Madre no hay más que una...
Una historia en el universo de Dragon Ball
Escrito por Iluvendure
El universo y los Canon Characters no me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama, Shueisha y Toei Animation. Dragon Ball © 1984 Akira Toriyama
6. Vejez (segunda parte)
La vejez existe cuando se empieza a decir: Nunca me he sentido tan joven.
Jules Renard
La bala continuó rodando por el suelo mientras el anciano contraatacaba.
Treacle sabía lo que eran las artes marciales, o eso era lo que siempre había creído… Las conocías a través de las películas de acción, aunque fuera puro espejismo de cables y efectos especiales. O por las competiciones deportivas y el famoso el Tenkaichi Budōkai, el cual las televisiones trasmitían para toda la humanidad. O bien porque él mismo, a pesar de ser un humilde cocinero, colgaba el delantal para, cada Lunes por la mañana, realizar Tai-chi con un pequeño grupo de lugareños... No obstante, cosa bien distinta era verlas ejecutadas en su genuino esplendor Como ahora.
Sin lo pueril de la cotidianidad, sin las trampas de lo llamado imposible. Simplemente, siendo lo que eran, el vehículo para un verdadero maestro como los de antaño, de esos que sólo parecen vivir en los cuentos escritos hace eones inmemoriales y asombrosos. Y todo esto estaba ocurriendo en su pequeño restaurante de carretera en mitad de la nada.
Las palabras sobraban.
Era casi como si realmente fuera pura magia…
Con la "Churri" no se ensañó demasiado. El anciano fue inclinándose ante ella con la oscilación del ave contra el viento y, con firmes y suaves movimientos, la sacudió a una velocidad inhumana. Mejor dicho, con una facilidad incomprensible; pues para tener la edad que tenía, este hombrecillo parecía contar con la bendición de la juventud. Se meneaba como el bambú, como la lluvia constante, o como el vapor de una marmita; con extraordinarios vaivenes que resultaban precisos al estar acompañados por la más armónica de las respiraciones…. Ni la más mínima reacción innecesaria hizo su aparición. Solamente el equilibrio más absoluto brotando de un cuerpo humano… Treacle nunca había visto moverse a nadie como se movía ese anciano. Jamás de los jamases.
Y nunca podría olvidarlo.
Igual que si la chica no pesara más que una pluma (pues casi parecía que ni la tocaba) la desarmó y la imprimió contra una pared, y luego contra la barra, dejándola inconsciente delante de su novio. Éste no parecía creerse lo que estaba viendo.
Bueno, más bien, nadie parecía poder creerlo.
Pero no duró demasiado. "Él" finalmente se rehizo y, a pesar de que cada tendón de su enorme cuerpo temblaba, la única idea que le vino a la cabeza fue disparar, sin importante a que apuntaba o a quien daba. Mas, antes de que consiguiera apretar el gatillo, ya el anciano se había adueñado del arma con un simple aspaviento, casi tan veloz como una sombra.
Entonces, los presentes fueron testigos de que el acero se torcía ante la presión de los arrugados dedos. Parecía doblarse con la debilidad de una barra de mantequilla. Y, en cuanto pasó, también todos pudieron comprobar como se iban humedeciendo los pantalones vaqueros del joven atracador...
Ahora el anciano no dio ni una sola muestra de piedad.
Primeramente, un puñetazo en todo el estomago, dinámico y brutal. Lo suficiente como para que los ojos de "Él" estuvieran a punto de saltar fuera de las cuencas oculares.
Dos patadas contundentes siguieron. Una que lo lanzó contra el techo (dejando un impresionante surco como una caricatura) y otra que lo precipitaron contra las baldosas blanquinegras del piso, las cuales salieron despedidas por todas partes ante la presión.
Y por ultimo, como si creyera que debía rematar la tarea, el viejo giró sobre si mismo y propinó un apoteósico golpe devastador que lanzó a "Él" contra la maquina jukebox igual que si fuera un torpedo humano, hasta encajonarlo con el culo para dentro entre el cristal y los discos. Dejándole sin sentido y sin poder mover ni un sólo hueso del cuerpo… Pues seguramente los tenía todos rotos
El infierno, curiosamente, había acabado tan rápido como había venido.
El viejo, tras ajustarse las prendas, habló de pronto, rompiendo ese impresionante silencio que su asombrosa hazaña había provocado:
-Ya está bien de tanta tontería…Este tipo de cosas siempre me amargan el día…- así dijo. Igual que si lo único que hubiera hecho fuera dar unos cuantos azotes a unos niños malcriados.
... ...
El silencio no duró demasiado.
Enseguida, cuando se asume lo ocurrido y el miedo parece lejano, la alegría entra. Se toma su tiempo, empieza muy tenuemente tras los parpadeos o los gemidos de conmoción. Pero una vez dentro, estalla.
Así es la alegría. Interrumpe sin llamar a la puerta del corazón revuelto que sabe que hoy vivirá para ver el mañana. Los vítores se elevaron, los apretones surgieron e incluso los aplausos estallaron. Las lágrimas o los abrazos se mezclaban con las palabras hasta que no se supo de quienes eran.
Por eso el anciano fue rodeado por manos amigas que querían agradecérselo en menos de un segundo:
-¿Cómo lo ha hecho?..¡Acaba de salvarnos a todos!...
-Gracias dios, Gracias a dios...
-De un golpe, amigo. Yo lo he visto, de un sólo golpe. No sé como lo ha hecho, pero gracias. Mil, mil gracias…
-Estaba a punto de salir en su ayuda…
-Es un valiente...
-Es un coloso...
- De un golpe, estoy seguro... Igual que Mister Satan...
Demasiadas emociones sacudían las mentes. Treacle no fue uno de ellos. Permaneció sereno aunque, de todos los presentes, él había sido el más consecuente con las asombrosas habilidades del anciano.
Además, este cocinero que hacia escasos minutos había estado a punto de morir por un tiro en la sien, sólo tenía un pensamiento para una persona.
Así que se puso de pie, casi enfático y con el ensangrentado mandil, para tenderle la mano a la "autobusera". En contraposición, ella permanecía en una esquina, con un aspecto fantasmagórico y un estremecimiento anómalo, dejando escapar hipos emocionados como alguien que no puede creer en propia suerte. Resultó difícil incorporarla por su enorme constitución, pero Treacle lo logró. Y él siguió insistiendo hasta que ella caminó hacia la barra y tomó asiento:
-Colócate aquí, Step. Siéntate... No temas. Ya se ha acabado todo. - Dijo, alzando la voz en la última afirmación, cómo si quisiera que ella verdaderamente asimilara el significado de estas palabras. Luego estiró el brazo para sacar un teléfono de debajo de la barra.-… Step, ten…. Llama a la policía, por favor. Llámales.
El amor nunca puede permanecer oculto, siempre encuentra una manera para hacerse notar. Especialmente tras vivir una desgracia.
En ese momento fue cuando el rostro de ella volvió a la viva. Igual que si hubiera estado muerta y él la hubiera invocado desde el más allá. Se miraron menos de un segundo, sin embargo, hay miradas que dicen mucho más que cualquier superflua frase. Después Step colocó el teléfono sobre el regazo y empezó a marcar hasta oír la señal.
El cocinero alzó la vista y vio al anciano luchador entre la marea humana de agradecimientos que le impedían llegar hasta los heridos. Igual lo estaba imaginando, pero también le pareció que éste movía la cabeza de una forma particular, aunque difícil de clasificar, pues las gafas de sol ocultaban la expresividad de su cara. Si bien, Teacle creyó que esa era su forma de aprobar lo que acababa de verle hacer.
Ahora bien, el viejillo meneaba el bastón como si quisiera espantar moscas, pero sin demasiado efecto:
-Vale, vale. Si, muy bien... Agradézcanmelo luego ¿quieren?… Bueno, igual no: Tú, guapa, me lo puedes agradecer ahora mismo…- indicó a una de las muchachas cuyos resplandecientes ojos brillaban ante su "salvador". Pero el beso que recibió vino de los labios de la señora conejo, la cual se adelantó para la gran consternación del anciano-… ¡Blaggg! ¡Señora, que corra el aire! ¿Qué son esas familiaridades?... Bueno, bueno, ya vale, buena gente ¿No me escuchan? ¿Quieren apartarse de una vez? Reaccionen, hay dos hombres muriéndose.
La gente comprendió la petición y obedecieron finalmente. En el suelo aún se desangraban los dos victimas del asalto, abrazados fuertemente a sus seres queridos.
El cocodrilo enfundado en cuero había perdido mucha sangre a pesar de los esfuerzos de su camarada, el repartidor de "Lucky Foods", por frenar la herida con todo lo que tenía a mano. Pero peor aspecto tenía el joven humano. Su extremada palidez no dejaba rastro de duda, era como si estuviera a punto de irse para el otro barrio, por mucho que su desesperada enamorada le gritase para que permaneciera con ella.
-Menos mal, hay tiempo….Venga, ustedes, hay que incorporarlos un poco. Ayuden especialmente a la muchacha, ¿No ven que la pobre no puede con el peso de su novio?... Eso está mejor, gracias hijos. - el viejo hablaba con ordenes contundentes. Enseguida,Teacle y otros dos jóvenes respondieron a las peticiones, colocando los cuerpos con mucho cuidado. Luego el viejo se digirió hacia el gordo repartidor.-… Mire haber si puede abrir las fauces de su amigo, con cuidado. ¡Vaya dientes que tiene! Muy bien, déjelo así...
Después su voz suave fue para la desconsolada muchacha.
- Ya, hija mía, deja ya de llorar, eso no sirve de mucho. Intenta abrir la boca de tu chico… Muy bien, a cada uno de ellos… denle una de estas. Y que se las traguen, sea como sea.
Entonces, hizo aparecer un saquito de terciopelo del bolsillo interno y descubrió sobre la mano algo parecido a las judías. Cuatro semillas más mustias que otra cosa. No estaba del todo seguro, si bien a Treacle le pareció oírle murmurar para si mismo:
-Que lastima, ojala aún sirvan… Ya hace tiempo que las cosechas de Karin han dejado de ser lo que eran… Supongo que todas las cosas envejecen, incluido un árbol mágico…- Pero, de nuevo, alzó la voz de forma autoritaria.- Tomen, rápido, ya han perdido mucha sangre.
- ¿Quiere darle un fríjol? ¿Y eso de que servirá? – la novia del muchacho empezó a llorar de nuevo, tan apenada que casi no podía sostenerse por si sola. Acababa de perder toda la confianza en cuanto sus ojos posaron sobre esa panacea arrugada que le ofrecían. - Tenemos que llamar una ambulancia. ¡Que alguien llame a una ambulancia!
-Si, si… claro que si, hija mía. Ya están en ello, pero la ayuda tardara en llegar. Ten un poco de fe por una vez en la vida y dale esto a tragar.
Las alubias bajaron por ambas gargantas…
Si bien, durante unos minutos no hubo reacción alguna.
Treacle estaba expectante, pero por dentro no podía más que preguntarse ¿Qué demonios esperaba que fuese a ocurrir? ¿Un fenómeno? El señor mayor había resultado ser un experto de singular talento en las artes marciales. Mas, cosa bien distinta era obrar que dos moribundos recuperaran las fuerzas por digerir un par de semillas.
Fuera lo que fuera lo que debía esperarse; incluso ese asombroso hombrecillo empezó a dar muestras de preocupación pues, tras las gafas de sol, su semblante se ensombreció, sin poder relajar el ceño por culpa de la tensión.
-¡Mirar! –de improviso, un grito con voz juvenil. Seguramente el gazapo adolescente.
Los clientes contuvieron el aliento.
De la carne viva, cual escarabajos emergiendo de un hoyo, rodaron las dos balas hasta provocar un ruido seco al dar con el suelo. Poco a poco la sangre se coaguló y, si acaso hubo alguna herida, ya no quedó rastro alguno. Se habían cerrado por si solas, en cuestión de minutos.
Como si la vida hubiera entrado en ellos de sopetón (en forma de descarga eléctrica, o como si solamente hubieran estados sumidos en un profundo sueño) tanto el cocodrilo como el humano dieron un brincó más sanos que una manzana. Perfectos y en plena forma… Y de lo que había ocurrido, únicamente quedaron las delatoras manchas en sus ropas.
Nadie podía articular palabra.
En la barra, Step soltó el auricular mientras hablaba con la policía, cosa que daba igual. Tras ver lo que estaba viendo, se había quedado muda y ya no hubiera sabido que responder (aunque en la otra línea se oían voces artificiales pidiéndole explicaciones). La pequeña camarera de Treacle estuvo apunto de perder el conocimiento, pero el cocinero la sujetó firmemente…
Así era: otro portento ocurrido aún más asombroso que el anterior. Y esta vez, no había explicación plausible... No hubo demasiados vítores y la gran mayoría retrocedió…
Vivían en un mundo que había dado la espalda a las tradiciones antiguas, y todo lo que pareciera mágico o milagroso, debía ser por fuerza un acto demoníaco...
… …
Los heridos racionaron con incredulidad: el joven se abrazó a su novia para verificar que físicamente seguía en el mismo plano de los vivos; pero ninguno de los dos dio las gracias. Estaban demasiado confundidos para ello.
-Ostia, yo juraría que esos mamones me habían pegado un tiro… -indicó el cocodrilo tras comprobar su cuerpo, en un intento por hacer memoria. Enseguida se percató de la expresión desencajada de su camarada; el cual aún no se había recuperado de la impresión ver lo imposible.-… ¡Vaya cara que tienes, tío! Ni que yo fuera un fantasma… Que raro, pues no ha debido ser un tiro. Me he debido de pegar una buena torta contra algo y me he desmayado…. ¡Aunque me siento genial! ¡Cómo si acabara de echar un polvo!…-y tras ver los destrozos y las baldosas, señaló- Madre del amor hermoso, ¿Quién ha hecho esto?
Pero nadie respondió a la pregunta.
No obstante, no tardó en romperse el preocupante silencio. El hombre de negocios trajeado reventó y dijo lo que muchos pensaban. Sus palabras fueron claras, a pesar de que aún escupía la sangre del golpe recibido:
- Bueno, ya está bien: ¡Es una pantomima!. ¡Es pura política! - estaba erguido todo lo alto que era y realmente furioso, tanto que casi le temblaban los labios.-… ¿No ven lo que pasa? Esto es un montaje de los Hijos de Doom: Lo han preparado para que nos quedemos impresionados de las hechicerías de la gente de Makai, de todas las virtudes que pueden tener sus artes diabólicas. Para que nos creamos realmente en lo injustos que son sus perseguidores… ¡Vamos, como si sus queridos demonios pudieran ser personas decentes!
Entre los murmullos, el anciano no habló. Pero se mantuvo donde estaba, sin bajar ni un ápice la cabeza
Una voz temblorosa habló a través de la confusión:
-¿De verdad usted cree eso? Entonces estos dos jóvenes…
- Son unos tipos contratados, igual que este señor…—continuó el aludido, a la vez que su dedo índice señalaba al "salvador" del día.- No son Seguidores de la X. No son más que basura de la calle deseosa de algo de un dinero fácil y los Hijos de Doom se lo han dado. …Escúchenme, todo ha sido un circo. ¿Se creen que somos idiotas? Y los supuestos lastimados en el atraco son otro tanto de lo mismo ¿Balas que emergen de la carne? ¿Heridas que se cierran en un abrir y cerrar de ojos? ¡Es un montaje!
Cayó de pronto al percatarse de cómo dos regordetes brazos le agarraban por la camisa de franela para darle la vuelta. Era el repartidor de "Lucky Foods", cuya sien parecía a punto de explotar:
-Cierre la boca ahora mismo, estúpido. Míreme…-y lo soltó para levantar ambas manos teñidas de escarlata.- ¿Ve? Esto es sangre, sangre de verdad. Dios es testigo que es sangre de verdad… Y era de mi amigo, el cual he tenido en brazos mientras se desangraba delante mío sin saber como salvarle. Le he notado incluso como el pulso iba desapareciendo, maldita sea… No tengo ni pajolera idea de lo que ha pasado, no sé si es un milagro o no; pero no se atreva a volver a decir que todo ha sido un circo.
Otro igual se hubiera acobardado. Mas, el caballero trajeado estaba demasiado fuera de sí como para meditar cualquier reacción. Por tanto, dio un fuerte empujón al repartidor antes de compartir con él un atisbo cargado de furia. El anciano suspiró al verlos. Era demasiado viejo para sentir sorpresa por la naturaleza humana:
-¡No me toque! Ese maldito cocinero estaba tan compinchado como ustedes en el asunto y…
-Ey, las manos quietas… - De improviso, la gran faz verde del cocodrilo motero se interpuso ante los dos hombres y enseñó todos los dientes, blancos igual que la leche.- He estado durmiendo la mona un rato y no sé que rayos pasa aquí, mas no me gustan esos aires de chulito… Como le toques un pelo a mi colega, me hago un cinturón con la piel de tu cabellera. ¿Estamos?
Otras voces se fueron sumando, por un lado o por el otro, hasta convertirse en una larga cadena de animadversión para el horror de Treacle. Hace escasos momentos, todos habían compartido el miedo a la muerte, luego la alegría y ahora… Ahora la rabia. Era como si quisieran buscar algo a lo que odiar, como sí eso fuera un salvavidas para la cordura. ¿Cómo las cosas podían torcerse de tan horrorosa forma?
Tres golpes de bastón contra el suelo irrumpieron.
-Se acabó, paren todos de una vez...- El anciano tenía la voz mancillada por la edad, si bien, el tono estaba envuelto de tanta determinación que nadie se atrevió a mover ni la más ligera pestaña mientras continuaba hablando:
- Ahora se van a callar y esperarán sentados, ¿Entendido? Miren, pueden creer lo que quieran creer: Si lo que ha ocurrido es magia negra de Makai, un milagro del cielo, una pantomima política de una organización de idiotas o un comercial para un nuevo medicamento. No importa… O bien, simplemente pueden pensar que ha pasado algo bueno cuando menos lo esperaban. Porque de vez en cuando deberían pasar cosas buenas, ¿No creen? ¿Qué importa la razón o el cómo o quién lo haya hecho? Lo importante es que ha pasado… Mucho está cambiando la vida, me parece a mí, si la gente se siente segura con los hechos malvados y rechaza los actos benignos. Lo crean o no, en mis tiempos había también dolor; pero la gente veía lo que tenía que ver y sabía distinguir las cosas, sin preguntarse porque eran como eran…. Aunque, claro...- e hizo una pausa, como si farfullara más para si mismo que para ellos.- En Mis tiempos había nubes mágicas por todas partes, montañas con grandes maestros marciales esperando alumnos e, incluso, uno podía criar un ave fénix con alpiste. No me miran con esa cara ¿No saben lo qué es el alpiste?... Ahora hay cosas maravillosas; automóviles, clínicas que embellecen, tecnología, medios visuales, noticiarios a todas horas que dicen medio verdades… Y personas rematadamente perdidas y solas…
Por un ínfimo segundo, un simple momento, a Treacle le pareció un hombre terriblemente longevo. Demasiado longevo, muchísimo más mayor incluso que su abuelo, el cual había muerto con 116 años. Sea como sea, fue una sensación extraña, como si provocara daño percatarse de la existencia de tanta antigüedad.
- Bueno, por mi parte, ya da igual. Quédense tranquilos aquí los unos con los otros mientas vienen los agentes, y hagan algo de provecho y divertido, como jugar a las cartas o contarse chistes.… Mas yo me tengo que ir porque ya llego tarde…- Había ido poco a poco hasta la barra del restaurante, intentando no pisar las baldosas desencajadas. En cuanto llegó, hizo una petición usando el bastón contra el mueble - ¿Alguien puede atenderme?
Treacle no se hizo de rogar y fue hacia su puesto:
-Si, por supuesto. ¿Qué va a ser?
El hombrecillo empezó a mirar la carta con un semblante de gran concentración. Incluso, levantó ligeramente las gafas de sol para poder leer mejor, pero el cocinero no fue capaz de ver la forma de sus ojos.
- Pues haber, primero el periódico de hoy, la prensa mundial, por favor… y para comer… Tengo el vientre algo suelto, ¿sabes, hijo? (Ese Krilin que le pone especias a todo)…- Entonces, como si de alguna manera se sintiera culpable, dirigió la mirada hacia Treacle. - Hubiera salido antes del lavabo, pero cuando la naturaleza te llama no se puede hacer mucho, lo siento. Así que… Si me puedes poner un arroz hervido me harías un favor. También una botella de agua mineral y… un yogur natural azucarado, de los que tienes aquí, tras el mostrador (Leñe, eso si que son magdalenas. Y yo con el estomago hecho puré, que asco) ¿Y me das cubiertos de plástico? ¿Tienes algún recipiente especial para llevar todo esto?
-Si, si tengo. En un momento estará todo… - Treacle llenó la olla y esperó a que el agua hirviera antes de hacer la pregunta- ¿Se va entonces?
-El autobús no puede continuar la ruta hasta que la policía no haya dejado todo en orden. Y yo tengo un compromiso que no puede esperar. Además, ya no tengo nada que hacer aquí…
Había algo implícito en sus palabras, subrayaban que nada podría hacer que se quedase si él no lo deseaba.
-Pero la policía querrá….
-Lo hay que saber ya lo puede contar cualquiera de los que están aquí.
Treacle guardó silencio de nuevo, no era un joven de muchas palabras. Al volver a su trabajo, vio de nuevo el rojo terrible en su mandil de cocina. Con un frenético aspaviento se lo arrancó para arrojarlo contra el suelo, puesto que estaba experimentando por dentro los mismos miedos y la impotencia que había vivido cuando la boquilla del arma tocaba su cuello. Al final, no logró contenerse y descargó los puños contra la barra, como si quisiera erradicar a golpes toda su frustración.
Pero no levantó la voz cuando volvió a hablar, sintiendo las miradas de Step y del extraordinario anciano hundidas en él:
-¿Y qué vamos a decir?
-¿Decir a quién, hijo?.
- Cuando nos pregunte la policía ¿Cómo vamos a explicarlo? Yo no podría, no podría ni describirlo… Ha sido lo peor que me ha podido pasar en la vida. Y lo mejor….
Guardó silencio durante unos minutos, dándose cuenta de lo tonto que podría sonar lo que pensaba decir ahora mismo:
-Lo que usted ha hecho… ha sido increíble. Como los cuentos de antaño, esos cuentos que narraban historias de calabazas mágicas o de inmortales que cultivan frutos ginseng con los que se adquiere la longevidad. En las historias todo era posible… Pero esas cosas, si han existido, ya no existen. ¿Qué vamos a decir?
Entonces el anciano sonrió. Y fue como si, con esa sonrisa, liberara al cocinero de un gran peso:
-Pues sí existe Makai, bien pueden existir todas esas cosas. Vamos, no me parece tan difícil…- fue su replica.- Bueno, da igual. Vais a decir la verdad, muchacho, la verdad. Eso es lo único importante: Que un luchador terriblemente fuerte ha dado una buena somanta a dos indeseables que lo estaban pidiendo a gritos… Y, de alguna manera, los que iban a morir hoy vivirán para el mañana… Eso si, no estaría mal que embellecieras el relato un poco para que fuera más fácil de digerir: No voy a quejarme si me quitas unos cuantos años y me describes con más músculo. O incluso, una melena rubia al viento no estaría mal...- Entonces se giró para colocarse en frente del crío pequeño que había llorado a pleno pulmón durante el ataque- ¿Verdad que si? ¿A qué estaría muy guapo con una melena rubia?.
Al niño, aún fuertemente agarrado a los brazos de su madre, se le iluminó el semblante por primera vez.
-Ay, fierecilla: Vaya susto que te han dado, ¿Verdad?.-Dijo, pero posteriormente se dirigió hacia Step, la cual aún no había pronunciado palabra alguna y lo miraba como si tuviera delante a un ser de otro planeta.- Señorita, ¿Me puede traer el equipaje del autobús? Es una maleta de ruedas color azul, con una pegatina de una palmera y la palabra "kame".
Ella parpadeó antes de buscar en los ojos de Treacle un atisbo de confirmación, o algo que por lo menos que resultase consolador. Al hallarlo, asintió a la petición y se fue corriendo en busca de su automóvil.
-Una chica linda, si señor. Muy linda.- dijo el viejo, mientras seguía con la mirada las curvas demasiado tenues de Step. Luego subrayó en voz baja sólo para Treacle, como si quisiera dejar constancia de ello. - Y "soltera", por si hay que decirlo.
Éste no replicó. Pero el buen humor que desprendía el anciano había conseguido hacerle sonreír de nuevo, aunque fuera una sonrisa ciertamente apagada. Presto, dejó sobre el mostrador un recipiente especial para trasportar comida caliente.
- Listo. Aquí tiene el pedido…- Entonces, vio como el anciano rebuscaba en el forro de su negra chaqueta.- No, nada de dinero. La casa invita. Y que se encargue el Seguro de los destrozos… Muchas gracias por todo.
En ese momento, el rostro del cocinero adquirió un tinte de solemne gravedad, en un intento por encontrar las palabras correctas que explicaran todo lo que realmente sentía:
-Me ha salvado la vida… Y lo único que puedo hacer por usted es no cobrarle la comida. Ojala pudiera hacer mucho más, de verdad, quisiera recompensárselo de alguna…
El viejo levantó la mano para hacerle callar:
- ¿Me has dejado el caldito del arroz? Pues con eso, yo estoy más feliz que una perdiz, hijo. No hay nada que recompensar.
- Aquí tiene, señor.- Fue Step quien habló, arrastrando por el asa una maleta rodante de un pálido azul. – Si quiere irse, hágalo pronto, porque me ha parecido oír las sirenas. Bueno, yo…
Luego titubeó. Step no era una mujer femenina, nunca podría serlo. Pero por un segundo su rostro se ruborizó y entonces fue para Teacle, con diferencia, la más bonita de las mujeres que allí estaban presentes.
-… Siento haber sido tan borde con usted durante todo el camino. Quisiera agradecerle que nos…
La barba de chivo del viejo se erizó de manera licenciosa.
- ¿Quieres agradecérmelo? No me quejaré si me das tu número de teléfono para que….- Cambió de actitud al ver algo reflejado en los ojos de ella.- Ah, no te referías a "eso", que lástima. Como ya he dicho, no hay nada que agradecer. Chao, jóvenes. A cuidarse, porque la vida dura muy poco- después se volteó para hablar con los demás presentes.- Señores, señoras, si me disculpan…
Si bien, antes de abandonar el restaurante, pareció reflexionar y cambió de idea. Se dirigió hacia el dolorido empresario, el cual estaba tristemente sentado en un rincón, aún temblando por la impotencia y por no saber en que creer.
-Tiene razón en algo- le dijo, para luego señalar hacía los dos maleantes - … Estos dos ingenuos son unos rebeldes de pacotilla, dos chicos impresionados por majaderías radicales que ahora todo el mundo parece escuchar… No son Seguidores de la X, simplemente encontraron en ellos una razón para dar rienda suelta a sus deseos homicidas. Por suerte, no volverán a recuperar el sentido si no es en la cama de un hospital. Que lástima de generación... Veo que aún le duele la boca. Tal vez debería...
El hombre no dijo nada, simplemente hundió aún más la cabeza entre los hombros y fue imposible determinar las emociones que pretendía atesorar. Por eso, el viejo no quiso atormentarlo por más tiempo.
No dio más que unos cuantos pasos pues, ya una vez fuera, oyó que alguien estaba llamándolo:
-Ey, tío, ponga el freno un momento…- era el cocodrilo enfundado en cuero, quien le seguía como una sombra.- He hablado con mi colega sobre todo lo que ha ocurrido y, si usted quiere salir por patas de aquí, pues por las escamas de mi padre que yo le llevo a dónde sea. Tengo a mi "nena de ruedas" aquí mismo. Ya iré a la comisaría en cuanto le haya dejado a usted...
El viejo miró hacia el aparcamiento del restaurante y su gesto se torció en una mueca desagradable:
- ¿La moto? ¿Cuantos años tiene esa cosa?
- Eso no es una moto, tío, es una diosa del asfalto. Venga, no me dirá que le da miedo la velocidad después de parar balas con las manos.
-A mi no me asusta la velocidad. Me asusta ir sobre una chatarra.
-Anda ya. ¿Quiere dejarme que le devuelva el favor?
- Bueno, de acuerdo. Pero no se te ocurra propasarte conmigo, que ya veo que el sillín es muy pequeño y tenemos que ir muy pegados.
El cocodrilo no hizo el menor caso. Puso a su diosa en marcha y acomodó lo mejor que pudo al anciano con su equipaje:
- Bah… por cierto, tío ¿Aún tiene el bicho?
-¿Qué bicho?.-preguntó el anciano.
-El ave fénix. Antes ha hablado de que era posible criarlos.
-Ah, no. Ya no: Se murió porque le di comida en mal estado...Oye, haber como conduces, que esta cosa se balancea mucho.
-Madre, qué carcas pueden ser los vejestorios...
El vehículo salió disparado justo a tiempo, pues en la lejanía ya era posible ver brillando los azules y los rojos de las sirenas policiales, como si fueran neones anunciantes. Pero Treacle estaba teniendo una conversación con Step de vital importancia como para preocuparse por lo que fuera a venir.
Había mucho que decir.
... ...
NOTA DE LA AUTORA- Vaya, ahora si ha pasado mucho tiempo entre actualización y actualización. Mil perdones.
El archivo original fue extraviado vete a saber como, no estoy muy segura de que hice. Igual lo borre por error o algo por el estilo (nunca se sabe, no me extrañaría que algún día diera con el). Por una cosa o por otra, después se me fueron las musas y nunca sacaba tiempo para arrancar (cosa muy mala, ya lo digo ahora). Luego se presentó un proyecto que me interesaba mucho y me puse con él, claro está, y… el tiempo se volvió a ir. Bueno, lo importante es volver a comenzar e intentar que el siguiente capítulo venga un poquito más rapidito. Vamos, que digamos, estas excusitas… son un poco malas. Sorry XDDD
Voy despacito para meteros en situación, no me gusta forzar las cosas, espero que lo entendáis. Soy de esas personas que a veces le da demasiada importancia a la atmósfera que se crea (cosa que viene bien en ciertos momentos), y eso, bueno, a veces perjudica a la acción real (aunque estoy intentando que haya acción y risas por partes iguales) Espero estar haciendo las cosas bien con todo esto. Poco a poco; ya estaréis haciéndoos una idea de que la cosa parece caliente, a punto de explotar. Que se está cociendo una maldad que normalmente no aparece en el mundo de Dragon Ball (y si en nuestra sociedad).
Ahora los saludos de siempre: Para todos aquellos que me siguen y me han dejado sus apreciados y valorados comentarios, ya os vuelvo a decir, mil gracias a cada uno. En eso, yo no puedo quejarme, al contrario… Estoy sorprendida y encantada.
Estos pocos lectores están respondiendo de una forma increíble, algunos incluso me han hecho largos análisis de lo que más les ha gustado. Otros valoran detalles que parecen sutiles y muy escondidos, lo que quiere decir que saben de Dragon Ball y no es fácil engañarlos (XD). Es lo mejor que puede pasarle a un escritor de fic; no tener un millón de Reviews, sino unos pocos pero que realmente valgan la pena, porque sabes que están realmente valorando algo que quieres trasmitir.
Os vuelvo a dar las gracias (y unos cuantos abrazos de propina). JazminM (me está gustando mucho tu fic XD), Kumikoson, Lamu Yatsura (me he leído algunos capítulos de tu historia, te debo comentarios), Esplandian Yugi13, Vegetable, Juanis y ese misterioso anónimo... A cada uno de ellos, gracias por haberos tomado la molestia en leerme y más aún en comentarme.
Dragon ball © 1984 Akira Toriyama
A Dragon Ball fanfic by Iluvendure
