Pasión Parte II
-Por GirlBender L-
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(Anteriormente)
-¡Vaya, Katara, eso sí que estuvo cerca!- comenzamos a reír en la oscuridad de nuestro escondite. –Bien, creo que será mejor que vaya a dormir un par de horas. Luego del desayuno, que por cierto lo tomamos como a las 9:30 los fines de semana, iremos a buscar tu tesoro.-
-¿Mi tesoro?- ¿Pero de qué hablaba? Este chico podía ser muy enigmático cuando se lo proponía.
-Sí, tu pasión por la vida. Esa que al parecer nunca has podido hallar.-
-Está bien, si tú lo dices.-
-Buenas noches, Kat. O mejor dicho, buenos días.-
-Buenos días Aang.-
Él se fue con mucho cuidado de no hacer ruido alguno, y yo me acomodé, ahora sobre mi cama, para poder descansar también. Nunca antes le había dicho a alguien acerca de toda mi vida, y menos en una sola charla…
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No era que la vida me pareciese una total bazofia, era solo que a veces me daba igual.
Pensando en eso me levanté de la cama pesadamente, me coloqué las sandalias turquesa que había empacado para estar en casa, y sin verme en algún espejo o elemento que reflejase mi persona, comencé a deshacerme de la trenza con la cual había dormido la noche anterior. Listo, ahora podía bajar a desayunar.
Doce escalones, los conté. ¡Vaya que me daba una pereza irremediable en las mañanas de fin de semana, y sobre todo si no había podido dormir lo suficiente!
Pero bueno, ese no es el punto. Lo importante aquí es que de todo lo que pude haber tenido en mi cuerpo cuando fui a desayunar, como saliva seca en las mejillas o nudos en el cabello, lo que apareció de pronto fue algo peor. ¡Yo todavía tenía puesto el gorro de dormir de Aang cuando me senté frente a Hakoda, su esposa, Yue y el susodicho! Sí, porque se lo había quitado entre broma y broma cuando charlábamos la noche anterior. No sé qué había pasado, solo me pareció algo lindo, y ya.
-Katara, ¿Por qué llevas el gorro de mi hermanito en la cabeza?- Todos, a excepción de Aang que ya sabía la razón, me vieron con duda. De no ser por el aprieto en el cual me hallaba, habría imaginado tres caritas con signos de interrogación en la cabeza…. Ay, ¿Pero qué me ocurre al despertar? Debo dejar de leer por las noches. Y también dejar de ver televisión con Toph.
-Eh, pues es que me lo topé en la mañana cuando iba camino al baño, él estaba saliendo de allí y nos tropezamos. Entonces se le cayó su gorro, y para que no se me olvidara devolvérselo me lo puse.- Sonreí: bien, bien. Esa mentira salió rápido.
Yue me sonrió de vuelta, su madre me ofreció chocolate caliente y acepté. Mi padre ni siquiera me habló. Solo emitía comentarios hacia Baohu, su actual esposa. Agradecía a los cielos y a todas las rosquillas del universo cuando terminé de desayunar y pude ir a lavar mi plato. Me retiré, entré al baño y encendí la ducha. Así es como me gustaba, con el agua tibia.
Justamente me estaba poniendo aquellos botines de cuero que tanto amaba cuando Aang tocó la puerta, con cuatro golpecitos.
-¡Adelante!-
-Hola, Kat- sonrió. -¿Lista para ir a encontrar pasión por ahí?- Mis mejillas, por una razón inexplicable, se tiñeron de carmín. No es como si me gustara el chico ni nada, yo prefería a los hombres mayores, y de ojos verdes, no grisáceos. Decidí que lo mejor era voltear a ver a otra dirección, solo para no dar lugar a malos entendidos.
-¿Pasión, dices?-
-Pues sí, tu pasión por la vida. ¿O a caso lo olvidaste, tontita?- Aang rió un poco, se acercó y comenzó a hacerme una trenza.
-¿Sabes hacer trenzas?-
-¡Claro! Cuando era pequeño Yue me pedía muy seguido que se las hiciera. Y he notado que te gustan bastante, así que…-
-Eh, gracias.-
-¿Te incomodó? ¡Lo siento!-
-No, no importa.- Sonreí ante su reacción. Luego tomé mi bolso, mi billetera y mi celular, para que saliéramos de ahí a donde fuera que él quisiese.
Y bueno, podría decir que el resto de aquel paseo es historia y enfocarme en la parte más importante de mi largo, largo, largo relato, pero prefiero contar todo con detalles, porque como planeo ser periodista esto me servirá mucho. Y quizás hasta haga un libro después. El punto es que nos fuimos en la bicicleta azul de Yue, porque Aang no tenía una. Él condujo, y yo me fui atrás todo el camino, sosteniéndome de su espalda con fuerza, porque iba medio aterrada. Es que él no era muy bueno con la bici… de seguro que por esa razón utilizaba su patineta siempre. Estuvimos a punto de caer unas tres veces, y en la cuarta ocasión sí caímos, pero me tomó de la cintura para que no me estrellara contra el suelo, sino que fuera a caer sobre él. Y eso, señores, fue el gesto más amable por parte de un chico que yo había recibido en años. Bueno, eso y la trenza, su atenta manera de escucharme, sus intenciones de alegrarme el fin de semana y que me invitara a una pizza.
Dios, que si este no fuese mi hermanastro lo hubiera besado al terminar del día. Porque una chica como yo, que ha venido de un pueblo pequeño en donde no se hallan muchos chicos, y que encima de todo ya tiene sus dieciocho años de edad, seguramente sueña con encontrar al hombre que mueva su mundo al nomás alejarse de donde proviene. Joder, ¿Por qué mi papá tenía que arruinar lo bueno?
-¿Katara?-
-¡Ah, sí, perdón! ¿Qué decías?- continué sacudiendo mi falda azul de puntos blancos. De nuevo me había distraído.
-Decía que si no te has lastimado con esa caída.-
-No, no, estoy bien, ¿Y tú?-
-Igual. Perdóname, nunca fui bueno con la bici.- Ese puchero que hizo, su mirada gacha…. Lo siento, pero por más que traté no pude contener mi risa. Y Aang obviamente quedó extrañado, lo noté porque de inmediato interceptó mis ojos y arqueó su ceja izquierda en un gesto que pedía a gritos explicaciones.
-Es que tu cara fue muy graciosa. Parecías un niño pequeño.-
-Bueno, me alegra que al menos te hayas reído de eso, porque el paseo en bici con tu nuevo hermanastro definitivamente será tachado de la lista de cosas que te gusten hacer.-
-Mejor vamos caminando.- lo tomé del brazo, y él rodó la bici por todo el camino que nos siguió.
-¡Listo, hemos llegado!- Aang sonrió, se paró frente a mí y extendió sus brazos hacia arriba, sacudiendo los dedos de sus manos varias veces. Luego rió nerviosamente como solía hacerlo cada vez que estaba conmigo, estacionó la bici en el aparcado especial para estas y volvió a mi lado para guiarme por la plaza.
-Bueno, este es uno de mis lugares favoritos de la ciudad, y se le conoce como 'La plaza cosmopolita Ba Sing Se'.-
-¿Cosmopolita?-
-Es que hay cosas de todas partes del mundo. Por el lado izquierdo ves las cosas estadounidenses, y como a tres metros de ese bloque están los puestos de productos coreanos, seguidos de los japoneses, y luego de los chinos. En el centro se ubican las mercancías de todos los países de Centroamérica, y bueno, al otro lado de la calle están los puestos de México y Canadá. Los de menos kioscos son los de India, Filipinas y Sudamérica, pero aún así tienen cosas muy buenas, como su comida.-
Observé fascinada a cada lugar que me apuntaba con su dedo índice. Era increíble ver como podías encontrar cosas de tantas culturas diferentes en una sola plaza. Y no era pequeña, era colosal. Sin duda este era mi lugar favorito también, a partir de ahora. Y conforme fuera viniendo a casa de papá, le iría pidiendo a Aang y a Yue que me acompañaran.
-Es bellísimo…-
-Lo sé, y creí que si querías saber un poco más de las cosas que te gustaría hacer, podrías venir aquí a descubrirte. Quién sabe, a lo mejor esto te inspira a convertirte en artista o bailarina de salsa. Quizás quieras ser cocinera, o repostera, o viajera.-
-¿Viajera?-
-¡Claro! No imagino a alguien al que no se le antoje viajar por el mundo luego de ver todas estas cosas por primera vez. De hecho hasta yo he querido hacerlo a veces.-
-¿Y por qué no lo haces entonces?- dudé un poco antes de continuar, pero la emoción que contenía en aquellos instantes me embargaban demasiado como para hablar bien. –Digo, parece que tienen suficiente dinero como para que lo hagas…-
-Pero Hakoda no lo aprueba en lo más mínimo. Quiere que me quede en la ciudad, consiga una esposa linda, tenga hijos varones y continúe con su empresa. Es como si quisiera vivir sus frustraciones a través de mí.-
Me giré levemente sobre la punta de mis pies para verle. Sus ojos parecían perdidos y algo temblorosos, así que de inmediato reconocí que hablaba más para sí con esas últimas afirmaciones, y que además se estaba enfadando.
-Ey, tranquilo Aang… tus momentos de psicólogo regresan a atacarte.- Y ahí, bajo el sol del medio día, lo vi carcajearse por primera vez. Rió tanto, y tan fuerte, que parecía que se estaba despojando de aquel sentimiento extraño que lo invadía. No había sido mi comentario en sí, porque lo que dije ni siquiera había sido gracioso. Más bien fue su manera de aligerar el corazón. Y al cabo de los segundos de observarlo con impresión, yo también me le uní. Hasta el momento en que las lágrimas resbalaron de mis mejillas y sentí que ya no podía respirar entre tanta risa y risa, fue que comprendí que tal vez no siempre necesitaría viajar por el mundo entero para ser feliz.
Lo que yo necesitaba era un amigo que sanara mi corazón. Y Aang lo sería, sin duda alguna.
Al terminar con nuestro liberador ataque de sentimientos, comenzamos a caminar lenta y relajadamente por todos los sectores. Muchos eran hermosos e impresionantes, pero quizás los que más me gustaron fueron los kioscos de Centroamérica, dado que nunca en mi vida había sabido nada acerca de algunos de esos países. Comí muchos dulces, compré algunas cosas y observé a algunas personas pintar, cantar y bailar. Sin embargo, aunque fue una experiencia realmente hermosa y entretenida, como todo en esta vida tarde o temprano debió acabar. Cerca de las seis de la tarde comenzamos a retomar el camino a casa, pero en vista de que ya andábamos muy cansados como para caminar, yo manejé la bicicleta y Aang se fue tras de mí. Permanecimos en silencio varios minutos, hasta que, como a la mitad del camino, él se dignó a hablar.
-Y bueno, Kat, ¿Encontraste algo que te apasionara?- Suspiré. Había sido bueno, pero no… no encontré ni un solo pasatiempo que me atrajera lo suficiente.
-No, Aang, siento mucho decepcionarte.- Y no escuché su voz por unos segundos.
-Oh.-
-Pero me divertí, muchas gracias.- Entonces me abrazó, aunque no por mucho tiempo.
-Bueno, era lo menos que podía hacer por mi nueva hermanastra.-
WUJUUUUU! ¿Quién festejará conmigo que traje nuevo capítulo? Hasta hoy me di cuenta que mi última actualización fue dos días después de mi cumpleaños, jaja… *se hunde en su propia vergüenza*
En fin, eso fue todo por hoy. Espero que les haya gustado, y me encantaría saber en los comentarios cuál fue su parte favorita del capítulo.(NO piensen que me olvidé de explicar cosas como el color de cabello de Yue, es solo que todo va a su tiempo)
Y una última noticia: Para los que no lo saben, tengo una página de Facebook, llamada "GirlBender L". Pueden pasarse por ella (Y darle like si quieren) para recibir noticias de actualizaciones, fanfics próximos, adelantos de mis libros, pequeñas reflexiones, imágenes y más información de su presente autora.
Les mando un besote desde Guatemala, espero poder leerlos pronto.
PD: Agradezco todos sus rws, que me han enamorado, de veras. Nunca me dejaron comentarios TAN LINDOS en un fic. Y hago una mención especial a Madamme M, que se tomó la molestia de escribirme un PM para exigirme -de forma amable y hermosa- un nuevo capítulo. A la próxima trataré de no tardar tanto.
