IV. Complejos
La tensión en el silencio que seguía creciendo entre ellos incomodaba de gran manera a Eren. No paraba de pensar en lo que había hecho, aunque eso no significaba que se arrepentía de sus actos. No era culpa suya que las maneras de hacer las cosas entre él y Levi fueran diferentes. Levi debía entender que él no era un mocoso de diez años inútil, porque inútil él no tenía para nada. Él quería ayudar, por lo que aceptar la invitación y recorrer ese extraño lugar de reunión le pareció buena idea, ya que así podría intentar ver u oír algo que fuera útil.
Realmente Levi era un idiota si pensaba que él, Eren Yeager, se iba a quedar calmado como buen niño esperando a que todo se solucionara por su cuenta mientras los demás hacían todo por él.
—¿Y ahora qué? —Eren finalmente decidió dejar atrás esa tensión entre ellos—. Deberías entender que no tengo diez años ni dejaré que todo siga normal después de que estoy involucrado en esto.
Levi, quien siguió caminando aun cuando Eren se detuvo para hablar, ahora se detuvo para girar hacia el menor y clavar su mirada en los ojos claros del menor.
—Y si tuvieras cuarenta años no volvería a dejarte solo. No mientras ese cerebro de mierda tuyo no funcione adecuadamente —chasqueó la lengua y siguió caminando.
—¡Quiero ayudar! No me puedo quedar tranquilo. Me has dicho que mi padre está en esto, ¿tú te quedarías tranquilo, siguiendo tu vida diaria si supieras que tu padre anda en porquerías de baja clase? Quizá no te conozco mucho, pero puedo apostar mi cerebro a que no te quedarías quieto. A mi me pasa lo mismo. Quiero ayudar. Soy el hijo del hombre que investigan y estoy de tu lado, ¿sirve de algo? Tan solo dime qué puedo hacer para ayudar y podremos estar bien.
Eren admitía que Levi lo intimidaba con su seriedad, esa actitud fría como si nada pudiera pasar más allá de la primera capa y su habilidad para hacer todo bien. Por meses llevaba engañando a un grupo de miserables que se creían superior a los humanos; nadie sospechaba de él, al contrario, lo veían como una persona ideal debido a su poco tacto con los sentimientos humanos, Eren lo había notado cuando las personas hablaban de él.
Por su parte, el menor respetaba a Levi y tenía un poco de admiración por él. No lo admitiría en voz alta jamás, pero no estaba malo asumirlo para sí mismo.
Vio como una vez más Levi volvió a detenerse y caminó hasta él, colocando su dedo indice en la sien del menor.
—Deberías grabar en este maldito cerebro tuyo que parece no trabajar bien que podría haber sido una trampa. Eres un Yeager, y estoy seguro que más de uno lo notó. No son tan idiotas, mocoso. Si ellos quieren matarte lo harán. Grisha debe haber dicho algo para protegerte a ti y a tu familia, por eso siguen vivo ahora. Porque si no lo has notado, la mayoría de esos miembros son gente solitaria. Sin familia ni amigos de verdad. No tienen nada más que su orgullo y enfermiza manera de pensar.
—He pasado toda mi vida en peleas, en el peligro. Ellos no me matarían en la primera ocasión, no me dejaría detener tan fácilmente. Puede sonar egocéntrico, pero la gente no debería subestimar tan rápido. Lo reconozco, no soy tan experto como tú o Hanji, pero si me enseñan puedo llegar a igualar tu nivel o el de ella. Quiero ayudar, Levi. Déjame ayudar, aunque sea solo una vez. Te demostraré que no soy tan mocoso idiota como dices.
Levi apartó su dedo y con su mano agarró a Eren por el cuello de su chaqueta.
—No estamos hablando de peleas de niños. No estamos tratando con mocosos de tu edad. ¿De qué sirve que estés malditamente muerto? ¿Ayudaría en algo tu muerte? Eren, escúchame una maldita vez, deja de ser tan imparable y escucha a lo que los demás tienen que decir, mocoso—. Levi se aseguró de hacer contacto con sus ojos, para dejar sus palabras bien grabadas en la memoria de Eren—. Ellos no te van a matar en la primera cita. Ellos te van a sonreír muy amablemente como las víboras que son, van a buscar lo que te haga más débil y, déjame aclarar, que en estos días que he pasado contigo, ya sé que te hace débil, Eren. Los demás te hacen débil. Tu motivación para seguirme y querer ayudarnos va porque quieres, de alguna forma, salvar a tu padre y, de paso, evitar que la gente siga sufriendo. Así que, por si no lo has entendido, ellos irán primero por la gente que amas y de ahí te destruirán. Dime, Eren, ¿prefieres morir tú o que mueran los demás por ti?
Los ojos de Eren se oscurecieron y dieron paso a una mirada que mostraba firmeza, enojo y una explosión de una nueva persona.
—Nadie va morir por mi, Levi. Yo los asesinaré primero.
Acercó más a Eren y profundizo en su mirada, como si con eso pudiera leer más a fondo al menor.
Las palabras tan serias y decididas de Eren tomaron por sorpresa a Levi, quien con su silencio se lo dio a entender a Eren. Al parecer tener a Eren pegado a sus días no iba a ser una molestia después de todo. Esas actitud firme y fiel a sus ideales le agradaba bastante.
—Me parece bien —soltó al castaño pero no despegó su mirada—. Entonces, Eren, escucha mis ordenes. Si quieres asesinarlos primeros, vas a tener que confiar en lo que te diga.
—¿Y tú vas a confiar en mi? —Eren alzó una ceja, siguiendo en su momento de valor.
—Ya veremos, Eren. Por ahora lo que importa que no te hagas notar. Nadie quiere tener que lidiar con un mocoso herido.
—Hablas como si te importara lo que me pasara.
Levi suspiró y se obligó a mantener la mirada nueva de Eren.
—Por supuesto que me importa, mocoso. ¿O crees que estoy a tu lado porque me encanta hacer lo que no quiero?
Antes de que Eren pudiera responder el mayor siguió su camino.
Desde esa reunión ya habían pasado dos días, los cuales fueron más relajados al lado de Levi. Al parecer el pequeño encuentro entre ellos en esa noche camino a casa mejoró la relación entre ellos.
Gracias a eso ahora tenía su primer objetivo para cumplir. De principió pensó que era una tarea algo fácil: entrar, buscar, salir. Sencillo si lo pensabas a la ligera, pero si comenzabas a conectar todo lo que habías visto, el resultado era una tarea más compleja.
Primero había tenido que pasar todo el día en casa, observando a su padre y los lugares de la casa que él visitaba. No lo estaba vigilando porque su padre fuera a volverse loco y lo matara mientras durmiera por andar metido en sus negocios, sino porque tenía que descubrir donde dejaba la llave que abría la cerradura de la pequeña habitación que su padre usaba como su espacio personal.
A Eren le parecía gracioso que a pesar de llevar tantos años viviendo con él, no supiera donde su padre guardaba una llave.
—¿Ocurre algo, Eren? —su madre preguntó sentándose a su lado—. Pareces derrotado.
Eren asintió y acostó su cabeza en las piernas de su madre, esperando que ella lo animara.
Ya había pasado un día y seguía sin saber donde podría estar esa llave. Algo en él le decía que esa llave no estaba junto a su padre, sino que debía andar en alguna parte de la casa, aparentando no tener importancia.
Sintió como su madre acariciaba su cabello con la delicadeza y amor que solo una madre puede dar.
Llave, llave... ¿Dónde dejaría la llave? Ya intenté con las que estaban colgadas en la pared, ninguna sirvió. Algo estoy pasando por alto...
Cerró los ojos, comenzó a relajarse y junto a ello a relajarse.
Había ocurrido no más allá de dos meses. Quería abrir un candado y para eso intentó con todas las llaves que encontrara, esperando con suerte encontrar una que sirviera para lo que él quería. Buscó en todos los lugares que podía para juntar todas las llaves posibles y, en una de sus búsquedas, encontró una bajo una pila de libros en la habitación de su madre.
A lo mejor la llave quedó ahí porque nadie la recogió y su madre sin darse cuenta dejó los libros encima. O por otro lado, fue su padre quien lo hizo.
Se levantó de las piernas de su madre, sintiéndose más animado. ¡Sabía que podía hacerlo! No iba a fallar en algo tan básico. Le demostraría a Levi que él no era un estorbo, le demostraría que podía hacer bien las cosas.
Corrió escaleras arriba hasta llegar a la habitación que pertenecía a sus padres. Movió el pomo y la puerta se abrió ante él. Eren sin perder más tiempo entró y buscó con la mirada la pila de libros, la cual encontró contra la pared del fondo, al lado de un mueble de madera barnizada con un televisor encima. Tomó los libros y los dejó a un lado.
Sentir la llave entre sus dedos fue una de las mejores sensaciones de victoria momentánea que sintió en el día.
Dejó todo en su lugar y salió con una sonrisa en sus labios, con dirección hacia la habitación que estaba al lado. Metió la llave en la cerradura y la giró impaciente, manteniendo la esperanza de que se abriría.
Y se abrió.
Entró y se aseguró de cerrar la puerta detrás de él. A pesar de que todavía no oscurecía, la habitación estaba oscura en comparación al resto de la casa. Una ventana tapada con una cortina roja, un estante no muy alto con libros favoritos de su padre, junto a la pared de la izquierda se pegaba un escritorio con una lámpara sobre él. Se acercó hasta el escritorio y tiró del primer cajón derecho; se abrió sin dificultad y Eren encontró un cuaderno forrado. Lo revisó con cuidado pero en él no había nada relevante. Volvió a dejarlo en su lugar para abrir el cajón inferior. A diferencia del anterior, este no abrió, algo lo estaba trabando. Decidió dejarlo para después y pasó al lado izquierdo, donde solo una puerta de madera con una cerradura. No necesitó probar la llave para saber que no lograría abrir. Por la cerradura Eren notó que necesitaba una llave antigua.
Caminó hasta el estante para revisar que no hubiera ningún papel oculto entre los libros o detrás de ellos. Revisar detrás le podía tomar unos minutos, así que optó por empezar a buscar.
La primera hilera de libros no tenía nada. Limpio. En cambio, en la mitad de la segunda logró ver detrás documentos doblados a la mitad. Y junto a la suficiencia llegó el miedo de ser descubierto.
—¡Eren! Te he dicho que aquí no puedes entrar —con maletín en mano Grisha habló a su hijo desde el umbral.
—Padre... Lo siento. Pero sabes que soy curioso y desde pequeño me has dicho que no debo entrar —Eren intentó usar su curiosidad como excusa.
—Y por años has obedecido. ¿Por qué ahora? —el padre de Eren observó todo en la habitación, buscando cualquier diferencia.
—Quería ver tus libros —el castaño señaló hacia los libros—. Buscaba algo para leer. Y pensé que podría encontrar algo entre tu colección.
—Tus orejas están rojas, Eren. Estás mintiendo.
—¿Puedes verlas desde ahí?
—Eren, te conozco. No puedes mentirme.
—¡No volveré a entrar! Lo siento. No debí ser tan curioso ni lector —intentó soltar una risa despreocupada.
Salió de ahí apresurado y frustrado. Estaba tan cerca de lo quería que ni siquiera se preocupo en estar atento a las pisadas que se acercaban.
Fue hasta su habitación y se tiró en la cama boca abajo, ocultando su cara en la almohada. Ahora tenía que contarle a Levi que tuvo un 90% de fracaso. El otro 10% era para 'cumplido' porque, por lo menos, logró encontrar documentos. Quitó su cara de la almohada y se sentó, buscó en su pantalón el celular, desbloqueó la pantalla, fue a mensajes y puso el número de Levi en destinatario.
"Hay algo. Llegó mi padre y me encontró."
A los dos minutos su celular vibró por un mensaje nuevo.
"¿Qué le has dicho?"
"Quería leer. Tenía curiosidad."
"Mal mentiroso."
"Quiero ir contigo hoy."
"No."
"Sabes que iré."
"Maldito niño. A las 21:00 PM en mi casa."
"Ahí estaré."
20:10 PM y Eren se levantó de su cama molesto con él mismo. Se quedó dormido y ahora despertaba con poco tiempo para bañarse, comer y llegar hasta la casa de Levi.
Agarró ropa de su closet y a paso rápido se fue hasta el baño, del cual salía su madre con el cabello negro húmedo cayendo sobre su pecho.
—¿Hoy sales con mi padre, verdad? —preguntó Eren para confirmar.
—Sí. ¿Te quedarás con Mikasa?
Eren negó y entró al baño.
El reloj anunciaba las 20:30 PM cuando Eren terminó de vestirse. Bajó los escalones de dos en dos y caminó hasta la cocina, abrió el refrigerador y sacó una manzana roja, la lavó y salió de su casa para llegar al encuentro con Levi.
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Llegó cinco minutos antes a la casa de Levi y diez minutos antes a la reunión junto a Levi.
El lugar seguía tal como lo recordaba, pero aun así Eren no podía evitar sentir que algo estaba distinto. Quizá era la gente nueva que vio a su al rededor. Nadie de ahí le gustaba.
—Cambia esa expresión. —Levi lo detuvo. —Pareces como si estuvieras mirando un montón de mierda.
—Mmm. —¿Y cuál es la diferencia?, quiso Eren exigir pero prefirió guardar silencio para no correr el riesgo de que alguien lo escuchara.
Pensó en un recuerdo de agrado para él, haciendo que una pequeña sonrisa se formara.
Estuvieron dando vueltas y hablando con gente por más de veinte minutos antes de que tres sujetos se acercan a ellos con una mal fingida sonrisa.
—Hey, Levi. Tanto tiempo sin verte, amigo. Wow, —la mirada del tipo con gafas se fue a Eren— tienes compañía. Has roto mi creencia de que todo lo haces solo.
El de las gafas tomó a Eren con brusquedad del mentón y se acercó a observarlo.
—Tiene un gran parecido a Grisha —el hombre acortó más la distancia para seguir inspeccionando cada detalle en Eren.
El menor tenía una gran urgencia de escupir en el rostro y apartarse de ahí, pero siguió firme en su lugar, desafiando a que siguiera observando. Pronto sería él quien tuviera el control de la situación.
Levi apartó al hombre de Eren y se colocó delante de él.
—¿Y? —poca amistad había en la voz de Levi—. ¿Te interesa?
—Nos interesa —respondió el hombre rubio de cabello hasta los hombros—. Grisha ha dicho que nadie de su familia sabe de esto. Lo que me lleva a preguntar qué hace su hijo aquí. ¿Podrías responder, Levi?
—Conecta esas mugrientas neuronas que flotan dentro de tu cráneo y averígualo.
Los tres rieron sin ninguna gracia en sus voces. Claramente Levi había herido el orgullo de esos tipos con su comentario.
—Nunca hemos confiado en ti, Levi. Los demás pueden adorarte pero nosotros no. Esa seriedad, lo solitario que eres. Tanto interés en todo... Ay, Levi, ¿qué planeas? —volvió a hablar el de gafas.
—No debemos tratar así a tan buen miembro, idiota. Yo digo que pongamos a prueba su lealtad —el tercer hombre, más bajo que los otros dos y con el cabello rapado a los lados, sacó un encendedor del bolsillo de su camisa, movió una diminuta pieza metálica para hacer la llama más alta e hizo aparecer la llama—. Yo digo que uses esto en ese chico para que nos quede claro que estás con nosotros y no con él.
—Este mocoso no es una amenaza —Levi miro sobre el hombro hacia Eren—. No hay de qué preocuparse.
—Es el hijo de Grisha. Su presencia atrae la atención, y que esté contigo aun más.
—¿Te sientes amenazado por un adolescente como yo, maldito? —Eren apareció por un lado de Levi, con desprecio en sus ojos hacia esos tres imbéciles.
—El pequeñito puede hablar. ¿Qué harás? ¿Me acusarás a mamá? ¿Llorarás a papá? —el rubio se burló, aumentando el desprecio de Eren.
El acompañante de Levi se dispuso a dar un paso adelante y golpear a ese maldito tipo, pero Levi colocó un brazo delante de él, dando a entender que no dejaría que se acercara más a ellos.
—¿Por qué tanto esfuerzo en proteger a ese niño, eh, Levi? —el tercero inquirió.
No tenía otra opción. Prefería los golpes a quemar.
Con el codo golpeó en el estomago a Eren, provocando que se doblara. Llevó su puño a la mejilla de Eren y dejó caer unos cuantos golpes más en el menor.
—¿Puedes llamar a eso proteger? No me interesa si este mocoso se rasguña o pierde algo de sangre. Tan sólo no quiero dejarlo en esas asquerosas manos.
Los tres se rieron de Eren y elogiaron a Levi por sus golpes antes de irse.
Al siguiente momento Levi sacó a Eren de ese lugar.
Se detuvieron a una distancia considerable para que Eren se apoyara contra una pared y descansara un poco. Con ayuda de Levi logró salir de ese lugar. No se sentía muy bien por los golpes y su mejilla le dolía.
—Si quieres puedo llevarte a un hospital —ofreció Levi.
Eren negó y suspiró.
—¿He arruinado las cosas? —su voz también un poco herida.
—No.
—Hace días me hablaste sobre que me reconocerían si seguía yendo. Y no escuché.
—Espero que aprendas a oír lo que otros dicen.
Eren no respondió y miró hacia otro lado, no quería ver a Levi. En parte se sentía avergonzado por lo ocurrido. Sentía que estaba arruinando todo con su presencia. Sólo quería ayudar, nada más que eso.
Levi notó el decaimiento en el menor, como sus ojos evitaban encontrarse con él. No quería que Eren evitara mirarlo, no quería que él pensara que estaba siendo un peso negativo. Todavía no conocía bien los motivos, pero estaba encariñándose con el mocoso. Desde que lo tomó por sorpresa supo que algo en Eren se parecía a él y que también algo especial existía en el menor.
—Eren, da igual. Lo que pasó da igual. Puedo fácilmente callar a esos pedazos de imbéciles. Así que no sigas sintiéndote como si hubieras arruinado tanto, ya te lo habría dicho si así fuera. Todavía queda tiempo. Tenemos tiempo para seguir cazando a esos malditos.
—Sí...
—¿Vas a querer que te revisen, Eren? —Levi cambió en parte el tema.
—No. He tenido peores —sonrió con dificultad y se movió de la pared para seguir el camino—. ¿Qué haremos sobre lo que encontré?
—Oh, eso. Vuelve a entrar. O si quieres puedo hacerlo yo.
—Mis padres están la mayor parte del tiempo en casa.
—Tu madre no me conoce.
—De igual forma no. Si mi padre aparece, ahora sí que será peor y no seré yo quien lo arruine una vez más.
Levi soltó lo que parecía una risa y siguió caminando junto a Eren, alejándose aun más de ese lugar que tanto odiaba.
Esta vez hubo conversación entre ellos, se veían más relajados con la compañía del otro. A pesar de que había tenido que golpear al menor, Levi no sentía ningún tipo de resentimiento por parte de Eren, lo cual tranquilizaba.
Sin embargo la tranquilidad no les iba a durar tanto. Sobre todo a Eren.
