El nuevo.
Summary: Edward deja a Bella destrozada, pero ella saca su lado oscuro, la perla blanca se ha vuelto negra, para jugar con fuego... otra vez.
Re—edición.
Sí amas a dos personas...
Quédate con la segunda, por que si en verdad te hubieras enamorado de la primera, jamás te hubieras fijado en él.
Amanecí con un inmenso dolor de cabeza que opacaba mí mente. Inconscientemente lleve mis manos a mí cabeza, como sí ese acto quitará el inmenso dolor que sentía. De mis labios se escapó un suspiró fugaz, entonces, recordé lo sucedido el día de ayer. Por mero instinto me cubrí con las sabanas, negándome a ver mí cuerpo, estaba asqueada de él… de sus caricias, y de mí… ¿qué había hecho?
Las lágrimas fluyeron por sí solas recorriendo mis mejillas, y ardiendo en mí cuello.
Deseaba pensar, que todo aquello hubiera sido una pesadilla, pero aquel agudo dolor en mí entrepierna y el olor de él impregnado en las sabanas, solamente me hacían echar al inodoro los pensamientos y deseos que había construido en apenas un segundo. En cierto momento, sentí como me acariciaban mí mejilla, no me rehusé… ¿de qué serviría? Todo estaba hecho, y desgraciadamente, lo hecho está hecho.
— ¿Sucede algo, Sherlyn? —no reproche, ni si quiera contesté algo, mí voz… mí voz no estaba, y sí lo estaba… estaba rota por mis lágrimas que aun no dejaban de fluir.
Me sentía asqueada de mí misma, cada vez que mí mente se llenaba de las imágenes de la noche anterior, sin embargo no he de negar que en su momento, no me lo pensé ni una vez… me dejé llevar por mis hormonas, y así, era como había terminado: en una habitación desconocida, con el tipo que conocí en la discoteca apenas el día de ayer. Me sentí culpable de mis acciones, quizá sí no hubiera estado allí…
—No existe, el "quizá" —susurró en mí oído, su aliento frío chocando contra mí piel, estremeciéndome por completo, no sólo por su aliento helado, sí no también por sus palabras era… era como sí leyera mis pensamientos—Lo hago desde el momento en que nos unimos en uno solo, Sherlyn.
— ¿Qué… qué dices? —tartamudeé confusa, y con mí voz totalmente quebrada.
—Me has oído bien, leo cada pensamiento tuyo desde el momento en que nos unimos en uno solo…—susurró, y sus palabras hicieron eco en mí mente, provocando que un escalofrío recorriera cada centímetro de mí piel.
Bajé la mirada avergonzada, había echado por la boa mí virginidad, y mí dignidad como mujer, en una sola noche con un completo desconocido. Iba a hablar para pedirle que me llevará a casa y olvidáramos lo sucedido, sin embargo sentí como su boca chocaba contra la mía en un beso exigente, pero a su vez, extrañamente y creí que no era… pero… en aquel beso demandante, había algo de ternura, y… ¿amor…?
Se separó inmediatamente de mí, mirándome a los ojos, desee bajar la mirada nuevamente, pero me fue imposible hacerlo, en su mirada había algo que capturaba por completo mí atención. Sin poder contener mis instintos, con mí dedo pulgar comencé a acariciar su mejilla, aun principio pensé que mí caricia seria rechazada, sin embargo para mí sorpresa, el cerro los ojos pareciendo disgustar mí caricia.
De un momento a otro, yo me encontraba en su regazo, siendo abrazada por él, sintiendo sus lágrimas chocar contra mí piel desnuda.
—Perdóname, desearía borrar todo lo sucedido de la noche anterior…—hizo una gran pausa, en la cuál sus lágrimas desaparecieron—. Tal vez… no sea algo correcto, pero no quiero verte llorar, algo en mí me obliga a matar a quién te hizo llorar, pero deseo vivir para tenerte cerca de mí…
Me separé un poco de él, totalmente sorprendida ante su repentina confesión.
— ¿Eh?, ¿a… a qué te refieres? —pregunté confusa en un susurro, mirándole a los ojos.
—Lo siento, Isabella—susurró antes de volverme a besar, para después separarse de mí, y volver a observarme directamente a los ojos—: Olvidarás todo lo ocurrido entre ambos… Lo siento —y eso fue lo último que escuché antes de que mí vista se nublara por completo.
. . .
. . .
Adolorida.
Era la palabra que encajaba con mí situación, el dolor de cabeza con la sensación de haber olvidado por completo algo sumamente importante, y extrañamente el dolor agudo y ardiente en mí entrepierna. Me vi con la obligación de abrir mis ojos sentándome en mí cama, no sin antes dejar escapar un quejido de mis labios por el dolor que había en mí cadera y entrepierna.
Cerré fuertemente los ojos, tratando de tolerar aquel dolor que, literalmente, me mataba segundo a segundo. Cuando logré acostumbrarme, abrí los ojos, observando mí habitación aprovechando los escasos rayos del sol que anunciaban el amanecer de un nuevo día, todo estaba… normal, a excepción de mis libros y discos, que estaban esparcidos por donde quiera. Técnicamente, la típica habitación de una adolecente.
Traté de levantarme, tratando de ignorar, sin mucho éxito, el dolor que había en mí entrepierna, provocando que tambaleara por unos momentos hasta que encontré soporte en la cabecera de la cama. Las imágenes del día de ayer llegaron por sí solas, sin previo aviso; la charla con Ángela, para después encontrándome bailando con alguien de rostro desconocido.
En aquel momento, recordé que hoy era lunes, por lo que comencé a caminar con mucho esfuerzo hacia el baño de mí habitación. El dolor aun no se iba de mí entrepierna, era doloroso, sin embargo no sabía el porqué de su sentir. Abrí el grifo del agua caliente, y me senté en la tina, cuestionándome.
¿Qué había hecho el día de ayer…? Traté de pensar, sin embargo el dolor no me permitía concentrarme, volvía un caos total a mí mente, y por mero instinto cerré mis ojos, tratando de tranquilizarme, entonces sin ser consiente como y porqué, caí en un sueño profundo.
—Detente…—susurré con un suspiró fugaz.
— ¿Estás segura de ello? —habló el apuesto desconocido, mientras lamía uno de mis pechos—. Deberías dejar de actuar, sí es que deseas que deje de acerté mía
¿Un sueño húmedo…? Abrí los ojos como plato, era imposible que yo tuviera uno… definitivamente, está no era yo.
Salí de la tina, observando mí reflejo en el gran espejo de mí baño, notando como tenía moretones por todo mí cuerpo, observé mí espalda y me percaté que ahí tenía unos cuántos rastros de sangre, iba a comenzar con mí histeria, pero recordé una caída por las escaleras cuando bajaba a la cocina por un vaso de agua en plena media noche.
Me enrede en mí toalla, y salí del baño, hacia mí guardarropa buscando cualquier prenda, no sabía exactamente que hora era, y no quería ni imaginarme sí llegaba tarde a mí primer día de escuela. Me vestí con unos jeans, una blusa negra que dejaba a la vista mis hombros de cuello de tortuga, combinándola con una chaqueta de cuero negra, y unos converse de color negro. Tomé mí bolso, lista para irme.
Observé el despertador, el cuál marcaba las 7:30. Angustiada, salí corriendo hacía mí auto. En el transcurso del camino, me lamenté más de mil veces el haber aceptado mudarnos a una casa más grande, sin considerar la distancia que había entre mí nuevo hogar y el Instituto.
El silencio se vio rellenada por diferentes canciones, comenzando por "Wish you were here—Avril Lavigne", he de admitir que ya no me molestaba oír música, como los primeros días en que, literalmente, me dejó. O al menos de eso quería convencerme…
Sin embargo debía de estar consiente que aquella etapa, se había cerrado permanentemente, un punto muerto. Aunque no pudiera arrancarme aquellos pensamientos que se dirigían hacia él, mis sentimientos habían desaparecido, y ahora por primera vez, podía cuestionarme acerca de la perfección de Edward Cullen.
Al aparcar el auto entre los demás, no pude evitar que de mí boca se me escapará un suspiró que se tambaleaba entre el fastidio y la resignación, los estudiantes estaban alrededor del auto contemplándole sorprendidos, los murmullos no tardaron en comenzar, y sentí como mí cabeza estallaba, seguramente era por la resaca del día de ayer.
Un suspiró fugaz de mis labios, hizo que me armase de valor, para bajar del auto. Al momento de bajar, sentí varias miradas llenas de odio y recelo por parte de las mujeres, y una mirada que juraría que se les caía la baba por parte de los hombres.
Sentí un alivio al notar que las miradas cargadas de odio y recelo cambiaron de rumbo, aproveché para comenzar a caminar como sí fuese un día normal y no tuviese varias miradas detrás de mí. No pude evitar que en mí rostro se curvara una sonrisa macabra, al pensar que luego me encargaría de ser una chica despreciable para los chicos. Pero mí plan comenzaría en el momento de entrar a la primera clase.
Al llegar al edificio en donde se encontraba mí primera clase, cerré los ojos y con un tercer suspiró entre, me sorprendió ver a un rostro nuevo como profesor, bastante joven a decir verdad, él solamente me miró de abajo para arriba, como sí no creyese que fuese una alumna más del Instituto, sí no un ángel… Quién sabe… ¿quizás una inmortal?
—Buenos días—saludó, tendiéndome la mano—, Soy el nuevo profesor de historia, señorita…—de inmediato comprendí que deseaba saber mí nombre.
—Isabella Swan, encantada de conocerle, profesor…—no sabía ni porqué demonios estaba coqueteando con él, sin embargo no debía de negarlo, era atractivo…De estatura alta, y hombros anchos, ojos grises, cabello rubio.
—Profesor Farrés—me dedico una sonrisa—. Puede tomar asiento en cerca de la ventana, con su compañero—asentí, y por mera indicación me senté junto aquel extraño chico.
Me sorprendió observar como su puño estaba cerrado, y su mirada se dirigía a la ventana, haciendo que lo único que pudiera contemplar fuera su cabello oscuro. Observé como tenía una chaqueta de cuero negro, haciéndome cuestionarme sí era el típico chico rudo nuevo, que venía solamente a hacer desorden en el Instituto.
Resignada ante su indiferencia, volteé la mirada, tratando de encontrar algún rostro conocido, pero al parecer estaba completamente sola, entre gente desconocida para mí. Al menos, para mí suerte el día de hoy el cielo estaba de un azul vivo, con un sol abundante que prometía un día soleado, y la temperatura sorpresivamente, era calurosa.
Un día ideal para ir a la playa. Sonreí ante aquella idea, seria genial liberar la tensión del primer día disgustando el sol en la piel, y el agua cubriéndote por completo. Sin ser consiente, me llego a la mente la absurda advertencia que Edward me había hecho un día antes de ir a La Push.
Tuve que cerrar los ojos para eliminar aquel recuerdo, obligándome a pensar que el "pasado es pasado". Sin embargo aun no podía borrar aquella vez que descubrí el mensaje lleno de vulgaridades de una chica, he de admitir que en ese tiempo, dolió más que otra cosa. Pero… esta más que declarado, que él ya no me amaba, y nunca me amó… y todo aquello, era un motivo suficiente para llegar con la sangre hirviendo aquel día:
Azoté la puerta, sin importarme que Charlie estuviera observando en la sala su partido de Beisbol.
—Bella…. ¿sucede algo? —preguntó inmediatamente, al ver como, literalmente, mí rostro estaba más que rojo por la furia, yo, por mí parte, me limité a bufar, era mí padre, y no había razón por la cuál desquitar mí ira con él.
— ¿Qué dices? ¡Estoy perfectamente bien! —contesté mientras caminaba en círculos en el comedor—. Estoy estupendamente, no me hace falta aquel hijo de puta, que es Edward—dije alterada, aun caminando ahora rectamente por el vestíbulo. Realmente, me sorprendió el saber que no me había contenido mis palabras, y mucho menos sonrojado ante tal declaración delante de Charlie.
—Bella…
— ¿Sabes? ¡El imbécil me veía la cara! —grité a todo pulmón—. ¡Se mandaba mensajitos con una chica! —Charlie, solamente se limitó a suspirar y escuchar por largos minutos mis comentarios negativos hacia Cullen.
—Ya lo presentía…—un segundo suspiró salió de los labios de Charlie—. Pensándolo mejor… te tengo una noticia que te hará olvidar a aquel bastardo—le observé confundida.
— ¿Qué sucede…?—pregunté, un tanto más calmada.
—Me saqué la lotería—contestó orgullosamente, con una sonrisa, haciendo que me olvidará completamente de todo.
La voz del profesor Farrés, interrumpió mis recuerdos, haciendo que toda mí atención se dirigiera a él, y a su dichosa presentación, que abarcó toda la hora de clase. La campana sonó, anunciado que fuéramos a la siguiente clase; me sorprendió el observar como mí compañero de mesa salió, o más bien dicho huyó del salón, me cuestioné a mí misma, y sin pensarlo… ¡Otro vampiro! Sonreí ante tal suposición absurda.
Por lo que había observado, su piel era incluso menos pálida que la mía, y apostaría lo que fuera, que él era uno de los hermanos Salvatore, que Charlie me había mencionado que había alterado el orden público ante su club de "fanáticas".
Reí levemente, levantándome con la única dirección de ir a mí siguiente clase, Biología. No me mortificaba el recordar que en aquella clase, conocí un poco más de cerca a Edward, y me veo con la obligación de admitir que no me agrada la idea de pasar una hora en aquella clase.
Por esa razón, deseaba mudarme de Forks con desesperación, sin embargo, huir, solamente conformaría mí derrota; además había comenzando a ver a Charlie como un padre en estos últimos dos años de vivir con él. Pero el pensar, si él se hubiera enterado que mí ex—novio era un vampiro en aquel tiempo, quién solamente le atraía mí sangre, seguramente, él hubiera sido el primero en pensar en mí ida lejos, de Forks.
— ¿Ya has visto al chico nuevo? —el susurró de Jessica, a Lauren me saco de mis pensamientos, y solo por un momento me quedé parada, fingiendo buscar algo en mí bolso, para escuchar lo que susurraban entre ambas—. ¡Es toda una creación perfecta de Dios! —chilló Jessica.
—Te creo, pero… ¿No has visto como miraba a Swan? —el tono de desprecio al decir mí apellido era tan claro como el agua—. Qué chica, primero con Cullen, y ahora con el nuevo, ¿acaso no tiene piedad de nosotras…?—bufé, y comencé a caminar al único lugar en donde no había ningún compañero.
Traducción: necesitaba estar sola.
La clase comenzó con la presentación del profesor, no presté atención, sencillamente estaba aturdida, en mí mente aun resonaba la larga presentación del profesor Farrés, y no estaba de humor para soportar otra hora atenta a una presentación de un profesor.
El sonido de la campana, fue como el canto de millares de ángeles que cantaban "Aleluya", en coro. Prácticamente hui de aquella clase, odiaba con todo el alma la clase de Biología, y no me costaba admitir que aun tenía recelo acerca de lo sucedido en aquel nefasto lugar.
Cuando por fin llegó el almuerzo, me dirigí a la cafetería, y con la mirada busqué a Ángela entre la multitud, sonreí al localizarla, y sin previo aviso o invitación me senté junto con ella, que se sobaba la cabeza, seguramente ella también tenía resaca del día de ayer.
—Dios, esto duele—se quejó—. ¿Qué habremos hecho ayer en la discoteca? —preguntó a penas en un susurro.
—No lo sé, pero cualquier crimen está descartado, puesto que no amanecimos en la comisaria—contesté susurrando, para no provocarle, ni provocarme un dolor agudo de cabeza a Ángela.
—Tienes toda la razón—contestó Ángela, bebiendo un poco de su té, que por su olor me pensaba que era de manzana, le imité bebiendo lentamente el jugo que me había tendido.
— ¿Has escuchado acerca del nuevo estudiante? —preguntó, rompiendo el silencio entre ambas.
—Un poco—contesté en un murmullo, al recordar lo que se murmuraban Jessica y Lauren—. Pero por mis expectativas, es totalmente un rebelde, o al menos el Salvatore mayor, me comentó Charlie que lo habían llevado a la comisaria por alterar el orden público—dije, para después volver a beber el jugo de naranja.
—Oh, ¿y qué hay del menor? —preguntó.
—Hey, ¿por qué tan interesada? —reí por lo bajo, provocando que Ángela se sonrojara—. Pero vale, únicamente estoy enterada que es el típico hermano afligido por la rebeldía del mayor, que tiende a causar problemas, y futuros a mí padre.
—Recuerda: Nunca juzgues a un libro por su portada, Isabella—me aconsejó Ángela—. Es demasiado guapo, e incluso, me atrevería a decir que es mucho más que Edward. Claro, que hay un pequeño detalle: el mayor tiene pinta de un chico malo, y por parte de su hermano, físicamente es parecido a Edward, pero he oído que ya tiene dueña, o al menos eso se hace creer Lauren, con la excusa de haberles visto antes que nadie en Forks…
—Vaya… ¿dos? —reí—. Qué chica, aun no comprendo porqué no deja el Instituto y se va a parar de tiempo completo a la esquina donde suele estar—Ángela me dio un zape como un regaño—. Aunque he de admitir que nadie en su santo juicio se queda con dos personas.
—Concuerdo contigo, uno nunca puede amar a dos personas, o al menos de la misma manera—suspiró—. Pero fuera de aquel debate fuera de contexto, en mí parecer, o al menos por los rumores que corren, Lauren se ha elegido al hermano mayor: Damon Salvatore…
—Damon… ¿acaso, no es un nombre… raro? —preferí guardarme mí comentario religioso.
—Lo es, eso fue lo que pensé, pero ha de ser muy atractivo para qué Lauren lo proclamé como suyo, como desde que vio a Edward…
—Ángela—le interrumpí—: A Lauren toda cosa que tenga pantalones le gusta—ella solamente se limitó a reír, ignorando la resaca, pero el quejido que salió de sus labios, me hizo darme cuenta qué ya había hecho efecto el dolor punzante de cabeza.
Me reí unos segundos, burlándome por aquel quejido, pero entonces, el quejido más alto fue el mío, agaché la cabeza, y lleve mis manos a está, como sí fuera un modo de aliviar la resaca que punzaba por sí sola.
Cuando por fin estuve estable, volví a tomar mí jugo, y Ángela hizo lo suyo con su té.
— ¿Nos podemos sentar aquí? —preguntó una voz bastante varonil y cautivadora, observé como en el rostro de Ángela se dibujaba una sonrisa, con la curiosidad matándome, literalmente, giré para observar quién era el chico que había cautivado a Ángela, reí dentro de mí. Y en ese momento…
Juró que vi a un ángel…
