Nota de la autora: Para que cogéis el hilo inmediatamente, les daré una brevísima explicación antes de comenzar con la lectura; la Bella que se describe, no es la actual, ¿a qué me refiero? Es una visión de Alice, en un futuro no muy lejano (un poco, un poco), un futuro que definitivamente nos dice que en algunas partes un mini adelanto. ;)
Sin sentimientos.
—Edward, déjame entrar. Tenemos que hablar—Dijo Alice con seriedad, y seguridad, indispuesta a aceptar un no por respuesta.
Él negó con la cabeza, por primera vez sintiendo un dolor bastante similar al de un humano…. Su cuerpo se sentía débil, cansado, sin embargo, su mente era capaz de resolver un problema matemático que fuese casi imposible.
—Vete, Alice… No es…—Cuando menos se lo espero, Alice ya había tirado la puerta.
Su mirada denotaba tristeza y melancolía, pero no parecía querer apiadarse de su hermano adoptivo por más que lo apreciase; ella había quedado totalmente destrozada desde que le tenían prohibido mantener contacto con Bella, su mejor amiga… Su hermana. Y ver que las primeras semanas ella estaba en las mismas condiciones que ella, con los ojos secos de llorar, con su almohada humedecida, y su voz inexistente… Con cambios de humor tan retorcidos…
Una mujer sin sentimientos.
Sin preocupación del mañana, sin preocupación de lo que los demás pensarán de ella.
—Edward Cullen, ¿acaso te ha destrozado verla sonriente con alguien más…? Alguien, humano—Insinuó sonriente.
Y, por supuesto, Bella también se había vuelto una desalmada, adicta al dolor y lágrimas de los demás.
Alguien malvada, que tan solo demostraba su bondad con exclusivas personas… e incluso, había llegado a herirlas más de mil veces, sin embargo, ella sabía cómo manipular sin ser descubierta.
Era como si hubiese hecho un pacto con el diablo…
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La música sonaba demasiado fuerte, y el sudor inundaba el estrecho lugar de cuatro paredes. Sin embargo, le había dejado de importar desde que se dejó llevar por el ritmo sensual y erótico de las canciones que el DJ escogía para bailar.
No sabía con quién bailaba, el caso era que era demasiado atractivo, de tez morena clara, ojos marrones y cabellos negros… Justamente como le gustaban, sin embargo, ella moría por ver unos ojos azules eléctricos, y sentir como siempre, su cuerpo contra el suyo… Pero… No, hoy debía de ser su noche, debía de olvidarle, y solo disfrutar del momento.
Después vería como persuadir a Damon para que la perdonase.
—Eres una perra—dijo con rencor, la que alguna vez considero su mejor amiga. Estaba ardida, lo sabía, ella amaba al hombre con quién jugaba… Ella de verdad lo hacía, ella no jugaba—Lo haces sufrir…
—No lo sabía—susurró con tono preocupado. Hipócrita. — ¿En serio? Cuando se viene gimiendo mi nombre no lo parece. ¿No será que tú sufres al verlo a mi lado?
La muchacha la miró al borde de las lágrimas, la odiaba.
No le importaba lo que pensarán, desde hace mucho se había suicidado su pudor, y era capaz de caminar en ropa interior (o sin) por la calle. Podían decirle perra, puta… sin embargo, había una gran diferencia, porque ella no andaba con todos, solo con los que le gustaban; y ella no era una puta, porque no cobraba y lo hacía con quiénes le gustaban… O bueno, eso fue antes de casarse, ahora solo se reducían a besos, hasta hoy…
Siguió bailando, pegando su cuerpo junto al del muchacho, perdiéndose en el calor del momento, ignorando la mirada opaca de la chica que venía con él…Por un momento, frenó en seco al recordarse que ella alguna vez fue la chica que se quedaba en la silla esperando por su amigo, la chica que siempre estaba con él… La única chica que el muchacho amaba….
La chica fiel que por más engaños que le diese, siempre se mantenía reservada para él, y dispuesta a entregársele cada vez que el deseo le sucumbiese.
La chica que siempre sufría…
Debía de decirlo: Ya no le importaban los demás, solo le importaba el muchacho atractivo que exploraba su cuerpo en estos momentos… Frunció el ceño, había perdido la razón…
Se había vuelto un demonio desalmado. En algo que no era humano.
Suspirando, miró por última vez al muchacho, y junto sus labios con los de él, dispuesta a olvidarse de todo… De su pasado más que nada.
Pero… su intento, fue interrumpido por un brazo fuerte…
Giró en seco, deseosa que fuese la chica que estaba sentada, sin embargo, pudo observar que ella seguía en la mesa, mirando su celular.
Mierda.
Cuando volteó la mirada, se encontró con un furioso Damon, dispuesto a matar al primero que se cruzase en su camino. Se mordió los labios, comenzando a alejarse discretamente del muchacho, para que de alguna forma el pudiese huir antes que se desatará una masacre.
—Qué bien cuidas al niño, Isabella—al oír su nombre en sus labios, sonrío como idiota.
—Amor, ¿pero qué haces aquí? No debiste molestarte en venir por mí, tú también estabas en la misma actividad—Damon la miró mal, como odiaba que ella fuese así.
Sin embargo, no podía negarlo, la amaba a pesar de todo, pero no podía tolerarlo.
—Nos vamos de aquí—comenzó a jalarla hacia la salida, ella no intento detenerle, caminando a su lado, sin quejarse por más fuerte que fuese su agarre.
Ya estaba acostumbrada a la llegada de Damon, como también sus idas sin pudor…
Al llegar al estacionamiento, le abrió como de costumbre la puerta del copiloto, y ella entró sin rechistar, dirigiendo de inmediato su mirada a la ventana en cuando sintió a Damon entrar al auto.
— ¿Me piensas explicar que sucedió ahí adentro?—preguntó mientras comenzaba a conducir, Isabella se giró hacia él, notando como sus manos estaban totalmente duras, dispuestas a matar.
—Lo mismo que tú haces durante las noches—se limitó a responder con seriedad cruzándose de brazos.
— ¿Qué estabas haciendo, Isabella? ¿Qué pretendes?
—Pretendo dar en alto la equidad de género—volvió a contar como si nada.
Damon frenó en seco, en plena carretera, saliendo del coche, abriendo la puerta del copiloto. Isabella lo miró un poco confundida, dispuesta a bajarse para irse ella por su cuenta, sin embargo, Damon la cargó, llevándola al bosque, no dijo nada, estaba harta de discutir todos los días con él… Harta de tener que lidiar con ello.
—Eso es lo que pretendes, ¿eh?—la sentó en una piedra bastante lisa. Quedándose él de pie.
—Sí, ¿hay algún problema con ello?—lo miró a los ojos, dándole a entender que le importaba un bledo lo que él pensará.
Damon sonrío macabramente, posando sus manos en las piernas pálidas de Isabella, comenzando a acariciarla lentamente, produciendo su excitación inmediata.
—No, no hay ningún problema—susurró contra su oído, comenzando a lamer su cuello, haciéndola gemir levemente ante los pequeños mordiscos que le daba—Pero no puedes negar, que soy el único quién te hace gemir con tan solo tocarte… Besarte...—Isabella gimió al momento de sentir el roce de sus sexos, y por puro instinto, buscó sus labios, quiénes fueron negados. —Has desobedecido, Isabella. No lo mereces.
Los labios de Damon se dirigieron a su cuello, descendiendo hasta el nacimiento de sus pechos, y dirigiéndose a sus hombros, y así sucesivamente, torturándola con lenta suavidad. El contacto entre sus sexos era notorio, y desesperante, aun con las ropas cubriéndoles podía sentir el calor que emanaba y quemaba como el mismísimo infierno.
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—No quiero más detalles, Alice—susurró Edward mirándola rencoroso.
Alice se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
—El caso es qué… será feliz a su manera—Dijo antes de marcharse, y dejar nuevamente en soledad a Edward.
No podía negarlo, le tenía envidia a quiénes tuviesen la dicha de tener a Isabella a su lado si quiera por un momento…
Francaente, esto... no sé de donde lo he sacado, y problamente no sea la mejor al escribir sobre erótismo, sin embargo estoy dando un esfuerzo.
Cualquier duda, preguntadme ;)
