Nota de la autora: Me he ilusionado demasiado al ver sus comentarios del capítulo (: Les juró que había pensado inmediatamente que tardarían siglos en leer el capítulo, pero me alegra que me haya equivocado. Ahora, sobre el capítulo anterior, si fue muy drástico el cambio de la Bella que conocemos hasta ahora, pero recuerden que el destino se forja al ras de nuestras decisiones, y… Isabella está tomando las suyas… ¡Comenten si quieren saber que deseo pidió nuestra adorada Isabella!


Decisiones.

Isabella POV.

Dos meses después…

Detestaba los días nublados, en donde no había sol, y el cielo estaba opaco, gris. Sin embargo, ya estaba acostumbrada a que todos los domingos fuesen así de oscuros y aburridos, en donde podría jurar que Charlie estaba enojado conmigo, el tiempo que tenía para hacer mi deberes era limitado, y me sentía la mujer más fea del mundo…Pero, ya no me importaba, solo quería estar por un rato sentada frente la computadora, intentando pensar que hacer mientras entraba a Facebook, cerraba la pestaña, y la volvía a abrir.

No tenía nada interesante que hacer, y los deberes del Instituto no los tomaba como opción.

Francamente, mi vida seguía siendo tal y como lo era antes de conocerlo, y no había demasiado coherencia de mi parte al pensar en el antes y el después, ya que ambos eran bastante similares en ciertos aspectos.

Suspiré, levantándome de la silla, y me asomé por la ventana, indispuesta a salir al vestir una blusa azul de tirantes bastante delgada, y un short blanco muy por encima de la rodilla. Si salía así, con Charlie no me la acababa.

Sin más opción que hacer, entré a mi cuarto privado de baño, intentando fingir hacer algo interesante, o bien, pasar horas y horas mirándome en el espejo, saciando de una vez por toda mi gran vanidad. Odiaba decirlo, pero, me había convertido en alguien bastante similar a una Barbie, pero, no me importaba, después de tanto tiempo estaba satisfecha con mi reflejo en el espejo; sabía que no era la más atractiva del Instituto y mucho menos de Forks, sin embargo, aun así… yo era feliz con mi apariencia física, aunque seguía un poco frustrada al no poder tener a los muchachos que eran atractivos ante mis ojos.

Fruncí el ceño, pero no importaba… Al menos no por el momento.

Baje la mirada, buscando algo, sin saber que buscar, resignada, subí la mirada, y entonces vi debajo de mis ojos, una pestaña que se había caído por si sola. Hice una mueca involuntaria, y tomé la larga pestaña entre mi dedo índice y el que se hacía llamar dedo gordo por todas las personas.

Puedes pedir un deseo con tu pestaña; ellas se caen cuando de verdad las necesitas, no las fuerces—decía Alice mientras cocinaba con gran maestría—. Cuando este entre tus dedos, pide el deseo, cúbrela, y… Abajo o arriba—la miré confundida, ella inmediatamente lo notó—Me refiero a que tú vas a elegir entre ambos, y decir en voz alta: Abajo o arriba, y separas los dedos. Por ejemplo, si elegiste arriba, y la pestaña ha quedado arriba, se cumplirá tu deseo, si es lo contrario… Dilo, si no se dificultará aquello…

Un deseo…

Me mire al espejo por un momento, y totalmente decidida, miré a la pestaña, cubriéndola totalmente, cerré por un momento mis ojos, y los abrí.

—Abajo—Dije decidida, harta de decir: "Arriba", solo por obligación de creencias, total, si no funcionaba, no había nada que temer.

Separe los dedos, y mi mirada se dirigió hacia arriba, pero no había nada, fruncí el ceño sin creerme el cuento que se me cumpliría mi deseo. Posee la mirada en el dedo que había quedado abajo, y tampoco había nada a primera vista.

—Genial, la porquería se cayó.

Bufé un poco furiosa, y estaba a punto de hablar hasta que contemple en mi dedo gordo (el que había quedado abajo) mi pestaña.

& no pude evitar sonreír.

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—La prehistoria...—en aquellos momentos desee que me tragará la tierra, todas las miradas se fueron hacia mí, incluyendo la del profesor. Era detestable llegar tarde, y sin el centro de atención, el profesor Farrés se me quedo mirando por un largo rato; estaba cuestionándose cuál sería mi condena, pensé—. Pase, al terminar la clase, quédese un momento.

Asentí sin más remedio, tragando en seco, sentándome con alivio en mi asiento.

—Vaya, la chica malota—habló una voz muy conocida. Damon.

—Cierra la boca—ordené, frunciendo el ceño. Hoy no era mi vida, quizá porque estaba en los días indeseados del mes.

—No descargues tus días fértiles conmigo—se burló, mirándome divertido.

Le saqué la lengua, un poco molesta, y fijé toda mi atención hacia la clase del señor Farrés. Sin embargo, no fue tan fácil poder silenciar las bromas de Damon, que me sacaban más de una carcajada, y una mirada reprobatoria del señor Farrés. Iban más de seis veces, y a la séptima.

—Damon, tú también quédate al final de la clase—Damon tan solo sonrío, y asintió.

Sin embargo, no se silenció, pero esta vez fue un poco más discreto, y yo silenciaba mis risas, mordiéndome el labio inferior.

Al concluir la clase, casi arrastrando los pies, me acerqué con lentitud al escritorio del señor Farrés, con Damon a mi lado, quién más que nada parecía muy confiado de sí mismo, sin embargo, podía jurar que había cierta tensión en la habitación por otro motivo muy opuesto al de nuestro castigo.

Sentía repentinamente mi cuerpo demasiado pesado, sin embargo, lo ignoré y le resté importancia al asunto, solo era un castigo más, y estaba completamente segura que nada era más peor que vestirse como la mascota del equipo de Fútbol americano de la escuela. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al recordar aquella escena, había sido mi último castigo del segundo año, y el peor de mi vida.

—Bien, debido a su conducta—miró a Damon, para después añadir mirándome a mí—y a su impuntualidad, me veo obligado a darles un castigo debido al incumplimiento de las normas...

—Nadie le está obligando, profesor—miré a Damon con los ojos hechos platos, haciéndole entender, que lo mejor que podía hacer era callarse, pero él tan solo me guiñó el ojo—Al menos, no veo a alguien detrás de usted apuntándolo con un rifle, o cosas por el estilo.

Mi sentencia, ahora sí estaba a punto de recibir el peor castigo de la historia.

—Señor Salvatore… No sea impertinente, que su conducta ha perjudicado un poco más a la señorita Swan—el profesor nos miró severamente, yo solamente baje la mirada avergonzada.

Estaba totalmente dispuesta a fingir ser una persona que no mataba ni una mosca con tal de no recibir más de cien golpes con el maldito balón. Cualquier castigo estaría bien, menos ese.

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Tercera persona:

Los boletos de avión que decían con claridad su nuevo destino: "Forks", su mano pálida como el mármol se aferraban a ellos; era el camino para su felicidad, para el inicio de una nueva vida, dejando todo atrás, ignorando las reglas… No importaba, no era el momento para detenerse a pensar en el tiempo que no pasaría con su pareja. No importaba, porque ambos eran inmortales, sin embargo… Ella, ella… no lo era… No viviría eternamente, y al menos, quería llevarse el recuerdo de todos sus años...

—A todos los pasajeros con destino a Forks, Washington...—se paró decidida de su asiento, sin tocarse el corazón para mirar atrás.

Debía de hacerlo… Era necesario.

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—Cierra la boca—dijo Isabella harta ya de escuchar las quejas de Damon, caminaba rápido, intentando deshacerse de él, sin embargo, él llevaba a la perfección su paso, sin hacer ningún esfuerzo.

—Lo has dicho más de dos veces esta mañana, ¿tú primer record?—bromeó Damon, ganándose una mirada fulminadora por parte de la castaña—Isabella, ¿qué te pasa?—preguntó frenándose en seco.

Ella, se giró a verle, furiosa.

—Me pasa qué he de quedarme después de clases todo la maldita semana, ¿es que tú amas la escuela como para soportarla después de horas laborales?—reclamó.

Damon solo se encogió de hombros, haciendo que Isabella gritará de enojo.

— ¡Se maduró, Damon; no vamos a asistir a clases y aun así…!—No pudo decir más, porque en ese momento Damon la cargó en su hombro, provocando que comenzará a patalear, intentando liberarse—Bájame… ¡Bájame, carajo! ¡QUE ME BAJES TE HE DICHO!

Damon ignoró sus quejas, y comenzó a caminar hacia el estacionamiento.

—Me secuestran, ¡auxilio!—comenzaba a gritar Isabella, y Damon solo reía.

Todo estaba vacío, solamente ellos dos. O al menos eso parecía…

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Odiaba la idea de estar encerrada en algo que parecía ser metálico, alrededor de tantas personas, con distintos olores… El espacio de la primera clase, seguía siendo insatisfactorio, pero prefirió callar, y fingir estar en un sueño profundo, no tenía ganas de hablar con ninguna azafata, ni de coquetear con las personas del alrededor…

Solo deseaba fingir ser un humano normal, como cualquier otro.

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Narrador, desconocido:

Dicen que el destino se forja conforme las decisiones que tomas, que las líneas de la mano pueden cambiar… que los sueños se pueden volver realidad… Todo en éste mundo es probable, pero es una completa mentira. Dicen que la inmortalidad es solo un mito, y que si existe, la ciencia tardaría en perfeccionarla años luz, pero… la realidad es qué… la naturaleza fue quién la creo.

La que nos creó a todos nosotros.

O quizás ni si quiera fue ella quién nos dio a luz, condenándonos a la penumbra de la noche…

Antes hubiese dicho que mi único deseo era acabar con mi vida, sin embargo, no tenía el valor suficiente para hacerlo… Ahora… Ahora, había encontrado mi razón por la cual levantarme todas las mañanas, y fingir ser humano.


Aquí estoy otra vez, con un nuevo capítulo que... más que nada fue relleno o_o

Pero, era necesario ponerlo... mi mente me pone trabas siempre .

Espero que lo disfruten, y preguntad, no se queden con la duda, que ya estoy más o menos las 24 horas aquí en FF ^^