N/A: Lamento la tardanza, pero no pienso abandonar este fic, no señor! Besos, dulzuras, espero que no consideren este capítulo una pérdida de tiempo
NOTA IMPORTANTE: este capítulo, a diferencia de los otros, se escribirá desde el POV de Katara.
NOTA IMPORTANTE 2: editaré este fanfic ( no sé cuándo) , así que quizás todo sea contado desde un POV a partir de ahora.
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Capítulo 4: Pasión Parte I
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(Anteriormente)
-¡Por los espíritus!-
-Shhh, no grites, ¿podemos hablar?-
-E-está bien.-
¿Qué clase de chico era Aang, que llegaba a hablar conmigo a las dos de la madrugada?
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¿Qué clase de chico era Aang, que llegaba a hablar conmigo a las dos de la madrugada? Mi madre de seguro reiría cuando se enterara de este chico, y Toph no pararía de molestarme jamás.
Ah, Toph. A penas ha pasado un día y ya la extraño. ¿Cómo le estaría yendo a esa pequeña? En fin, no siempre voy a poder a estar allí para protegerla aunque así lo desee, y sé que es una chica fuerte que no necesita de mi el 99.9% del tiempo. Creo que tendré que acostumbrarme a esta tontería de alejarme de mi familia cada fin de semana, porque para mi desgracia, aun me faltan dos años para ser mayor de edad. En mi país lo seré hasta que sea una adulta de veinte.
-Bien, Katara, ahora dime quien eres.- El sonriente calvo que ahora es mi hermanastro estaba sentado frente a mí, esperando ansioso a mi respuesta. Casi quise reír; y lo habría hecho de no ser porque me consideré algo torpe, y hasta… patética.
-Eh, ¿Cómo que quién soy? Soy Katara South, ¿no?- Menuda respuesta la que se me ha escapado de la lengua. Ahora Aang ríe frente a mí. ¡Qué vergüenza!
-¡No, boba!- continúa riendo, pero ya con más calma – Me refiero a que quiero saber más de ti. De tu identidad.-
¡Pues si lo hubiese dicho así desde el principio, todo habría sido más fácil!
-No hay mucho que decir de mí. Estoy conforme con mi nombre, me gusta trenzarme el cabello, amo este pijama con dibujos de ositos de goma, tiendo a leer hasta tarde, vivo sola con mi hermana y mi comida favorita quizás sea el helado de Ron con pasas*.-
-Interesante, Katara. ¿Y qué más?-
-¿Qué más? Este, yo no sé qué mas decir, ya he dicho lo importante. No creo que te interese mucho escuchar de mis pasiones por la vida, o mis creencias. Ya te lo dije, Aang, no hay mucho que decir de mí. –
-¡Por favor, no seas modesta! Lo interesante te brota hasta por los poros.- Aang cierra sus ojos y rasca su cuello con aires de nerviosismo. Sonríe muy ampliamente, haciendo ver de nuevo esa blanquecina sonrisa que tiene. Es muy… bonita.
-Bien, bien, diré más de mí si dejas de mostrarte tan nervioso. Después de todo somos hermanos, y me tendrás aquí por un muy largo tiempo. –
-Trato hecho. Lo siento, es que no estoy muy acostumbrado a tratar con mujeres que no sean Yue y mi madre. Siempre he estado en instituto para chicos, y solo he tenido amigos hombres. He ahí el dilema. –
-Punto para ti, mí estimado amigo. Punto para ti.-
- ¿También me consideras tu amigo? ¡Genial, ya tengo a mi primer amiga mujer!- ¿Qué era ese "también"? ¿Acaso él ya pensaba que éramos amigos a pesar de haber dicho lo contrario? Eso es lindo de su parte.
-Eso es… genial. – Ahora el nerviosismo se apodera de mí, y soy yo la que ríe. Aang me hace un gesto con su cabeza para que continúe hablando, y mi sonrisa se amplía. -¡Vaya! Al parecer cuando quieres algo te vuelves insistente. Me recuerdas a mi hermana, Toph. –
-Ya luego preguntaré por esa chica intrigante que ha salido a flote en nuestra charla. ¿Por dónde estábamos antes?-
-íbamos por eso de mis ideales. Debo advertirte que son bastante comunes para una chica de mi edad: Defiendo lo que me gusta, lo que quiero y lo que sueño. Me hallo en contra del maltrato, el abandono, los crímenes, abortos y otras cuantas crueldades más. Tiendo a ser algo terca también.
-¡Ajá!- él replica con un pequeño gritillo burlesco, y alza una ceja con diversión. – Con que juzgando la paja en el ojo ajeno, ¿No, Katarita?- Su jovialidad para expresarse ahora, a comparación del chico que vi hace unos momentos, me hace querer reír todo el tiempo. Él me ha devuelto algo que creí haber perdido hace un tiempo.
La risa y el humor.
Opto por tomar mi almohada y pegarle suavemente con ella, él se queja emitiendo un "¡Oye!", y entonces me cuestiona más:
-Eres interesante, ¡te lo dije! Pero continuemos. ¿Qué te apasiona de la vida?-
Muerdo mi labio, acabo de entrar en shock. –N-no lo sé.-
-¿Qué no lo sabes? ¿Cómo no puedes saberlo?-
-Es que nunca me he dado un respiro para preguntármelo. Eso es todo.- Trato de sonar indiferente.
-Bueno, pues entonces tenemos un duro trabajo esperándonos mañana. Encontraremos tu pasión por la vida, que seguro has dejado tirada por allí junto con algún recuerdo de infancia.-
-Número uno, Aang, debes estar refiriéndote a encontrarla en un par de horas, porque ya es de mañana. Número dos, debo agradecerte por ello. Y número tres, ¿Eres Psicólogo, por casualidad?-
-Solo tengo dieciséis, Kat. No puedo ser psicólogo aún. Nótese el aún.- Su radiante sonrisa es linda incluso cuando sus labios esconden aquellos dientes que tanto me gustan.
-Aang, no sonrías así.-
-¿Pero qué tiene de malo?- se ve desconcertado con mi comentario. Entonces le quito su gorro de dormir, y lo coloco sobre mi cabeza.
-Es solo que… me gusta tu dentadura. Es la más perfecta que he visto jamás. El segundo lugar se lo lleva tu hermana.-
-A mí me gustan mucho tus ojos. El segundo lugar se lo lleva mi hermana.- los dos nos reímos por el comentario.
-Y dime, ¿Por qué el cabello blanco?-
-Ah, pues no te lo diré. Es cosa muy de ella, y solo ella decide a quién contarlo.-
-Y respeto eso. Por cierto, ¿Cómo se supone que vamos a encontrar mi "pasión por la vida"?-
-Jugaremos a que soy un Psicólogo, y entonces tú me contarás tu vida a detalle. Así localizaremos en qué momento dejaste de interesarte por que tu vida fuese estupenda. ¿Te parece?-
-Claro.- Sonreí, él sonrío. Ok, ya habían sido demasiadas sonrisas en esa media hora de charla. Él se recostó en mi cama y suspiró profundo.
-En ese caso comienza, paciente Katarita.-
-¿Qué no se supone que el que se recuesta es el paciente?-
-Ah,ah,ah.- niega tres veces con su dedo índice derecho –El psicólogo aquí soy yo, y yo doy las ordenes.-
-Está bien, psicólogo, déjame ver por dónde comenzar.- Me acosté a su lado, los dos andábamos con la mirada perdida en el blanquecino techo. -He oído un par de veces que solía tener un hermano, de mi misma sangre. Pero él murió al caer en un estanque durante el invierno, por hipotermia, creo. Su nombre era Sokka.-
-lo siento Kat…-
-Oh, no importa. No es tu culpa. En fin, a raíz de eso mis padres se separaron, y yo era apenas una bebé cuando ocurrió todo. Aún así continué visitando a mi padre; él llegaba a traerme a la escuela, yo le hacía muchas tarjetas coloridas y me la pasaba bien, según lo poco que recuerdo. Pero fue hasta los cinco años que la magia duró.-
-Quizás es allí donde quedó tu pasión.-
-O quizás no.- replico lo que Aang ha dado por hecho. Me voltea a ver y sonríe para mí. Luego se acercó un poco más a, con duda, pero al instante se alejó. -¿Por dónde iba? Cierto, mi padre. Él desapareció de pronto. Nunca más llegó por mí, y tampoco le pude entregar mis otros dibujos. Para una cría de la edad que yo tenía, era difícil comprender por qué de repente su papi desaparecía. Deshecha en lágrimas, lo deduje. Jamás lo volvería a ver.-
-O eso creías.- reí por la ironía. No mentía al decir que Aang trajo a mí la risa de nuevo.
-Exacto. Sin embargo olvidé decir algo importante. Cuando yo tenía tres, mi madre se casó de nuevo con un adinerado y, según ella, apuesto hombre. Meses después nació mi media hermana, la querida Tophie. –
-Con que de ahí aparece nuestra intrigante intrusa de charlas.-
-Interesante término, por eso te doy otro punto. Vamos dos a cero. –
Y la cuestión es, que no íbamos dos a cero. Íbamos un millón a cero, con Aang teniendo la ventaja. ÉL ganando por hacerme reír tanto, por hacerme esbozar tantas sonrisas, por sus comentarios sarcásticos pero dulces, y sus ojos viéndome con una comprensión que jamás creería haber encontrado.
-Bueno, Katara, ¿Eso es todo?-
-No, aún no. Esto recién comienza. Toph y yo nos volvimos unidas, ella era lo más cercano que poseía a una hermana normal. Y recuerdo muy bien la primera vez en que le vi triste. Esa mañana me despertó el olor a panquecillos proveniente de la cocina, junto con una sacudida fuerte de las pequeñas manos de Toph, quien casualmente tenía cinco años. Odio el número cinco. –
Aang bufó, y me extendió mi almohada para que la abrazara. Continué con mi relato posterior a eso: -Ambas reíamos, y todavía teniendo mi camisón para dormir celeste puesto, corrí a la repisa de la biblioteca en casa, para tomar una corona de princesa que tenía, y ponérsela a Toph. Ella se sacudió como un perro y bajó las escaleras. Al llegar vi los deliciosos alimentos sobre la mesa, y nos sentamos cada quien en su lugar, con mamá. Ella estornudó, volteó a ver los pastelillos y con manos temblorosas nos sirvió. Mamá nunca temblaba, ¿Qué era eso? Parecía gelatina. –
-Presiento que algo malo viene. Katara, ¿Segura de que deseas continuar?-
-Por supuesto, psicólogo loco- Una carcajada por su parte, otra por la mía.
-¡Eso no tiene sentido, es tonto!-
-Lo sé, psicó-loco. – Me atreví a mezclar las palabras, sabiendo que sí era estúpido y reafirmando que no tengo un buen sentido del humor. –Estaba diciendo que mamá temblaba, Toph se hurgaba la nariz como la niña que era y no la detuvieron como era de costumbre. Algo iba mal en todo el contexto. Mamá dijo entonces, citando sus palabras: "Niñas, papá ya no estará jamás aquí. Nos ha dejado solas, porque se fue a otros lugares. Pero él las ama mucho."-
-¡¿Qué!? Por los espíritus, Katara, ¡no puedo creerlo! Pero qué decepcionado me has dejado de la humanidad. Ya entiendo por qué la falta de pasión por el mundo. –
-Supongo que sí. Son esa clase de hombres que te hacen pensar en las cosas que se pueden encontrar en el universo.-
-¿Y qué ocurrió con Toph?-
-Ella dejó de hurgarse la nariz, no lo entendió muy bien. Comenzó a hacer preguntas, respondió un "oh" con su dulce vocecita, y corrió escaleras arriba para encerrarse en nuestra habitación. Cuando entré la vi acurrucada entre sus sábanas blancas, y me acosté a su lado. Yo no estaba triste porque ese no era mi padre, pero Toph sí.-
-¿Y ella también está mal?-
-Bueno, una semana le bastó para acostumbrarse. Pero mamá estaba muy triste, y necesitaba despejar su mente con algo. Comenzó a dejarnos en casa de los abuelos todas las tardes para ir a estudiar enfermería. Y luego consiguió trabajo en uno de los hospitales locales. Tiempo después nos pasamos a vivir con los abuelos, puesto que con tal de no deprimirse más, mamá se fue por todo el mundo a trabajar de médico auxiliar…-
-Oh.-
-Sí, oh. Tophie aún no le perdona que esté tan descomunicada de nosotras, ni que nos haya dejado en manos de los abuelos. Por eso, cuando cumplí dieciocho busqué trabajo, y me mudé a mi propio apartamento. Toph quiso irse conmigo, y le dejé. Sin embargo, hace unas semanas llegó una carta de mi padre, amenazándome y diciendo claramente que si yo no pasaba los fines de semana con él, entonces demandaría a mi madre por abandono infantil.-
-Wow, Katara. Definitivamente me pones a pensar.-
-Pues sí, ¿Lo ves? Toda mi vida ha sido un aprieto.-
-Lo siento mucho.-
Ambos nos volteamos, aún acostados, para poder vernos cara a cara. Entonces él se acercó y besó mi frente. La curvatura en mis labios no tardó mucho en aparecer. Hacía mucho tiempo que nadie me daba un beso en la frente. ¿Qué había hecho yo para ganarme un hermanastro tan dulce, bueno y simpático? Vayan los espíritus a saber. Quizás él pronto se convertiría en mi único y diminuto rayo de luz. Permanecimos recostados por unos minutos, y al levantar mi vista y dirigirla hacia el reloj despertador que posaba sobre el tocador, me fijé en la hora. ¡Ya eran las 4:02 a.m.!
-¡Aang, mira la hora!- Él, que ya comenzaba a quedarse dormido, volteó su mirada con despiste. Se le abrieron tanto los ojos al ver la hora, que juraría se le iban a salir.
-¡Santo cielo, hemos hablado dos horas!-
Y se escucharon golpecillos en mi puerta. Uno, dos, tres… nuestras respiraciones entrecortadas y yo cubriendo su boca con la palma de mi mano para que no hablara.
-Hija, ¿Qué está pasando, te sientes mal? Oigo voces allá adentro.-
-E-es tu imaginación papá. Estoy bien…-
-¿Y qué haces despierta a las cuatro de la madrugada?-
-Yo solo… reflexionaba.-
-Voy a entrar.-
-¡No, espera!- Muy tarde, Hakoda acababa de abrir la puerta, para verificar que todo se encontrase en orden.
-Hmmm, pero qué extraño. Habría jurado escuchar la voz de Aang por aquí. –
-¿Cómo crees? ¿Yo, hablando con él a estas horas? No gracias.-
-Si tú lo dices. Voy a hacer café, ¿Quieres un poco?- Su intento de amabilidad no me gustaba para nada. Se comportaba tan sereno, que parecía que hubiésemos vivido juntos toda la vida.
-No, papá. - sin poder evitarlo, el tono de voz amargo salió de mis cuerdas vocales. – Y no te comportes así conmigo, porque sabes bien que sigo enfadada.-
-Hija, yo…-
-Adiós.-
Él suspiró resignado, salió y cerró la puerta tras de mí. Allí fue cuando dejé de temblar y di un salto para bajar de mi cama. Me deslicé por debajo de la colchoneta, y entré a ese espacio entre la cama y el piso, que era donde Aang se había ocultado. Justo en donde dicen que hay un monstruo listo para halarte de los pies. Por poco nos descubrían.
-¡Vaya, Katara, eso sí que estuvo cerca!- comenzamos a reír en la oscuridad de nuestro escondite. –Bien, creo que será mejor que vaya a dormir un par de horas. Luego del desayuno, que por cierto lo tomamos como a las 9:30 los fines de semana, iremos a buscar tu tesoro.-
-¿Mi tesoro?- ¿Pero de qué hablaba? Este chico podía ser muy enigmático cuando se lo proponía.
-Sí, tu pasión por la vida. Esa que al parecer nunca has podido hallar.-
-Está bien, si tú lo dices.-
-Buenas noches, Kat. O mejor dicho, buenos días.-
-Buenos días Aang.-
Él se fue con mucho cuidado de no hacer ruido alguno, y yo me acomodé, ahora sobre mi cama, para poder descansar también. Nunca antes le había dicho a alguien acerca de toda mi vida, y menos en una sola charla…
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CHACHACHACHAAAN! Este capítulo ha concluido. ¿Les gustó? Porque honestamente, aunque va demasiado cargado de info, es el primer capitulo que les escribo que me ha gustado. Me parece… decente.
Ahora vamos con los asteriscos dentro de la lectura:
-Helado de ron con pasas*: Es uno de los sabores de helado favoritos de su presente autora. ¿Lo han probado? Si no, se los recomiendo.
Bye, Little Darlings!
