pasillos más estrechos con puertas alineándose en las paredes cada pocos metros. Se detuvieron frente a una puerta que se veía igual que todas y el hombre alto la abrió y lo apresuró a entrar.
Yuri se detuvo justo dentro del cuarto y notó dos camas contra una pared separadas por un pequeño buró con una lámpara. Dos juegos de gavetas contra otra pared con una puerta al baño entre ellas y en la pared opuesta a la puerta frente a la que se hallaba parado había una ventana relativamente grande… con cerrojos en ella. Las paredes eran de un gris seco y ladrillo terroso. Yuri ladeó una pequeña sonrisa. El lugar tenía más carácter que la institución.
–Éste será tu nuevo cuarto… –Boris también había entrado y permanecía de pie junto al niño que le llegaba a la altura de su hombro–. Puedes sentirte libre de vagar por la abadía, conocer a los otros chicos… hacer… amigos –las palabras se atoraron en su garganta y Yuri se dio cuenta de ello.
Boris se dio la vuelta para irse.
–No crees líos, niño, exijo orden en mi abadía. –Su tono se volvió frío de inmediato. Yuri escuchó cómo se fue cerrando la puerta tras de sí.
Caminó hacia la ventana y miró hacia abajo al patio trasero de la abadía, allí habían más edificios, más árboles y nieve… y gente…
Colocó su mano en el helado vidrio y lo recorrió con sus dedos, dejando marcas en la niebla… Dejó la habitación… para hacer amigos.
Avanzó por los pasillos hasta que encontró su camino afuera. Salió al frío escalón de cemento antes de pisar la nieve, donde había unos treinta niños jugando.
Ellos lo notaron y unos cuantos se detuvieron para observarlo de una manera que, ellos consideraban, resultaba intimidante. Yuri caminó en el suelo cubierto de nieve y miró hacia abajo al sentir cómo ésta era aplastada bajo sus pies. Pese a haber vivido en Rusia toda su vida, había tenido limitadas experiencias con ella.
Se hincó en la nieve y enterró su pálida mano desnuda en la gruesa capa y, al momento, sintió el efecto de adormecimiento que poseía. De cualquier manera, él no estaba muy interesado en la nieve, él estaba calculando cuántas horas tendría hasta que la medicación comenzara a abandonar su sistema… hasta que tuviese libre albedrío de nuevo.
Se puso de pie, otra vez, y caminó por el patio y pasó de largo a los niños hasta que estuvo cerca de las negras paredes de la abadía. Estaba tranquilo y estaba muy cerca del hielo que cubría las paredes.
Yuri aguzó el oído cuando escuchó el sonido de unos pasos en la nieve tras él, se dio la vuelta para encarar a cinco niños, todos mayores, venir en su dirección.
Todos se veían rudos y sucios, cubiertos en abrigos, guantes y bufandas, sus botas sucias y sus caras acabadas y de apariencia enferma. Uno de los que tenían más cicatrices dio un paso al frente, él era probablemente el más abusivo del grupo. Yuri simplemente permaneció quieto, no tan cálidamente vestido con una playera blanca y pantalones, además de no estar en una fase libre, y ni más ni menos, completamente impávido
–¿Crees que puedes pasar de largo al comité de bienvenida, niño lindo? –le habló con una voz seca y apremiante, con un leve toque de humor.
Yuri inclinó la cabeza, esta era la primera vez que se habían referido a él como "niño bonito" y no lo ofendió tanto como atrajo su curiosidad del porqué eso sería un insulto.
–Nadie nos pasa de largo… es un procedimiento bastante doloroso, pero estamos altamente entrenados, así que será rápido. Por supuesto, vamos a tener que arruinar esa bonita cara que tienes. –Se rió y los otros cuatro siguieron su ejemplo.
Sus palabras de repente entraron en la mente de Yuri como ofensivas, después de todo, las mujeres eran bonitas… su madre había sido bonita, ese pensamiento trajo una sonrisa a su rostro. El chico notó este cambio.
–¿Estás sonriendo? Eres valiente… –le dijo y avanzó hacia Yuri.
Fue una situación espantosa de ver, pero un niño joven sentado en los edificios de la escuela en la abadía, había presenciado cómo los cinco chicos golpeaban al pelirrojo violentamente. Suspiró al ver cómo se alejaban del niño que yacía en la nieve, sus puños cerrados en los bolsillos de su abrigo, cuando los escuchó reírse y hacer bromas después de golpearlo tan injustamente. Uno en uno, dos en uno a lo mucho, pero no tantos.
Yuri abrió sus ojos y se centró en los tres pares de pies frente a él. No podía sentir nada más que el frío entumecimiento de la nieve y hielo, puesto que yacía cerca de la pared. Los escuchó bromear y miró a las sucias botas del líder del grupo. Sólo habían pasado algunas horas y las cosas ya estaban yendo mal, pero sólo porque no podía conducirse de la manera que quería.
Sus uñas se enterraron en el hielo de una manera lenta y probablemente dolorosa, arrancando sus uñas y los pequeños restos transparentes del hielo haciendo sonidos horripilantes, atrayendo toda la atención y causando que el líder frunciera el ceño.
–¿Qué dem…
Fue silenciado cuando os brazos de Yuri se soltaron y agarraron su tobillo, provocando que se cayera gritando y tratando de sostenerse del aire, pero fue muy tarde, cuando su cráneo conectó con el hielo sólido un crujido pudo escucharse. Yuri observó cómo los otros chicos se apresuraban a ayudarlo. Pudo ver la sangre en sus manos cuando levantaron la cabeza de su amigo.
Yuri rodó a su espalda desde su costado y se sentó en un rápido movimiento, podía oler su propia sangre en su rostro. Miró al resto de ellos. Sus ojos mantenían mucha furia no expresada, al tiempo que jalaban a su amigo lejos a través de la nieve, tratando de escapar.
Yuri estaba molesto, pero no lo podía mostrar, ya que continuaba bajo la influencia de la medicación. Se quejó internamente y entonces se sintió ansioso cuando pensó lo que podría hacerles a aquellos que lo hicieron sangrar.
–¿Puedo darte una mano?
Yuri miró hacia arriba al niño de cabello claro. Yuri levantó su mano lentamente, una mano firme alcanzó la suya y lo jaló hacia arriba.
Sus piernas estaban entumecidas por el frío y él estaba ensangrentado, pero el agarre de la mano del chico era fuerte.
–Mi nombre es Bryan… –comenzó a presentarse cuando se centró en Yuri, quien no soltaba su mano–. Oye… ¿podrías soltarme? –Bryan pidió frunciendo levemente el ceño.
Pero el agarre de Yuri se apretó inmediatamente y Bryan dejó un pequeño gruñido, al tiempo que intentaba de estrujar a su vez. Los ojos de Tala mostraron una mirada de interés puro al ver el rostro de Bryan contraerse por el dolor.
–¡Déjame ir, imbécil! –gritó, queriendo pelear contra Yuri, sin lograrlo. Estaba en medio de un dolor paralizante como nunca lo había experimentado.
–Grita… –las palabras emanaron de los labios azulados de Yuri, mientras tentaba a Bryan.
Bryan frunció el ceño al tiempo que tomaba la muñeca de Yuri y trataba de liberarse.
–Aléjate, fenómeno… –le gritó antes de volver a gruñir por el dolor.
Yuri sonrió al sentir los huesos tronar ligeramente y entonces, el sonido de pasos en la nieve se dejaron oír y volteó a ver a otro chico, se veía más joven, pero probablemente tendría la misma edad que ellos.
Tenía una bufanda larga que colgaba alrededor de su cuello y una mirada oscura en sus ojos… un cabello de dos tonalidades de azul. Yuri notó un fiero y probablemente permanente ceño fruncido en su faz.
–Oye… te pidió que lo soltara –le espetó, observando a Bryan con curiosidad. La manera en la que Bryan se retorcía parecía irreal.
–Dios, Kai… él está… aplastando mi mano… –gritó Bryan y cayó de rodillas.
Kai funció el ceño, ¿eso era posible?
Miró a Yuri, quien lo miraba a su vez.
–Suéltalo –dijo Kai.
Yuri inclinó su cabeza con un poco de interés en la arrogancia del joven.
–Bien… –dijo Kai abruptamente y levantó una pierna musculosa y bien entreada para patear a Yuri en el costado con el impacto necesario para sacarle todo el aire… y derribarlo por completo.
Cayó al suelo, resbalando en el hielo y nieve y sostuvo su costado, tratando de respirar antes de soltar un tosido seco, que le impidió moverse de nuevo.
Bryan se puso de pie, agarrando su mano con dolor. Kai observó cómo el chico yacía inconsciente, pálido, ensangrentado, apaleado y con su complexión casi azul por el frío.
–Deberíamos llevarlo a su cuarto antes de que Boris lo encuentre –dijo Kai, mirando a Bryan, quien tenía una mirada de incredulidad en su pálido rostro.
–¿Qué? –Kai preguntó medio interesado.
Los ojos de Bryan se iluminaron.
–Él… él aplastó mi mano… –dijo sorprendido.
Los dos chicos ahora se le quedaron mirando a la carne azul, abatida y desfigurada de la mano de Bryan. Bryan estaba horrorizado, Kai… bueno…
