El conejo y la serpiente.
Summary: Edward deja a Bella destrozada, pero ella saca su lado oscuro, la perla blanca se ha vuelto negra, para jugar con fuego... otra vez.
Re—edición.
Sí amas a dos personas...
Quédate con la segunda, porqué si en verdad te hubieras enamorado de la primera, jamás te hubieras fijado en él.
Esperé unos segundos a qué Ángela contestará, sin embargo ella solamente se sonrojo.
—Claro—me vi obligada a contestar por mera educación—, Hay espacio para dos más—dije señalándoles las otras dos sillas vacías, realmente mí intención era tener nuevas amistades, aunque sabía a la perfección que estás no se hacían de la noche a la mañana.
—Qué bien—habló el cobrizo mientras se sentaba, qué más que color natural, parecía teñido—Soy Stefan Salvatore, y él es mí hermano: Damon, ¿y ustedes son…?—preguntó cortésmente.
—Ella es Isabella Swan, y yo soy Ángela Weber—contestó Ángela, provocando que me diera cuenta que ya había salido de su shock al ver a los Salvatore. Muy pronto, ella y Stefan entablaron una conversación que al parecer giraba en torno a un libro literario.
Suspiré, mientras veía hacia otro lado buscando algo qué mirar, pero todo era monocromo, los alumnos riendo y charlando… normal…
—Isabella Swan, ¿eh? —preguntó incrédulo el chico que por la presentación de Stefan, se hacia llamar: Damon.
—El chico problemático, ¿eh? —respondí con sarcasmo.
—Já, ¿tan mala fama tengo con el jefe de policía? —preguntó.
—Me temo, que sí—él se limitó a sonreír, y minutos después oí como se le escapaba una risilla.
—No es mí culpa que sea tan atractivo, y haga que cualquier mujer se muera por mí—rodé los ojos ante su repentino comentario.
—Oh, me temo que sea yo quién te diga que has vivido con mentiras todos estos años—él me miro curioso, pero aun con aquella sonrisa—. No eres atractivo, al menos para mí.
—Já, yo también lamento decírtelo, no me gusta herir los sentimientos de una mujer, pero tampoco me gustar ser mentiroso—río—. Sin embargo, no comprendo porqué todos los hombres te ven, no eres muy… guapa… claro, al menos para mí.
—Qué caso—me burlé.
—Feo con fea, ¡seamos novios! —río, y segundos después me uní a su risa—. Pero bueno, sincerándonos… ¿no soy ni un poquito atractivo para ti? —preguntó Damon aun con la sonrisa pícara dibujada en sus perfectos labios.
—Quizá… quién sabe—contesté, ganándome una mala mirada por parte de él.
—Aunque no lo admitas, sé que te has enamorado de mí, y a partir de la clase de Historia, no has dejado de pensar en mí…
— ¿Historia…?—le miré incrédula—. ¿Estabas en la clase de historia? —pregunté extrañada.
—Sherlyn, yo soy tú compañero de mesa—me anunció.
—Ahhh… ¿eras tú? —él me miro sonriente, pero a su vez su mirada denotaba frustración.
—Eres un caso—susurró para sí, y comenzó a beber de su bebida.
—Lo sé, soy un amor de niña cuando se trata de recordar—me burlé, y él se río.
— ¿Niña? ¿Tú? No me hagas reír—creí haberle escucharle, sin embargo lo ignoré. Quizá ni si quiera había hablado.
Por unos momentos la mesa se lleno de un profundo silencio, o al menos hablando de Damon y yo; he de decir que era un tanto cómodo estar en silencio, o al menos para mí. Quizá era por la razón que siempre callaba y solamente me dedicaba a escuchar las conversaciones, y de vez en cuando les seguía el hilo, aunque siempre me distraía con un detalle, por más mínimo que fuese.
—Debimos de comer afuera—alegó Damon removiéndose incómodo en su silla.
—Tsk, aún queda tiempo, además hay que acostumbrarnos, por lo que me comenta Ángela esto será duradero por algún tiempo—habló Stefan en modo que solamente nosotros lo escucháramos.
—Créeme, así sucedió con los Cullen's, y con Bella—ambos me miraron—, tarde o temprano se cansarán aunque… de Bella su única salvación será cuando nos graduemos—susurró Ángela con burla.
—Qué… humor—me quejé mientras comenzaba a vagar con la mirada, buscando algo qué ver, sin embargo todo se reducía a las miradas, absolutamente, no disimuladas de las personas que habían en la cafetería.
Pasé un buen rato apoyando mí cabeza sobre mis hombros, tratando de dormirme, extrañamente no sé porque sentía la sensación de no haber dormido mucho la noche anterior, a pesar que recordaba que al llegar a la casa, corrí, como una persona perdida en el desierto por largos días que había visto agua, hacia mí habitación muerta de cansancio, con el solo objetivo de caer en los brazos de Morfeo.
La campana sonó, anunciando el fin del almuerzo. Y como era de esperarse todos los alumnos abandonaron la cafetería, a excepción de nosotros. Me levanté de mí silla y tomé mí bolso, y caminé detrás de Stefan y Ángela, ya que al parecer teníamos la misma clase.
Me sorprendió mucho al girar mí mirada, el hecho que Damon se quedará con tal de saltearse las clases siguientes.
—Anda ven, ¿qué clase de chico abandona sus últimas dos materias? —me quejé a medio camino.
—Já. Sherlyn yo no soy un nerd—alegó, provocando que le dedicará una mirada de pocos amigos—Ni tampoco un niñato bueno, así que puedes irte sin mí, porqué lamento desilusionarte, pero no los acompañaré.
— ¡Qué alivio! —me burlé—gracias por quedarte aquí y no brindarnos el "honor" de tu tan "sagrada" e "importante" presencia.
—Sí claro…—comencé a caminar nuevamente—. Estaba pensando en ir a la playa, ¿quieres ir? —preguntó, interrumpiendo mí paso.
—Paso, quizá otro día—contesté y seguí mí camino.
Me encontraba un poco incómoda al observar que afuera de los edificios todo era como un pueblo abandonado, sin ningún alma andante que no fuese yo. Usualmente, estaba acostumbrada a llegar tarde y llevarme un largo discurso acerca de la puntualidad por parte mis profesores; o al menos así fue en los últimos días del segundo año.
En aquellos días, Edward ya se había marchado, abandonándome a su paso, y dejándome destrozada con el corazón sangrante, pero todo cambio cuándo leí un correo por parte de mí madre, quién al ser "experta", en el asunto del rompimiento y engaño, me dio ánimos para salir adelante, de igual manera también me ayudo mucho el comportamiento atento de Ángela, y esos fueron mis soportes para sacarme de una gran depresión, y a su vez para no sentirme culpable acerca de lo de Jasper.
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En lo profundo de un bosque, que en mí prospectiva era mágico, se hallaba un hermoso y blanquecino conejo; me era extraño, y a su vez sorprendente, como actuaba la naturaleza en los animales, convirtiéndoles en una belleza, literalmente, sobrenatural a los ojos de los humanos.
Juré oír el sonido de una serpiente a lo lejos, parecía cantar… extrañamente, la serpiente poseía una belleza demasiado inusual de lejos; sin embargo borré aquella opinión al momento de observar como atraía al conejo con su extraño y ruidoso canto; como sí fuese lo más hermosa que hubieran escuchado aquellas orejas blanquecinas.
Cuando estaba a unos cuántos pasos cerca de la serpiente, pude notar que sus ojos, curiosamente tenía unos ojos azules eléctricos que me recordaron a una persona cuyo nombre me era imposible recordar en tal momento de angustia.
La serpiente, estaba a punto de devorar al pobre conejo, esté, trataba de huir y alejarse de ella, sin embargo aquel cantó que le atraía de manera impensable e inimaginable, y la serpiente atajándole los caminos.
Por apenas unos momentos, la serpiente jugó con el pequeño y puro conejo temeroso pero a su vez hipnotizado por aquel canto que creía hermoso; en un intento, la serpiente trato de matarle, sin embargo eran sus instintos, y por más que se resistiera… jamás se podría detener.
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