Mil gracias a los reviews recibido y a todos y cada uno de sus comentarios. Hacen que escribir sea mi mayor deleite. Es que se han pasado. Estoy sumamente agradecida. Es bueno ver que todavía hay fans de esta pareja (que supliqué para que fuera canon, pero Kishimoto no me quiere xD).
Les confesaré que planeaba actualizar esto el 9 de Diciembre, pero lamentablemente me corrieron un examen para el día 10, además que la sed de escribir se apoderó de mí y tenía que escribir. Simplemente los dedos se me fueron para el teclado y no me dejaron hacer otra cosa. Además, últimamente he visto películas que me han dejado con la sensación de inspiración, así que nada que hacer.
Espero de todo corazón que este capítulo sea de su agrado. A ver si pueden decirme qué les pareció.
La clasificación "M" es por algo. Este capítulo contiene lemon explícito.
Disclaimer: Naruto, incluyendo su historia y sus personajes, pertenece a Masashi Kishimoto. Esto es un fanfiction, por lo que no me pertenece nada más que la ficción aquí relatada.
Perpetuos
Uno, dos, tres…
Byakugan contra byakugan impactaron las miradas; una estupefacta y la otra sorprendida. Se suspendió el tiempo y se abrió el espacio. En un instante la joven se encontraba rozando el cielo, y al otro, impactando contra el suelo. ¿Cómo no hacerlo, cuando los mismos labios que había imaginado sometiendo los nervios de su cuerpo apuntaban hacia ella entreabiertos? La hiponitzaban. No había otra explicación. Se sentía incapaz de moverse, de respirar.
—Hinata-sama… usted… —lo oyó murmurar. La había llamado así incontables ocasiones, pero nunca de esa forma. Esa manera no era de un subordinado, sino de un… ¿hombre?
Sólo allí volvió a ser consciente de su desnudez. Repentinamente, de vuelta a la realidad, la joven ahogó un chillido en la garganta y se cubrió los pechos con sus manos. Al mismo tiempo, contagiado con su reacción, Neji se giró para quedarse viendo a la pared notablemente afectado en el rostro y en ciertos otros lugares. Pero de alguna manera, no podía dejar de seguir viendo la imagen y los sonidos que había encerrado en su cabeza. Podía volver a verla: Ahí estaban sus manos buscando el alivio y el éxtasis de por fin sentirlo. Un gruñido se le escapó. Si no podía borrar lo que acababa de presenciar, sus horas y horas de meditación no habrían servido para nada.
Fue él el primero en hablar, sobrepasado con la quietud después de la tormenta.
—Discúlpeme. Sentí que me necesitaba y pensé que podía estar en peligro. Fue mi error —admitió avergonzado.
—N-No. Está bien. No es tu c-culpa. —intentó decir en posición fetal dentro de la bañera, como escudándose.— Y-Yo…
¿Dijo que había sentido que lo necesitada? Y ella… oh no. ¿Qué explicación iba a dar? ¿Qué le iba a preguntar? Lo que más quería saber en ese preciso momento era desde hacía cuánto que estaba su primo ahí, observándola, pero se mantuvo silenciosa al respecto al percatarse de lo irrelevante que era la respuesta. ¡Qué vergonzoso! Ella había estado tan inmersa en su propio placer que no se había dado cuenta del momento en que él había ingresado.
El silencio fue mortal. Ninguno de los dos lo soportaría por mucho más.
—Le daré privacidad. Siento mucho la intromisión.
Como era debido en una situación de esa índole, el hombre se dispuso a retirarse evitando ver a la mujer que cubría su desnudez empapada. Sin embargo, no alcanzaría a cruzar la puerta por la que había ingresado.
Hinata no supo qué la empujó a hablar; sólo sintió que un tremendo impulso la obligaba a impedir que su primo se fuera. Fue entonces que, como estaba, descubierta, en el agua, y recientemente extasiada, lo llamó de vuelta.
—A-Aguarda, Neji nii-san —abrió los ojos de par en par al darse cuenta de la necesidad que había escapado de su voz. Un ardor que no sabía que podía expresar porque de partida no había admitido posible que lo concibiera.
Esta vez, el sobrecogido fue él. Se frenó en seco ante la voz de su mujer. Desconociendo el motivo, le costó hablar. Le salió un susurro en vez de un volumen medianamente normal.
—¿Qué ocurre?
Ahora le tocaba decir algo. El corazón de Hinata galopó descomedido hacia ninguna parte, impidiéndole pensar con claridad. No había nada, absolutamente nada que decir. Pero cuánto sentía. Estaba fuera de las posibilidades despertar a él de esa manera. No podía ser.
—Esto… es que… —trató inútilmente de manifestarse. Terminó por abrazarse con ahínco, bajando la mirada.
¿Por qué le costaba tanto? Mientras más fuerte sentía, más grande era el abismo entre ella y Neji. Estaba ahí, tan cerca, pero era incapaz de moverse. Estaba atrapada en su propio cuerpo. Y lo peor de todo era que éste no dejaba de asaltarla con un cruel afán. Así lo sentía ella.
Mas se le olvidaba una cosa: no estaba sola. Ya no más. Esos días habían terminado.
—O podría quedarme, si ese es su deseo.
Conmovida, Hinata alzó la vista al instante. Su primo ya no veía al lado contrario, sino directamente hacia ella. Y no, no había el más mínimo arrepentimiento en ese semblante. Era más; mostraba determinación. Era parecida a la actitud que mostraba en sus combates, pero esta vez no tenía ánimos de acabar con ningún enemigo, aunque sí de someter. Sería una sumisión muy especial. El calor del aire llegó nuevamente a la sangre de la mujer, y no haría más que aumentar.
Repetidos pasos se oyeron en el cuarto; Neji avanzaba paulatinamente a la dama hacia el sol.
—¿Lo es? —insistió.
—E-Espera. ¿Q-Qué haces? —preguntó la mujer intentando cubrirse aún más con sus brazos, pero era infructuoso.
No recibió respuesta. De pronto, el genio estaba hincado junto a ella, recorriendo su cuerpo con la mirada. Sentía que podía verla completa, y no necesitaba de ninguna técnica para ello. Con una simple visión de sus ojos la tenía inmóvil, y con un susurro la poseería en su totalidad.
—Es hermosa, Hinata-sama. —sintió la joven su tibio aliento en su oreja— La he descuidado terriblemente, pero eso… tiene solución.
Sin dejar de ver a su prima, Neji estiró su brazo derecho y metió la mano por debajo del agua hacia las piernas de su cónyuge, buscando separarlas para internarse en aquello que resguardaban. Hinata le agarró el brazo con el alma y el cuerpo vibrando como un cascabel.
—¡Nii-san! —exclamó.
Pero él siguió tocando su monte de Venus.
—D-Detente, por favor.
Él pausó el movimiento de sus falanges momentáneamente para ver a Hinata a los ojos. Necesitaba verificar una cosa.
—¿Es lo que quiere?
Ella calló y apartó la mirada, avergonzada. Era incapaz de pronunciar palabra. Por supuesto que Neji sabía lo que ello significaba; había vivido prácticamente toda su vida a su lado y sabía interpretarla. Hinata nunca se atrevería a expresar abiertamente que deseaba algo, lo que fuera. Por eso, cuando se la enfrentaba directamente con una pregunta y la respuesta era afirmativa, callaba. Desde luego que no se lo echaría en cara, pero eso no quería decir que la dejaría desatendida.
Él le sonrió con gentileza y con un frenesí que se le escapó por la comisura de su boca.
—Estamos casados ahora. Voy a darle a mi mujer lo que necesita.
—P-Pero n-no tienes que.
—Es mi voluntad hacerlo.
Neji metió más la mano y le separó los labios mayores para rozarle el botón.
—Sus pulsaciones suben —le susurró al oído antes de lamerle el lóbulo—. Mucho, al parecer. Está volviendo a mojarse.
Hinata abrió la boca; respiraba aceleradamente mientras los dedos masculinos se movían deprisa en su interior. Se sujetó con las manos a los hombros de él y le clavó las uñas. Neji, entonces, la empujó hacia el abajo para que sintiera su centro, caliente por lo que estaba haciendo. Sus dedos estaban húmedos por el deseo de ella y su rostro... Era la viva imagen de la pasión, la verdadera Hinata que él quería.
—Hoy no logrará esconderse de mí, Hinata-sama.
No pudo evitarlo, y la besó mordiéndole el labio inferior, pero sin atreverse a profundizar; sólo era un premio que él mismo se había concedido. Le abrió las piernas un poco más para mover mejor los dedos e introdujo uno de ellos en su interior, estimulando el clítoris con los otros. Notó que le aprisionaba la mano y que su respiración se aceleraba.
—Quiere correrse, ¿no es cierto? Deje que la libere...
Hinata echó la cabeza hacia atrás y se mordió el labio para evitar gritar. Las estrellas nublaron su visión nuevamente; las piernas se le entumecieron. La pequeña muerte llegó alada y fue por él. Neji siguió moviendo los dedos y la besó en el cuello. Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió; dejaron que las sensaciones los embargaran.
Neji fue el primero en reaccionar y retiró los dedos, relamiéndose por el orgasmo de ella. Se puso de pié lentamente, aguantando su propia necesidad, y pilló a Hinata mirándolo, pero no dijo nada. En vez de eso, tomó una toalla y ayudó a secar a la joven afectuosamente hasta envolverla con la tela.
—Nunca más pasará esta dolencia sola —Ella murmuró algo, pero él no la entendió—. ¿Podría repetir eso?
—Tú... —empezó a decir, mirando la entrepierna de Neji y enrojeciendo.
—No se preocupe por mí. Aunque no haya nada que disfrute más que tenerla cerca, esto fue para usted. —había prometido que no la tocaría sin su consentimiento y cumpliría.
Abrió la puerta del baño, salió fuera y la dejó sola.
Oyó los jadeos de Hinata detrás, pero no les hizo caso.
Desnuda como estaba, notó que cerraba sus piernas y que el ardor no se iba. Un poco cohibida por lo que acababa de pasar, sonrió. Era ahora o nunca.
Salió rauda del baño siguiendo a Neji, encontrándolo sentado al comienzo de la cama y viéndola directamente. Era como si la hubiese estado esperando, consciente de lo que había dejado latente en el cuerpo de su prima.
—Nii-san, y-yo…
—Lo sé.
Se levantó de la cama y caminó hacia ella como un felino rodeando su objetivo, pero también con un candor que hasta ese día Hinata había creído fraternal. Qué errada había estado.
Lo miró y lo miró. No podía dejar de enumerar cosas. Desde su pelo alargado hasta sus labios anhelantes como fruta madura. El nerviosismo empezaba a hacer mella en ella.
Neji posó una mano en el hombro de Hinata para tranquilizarla, pero cuando la joven lo miró, su autocontrol empezó a pender de un hilo. Para él era una criatura sublime. Esos ojos intensos lo contemplaban como si necesitaran estrechar el contacto con él, como si lo invitaran a acercarse más. Aumentó la presión sobre el hombro de ella para retenerla en el sitio, mientras avanzaba con lentitud buscando en la mirada femenina algún signo que le hiciera retroceder. Sin embargo, Hinata cerró los ojos y confió en él.
Viendo su predisposición, Neji gimió y se abalanzó sin ninguna ternura sobre los labios de ella. Llevaba meses deseando hacerlo y ahora que estaba a su lado no iba a ser él quien se echara atrás.
Los labios de Hinata eran como conductores de energía. Cada vez que Neji los rozaba con los suyos una descarga de electricidad le recorría el cuerpo y hacía que gimiera sin control. Se los mordió con la presión justa y, después, empezó a lamerlos con la lengua para convencerla de que los abriera y lo dejara explorar más allá.
Cuando Hinata entreabrió un poco más los labios y jadeó, Neji irrumpió de golpe en su boca y la saqueó como un vil ladrón. Apropiándose de ella, invitó a su lengua a un baile que jamás otro le había enseñado. Sin duda, el genio no era un hombre de mundo, o mejor dicho, no se comportaba como un mujeriego y nunca lo sería por dos razones: La primera, porque no era parte de su naturaleza, y la segunda, porque era hombre de una sola mujer. Siempre lo había sido, desde el primer momento en que la vio. Y por haber sido haber sido esa joven de silueta danzante el único foco de su atención, sabía besarla bien. Sonrió mentalmente; se sentía dichoso por el hecho de comprobar en carne propia que sus labios se hacían y deshacían mutuamente, como la lluvia a la tierra.
A Hinata se le escapaba poco a poco de la cabeza la causa de su vínculo con su primo. Ahora su unión ya no le parecía un castigo, aunque en parte lo era; viviría el resto de sus días anhelando cada noche un poco más. Mas fuera de eso, por fin tenía lo que su corazón necesitaba: un hombre que la besara como si fuera la única mujer del planeta. Era algo que Naruto —cómo odiaba recordarlo en ese momento, pero qué inevitable era comparar— jamás podría darle.
Neji gimió de nuevo cuando su lengua invadió plenamente la boca de ella. Sabía a vainilla y a liberación, pero también tenía su propia esencia: ella. Le encantaba todo de ella. Sus dedos se entrelazaron con su pelo para profundizar más el beso. Quería sacar todo lo que pudiera de esa chica antes de soltarla; lo necesitaba.
Entonces, sintió que las manos de ella se movían por su cuerpo tímidamente hasta alcanzar temblorosos las amarras de su ropa, deshaciendo algunas. Él tuvo que ayudarle en otras. Siseó cuando Hinata metió una mano por dentro de la prenda y le acarició el torso. Cada lugar que tocaba era puro fuego.
Se separó de sus labios y movió la rodilla para frotar su sexo. Un jadeo salió de la boca de la chica y los ojos verdes se oscurecieron a causa del deseo sexual.
—T-Te necesito —sintió el gruñido de su primo en su boca antes de que él la besara nuevamente con igual intensidad, recibiendo el mismo placer.
Hinata sentía que sus piernas La cercanía cada vez mayor hacía que él la rozara más y gimió cuando empezó a restregarse contra ella. La humedad se filtraba a través de las ropas. No había nada que hacer.
—Venga conmigo —susurró Neji, tirando de ella para tomarla en brazos y depositarla sobre el colchón. Hinata lo miraba con una pizca de temor y deseo. Trataba de esconder la sonrisa, pero sus labios la traicionaban.
Neji sonrió de forma arrebatadora y recorrió la distancia que los separaba con lentitud; se tomó su tiempo, como un animal haría con su víctima. Cuando la alcanzó, Hinata estaba apoyada en el respaldo de la cama. Primero, la cogió por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo, y luego asentó su protuberancia entre el sexo y el vientre de ella, para que notara lo que le estaba provocando. La joven abrió los ojos sorprendida por el calor que emanaba de él y le pasó una mano por los pantalones.
Lo rozó levemente, pero fue suficiente para que él gruñera, se inclinara hacia su cuello y le mordiera el lóbulo de la oreja.
Al darse cuenta de lo que acababa de hacer, retiró su palma sumamente sonrojada. Desvió la mirada por el bochorno. Neji sonrió enternecido con su inocencia.
—L-Lo siento.
—Descuide. No tiene nada de malo —la tranquilizó— Hágalo, Hinata-sama. Tóqueme sin miedo —susurró mientras le lamía y mordía la oreja.
Guiada por su primo, Hinata acercó de nuevo la mano y lo tocó allí donde su dureza era evidente. Estaba muy caliente y podía sentir cómo le latían las venas. Movió su mano, arrastrándola por el pantalón y su sexo, atenta a la reacción de Neji, que casi a la par empezó a empujar más fuerte hacia ella. Las manos de él descubrieron el contorno del cuerpo de Hinata sobre la fina toalla, un asidero perfecto mientras se frotaba contra ella y continuaba besándola y dándole pequeños mordiscos por el cuello. A tientas, Hinata buscó la cremallera del pantalón y fue bajándola con lentitud.
Neji se quedó quieto en cuanto descubrió las intenciones de la chica, y al notar la pequeña mano sobre su miembro, dejó escapar un suspiro en el oído de ella, que la hizo estremecer.
—Esto… ¿n-no te hago daño? —titubeó en su inexperto masajear.
—Es al contrario —suspiró.
Neji quiso hacérselo más fácil a Hinata removiéndose él mismo los pantalones. Una vez hecho esto, tomó nuevamente las manos de su cónyuge para que lo recorriera con a lo largo. Con la aprobación del joven, la mujer lo apretó con suavidad y atormentó el glande con los dedos, hasta que las primeras gotas de fluido empezaron a salir, para su asombro.
Enseguida, Neji abandonó el trasero de Hinata para despojarla de la toalla, y dejarla desnuda a sus ojos. En cuanto hizo que la prenda cayera al suelo, la atrajo hacia sí desde las caderas y puso su cuerpo entre las piernas de ella para que no pudiera cerrarlas. Era una postura estupenda, pues, cuando quisiera, podría introducirse sin muchos problemas.
A Hinata le produjo un escalofrío el contacto del mármol con sus piernas. La distancia que los separaba era demasiado pequeña y en esa postura la dejaba bastante expuesta ante él.
—No se mueva, por favor —le pidió Neji, que se apartó y la observó con los ojos entrecerrados.
Ella lo miró con miedo a ser rechazada y trató de taparse con las manos, pero en cuanto éstas cubrieron los pechos, Neji gruñó, se las separó y las fijó en el respaldo poniendo las suyas encima.
—No sea cruel y permítame verla.
—E-Es que si me miras así… —se defendió ella con un evidente sonrojo— L-Lo siento. Me gustaría ser tan bonita como las otras chicas-
—Espere un momento, ¿de qué habla? Usted es hermosa, Hinata-sama. —deslizó una de sus manos al mentón de ella, acariciándola— Desde el momento en que la vi que me cautivó.
—N-No es verdad —susurró, incapaz de alzar más la voz después de aquellas palabras.
—Entonces tendré que demostrárselo.
Entonces, él le lamió el cuello de abajo hacia arriba, lo que hizo que ella echara la cabeza hacia atrás y que arqueara la espalda, dejando expuestos sus pechos. Una vez que llegó al hueco del cuello, lo mordió ligeramente, para luego trazar un sendero con la lengua hasta el hombro, que también mordió. La respiración acelerada de Hinata hacía que sus montes se elevaran. El color de los ojos de Neji se oscureció aún más. Quería sentir esos pechos en su boca, probar ese éxtasis erguido y convertirlos en perlas rosadas tan sensibles que hasta el aire la hiciera correrse una y otra vez.
Le dio un apretón a las manos para llamar su atención antes de soltarlas.
—Déjelas en su lugar. Confíe en mí.
Seguidamente, la cogió por las caderas y las acomodó de tal modo que el pene quedó muy cerca del sexo de ella; la humedad que sentía le apremiaba a penetrarla. Le mordió el labio inferior y tiró de él hacia afuera, hasta que ella gritó. Entonces, su lengua volvió a entrar en la boca de Hinata mientras sus sexos se frotaban con descaro. Los movimientos de la boca la embestían vivamente, como si estuviera haciéndole el amor, y ese ritmo le provocó una serie de espasmos en la entrepierna. Ella intentó cerrar las piernas, pero Neji le puso las manos en las rodillas y las abrió más, de manera que ganó espacio para frotarse con más rapidez y mayor presión.
—Me voy a... —murmuró en la boca de él.
Neji se apartó de inmediato, y la liberación dejó a Hinata insatisfecha y anhelante. Él le sonrió y colocó las manos sobre las suyas.
—Voy a hacer que el dolor se vaya —prometió Neji con suavidad.
La chica suspiró y dejó las manos apoyadas en el respaldo de la cama mientras las de él la acariciaban siguiendo las costillas, los costados y la espalda. Cuando sintió la atención de él sobre sus senos, de nuevo, ella sintió la necesidad de cubrirse, y sus manos empezaron a temblar en tanto se debatía entre si debía moverse o no, obedecerle o no.
Agachó la mirada para evitar la del hombre, pues no quería percibir en sus ojos algún atisbo de desagrado que la incomodara, pero no cayó en la cuenta de que otra parte de la anatomía masculina estaba llamando su atención. Fue consciente de que estaba a punto de unirse a él. Hinata jadeó a causa del pudor, pero las palabras de Neji hicieron que desviara la vista.
—¿Está nerviosa?
Ella asintió con un gesto al ser incapaz de articular palabra; tenía los ojos fijos de nuevo en su pene. Cuando él se acercó, Hinata perdió la perspectiva, pero a cambio notó el intenso ardor que le producía su proximidad.
—Calma. No quiero destruirla. La voy a amar —le susurró al oído.
El cuerpo femenino reaccionó ante aquellas palabras y se arqueó de nuevo. Las entrañas de Hinata ardían. Ansiaba correrse, y ya no era una necesidad, era más que eso. En el momento en que se curvó, Neji le cogió los pechos con las manos y los apretó hasta que quedaron apuntando hacia él.
El hombre se inclinó y se metió uno de los pechos en la boca.
Hinata gritó ante el calor que sintió. Después, la lengua de él comenzó a lamer en círculos cada vez de menor diámetro, hasta que llegó a la areola y, de ahí, al pezón. No estuvo satisfecho hasta que lo mordió y chupó para obtener como resultado una perla enrojecida y dura. Cuando abrió la boca y dejó escapar el pecho, el aire fresco hizo que los espasmos de ella se multiplicaran. Hinata le echó los brazos al cuello gritando. Pero al contacto del pezón con el torso de él la aproximó a un estado de mayor gozo, y volvió a gritar mientras se apartaba.
Neji la sujetó por las caderas y la espalda para evitar que se hiciera daño y decidió aguardar hasta que ella se tranquilizara, después de haber estado tan cerca de un nuevo orgasmo. No quería dejarla agotada todavía. Era mucho más sensible de lo que había esperado. Sus ojos eran dos lunas oscurecidas; su cuerpo, un tesoro entre sus manos.
Esa vez Hinata se mentalizó, y cuando Neji soltó su seno y notó una corriente de aire fresco, apretó los dientes y los músculos de su sexo para aguantar, pero no vio venir el roce de la mano. Una simple caricia fue suficiente para volver a catapultarla a un nuevo orgasmo. Dejándose caer hacia atrás, se golpeó la espalda duramente contra la cama blanda, y se quedó jadeando a causa de esto.
En esa ocasión, le costó mucho más recuperar la conciencia, y Neji esperó, recreándose con la visión. Después de dos orgasmos intensos era normal que gotearan las piernas de su prima.
Entonces, se ubicó para unirse con la joven en cuestión de segundos, de tal forma que cuando la respiración de Hinata volvió a la normalidad, Neji ya estaba preparado para cumplir con la última parte de su promesa.
—Dígame, Hinata-sama, ¿está lista? —ella tragó y asintió— Seré tan gentil como me sea posible.
La chica lo miró primero a los ojos y después desvió la vista hasta fijarla entre las piernas, donde el sexo de él se alineaba con el suyo. Asintió nuevamente, mirándolo a los ojos. Neji cogió las caderas de Hinata y empujó lentamente el pene hacia dentro, intentando hacerse espacio en el angosto canal.
—Oh… —siseó él ante su estrechez.
Levantó la vista hacia ella y se dio cuenta de que tenía los ojos cerrados, el cuerpo en tensión y los puños apretados. Sintió la barrera que indicaba la virginidad de Hinata. Odiaba tener que hacerle daño; no lo podría evitar, pero se las arreglaría para aminorarlo.
En los últimos centímetros, se permitió el lujo de empujar con fuerza para clavarse en su interior, y ella gritó, abrazándolo. Los músculos vaginales lo apretaban como si le dieran un masaje, seguramente intentando acostumbrarse a lo que había entrado, lo cual era aún más erótico. Y entonces, empezó a moverse; lo hizo lentamente al principio, y más deprisa conforme los minutos fueron pasando. Sus ojos estaban fijos en los de ella para leer cada una de las reacciones que iba teniendo, y disfrutaba de lo que veía: curiosidad, nerviosismo, sorpresa y, finalmente, frenesí. Pasión en estado puro.
Agarrándola firmemente por las caderas, Neji marcó el ritmo y la profundidad de la penetración. Nunca demasiado rápido. Nunca demasiado profundo, pero bastaba para convertirla en una masa temblorosa y jadeante.
Hinata gimió pidiendo más implícitamente. El sudor le resbalaba por el vientre, por la espalda, mientras buscaba una liberación que él no parecía querer darle. Simplemente la hacía subir y bajar con interminables y lentos envites.
La doble sensación de placer y dolor atravesó su cuerpo como una oleada de lava líquida. Hinata se quedó sin aliento cuando Neji se retiró e inmediatamente después se sumergió profundamente en su interior. El empujó hacia arriba, pero con golpes largos y lentos que multiplicaron la fricción y sacudieron a Hinata con estremecimientos de placer.
—Más, por favor... —pidió la mujer.
Neji la recompensó entonces, levantándole las caderas y penetrándola tan profundamente que Hinata gritó. La mano de la cadera se movió lentamente hasta que el pulgar jugueteó con su clítoris. Con un gemido, ella se arqueó bajo su toque, buscando alcanzar el clímax.
Neji comenzó a invadirla de nuevo con un ritmo duro y constante que hizo que la cabeza le diera vueltas y que le ardiera el cuerpo. Él se llevó una de las tensas cimas a la boca, succionándola con fuerza contra el paladar mientras la sangre corría con rapidez hacia la unión de sus cuerpos, inundando cada célula, hinchando sus pliegues hasta que sintió la fricción de cada envite, dentro, fuera... por todas partes. Apretó los ojos cerrados, intentando contenerse, pero sabía que no podría hacerlo por más tiempo.. Neji la estaba llevando hasta el límite de su resistencia.
El mayor de los dos Hyuuga podía sentir cómo su miembro se hinchaba cada vez más en su interior, penetrándola con mayor profundidad, con el glande golpeando su punto G. Y Hinata se aferró a él, clavándole las uñas en la cadera. Apretó los muslos en torno a su primo. Gritó, conteniendo la cumbre. Aguantaría hasta que Neji le diera su consentimiento, mientras se arremolinaba una gigantesca explosión dentro de ella con la brillante promesa de vislumbrar el paraíso.
—La estoy… sintiendo —le hizo saber de voz en grito—. ¡Córrase! ¡Córrase para mí!
Neji no había terminado la frase cuando Hinata estalló, y pudo ver las brillantes estrellas girando dentro de su cabeza. Aquel bello despliegue de luces tenía, sin embargo, un lado oscuro que la envolvió y tiró de ella como si hubiera sido arrastrada por las aguas revueltas del pantano y se ahogara en un inmenso y violento placer, uno en el que sólo aquel candente ardor era capaz de provocarle una vívida satisfacción. El retumbar de sus oídos y la sequedad de su garganta le indicaban que estaba gritando. El largo gemido de satisfacción de Neji se unió al de ella.
Después no recordó nada más, sólo que durmió profundamente y sin pesadillas, envuelta en el calor de quien ahora era —y sería por siempre— su hombre.
….
A la mañana siguiente, vivas quedaban en el cuerpo de Hinata las huellas de su pasión. Pero a pesar del dolor, se sentía tan bien que no fue inmediatamente consciente de estar despierta.
Manteniendo los ojos cerrados, la mejilla de Hinata se frotó como una gatita contra el pecho de otra persona. Sus manos surcaron ese torso palpando con las yemas la piel caliente del otro, y sus músculos se tensaron en el vientre y más abajo. Retiró la mano al sentir el pelo suave y volvió a subirla hacia arriba, hasta notar el golpeteo del corazón. Un brazo la acercó más a la fuente de calor y suspiró, encantada. El olor tan intenso que exudaba la estaba embriagando. Quería estar así todo el día, sintiendo ese olor a dicha y a hombre en su nariz que penetraba en su cuerpo y se apropiaba de todos sus sentidos. Levantó una de las piernas para ascender por el contorno de otra, hasta que una mano la detuvo.
—Hinata-sama, si no pretende acabar lo que empieza, le voy a pedir que se detenga y abra los ojos —le susurraron.
—¿N-Nii-san? —de par en par fijó su mirada. Su primo le miraba encantado.
Avergonzada, tomó la sábana que los acobijaba y se tapó hasta el rostro con ésta. Él la retiró con suavidad.
—No se cubra. Recuerde que ya la conozco. —la tomó suavemente de la muñeca y la atrajo hacia sí de tal manera que quedó la cabeza de ella sobre su pecho. Ahí, ella halló la paz.
—No estamos soñando; es real ¿verdad? —preguntó la joven, suspirando.
—Tal parece que tiene un poco de ambos, Hinata-sama. —contestó acariciando los cabellos y la espalda de su mujer.
Como algo espontáneo, Hinata se hizo una pregunta terrible:
—Esto… no fue por deber, ¿o sí?
—Eso nunca. —fue tajante Neji. Juntó su frente con la de ella; quería que lo escuchara— Entienda una cosa: no la deseo por haberla descubierto; yo la deseo porque la amo.
Creyendo haber oído mal, la joven alzó su cabeza para enfocarse en su marido.
—N-Nii-san, ¿qué cosas dices?
—Que desde antes de cualquier compromiso, yo la amo. —llevó una de sus manos a la mejilla derecha de ella, mimándola— Por eso cuando noté que su corazón quería a otro y también cuando vi el miedo en sus ojos durante nuestra primera noche, callé. Y hubiera seguido haciéndolo de no ser por usted.
Hinata se quedó atónita, totalmente ajena de lo que acontecía en su rostro rojizo. Tal devoción, esa incondicionalidad, sólo podía provenir de él. ¿Había estado dispuesto a inmolarse por ella? ¿Tan valiosa la veía? Quiso llorar de gusto al instante, pero eso no recompensaría al hombre que la acariciaba como si se tratara de algo invaluable.
En lugar de eso, lo rodeó con sus piernas y se sentó sobre él, viéndolo con efusividad. El hombre supo de inmediato adónde se dirigía esto.
—No se sienta obligada a…
Dos de los dedos de Hinata sobre sus labios impidieron que siguiera hablando.
—Déjame hacerlo. Esta vez quiero ser yo quien te ame, Neji nii-san. —la lluvia ya no era un problema.
Y con un beso, sellaron para siempre su complicidad. El lazo que los unía hacía tiempo que estaba afianzado. Tal vez desde la niñez; tal vez desde antes de nacer. Nada faltaba por edificar. Ellos dos lo sentían: serían eternamente perpetuos.
Fin.
