Faltaban horas para que los primeros rayos de sol comenzasen a dejarse ver. El Teniente Castle, junto con el resto del equipo de extracción, se ajustaba el cinturón de seguridad en el avión de transporte. A sus espaldas y sobre sus rodillas, estaban los paracaídas que les llevarían hasta tierra firme.
La luz roja se encendía y todo el equipo de rescate se ponía en pie. Uno a uno enganchaban se enganchaban al cable de seguridad. Esperaban la luz verde. Y una vez el piloto se encendió y sonó el pitido, todos y cada uno de los integrantes del equipo saltaron.
Castle, miraba sus cuerdas, enredadas, girando, pero estaba tranquilo, sabía que en pocos segundos dejarían de estar cruzadas. Sus manos agarraban con firmeza las guías. Sus pies tocaron tierra, rodó. Desenganchó el paracaídas, miró a su alrededor, todos habían aterrizado en el lugar previsto.
Recogieron los paracaídas, los escondieron en la maleza. Transmitieron un todo Ok y empezaron su misión.
A poco más de cinco kilómetros, estaban los restos del helicóptero caído. Fusiles en mano, comenzaron a caminar. Debían abandonar el pequeño claro dónde habían aterrizado. Castle a la cabeza, abriendo paso, comprobando que nada, ni nadie se interponía entre ellos y los restos. Todos los integrantes del equipo, estaban alerta. A la carrera, llegaron a la frondosidad del bosque.
-Tres kilómetros y estaremos dónde debemos – Castle comprobaba el mapa y las coordenadas. Señalaba la dirección- Sargento sin transmisiones hasta nueva orden – El sargento asintió.
Estaban en zona de guerra, debían estar alertas en cualquier momento la calma podía desaparecer.
Corrieron los últimos cien metros. En su carrera empezaron a encontrarse con los restos esparcidos de la aeronave. Cuando finalmente llegaron a la zona del impacto, comprobaron cómo no había nadie vivo. Entre los restos encontraron tres cadáveres. Dos de los cuerpos eran los de los pilotos, el otro era de un sargento.
-Teniente, saltan tres cuerpos – Castle miró al soldado y asintió- Comunicaré lo que hemos encontrado.
-Teniente, ¡aquí! – Castle se giró hacia el lugar del que provenía la voz- Hay dos cuerpos más.
Revisaron la zona, colocaron los cuatro cuerpos que habían encontrado juntos y señalizaron el lugar con balizas de color.
Rick se dejó caer sobre el suelo, ella no estaba allí. Aquello sólo podía significar una cosa y era que Gina había sobrevivido, y siendo así él debía encontrarla.
-Sargento Miller, quédese junto con Robert esperando la llegada del helicóptero que recogerá los cuerpos- Mientras decía eso Rick se puso en pie y extendió el mapa de la zona- Hulk y yo iremos en busca de la teniente.
-Señor las ordenes fueron claras, debemos regresar todos – Castle miró con seriedad al sargento.
-Hay uno de los nuestros ahí – Mientras hablaba señalaba al bosque- Nosotros no abandonamos a los nuestros ¿qué clase de marine es usted?
-Uno que cumple las órdenes señor – Se defendió Miller- Si la teniente estuviese viva habría activado su localizador.
-Aunque esté muerta, se merece regresar a casa. Comunique al cuartel que el sargento Hulk y yo vamos a empezar la búsqueda del marine que falta. Activaremos nuestros localizadores, de esa forma siempre sabrán dónde nos encontramos. Cuando demos con la teniente señalaremos el lugar, bengala blanca si ella está viva, negra si lo encontramos un cadáver y verde para nuestra extracción- Después de decir aquello cargó su mochila a la espalda, al hombro su arma de medio alcance y comenzó a caminar siendo seguido de inmediato por Hulk.
Dos horas después de abandonar la compañía de sus hombres Castle se giraba, sentía cómo estaban siendo observados. Le indicó a Hulk que parasen. Cada uno de ellos tomó posición. Con el visor de sus armas barrían el terreno que había ante ellos. Allí no había nadie.
-Falsa alarma señor- Castle chascó la lengua. Allí había alguien, no sabía dónde pero lo había.
-¡Sal! ¡Estés donde estés! No te haremos daño – Hulk miraba a su superior sorprendido por lo que estaba haciendo.
-Señor no creo que deba gritar.
- Si fuese un peligro para nuestra seguridad ya nos habría disparado. ¡No te haremos daño, sólo queremos hablar! – De entre la maleza apareció un pequeño – No tengas miedo – Castle bajó su arma como símbolo de paz.
El pequeño caminó con temor hasta ellos.
-Ella dijo que tú venir – Castle dejó el arma en el suelo y sacó comida de uno de sus bolsillos.
-¿Quieres chocolate? – Intentó acercarse hasta el niño pero éste comenzó a alejarse- Está bien, me quedaré quieto. El niño miró a Hulk – Baje el arma sargento- ¿Quién es ella?
-Ella dijo que tú venir. Yo venir a buscar a ti. Pero tú tardar mucho en venir- Castle y Hulk se miraron.
-Ella es ¿militar? – El niño asintió- Está ¿viva? – Volvió a asentir- ¿Nos llevas con ella?
-Tú, él no - Dijo señalando a Hulk. El sargento miró al niño sorprendido- No me gusta. Da miedo – Castle no pudo evitar comenzar a reír. Con cada carcajada la cara del niño se iba relajando pero la del sargento se iba tornando cada vez más seria.
-Hulk con esa cicatriz y esas barbas es normal que asustes al niño – El rostro de Hulk estaba atravesado por una vieja cicatriz que iba desde el nacimiento del pelo hasta la mandíbula, atravesando la ceja y ojo izquierdos- No tienes que tenerle miedo, en el fondo es cómo un oso de peluche – Le dijo Castle al niño que entre cerró los ojos sin terminar de creerle- Es verdad- Dijo con convencimiento Rick.
-Señor puede ser una trampa- Castle miró con seriedad al sargento.
-Es la única pista que tenemos de la teniente. Iremos con él.
