La siguiente vez que sus ojos vieron el cielo negro de la pálida noche, estaba tirado en medio de la carretera. Oía voces, gritos y sirenas en la distancia. Intentó moverse pero sus manos, presas del pánico, apenas temblaron un centímetro. Permanecía rodeado de médicos.
"Debo de estar soñando, esto no puede ser real…"
Está perdiendo mucha sangre por la pierna, tenemos que hacer algo ya – Oyó decir a la guapa enfermera que le cogía el pulso.
Es más difícil de lo que parece, aún no sabemos si hay algún nervio dañado… tiene las dos piernas destrozadas.
La horrenda visión de sus piernas volvió a su mente. "Vaya si estaban destrozadas, lo raro sería que no lo estuviesen." Pensó. Cuando se dio cuenta, estaba gritando del dolor. Era lo único que se escuchaba ahora, como si todas las demás personas del mundo hubieran dejado de hacer sus qué-haceres para sentarse a ver la película donde Ibitani moría en un tremendo accidente de coche. Quiso llorar. Llorar como ni siquiera lo había hecho en el funeral de su madre. Parecía que le estaban serrando por la mitad. Hasta hubiera preferido morirse ahí mismo que seguir sufriendo semejante tortura.
¿Y el otro? – Preguntó entonces el médico, devolviéndole al mundo real.
La enfermera calló. Y el silencio le parecía entonces, a Ibitani Ryou, algo desconocido, como si nunca se hubiera enfrentado antes a él. Y es que nunca lo había hecho, pues su mente siempre había tenido algo que decir, algo que pensar y murmurar para que Machimiya estallase en carcajadas.
"Miya" Recordó. Quería irse. En verdad era lo que más deseaba: quitarse las vías y los cables, levantarse del asfalto e ir a ver su amigo. Decirle que, como siempre, todo iba a ir bien, y hacer alguna broma sobre la belleza de la enfermera. Pero apenas escuchaba nada, como si su compañero hubiese enmudecido, al contrario que él, que continuaba gritando.
Hay que trasladarlos ya al hospital – Ordenó el médico – Urgentemente.
Los médicos empezaron a traer la camilla donde, segundos después, reposaba. Apenas sentía nada. "Se acabó –Pensó –Se ha acabado todo." El Interhigh, el club de ciclismo, sus sueños de Ingeniero, su hermana, Hiroshima… Todo había llegado a su fin. Al menos, tal y como lo conocía antes.
Una lágrima transparente resbaló por sus mejillas. Sin darse cuenta, estaba sonriendo. Aunque muriese por dentro, como tantas otras veces, su cara tenía una mueca irónica, como irónica era su vida.
Y es que en aquel instante, a Ibitani Ryou, reírse le parecía lo más serio que podía hacer.
