Disclaimer: Todo le pertenece a J. K. Rowling.

Este fic participa en los Desafíos del Foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Este fic ha sido corregido por mi hermanita Adhy Rosier Moon. Espero que os guste.


Hannah miró la poción nacarada que ya estaba preparada en su caldero. Apartó su largo cabello rubio hacia un lado, acalorada, y cogió una botella para meter la Amortentia. Sin embargo, algo la paró antes de hacerlo.

Salió al jardín, reflexionando el porqué había hecho esa poción y si realmente iba a utilizarla. Sabía que la Amortentia era muy poderosa, pero, ¿realmente le conseguiría el amor o solo sería una ilusión?

Resopló, sabiendo que la respuesta estaba muy clara. Usar la amortentia le aseguraría que se fijara en ella, que quizá estuvieran juntos un tiempo, pero no que la amara por ser ella. Al revés, puede que incluso, cuando se enterara, la odiara.

¿Por qué no podía fijarse en ella? En Hannah Abbott, prefecta de Hufflepuff, a punto de entrar en su séptimo año. Rubia, normalmente con coletas o trenzas, que le apartaban su fino cabello de su cara redonda. No era etérea como Luna Lovegood, o inteligente como Hermione Granger, o una fuerza de la naturaleza como Ginny Weasley. Era simplemente Hannah Abbott, la plácida chica de ojos marrones que solo quería llegar a convertirse en una buena bruja.

Se tumbó de espaldas, en el césped, pensando en la maldición de ser invisible, de que siempre hubiera gente que destacara más que ella a su alrededor. Normalmente, eso no le importaba. Es decir, ella tenía su grupo de amigos, desde primer año. No necesitaba nada más. Hasta ese año. Ese año habría querido ser más alta, más lista, más divertida, más coqueta. Le valía parecerse incluso a alguna de esas estiradas presumidas de Beauxbatons. Ella quería destacar. Quería que se fijara en ella, en Hannah Abbott.

Después de todo el año sin conseguir nada, estaba ante su último cartucho. Amortentia. Amortentia para conseguir un amor de mentira, un amor que solo duraría lo que durara la poción.

Con un suspiro, volvió dentro y guardó la poción en botes, guardando la botellita labrada que había pertenecido a su madre para el último poco de poción. Sabiendo que, a pesar de que se decía a si misma que no había decidido nada, sí que lo había hecho y no iba a usarla.

Porque quería que la amara ella, por ser ella, no por una maldita poción.

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