A ras de esté capítulo —hasta nuevo aviso—, se será narrado en tercera persona

Como cada día—Anahí.

Algún día—Anahí.

Sueños nítidos. Primera parte.

Todo estará bien, todo estará bien…—, era imposible, evitar lo inevitable. Por más que tratase de evadirlo, en su corazón permanecía Edward Cullen; el vampiro qué le robo el corazón, y con su partida, se lo llevo consigo.

—Ilusa…—, susurró en un suspiró para sí misma, mientras se abrazaba a sí misma, tratando de adquirir un poco de calor en sus brazos totalmente al intemperie.

Siempre fue ilusa ante él… Siempre cayó ante sus pies. Siempre amó a Edward Cullen.

Por más que el teatro que había montado, sonase real, al fin y al cabo, solamente era actuación, porque en su interior, el recuerdo de Edward permanecía intacto, y si era posible… el sentimiento se había reforzado aun más ante su partida.

Cerró los ojos, tratando de ahogar en ellos las lágrimas que amenazaban por salir. Ella no debía de llorar… no debía de sufrir por él… no debía de sentir nada por él…

Ni su desprecio era digno de él.

—Y mira…—, río amargamente al reflexionar su situación.

Era patética. A esté paso, se limitaría a ir a la tumba soltera y casta, con veinte gatos que le llorarían. Soltó una risilla al imaginar tal escena, pero no podía negar que se sentía miserable sí terminaba de tal modo; busco en su mente, algún plan… o sueño para sus próximos años de vida. Pero todos se limitaban a vivir eternamente con Edward Cullen.

—Ya, para…—, sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a fluir por sí solas, sin consentimiento alguno.

El pensar que todo ese tiempo, había amado sin ser correspondida. El pesar que todo ese tiempo, estuvo sola. El pensar que todo ese tiempo, había permanecido con alguien que solamente fingía amarla y "protegerla". El pensar que todo ese tiempo, había construido en su mente una eternidad junto con aquel vampiro que creyó ser la mismísima rencarnación de Romeo…

Todo, era una absurda mentira.

Él, no la amaba, y claramente se lo demostró en el momento de observar aquel mensaje en su teléfono móvil; le había dolido, pero de inmediato se preguntó a sí misma: "¿Por qué no lo borró? ¿Por qué no lo esconde de mí? ¿Acaso deseaba concluir la relación y la única manera…?", la razón era más que evidente, él ni si quiera quería permanecer a su lado. Él nunca la amó, y la única atracción que sentía hacia ella, era la sangre que recorría por sus venas.

Un bufido se fugó de sus labios, un tanto seco a decir verdad.

Su garganta ardía, aquella miserable sensación de llorar hasta que se agotase todo el líquido en su interior… aquella miserable sensación que le hacia recordar que ella era poca cosa para cualquier hombre… aquella miserable sensación de haber amado sin conocer límites… aquella amarga y necesita sensación de ver a Edward Cullen sufrir y retorcerse en agonía como sucedió con ella en los primeros días…

La necesidad de ver su sangre —sí es que le quedaba al vegetariano—, escurrir por el suelo, a causa de ella, era tan vital cómo respirar.

Una fuerte brisa la envolvió con más fuerza. En está ocasión, iba a extender su abrazo hasta los hombros, pero freno en seco su acto al sentir como era inundada por un calor reconfortante.

—Te vas a resfriar, ¿sabes? —, besó con suma delicadeza su coronilla. Bella no tardó mucho en recordar quién era el dueño de aquella varonil voz; era más que imposible olvidar al atractivo dueño.

— ¿Sabes? Creo que eso ya sucedió—, contestó estornudando.

—Salud—, dijo de inmediato—, ¿ves? Te lo he dicho… ¿Y qué haces a estás horas en el balcón? ¿Acaso la niñata no debe estar en la cama…?

—Yo me preguntó lo mismo: ¿Qué diablos haces aquí? —, preguntó al momento de volver en sí, era inusual ver a Damon Salvatore aproximadamente a las tres de la mañana en su balcón.

—Es un sueño, ¿sabes? —, respondió mirándola fijamente. En aquel momento, recordó el haberse quedado dormido en la cama, y haber soñado aquella serpiente y el conejo…

—Qué sueños…—, susurró exasperada.

—No te juzgo—, río.

—Que nítido es, ¿sabes? Hasta aquí eres engreído—, reí—, y lo peor de todo, es que me agrada dicho comportamiento que suele ser nefasto.

—Es muy… halagador—, se burló.

—Vale, creo que es hora de despertar…—, dijo mientras se zafaba del abrazo y se adentraba en su habitación.

Damon imitó sus pasos, sin embargo se limitó a quedarse un paso atrás del marco de la puerta, mirándole desde aquella posición. Bella, se percató en una fracción de minuto después, y no pudo evitar sentir aquella sensación de incomodidad.

Al fin y al cabo, solamente es un sueño…—, pensó.

—Hey, ¿qué haces ahí? —, preguntó confundida.

—Solamente, te contemplo—, a pesar que todo fuese producto de su mente, se sonrojó.

Todo parecía tan real…

—Pasa, no gusto que me miren desde lejos en mis sueños…