Corría con todas sus fuerzas, llegaba tarde. Había salido ya tarde del barracón. Levantó la vista y a lo lejos pudo verle. Caminaba de un lado a otro, parecía un león enjaulado. Hizo un último esfuerzo y llegó al lugar dónde él la esperaba. Se dobló, apoyó sus manos en las rodillas intentando recuperar el aliento.
-Llegas tarde – Fue lo único que él dijo.
-Lo siento – Contestó ella cuando por fin pudo hablar- No he podido llegar antes. Decidí arreglar mi taquilla y hacer mi cama antes de salir. Así Ramirez no podrá regañarme.
-No me interesa. Llegas tarde – Insistió él y comenzó a caminar en la dirección opuesta a dónde ellos se encontraban.
-¿Estás de coña, no? – Kate no podía creer que él se fuese a marchar. Comenzó a andar hasta que lo alcanzó- No puedes irte – Él se giró.
-Claro que puedo. Teníamos un trato. Te dejé muy claro que no aceptaría retrasos – Kate le miraba incrédula.
-Pero he tenido buenas razones para llegar un poco tarde. Lo he hecho bien, he recogido todo. El imbécil de Ramirez no tendrá razones para imponerme un castigo- Levantó la vista y pudo comprobar cómo el rostro de él estaba totalmente serio.
-No lo has hecho bien. Estaría bien si te hubieras levantado antes. Habrías podido hacer todo y llegar a tu entrenamiento a tiempo. Así que, no recluta Beckett, no lo has hecho bien. No habrá palmadita en la espalda para ti. Y ya va siendo hora que dejes de insultar a tu instructor – Dureza en cada una de las palabras dichas por Castle es lo que sintió Kate – Me voy. EL entrenamiento hoy lo harás sola y el resto de la semana también – Castle se giró y retomó su camino.
-Serás gilipollas – El teniente se paró, giró sobre sus talones y regresó al lugar dónde ella continuaba parada.
-Supongo que habré escuchado mal. No he podido oír como insultabas a un superior –Kate agachó la cabeza. Ante ella no estaba su compañero de entrenamiento. Ante ella estaba un teniente al que terminaba de insultar. Aquello no pintaba nada bien.
-Lo siento, pero es que no lo entiendo – Levantó su cabeza y clavó sus ojos en los de él- Se supone que deberías alegrarte. Por primera vez desde que estoy aquí he pensado en las cosas que debía hacer antes de salir.
-Pero no por las razones que deberías – Kate entrecerró los ojos – Deberías hacerlas porque es lo que se espera de ti. Pero tú lo haces sólo para evitar el castigo. Creía que en estos diez días que llevamos entrenando te había enseñad algo.
-Lo has hecho. Mi forma física es perfecta – Rick negó con la cabeza.
-No es forma física. Pensé que estabas entendiendo lo que significaba vestir este uniforme. Que comenzabas a tener respeto, pero ya veo que estaba totalmente equivocado – Kate se alejó algunos pasos.
-Esto no es lo mío. Me ha venido impuesto. Nunca quise formar parte del ejercito – Se sentaba en el suelo. Rick se le acercaba y se sentaba a su lado.
-¿Y qué era lo que querías hacer? – Kate le miró y suspiró.
-Quería ser abogado como lo eran mis padres – Hablaba con la cabeza agachada.
-¿Y por qué no estás en alguna Universidad? – Castle se sentía intrigado por aquella joven rebelde.
-Estudiaba en Stanford – Le miró cuando dijo eso y vio la sorpresa dibujada en su rostro- Sí no siempre fui una cabeza loca.
-¿Qué pasó? – Kate se mordió el labio intentando decidir si se abría o se levantaba y se marchaba de allí – El primer hombre de mi familia que sirvió en el ejercito lo hizo al lado de Georges Washington. En mi familia hay soldados desde la Guerra de Independencia – El teniente pensó que tal vez si él le contaba algo de su vida ella haría lo mismo.
-¡Vaya! Estoy al lado de un patriota – Castle la miró con seriedad- No me estoy burlando, siento si ha sonado así – Kate se había dado cuenta de cómo habían sonado sus palabras. Debe ser duro ser soldado para ti, supongo que se espera mucho de ti.
-Supongo que igual de duro que ser abogado como lo son tus padres – Contestó él encogiéndose de hombros.
-Mi madre fue asesinada – Castle la miró abriendo la boca para decir algo- Por favor no seas típico, no digas que lo sientes. No lo puedes sentir porque no la conocías – Castle asintió y decidió guardar silencio- Aquello destrozó a mi familia. Mi padre comenzó a beber sin control y yo…- Kate se quedó callada algunos segundo- yo comencé a hacer cosas. Beber, robar y terminé aquí. La persona que terminó con la vida de mi madre, terminó con la vida del resto de la familia.
-No, tú has sido la persona que ha tirado por la borda su antigua vida. Lo mismo que tu padre. Habéis tirado la toalla sin tan siquiera jugar el partido. La vida no siempre es fácil, pero nunca hay que darse por vencido. Y eso es lo que tanto tu padre como tú habéis hecho. ¿Crees que a tu madre le gustaría ver en lo que se ha convertido su familia? Un alcohólico y una delincuente – Kate lanzó su mano contra la cara del teniente con todas sus fuerzas.
-¡Vete a la mierda! ¿Quién coño te crees para juzgarme o para juzgar a mi padre? – Kate se pudo en pie y comenzó a correr. Necesitaba alejarse del teniente. Porque en el fondo de su ser, sabía que él tenía razón en todo lo que le había dicho.
Castle caminó hasta la casa de sus padres. Al entrar sintió el aroma del café recién hecho mezclado con el de las tortitas aún en la sartén. Saludó a su padre con un beso, su padre estaba en la mesa leyendo el periódico y ambos se saludaron con un movimiento de cabeza.
Martha miró a su hijo, había regresado demasiado pronto del entrenamiento y además estaba demasiado serio y callado. Algo no debía haber salido del todo bien. Pero decidió no preguntar, conocía de sobra el carácter de Richard y sabía que hablaría cuando le pareciese oportuno. Negó, aquel no iba a ser un buen día para él, no con la noticia que debían darle.
Los tres desayunaron en silencio, Rick miraba a sus padres. No era normal que estuvieran tan callados - ¿Todo bien? – Preguntó finalmente. Su padre dejó a un lado el periódico y le miró y después miró a Martha.
-Es Gina – contestó Martha. Castle miró a su padre.
-¿Qué sucede con ella? – Preguntó directamente al General.
-Su helicóptero ha caído, está desaparecida – Rick lanzó su servilleta sobre la mesa y se puso en pie.
-Ya les están buscando. Tienes su última localización – El General trataba de tranquilizar a su hijo.
-Y una mierda, ¿te crees que soy estúpido? Si fuese tan fácil no tendríais esas caras. ¿Dónde se supone que ha caído? – El General Rodgers miró a su hijo lo que le iba a decir no le gustaría.
-Lo siento, pero esa información es clasificada – Castle le miró con sorpresa.
-¡Venga ya! – Gritó – Soy yo, soy un Teniente de los marines, no soy un civil histérico o que no entienda como funcionan estas cosas.
-Lo siento, en este caso no puedo decir nada. Olvidas un pequeño detalle, además de todo eso, eres su novio – Intentaba acercarse a su hijo.
-Ex, soy su ex novio – Sus padres le miraron sorprendidos, él no les había contado que su relación hubiese terminado- Lo que sí sigo siendo es su amigo y su compañero. Merezco saber qué ha sucedido.
- Lo siento, pero no puedo decirte nada más – Insistió su padre.
Castle salió de la cocina, subió las escaleras hacía su habitación. Tan pronto como entró en su cuarto, cerró la puerta y se tiró sobre la cama. Escuchó los golpes que alguien daba en su puerta, escuchó la voz de su madre, pero se negó a hablar con ella.
Se levantó de la cama y comenzó a recoger sus pertenencias, las fue metiendo en su petate. Cuando tuvo todo recogido, hizo una llamada, la conversación duró cerca de media hora. Cuando finalizó encendió el ordenador y la impresora. Y para ir ganando tiempo se dio una ducha. Al salir del baño comprobó su mail, allí estaba lo que necesitaba, imprimió el documento y después de eso se vistió con su uniforme. Y entonces con el petate al hombro volvió a la planta baja de la casa.
-Se voy. He solicitado el fin de mi permiso – Sus padres le miraron entre sorprendidos y aterrados- Estas son mis órdenes – Le tendió el documento a su padre.
-No lo hagas – Martha se acercó a su hijo y le tomó de las manos.
-Iré a buscarla, es mi compañera. No abandonamos a los nuestros – Fue la contestación que Rick le dio a su madre.
-Cariño, ya la están buscando. Seguramente cuanto tú llegues ya la hayan encontrado. Aun te queda un mes de permiso. Hace mucho que no te tengo en casa – Martha estaba suplicando a su hijo, pero al mirarle a los ojos se dio cuenta que no había nada que hacer.
-Lo siento madre. Pero debo hacerlo, no puedo esperar sentado – Besó con ternura la cara de su madre. Se acercó a su padre, se cuadró ante él y tras hacer el preceptivo saludo a un superior, se despidió de ambos.
-Te quiero de vuelta muchacho – Fue lo que su padre le dijo antes de que Rick cerrase la puerta. Martha comenzó a llorar- No le pasará nada – Tomó entre sus brazos a su mujer, tratando de consolarla – Volverá, te lo prometo.
-No lo hagas, no puedes saberlo – Martha se separó de su marido y subió al piso superior, encerrándose en su dormitorio.
Castle salió de aquella casa, sabiendo que su destino eran los Balcanes. Algún lugar en la República de Bosnia y Herzegovina.
