V. Amenazas.
Las cicatrices de la golpiza no pasaron desapercibidas por su familia. Por suerte Eren estaba acostumbrado a entrar en peleas callejeras, lo que sirvió como una excusa ante sus padres. Al menos sirvió el primer día.
Cuando ya las marcas empezaban a desaparecer y Eren olvidaba el tema, recibió la visita de su padre a su habitación cuando Carla estaba de visita en casa de sus padres.
Eren estaba acostado sobre su cama recién hecha, con los audífonos negros en sus oídos y la música a un volumen que su madre encontraba inapropiado para su salud. No escuchó cuando la puerta se abrió y Grisha entró, tampoco lo vio acercarse porque tenía sus ojos cerrados y su concentración viajaba en la imaginación de su mente.
La cama se hundió bajo el peso de Grisha y Eren reaccionó. Quitó los audífonos de sus oídos, miró a Grisha esperando que él empezara a hablar porque algo en su mirada le decía que nada bueno saldría de su conversación.
—Has ido —Grisha sonó más como una afirmación que una pregunta.
No dijo nada la primera vez. Su voz se negaba a salir y su cerebro estaba en alerta para reaccionar de manera correcta. Pestañeó seguidamente, nervioso.
Nunca había sido un buen mentiroso. Siempre su cuerpo lo traicionaba y la gente entendía que no estaba siendo honesto.
—Debemos irnos, Eren. Ellos vendrán porque soy un traidor ante sus ojos. Han visto que tú no estás de su lado y creen que eso viene por mi. He intentado arreglar las cosas, pero no creen.
Esta vez Eren reaccionó.
—Y si vienen los enfrentaremos, por supuesto. No correré.
Grisha sonrió cansado por la valentía y testarudez de su hijo. Sabía que la respuesta de Eren sería negativa.
—¿Conoces a Levi? —esta vez Grisha borró la sonrisa y su mirada se puso más serie y afilada.
El menor se sentó en la cama y su pulso se aceleró ante ese nombre.
Mentir, verdad, mentir, verdad. ¿Cuál era su opción? Era solo una pregunta común y corriente, no podía haber una segunda intención detrás de ella, pero los instinto de Eren le comunicaban que su respuesta tenía importancia.
—Sí... —contestó frunciendo el ceño ligeramente—. ¿Por qué?
—¿Qué sabes sobre él?
Espía. Adicto a la limpieza, intimidador. Importante, importante para mí.
Él no sabía mucho sobre Levi quizá, y eso molestó. Llevaba un tiempo con él pero seguía teniendo poca información sobre él. Aunque no es que a su padre le importara cuál era el color favorito de Levi o si prefería los climas fríos o cálidos. Él buscaba una sola palabra.
Y Eren no estaba dispuesto a decirla.
—Él es bajo —respondió con humor, intentando también sonar casual.
Grisha tomó la mano de su hijo y la apretó.
—Necesito que me digas lo que sabes, Eren. Están detrás de él, si somos nosotros quienes lo entregan, estaremos a salvo.
Su primera reacción fue liberarse del agarre de su padre y levantarse abruptamente, con sus ojos abiertos de par en par.
Él debía estar bromeando o muy desesperado. ¿Tan peligrosos eran realmente?. Sintió un nudo en su estomago. No iba a entregar a Levi ni tampoco iba a correr.
—Lo conoces —su padre asumió por la reacción de Eren—. Eso es bueno.
—Él nos va a ayudar. Los tres podemos ser mucho mejores que ellos.
—Estás mal, Eren. Mil contra tres es diferente. Ayúdame, hijo.
Eren negó con la cabeza y tragó con dificultad.
El sol estaba escondido cuando Eren salió de su casa. Su padre se negó a hablarle durante el resto del día y cuando movió su boca fue para decirle que iba a buscar a Carla.
Estaba seguro que si ahora contaba su problema a Armin o Mikasa, ambos estarían de acuerdo en que ayudar a su padre era mucho más importante que mantener a un hombre como Levi a su lado. Pero ellos no entendían que Levi no era cualquier persona para él. Si la situación hubiera sido distinta, seguramente estaría riéndose por su contradicción: él creía que la familia es primero sobre todo. Si había que matar por salvar a quienes querías, él lo haría. Y ahora estaba negándose a ayudar a su padre por culpa de Levi, porque sus sentimientos no querían enfrentarse a la realidad de alejar a Levi.
En esos momentos, mientras cruzaba la calle con luz verde y buscaba en la fuente de la plaza de la ciudad a un hombre más bajo que él y de cabello oscuro corto, sentía que era un egoísta. Y aquello estaba siendo una molestia.
Él no era egoísta, nunca había estado relacionado con esa palabra. Sin embargo ahora seguía luchando contra esa sensación de egoísmo por querer a Levi a su lado y no arriesgar a su padre en el camino. Ese sentimiento de estar siendo egoísta se minimizaba cuando se hacía creer que no quería entregar a Levi porque no quería que otras personas lo dañaran o, mejor dicho, mataran. Aquí todo era fácil: dejar vivir, dejar morir. Y Levi estaba sentenciado a la última si es que decidía estar del lado de su padre.
—Mierda, mierda —pateó una piedra del suelo y apretó los puños—. Malditos.
Se quedó quieto frente a la fuente, con la mirada perdida en el agua frente a él.
El aire libre y la gente paseando de noche se esfumó. De un momento a otro todo lo golpeó fuerte. Comprendió en la situación que estaba y que su elección estaba escrita.
Tenía que ayudar a su padre. Grisha era más importante que Levi, Levi era más importante que Grisha...
Dio media vuelta, dispuesto a volver a casa y dejar a Levi esperando, pero el mayor apareció ante él, haciendo olvidar a Eren quién era más importante.
—Sonaba preocupado por teléfono, Eren —Levi indicó hacia un lugar más apartado en la plaza y Eren lo siguió mientras respondía.
—Ellos saben —un poco de culpabilidad en su voz. Si no hubiera insistido en participar, esto no estaría pasando—. Es tiempo de atacar.
Levi se dejó caer bajo un árbol en el césped, luciendo agotado.
—No haremos nada. Erwin quiere esperar —su cabeza echada hacia atrás y ojos cerrados con hombros tensos que fueron soltándose con lentitud.
Por supuesto que Levi tenía más problemas con la nueva verdad. Quién sabe cuánta gente más estaba infiltrada entre los Titanes y cuanta moriría o cuanta ya sería un traidor para salvar su respiración.
Eren se sentó frente a Levi y no dijo nada por un buen rato porque no sabía qué decir. Él quería luchar, pero nadie parecía querer hacerlo, ni siquiera Levi, lo cual decepcionaba un poco al menor.
—¿Te has dormido? —Levi seguía con sus ojos cerrados, causando la pregunta de Eren.
—Pensando —en ese momento abrió los ojos y miró hacia la gente detrás de su acompañante—. Hay caras conocidas. No mires.
Resultaba divertido que cada vez que alguien decía 'no mires', el impulso de mirar crecía aun más. Y eso estaba siendo la situación de Eren. Tampoco fue necesario mirar y ceder al impulso porque un joven se sentó a su lado y lo abrazó por los hombros, como si fueran viejos amigos.
—Así que este es tu nuevo amigo, eh, Levi —su voz burlona fastidió a Eren, el cual se liberó del tipo y se levantó.
—Piérdete en el Infierno —respondió neutro el mayor, mirando con peligrosos ojos al indeseado visitante.
—Nos perderemos en el Infierno, entonces —sonrió con petulancia.
Después todo pareció pasar en menos de un minuto. Levi y el otro hombre estaban peleando a golpes sin restricciones a causa de unas palabras que sacaron de sus limites a Levi. Entonces se unió otro más en ayuda de su compañero, pero Eren interfirió y agradeció a su estatura, a los matones con los que había peleado antes y a las lecciones de Mikasa sobre pelea.
Para el final había terminado con un labio roto y moretones por su cuerpo, pero estaba vivo y no se sentía tan mal, todavía.
El piso frío y duro de la habitación de Levi no molestaba en lo absoluto a Eren. Estar estirado sobre el limpio piso parecía ser más cómodo que estar sobre una cama, además Levi tampoco lo había dejado acostarse sobre su cama con la ropa sucia y zapatos puestos.
Estaba solo y desde donde se encontraba no podía escuchar el sonido de la ducha que Levi estaba tomando en el piso de abajo. Llevaba más de quince minutos bajo el agua.
Necesitaba que Levi saliera pronto, no quería estar solo. Estar solo significaba pensar y no quería pensar. Todo se estaba nublando en su mente con cada segundo que pasaba en silencio.
—¿Estás bien? —Levi entró a la habitación ya vestido y su cabello todavía húmedo resaltaba su rostro.
—Todavía me duele un poco, pero estaré bien. He tenido peores —siguió con la mirada hacia el cielo de la habitación—. Gracias por la ayuda —se obligó a decir sobre la atención que Levi dio una vez que llegaron a casa.
Dolía un poco en sus sentimientos pensar que Levi realmente se preocupaba por él teniendo en cuenta que hace pocas horas pensaba en darle la espalda.
Maldita sea... ¿Por qué importaba tanto Levi ahora? Él ni siquiera era amable ni respetuoso. Lo trataba a malas palabras, era bruto y lo obligaba a limpiar como si no hubiera mañana. En un comienzo no lo aceptaba cerca de él por más que Eren intentara acercarse.
Pero él se preocupa por mi y es buena persona que ha vivido cosas malas. Él tiene su peculiar manera de demostrar afecto y tratar a la gente.
—¿Qué hora es? —buscó algún reloj en las paredes pero no encontró.
—Serán las diez con quince.
La respuesta de Levi lo hizo levantarse y sentir el dolor en su cuerpo por tal abrupta acción. Ahora estaba muerto. Cuando llegara a casa su madre lo regañaría hasta dejarlo sin oreja. Había dejado una nota para sus padres, pero aquello fue hace ya horas.
—Debo irme —caminó hasta la puerta— Si mis padres ya llegaron, nada lindo me espera en casa.
—Espera, iré contigo.
Eren asintió y esperó a Levi apoyado contra la puerta.
—¿Dónde están tus padres? Ya es tarde —el mayor subió unos escalones en la casa de Eren e intentó observar algo del segundo piso—. No parece haber movimiento arriba.
—Deberían estar aquí... El auto de mi padre está afuera —no necesitaba ocultar su preocupación en su voz. Algo andaba mal.
—Iré a revisar arriba —Levi subió silenciosamente hasta el segundo piso dejando a Eren revisar el primer piso.
El menor inhaló aire y deseó que nada malo ocurriera, no quería más problemas en su vida. Pero nada resultaba bien para él porque en el momento en que pasó hacia la cocina encontró un macabro regalo en la mesa de la cocina.
Sobre el mantel manchas rojas perturbaban el patrón del diseño. Sobre un pedazo de diario estaba parte de un dedo con un anillo puesto para hacer más perturbadora la situación. Eren reconoció el esmalte pastel que su madre usaba y el anillo de matrimonio de sus padres.
Ya sabía donde estaban sus padres. Estaban con ellos.
Quedó quieto mirando, sin voz ni respiración. Tan sólo se mantuvo ahí, esperando que algo lo sacara de su momento. Ni siquiera notó la nota hasta que Levi la leyó para él momentos después.
—Hey, Eren... —lo que fuera a seguir murió en el instante en los labios de Levi, el cual miró hacia la mesa y luego a Eren, tomando a este último del brazo y llevándolo hasta el living.
Al momento en que estuvo lejos de esa vista, su cerebro hizo click y sus ojos comenzaron a humedecerse con lágrimas de frustración y tristeza. Si ya se habían llevado a sus padres y cortado un dedo a su madre, la esperanza de que siguieran vivos o enteros era baja, pero quería aferrarse a su ilusión de que vendrían a por él. Entonces ahí podría estar tranquilo.
Lloró. No le importaba que Levi estuviera mirando o que pensara que era un patético niño llorón, le daba igual lo que Levi pudiera pensar de él ahora. Porque si ahora sus padres estaban lejos era tanto culpa suya como propia. Si su respuesta a la petición de su padre hubiera sido rápido y correcta, todo estaría bien. Levi claramente podía contra ellos, así que no estaría siendo enviado a la muerte.
Su corazón terminó de quebrarse cuando un dudoso brazo lo rodeó y otra mano se aferró a su nuca y hundió su cabeza contra el hombro de Levi.
—Esto ahora es sobre mí, Levi —habló una vez que logró recuperar su cortada voz—. En estos momentos no pienso quedarme quieto y esperar como has dicho. Haré esto solo si es necesario.
—No seas un idiota, Eren. No harás esto solo, así que no hables como un maldito niño sin esperanzas —Levi separó a Eren de él—. Quédate conmigo. Si están buscándote, aquí no es seguro.
Acostado sobre su lado derecho podía ver el reloj digital en el velador: 2:30 AM. Hace dos horas que se acostó después de tener una discusión sobre quien dormiría en la cama. Levi había llevado lo necesario al sillón del primer piso para dormir ahí, pero Eren insistía en que él dormiría ahí. Finalmente Levi optó por llevar a la fuerza a Eren hasta su pieza, lo que consistió en cargarlo escaleras arriba. La diferencia de estatura no importaba si se se trataba de fuerzas, donde Levi ganaba sin duda.
Tomó media hora a Eren quedarse dormido y cuarenta minutos en despertar, así estaba pasando la noche, sólo conseguía dormir a ratos.
Tiró la ropa de la cama hacia atrás y se levantó. Antes de dormir se había bañado tanto por voluntad propia como por orden de Levi y al salir el mayor le prestó una camisa que a él le quedaba grande. Eren hubiera hecho algún comentario divertido sobre Levi teniendo ropa grande para él pero en el momento no tenía más energía que para dar las gracias. También para pensar que ninguno se detuvo para tomar cosas de Eren, simplemente abandonaron la casa de los Yeager sin decir nada. Mañana tendría que volver juntar sus pertenencias.
Abajo todo estaba en silencio. Levi dormía a lo largo del sillón tapado hasta la mitad de su pecho. Eren notó que Levi seguía vestido y, cuando se acercó a mirar mejor, vio que bajo su almohada estaba ocultando algo. No necesitó pensarlo mucho para saber qué era.
—¿Levi? —susurró no atreviéndose a alzar más la voz. Ni siquiera sabía por qué quería despertarlo—. Oye, Levi —movió con cuidado un hombro.
—Mmm... Ve a dormir... —el mayor acomodó su cabeza en la almohada y siguió durmiendo.
—No puedo dormir.
Levi pestañeó un poco antes de abrir bien sus ojos; se notaba cansado.
—¿Y qué quieres que haga? —su voz todavía de una persona dormida.
Eren suspiró. No había nada qué hacer. Quizá Levi lo tomaría de la cabeza y la golpearía contra la pared hasta dejarlo inconsciente, eso sería lo más practico, pero Levi no usaba la violencia innecesaria así que Eren descartó la idea.
—Hace frío —Eren se cruzó de brazos, sintiendo el frío sobre su piel.
Levi se levantó de su improvisada cama y sacó su arma oculta.
—Sube.
Ambos subieron sin causar mucho sonido en las escaleras. Llegaron hasta la habitación de Levi, donde el propietario dijo:
—Al rincón.
—¿Qué?
—Duerme en el rincón.
Eren quedó mirando a Levi unos segundos. ¿Iban a dormir juntos? No es que nunca antes haya dormido con alguien, de hecho, muchas veces había compartido cama con Armin cuando este se quedaba en su casa junto a Mikasa. Sin embargo, la idea de dormir con Levi se le hacía diferente.
Mientras Eren seguía pensando, Levi se acostó en la orilla de la cama y miró hacia Eren.
—¿Vas a dormir parado? Apúrate.
Sin decir nada se subió a la cama y tomó su lugar en el rincón. Ambos quedaban algo juntos porque la cama no estaba echa para que dos personas durmieran juntas. El calor del cuerpo de Eren entregaba tranquilidad a Levi, así sabía que el menor estaba junto a él y no había peligro.
—¿Malos sueños? —preguntó Levi dándose vuelta a su lado izquierdo para poder mirar al menor, quien, a diferencia de Levi, estaba más incomodo con la cercanía y se encontraba de espaldas para evitar tener su rostro tan cerca del mayor.
—Algo parecido. No recuerdo que he soñado, sólo despierto.
—Te acostumbras.
—¿A qué?
—A perder gente. Después de un tiempo te acostumbras. He perdido gente durante toda mi vida.
Esta vez Eren decidió darse vuelta y apoyarse sobre su lado derecho, quedando cara a cara con Levi.
—Debe ser duro. ¿Por eso mantienes una actitud que aleja a la gente?
—Nunca he intentado alejar a la gente, Eren. Y no, no es por eso. A diferencia de ti, no buscaba los problemas, ellos me buscaban a mi. Tuve la infancia perfecta de todo niño hasta los diez, luego me crié con un grupo de ladrones. Eran buena gente, después de todo, atacaban solo a quienes tenían. Tuve que aprender a vivir por mi cuenta, a pesar de que sabía que contaba con protección, pero esa protección también va cayendo a medida que los enemigos aparecían —relataba todo como si fuera un asunto normal—. Si no endurecía mi exterior e interior, estaría muerto. Tanto la gente como los sentimientos me hundirían.
En el fondo de sus ojos Eren vio una capa de dolor bien oculta. Levi se estaba abriendo a él. Y tenía que detener eso, no quería sentirse peor cuando tuviera que alejarse de él. No quería parecer una mala persona.
Pero su boca y cerebro trabajan por separado.
—¿Tus padres murieron?
—No. Me dejaron —su voz todavía neutra—. No fui lo suficiente para ellos.
—Mi madre dice que está contenta con quien soy, quizá si no fuera tan obstinado sería mucho mejor. Pero en fin, soy suficiente para ella.
Levi no respondió.
—Deberíamos dormir —finalmente Eren habló. La mirada fija de Levi sobre él comenzaba a ponerlo en una situación que no estaba siendo del todo de su agrado.
—¿Te irás?
—No, me quedaré —Eren intentó sonreír pero solo una mueca se formó.
—Puedes abrazarme si quieres, pero no te pegues como una asquerosa sanguijuela —comunicó Levi dándose vuelta y dar la espalda a Eren.
Levi a los minutos siguió durmiendo, pero Eren seguía despierto, pensando sobre sus opciones y todo lo que había cambiado su rutina en un solo día. Volvió a dejar unas lágrimas ante la idea de perder a su familia pero intentó recuperarse antes que los sollozos despertaran a Levi.
Puso su mano sobre la cintura de Levi y dejó que el calor junto al cansancio lo llevaran al sueño.
Por otro lado, Levi no estaba tan dormido como Eren creía. Escuchó como el menor seguía llorando y lo dejó ser, no le molestaba escuchar al menor. La vida le había enseñado que la mejor solución era llorar, dejar salir todo lo que ahogaba por dentro. Sintió la mano del menor sobre su cintura y no se molestó, ya estaba acostumbrado a Eren. Incluso sentía cariño por él y se preocupaba bastante aunque nadie parecía notarlo. Veía una parte de él en Eren, algo en el menor le recordaba como era él en su juventud antes de que el mundo se encargara de cambiar su vida.
Y por eso cuando al despertar al día siguiente, encontrar el rincón vacío y frío fue como una puñalada por la espalda.
Eren se había ido. Y no tenía otro significado de que Eren escogió buscar a su padre.
"Se han llevado a Carla. Me han dejado. Si tienes respuesta a mi petición de la mañana, sabes donde buscarme. Cuídate." —Grisha.
—¿Lo buscarás? —preguntó Levi cuando termino de leer.
—No. Me quedaré.
Levi creyó en sus palabras.
