Título– The Devil in Me
Autor– Lyson
Disclaimer– Beyblade es propiedad de Takao Aoki. La mente maestra detrás de este fanfiction es Lyson, quien me concedió el honor de traducirlo.
Advertencias– Yaoi, angst, violencia, gore, sangre, violación y violencia sexual explícita.
Capítulo Siete – En un Pequeño Espacio
Yuri se depertó en una cama en la habitación que le habían asignado. Se sentó y miró alrededor. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios rosas. Podía sentir que la medicación se había agotado y sus extremidades ya no se sentían pesadas.
Miró por la ventana y vio que afuera ya estaba oscuro, pero las luces de la recámara estaban encendidas. Obviamente había dormido mientras se acababan los remanentes de la medicación. Intentó levantarse de la cama, pero un dolor agudo atravesó su costado. Se quejó por lo bajo, recordando cómo había sucedido. Aún tenía un labio partido, el cual lamió ligeramente.
Sin embargo, lo que más recordaba era la patada. Para él, lo visual era un niño como una mancha bicolor; no obstante, sabía que lo reconocería fácilmente. Se levantó y se sacudió el dolor.
–¿A dónde vas?
Yuri se dio la vuelta para encarar al chico sentado en la otra cama del cuarto. El chico con cabello azul. Se retorció un poco con la relajada sonrisa que el otro joven tenía y permaneció completamente inmóvil.
Kai lo miró.
–Te hice una pregunta –le remarcó, levantándose de su cama.
Yuri naturalmente hubiese escogido no hablar. Sus ojos brillaban con ansiedad, al tiempo que Kai se aproximaba. Para entonces ya se había figurado que él y Kai compartían habitación, lo cual lo hacía más fácil.
Una vez que Kai estuvo lo suficientemente cerca, Yuri lo agarró por el cabello sin aviso y lo jaló para adelante hacia él, como eran de estaturas similares, esto no fue tan difícil. Sólo que Yuri era más ligero, por lo que Kai, al ir hacia adelante sin molestia, tratando de noquear a Yuri hacia atrás, provocando que ambos colapsaran en el frío suelo de piedra.
Yuri todavía mantenía el agarre en su cabello y Kai gruñó por el dolor, al sentir cómo Yuri estaba tirando de las raíces de su cabello. Estaba más o menos encima de Yuri, por lo que intentó maniobrar para tomar la cabeza de Yuri, la cual estrelló en la piedra fuertemente, haciendo que las manos de Yuri soltaran su cabello.
Sintió una pequeña onda de alivio al haber sido soltado, mas sintió cómo las manos de Yuri se aferraban una vez más. No podía observar el rostro del ojiazul, puesto que su cabeza era mantenida en un ángulo oscuro, pero de nuevo estrelló la cabeza del pelirrojo contra el suelo y, en lugar de pequeños gruñidos de ira, escuchó una respiración y las manos cayeron de su cabello.
Kai se levantó del niño ligeramente más pequeño y gruñó del dolor, mientras caminaba con una mano en su cabello, lejos de Yuri. Se sentó con sus piernas cruzadas cerca de una de las camas y miró sus manos, viendo la sangre en ellas y mechones de cabello.
–Dios… –murmuró y dejó escapar un siseo adolorido, al aplicar leve presión en la, próxima a ser, hinchada parte de su cabeza.
Kai miró a Yuri, quien había rodado a su otro lado. Kai podía visualizar su espalda y pudo ver la sangre tiñendo el cabello rojo desde la herida en su cráneo. Yuri estaba sosteniendo su cabeza y Kai sacudió la suya.
–Perra loca… –susurró y se levantó lentamente.
Caminó hacia su cama y se rió por lo bajo, pensando en qué tan interesantes habían sido sus encuentros más recientes con el niño. Kai se giró para ver a Yuri de nuevo, deteniéndose en seco en sus movimientos cuando se dio cuenta que él ya no estaba allí. Volteó a su alrededor y la idea de una sosa película de terror cruzó por su mente antes de escuchar, más que sentir, al principio, un zumbido en sus oídos.
Kai trastabilló hacia atrás antes de que otro golpe retumbara y registrara que estaba siendo atacado con inmensa fuerza. Su visión se volvió borrosa y la sangre escapó de sus labios y nariz, pero se centró en la mano de Yuri.
Kai apresuró a Yuri hacia el suelo por segunda vez, pero esta ocasión, los papeles estaban volteados. Yuri estaba inclinado hacia abajo, sus dientes cerrados en torno a la oreja de Kai. Kai gritó.
–¡Aaaahh! –exclamó, al agarrar los hombres de Yuri y empujarlo lejos de sí, pero no pudo, ya que sintió su carne desgarrarse y su cartílago crujir al tener esos dientes presionados en su carne.
–¡Aaahh! ¡Suéltame, maldito loco! –vociferó del dolor y las lágrimas aparecieron en sus ojos, al tener las manos de Yuri aferradas a su cabello. Chilló del dolor, al sentir el mordisco en su oído… como si Yuri se lo estuviera comiendo.
–Aaah… nghhh… –Estaba demasiado adolorido como para gritar, como si su cabeza estuviese paralizada del dolor sordo. Escuchó una risa sádica en su oído y entonces Yuri se sentó sobre él.
Él lamió la sangre que le corría por su barbilla y sus ojos azules se llenaron con una mirada vacía pero divertida al observar a Kai yacer bajo de él, sangrando. Kai lo estaba viendo, respirando agitadamente con sus ojos medio cerrados, su cabeza abotagada y un sonido chirriante ensordeciendo sus oídos. Lo miró alzar una mano, tocar la sangre en su barbilla y poner sus dedos en la boca como lo hubiese hecho un niño pequeño.
Kai sacudió la cabeza un poco impactado. Quería sentarse y dirigirse al baño, así que cuando vio a Yuri estirarse para alcanzar algo, se sentó. Pero Yuri estuvo sobre él en un latido y los ojos de Kai se abrieron grandemente cuando vio el gran ladrillo en las manos de Yuri.
Un ladrillo que Kai había guardado para propósitos de defensa bajo su cama y que ahora se encontraba en las manos de Yuri. La mirada en los ojos del chico era una de felicidad. Kai tomó un respiro, al tiempo que Yuri alzaba el ladrillo sobre su cabeza y se dio cuenta que Yuri planeaba matarlo.
–Oh, mierda… –susurró.
Pero Yuri se distrajo cuando la puerta se abrió bruscamente y cuatro hombres se apresuraron a entrar. Bajó el ladrillo lentamente y sus ojos recayeron en Kai, quien en ningún momento se había mostrado asustado o moribundo, pero los ojos de Yuri mantuvieron la amenaza de un posterior encuentro. Kai lo complació con un guiño, mientras los guardias jalaban a Yuri lejos de él, con lo que pudo relajarse en el suelo. Su mano se levantó para sentir la fría humedad de su sangre en su rostro y oído, el cual permanecía intacto… en su mayor parte.
–Wow, parece que estos dos se acoplaron bien… –uno de los guardias, sosteniendo a Yuri firmemente con sus manos tras su espalda, se burló viendo la sangre en la barbilla de Yuri y corriendo por la parte de atrás de su cuello, manchando sus ropas blancas.
Los otros dos guardias también se rieron.
–Y Kai parece como si se lo hubieran cargado… –uno comentó, mientras Kai se sentaba lóbregamente y los miraba con odio.
Boris había permanecido en el marco de la puerta.
–¿Por qué han de ser siempre los difíciles mi problema? –se quejó secamente, al ver a Kai levantarse temblando un poco.
–A la enfermería ustedes dos… y tú, ve con ellos, no sea que tengamos otro pequeño episodio… –Boris le indicó al guardia que sostenía a Yuri, puesto que sabía que Kai no daría problemas.
Kai pasó a Boris de largo y el guardia llevó a Yuri bruscamente hacia la salida. Boris quedó impactado cuando Yuri escupió un pedazo de carne a sus pies antes de que el guardia lo empujara por el pasillo. Boris se inclinó y recogió la carne medio masticada y alzó una ceja oscura al notar el diminuto fragmento de oreja.
–Esto es algo que no se ve todos los días… –se levantó y le entregó la carne sanguinolenta a un guardia, quien hizo una cara de claro disgusto.
Boris dejó el cuarto.
–Limpien el desastre –les ordenó.
La enfermería era un cuarto pintado de gris opaco y blanco, con una camilla y dos cabinetes llenos de criterios médicos. El enfermero era hombre y estaba tratando el oído de Kai con una mirada perturbada, cuando el guardia se plantó con Yuri en la puerta.
–Voy a limpiar esto, Kai. Debes mantenerla limpia o definitivamente se infectará… Un pedazo de tu oreja está faltando, pero es una pieza muy pequeña… –razonó, al empapar una gasa con líquido antiséptico.
Kai miró Yuri, quien estaba observando sus propias manos ensangrentadas como si poseyeran algo que él quisiera. El guardia no paraba de sonreírle a Kai.
–Te jodió, Hiwatari. La primera vez que veo más sangre en alguien que fuera tuya. –Se rió–. Y ese pedazo de oreja estaba todo masticado… –Le dio un codazo a Yuri, quien se crispó ligeramente–. La escupió a los pies de Boris. –El guardia se botó de la risa.
Yuri lo miraba frunciendo levemente el ceño, como si no le hubiese estado poniendo atención al hombre y sólo ahora se diera cuenta que se estaba riendo.
Kai siseó cuando la enfermera le aplicó la gasa con antiséptico para limpiar las heridas, debido a que quemaba y punzaba en su piel expuesta.
–Tu cuero cabelludo también está sangrando… asegúrate de sumergir tu cabeza en agua caliente y mantener tu cabello limpio hasta que sane… No está abierto, así que no habrá necesidad de coser –el enfermero le explicó, mientras preparaba un vendaje para el oído de Kai.
Kai estaba pensando en Yuri… y cómo lo había subestimado. Nunca había visto una persona tan enferma en su vida. Yuri incluso vencía a Bryan y su mente retorcida. La mirada que había visto y la risa de alegría pura que había escuchado, le decían que no podía dejarle ventaja al niño nuevamente… él había estado preparado para matar a Kai después de todo.
Una vez que el enfermero hubo terminado con Kai, le entregó una pequeña botella de antiséptico y un poco de gasa. Los niños de la abadía solían atender sus propias heridas si no eran muy serias. Kai se levantó y se paró junto al guardia cuando Yuri fue llamado para sentarse en la cama.
Yuri no se movió, únicamente inclinó su cabeza hacia el enfermero inocentemente. El enfermero frunció el ceño.
–Vamos, Yuri, para que pueda limpiar tus heridas –lo dijo en plural al notar el labio partido y el ojo morado que portaba el niño.
Yuri pestañeó y tocó la parte posterior de su cabeza y sintió la dura sangre seca en su cabello, empujó un poco más y sintió la cortada en su cuero cabelludo y sacudió su cabeza ligeramente.
El enfermero suspiró, era pasada la una de la mañana y estaba demasiado cansado como para discutir, así que le entregó el antiséptico y la gasa a Yuri, quien, sorprendentemente, los tomó y se despidió con la mano.
–Vete ya… y lidia con tu propia estupidez… –le dijo irritado.
El guardia roló los ojos y tomó los hombros de ambos niños y los condujo por el corredor, de regreso a su habitación compartida.
Llegaron allí tras unos minutos y el guardia vio Kai irse a su cama y dejar escapar un suspiro incómodo mientras se sentaba en su cama. Yuri permaneció de pie cerca de la puerta.
–Miren, ustedes dos, no más peleas de perras… duerman un poco, porque hay entrenamiento mañana –el guardia les ordenó y cerró la puerta, dejándolos solos.
Kai miró a Yuri cansinamente y Yuri le devolvió la mirada. Se continuaron viendo fijamente por un rato bajo la pálida iluminación de la recámara.
Kai pensaba cómo había algo realmente mal con el niño, pero de una manera fascinante y Yuri pensaba qué tan insatisfactorio había sido el no ver el miedo de morir en los ojos de alguien, lo ponía sumamente furioso el ver una mirada calmada cuando estaba a punto de dejar caer el golpe final y más excitante en la cabeza de Kai.
Yuri tenía muchos moretones y heridas, así que fue a sentarse en su propia cama con su espalda hacia Kai, mas Kai no tenía intenciones de causar ningún altercado, sólo quería dormir.
Miró al niño sentado con postura rígida y suspiró.
–Por cierto, mi nombre es Kai… –dijo, mientras yacía boca abajo con los ojos cerrados.
Yuri miró directamente hacia adelante, pero se dio cuenta de las palabras de Kai. Sus ojos azules brillaron con una chispa de interés.
–Mi nombre es Tala…
Y este es el comienzo de la locura… Espero que les hayan gustado estos tres capítulo. ¡Qué emoción, ya casi llegamos a la mitad de esta gran historia. Espero escuchar lo que tienen qué decir respecto a este fic. Muchas gracias por leer, pero sobre todo, gracias a quienes se han tomado la molestia de dejar un review en los capítulos pasados:
Saint lolita
Funeral-Of-The Humanity
PPBKAI
Sasu-chan Uchiha Hiwatari
