VI. Reflexiones

Sin duda la decisión no fue la más fácil, pero tampoco la con más arrepentimiento.

Mientras dejaba una taza de colorido diseño sobre la mesa donde su padre también tenía un montón de papeles y aparatos eléctricos, Eren volvió a pensar en esa persona de cabello negro y ojos aburridos pero que se podían abrir a un mundo de expresiones. La manera en que el vapor salía del té recién servido y caliente trajo a Eren el recuerdo del poco tiempo que se mantuvo al lado de Levi.

No quería pensar en Levi. No necesitaba sentir una ligera punzada de dolor en la boca su estomago cada vez que ese nombre de cuatro letras aparecía en su mente. Quería dejar de lado la imagen del hombre durmiendo a su lado, viéndose todavía alarmado a pesar de que dormía. No quería tener en mente lo intranquilo que Levi se mostraba en la noche, como si él supiera que una cama vacía lo esperaría a la hora de despertar.

Eren había optado por la mejor opción, por lo menos eso quería creer. Durante la primera noche con su padre, todo había sido caótico en su mente. Desde el momento en que vio a una figurar familiar frente a él hasta ahora que observaba a su padre beber de la taza, de una manera diferente a la que Levi utilizaba.

Desde su huida todo se reducía a Levi.

Podía volver. ¿Y qué diría? Una disculpa sería un golpe en la cara, un perdón sería una patada en el estomago. En la profundidad de sus pensamientos, Eren estaba confiando de que Levi entendería su decisión, pero que eso no cambiaría que Levi siguiera sintiéndose traicionado.

¿Se sentía Levi traicionado? Por segunda vez en el día, Eren volvió a preguntarse la misma pregunta. Estaba entre dos argumentos que podían ser verdaderos.

Levi no estaría de ninguna manera afectado porque un mocoso se ha ido. Lo seguro es que lo único que le importara es que Eren no decidiera soltar su mente y lengua. Claro, a Levi sólo le importaba no arruinar planes de tanto tiempo.

Pero, por otro lado, Eren sentía que Levi sí estaba de alguna manera afectado. No estaba llorando ni desanimado por la partida de Eren; Levi no tenía ese tipo de debilidad. A lo mejor estaría molesto.

Habían creado un pequeño lazo emocional entre ellos sin darse cuenta y Eren al salir de la cama había usado una tijera para cortar el hilo que los unía.

—Te ves agotado, hijo —Grisha sacó a Eren de sus cavilaciones—. ¿Has tenido las horas necesarias para dormir? Oh, las has tenido, verdad. Mejor pregunto si es que has dormido en esas horas.

Eren echó con una mano la silla hacia atrás, se dejó caer pesadamente sobre ella y apoyó sus brazos en la mesa, dejando su mejilla sobre sus antebrazos, en una improvisada almohada para acostar su cabeza sobre la mesa.

—Estoy bien —fue su única débil respuesta.

Las noches eran eternas en un comienzo. Costaba su tiempo lograr apagar todo en su mente, enfocar un fondo negro y dejar que lo parpados se cerraran para dejar su cuerpo y mente descansar. Pero siempre dormía tranquilo el resto de la noche. Hasta que la adrenalina que seguía activa se disipó y recordó lo que había hecho a Levi. Desde entonces sus sueños se basaron en aquel hombre. En su excéntrica personalidad, en como sus ojos no se despegaban de Eren. Y, para dar un toque final a la situación, el final de sus sueños siempre dejaba un vacío en Eren al despertar.

Quería volver a sus sueños estúpidos y a sus litros de baba que dejaba ir mientras dormía. Necesitaba la tranquilidad que el verdadero hogar podía dar.

Odiaba el pequeño departamento que su padre usaba como escondite. No quería seguir ahí, él quería volver a casa, llegar a casa y ver que todo estaba normal. Su madre estaría esperándolo, preocupada y molesta, lo regañaría por llegar tarde -seguramente por andar donde Levi sin mirar la hora-, entonces ella le diría lo mucho que duele la idea de que algo malo pasara a su pequeño ángel. Y, joder, ahora dolía mucho la idea de pensar que algo malo estuviera pasando a la mejor mujer en su mundo.

—Puedes tomar una siesta si quieres —habló su padre—. Yo seguiré repasando estos documentos.

—¿De qué sirve leer tanto? No encontrarás ahí la solución para saber la ubicación de mi madre. Ni menos cómo traerla con nosotros.

Los dedos en el papel usado se apretaron y la cara de Grisha Yeager se tensó.

Eren leyó la expresión corporal de su padre, leyó todo lo visible. Conocía esos gestos, esos movimientos. Eran los mismos que su padre, involuntariamente, hacía cuando alguien hablaba sobre un tema que su padre conocía pero no quería tocar y prefería pretender que no tenía información al respecto.

—Sabes donde está —Eren se incorporó, enfadado—. ¡Lo sabes! Oh, por supuesto que lo sabes. ¡Has estado con ellos quién sabe por cuánto tiempo! ¿Por qué no me habías dicho?

—Eres muy joven para entender lo complicado de la situación, Eren. No necesito que te pongas en medio del camino, ni tampoco necesito perderte ahora —la voz calmada de su padre no hacía más que aumentar el enfado en Eren.

—No soy idiota. ¡Puedo con esto! —apretó su mandíbula. Odiaba ser subestimado. Tenía en claro conocimiento que no tenía habilidades relucientes, no podía ser comparado a la fuerza de Mikasa, la inteligencia de Armin, el control de las emociones como Levi, pero ellos quedaban atrás cuando se trataba de voluntad, perseverar. Él sabía seguir adelante, conseguir sus metas, conocía como superar obstáculos y no perder ese espíritu de guerrero. Con aquello podía seguir el nivel de Mikasa, Armin. Levi. De la mayoría.

—¡Eren! Vuelve aquí. ¡Te necesito! —gritó su padre mientras Eren abandonaba molesto la cocina.

Se detuvo en la salida sólo para espetar sus palabras, no para quedarse.

—¿¡Necesitarme!? ¿Para qué? ¿Para que pueda contarte todo lo que sé gracias a Levi? No lo haré. He venido aquí para estar contigo, porque creí que te importaba encontrar a mi madre. Sé que quieres a madre de vuelta, pero estás lento. Estás asustado. Y, ni una mierda, no vengas con que me necesitas. ¿No te has detenido a pensar que Mikasa pasaba más tiempo en casa que tú? Siempre afuera por asuntos médicos. Te has perdido la mitad de los hechos importantes en mi vida. ¿Te importa que yo te necesite? Mi madre es quien me necesita ahora. Es ella quien siempre me ha necesitado, aunque me comportara como el mayor idiota de hijo. Así que no me quedaré. No quiero quedarme contigo. Te quiero, pero he encontrado más apoyo en un desconocido que nunca ha sido padre que en ti —un nudo se formó en su garganta, atrapando sus palabras. Se estaba haciendo difícil hablar—. Seré la primera persona que abrazará a mamá. Si tengo que cortar la garganta de cada persona que intente detenerme para llegar a ella, lo haré. Lo haré.

No había tiempo para oír la voz de su padre o ver su expresión dolida. Si volvía hacia atrás, no encontraría avance. Siguió su camino hasta llegar a la calle frente a su casa, deteniéndose en medio de un clima templado.

¿Y ahora qué? Ya no podía volver atrás. No podía volver a su padre, no podía volver a Levi. ¿Mikasa, Armin? ¿Jean?

Mikasa entraría en un estado de preocupación de niveles insospechados. Tendría que contar toda la historia desde un principio, y no sentía las ganas de hablar. Confiaba plenamente en su amiga, pero no tenía las fuerzas para buscarla.

Armin era su mejor amigo, casi un hermano. Y, una vez más, no quería hablar. No necesitaba que palabras con sentido y bastante honestas llegaran a sus oídos.

No necesitaba decirle la verdad a Jean, aunque podía hacerlo si él quería. No tenía la mejor relación con Jean, pero siempre se habían cuidado las espaldas si era necesario. Podía ir donde él y pedirle quedarse unos días. No. Definitivamente Jean no.

Se sentó en la orilla de la vereda, mirando como en ocasiones los autos pasaban frente a él.

Los tiempos cambiaban tan rápido, y cada vez que lo hacían, grietas aparecían en las murallas que protegían el mundo de Eren.


Pasó una vez más el trapero por un suelo ya brillante, necesitaba que estuviera perfecto. Tenía que tener el control sobre cualquier cosa, incluso en algo tan básico como la limpieza, aunque no fuera una "cosa". Si no podía mantener el control sobre un crío, entonces no podía dejarse perder el control de sí mismo.

Era muy raro que perdiera el control sobre sí mismo, de hecho, ni siquiera ahora lo estaba perdiendo. Tan sólo necesitaba mantener su mente ocupada en algún otro tema. El nombre de Eren sonaba en las bocas de todos desde que el secuestro de su madre se hizo público entre los agentes.

Hanji había llegado a la hora del almuerzo, preocupada tanto por lo que eso podía cambiar las cosas en los planes y por el estado emocional de Eren. Y luego, a muy pesar de Levi, Hanji también terminó preocupándose del estado emocional de Levi.

—Estás siendo más neurótico y violento que de costumbre —Hanji habló desde su lugar en el sillón—. Intento suponer que estás así porque tener a una persona inocente en el bando enemigo te preocupa. Aunque —Hanji parecía un poco sorprendida y divertida— también quiero creer que estás así por Eren.

Levi no se detuvo de su limpieza, siguió adelante, dejando pasar la molesta voz de Hanji. Cada vez que la mujer empezaba con sus preguntas, Levi se preguntaba cómo había conseguido pasar tantos años al lado de ella sin apuñalarla en alguna conversación. Hanji no era su persona favorita en el mundo, pero tampoco la detestaba. Sólo odiaba lo ruidoso y, claramente, Hanji no podía ser relacionada al silencio.

—Oh, vamos, Levi. ¡Di algo! Has estado muy callado. Tan sólo me has mandado al Infierno y dicho que no te importa si Eren anda metido el problemas, mientras mantenga su boca cerrada.

—No tengo nada más que decir.

Hanji decidió conceder el silencio que Levi tanto quería. Uso ese tiempo para analizar a la persona que tenía en movimiento frente a sus ojos.

Levi entraba en la categoría de misterio, clean-freak, neurótico y violento. Era misterioso porque nunca podías averiguar que pasaba por su mente, podías jurar que él estaba buscando la mejor manera de asesinarte pero resultaba en que él estaba viendo como hacerte sentir cómoda en su presencia. Levi carecía de habilidades sociales. Y, con su poca habilidad, parecía tener buena comunicación con Eren, por lo poco que había logrado ver en su tiempo con ellos. No era necesario hablar del problema obsesivo-compulsivo que Levi tenía con la limpieza, pero no lo podía culpar. Nadie le dice a su ADN que problemas traer. Neurótico y violento, Levi tenía justificación para ambos. Todos conocían parte de la historia pasada de Levi, siendo criado en un ambiente que no era particularmente de amor y cariño.

Levi no era una persona maravillosa. Por eso Hanji se notaba curiosa investigando a Eren, porque el muchacho a pesar de conocer los defectos y virtudes de Levi, Eren seguía creyendo en él y sus ojos brillaban cada vez que Levi era su paisaje.

El celular de Hanji sonó en su máximo volumen, una canción del gusto de Hanji que sacó un sonido molesto de Levi.

La mujer miró la pantalla de su celular y no dudó en contestar. Mientras hablaba sus ojos miraban al hombre.

—¡Hola! —contestó animada.

—Hanji-san, eh... Me preguntaba si podía encontrarme contigo —Eren no sonaba tan animado como ella.

—Por supuesto. ¿Dónde y a qué hora?

—En el exterior de la biblioteca donde nos conocimos. Si puede, me gustaría que fuera ahora, pero puedo esperar.

—¡Entendido! Nos vemos.

Hanji se despidió de Levi, quien no mostró interés en saber con quien hablaba la mujer frente a ella, pero una vez que se encontró solo, esperó que esa persona fuera Eren.


En los escalones que daban a la biblioteca Eren estaba sentado, con una mujer a su lado. Hanji se había demorado en llegar, excusándose que desde la casa de Levi tuvo que pasar a otra parte, por lo cual Eren estaba agradecido. La mujer llegó con una bolsa de papel de un centro de comida rápida.

Y ahora terminaban de comer en silencio antes de empezar el tema. Eren durante su soledad se había encargado de prepararse para las preguntas que incluirían a Levi y a su madre en ellas.

Hanji se limpió su boca y arrugó la bolsa, dejándola a su lado para luego botarla.

—Tendrás que pagarme el médico —partió sorprendiendo a Eren por lo poco lógico que sonaban esas palabras para él. —Y un psicólogo.

Ante la expresión confundida de Eren, Hanji siguió:

—Levi está peor que antes. Ha pasado gran parte del día limpiando, quejándose de lo molesta que soy, evitando incluirte en la conversación. ¡Y todavía tengo que ir con él a visitar a Erwin! Siento que en cualquier momento se lanzará como un perro sobre mi. Y por tu culpa. No sé que habrás hecho, pero algo has cambiado en ese gruñón.

Eren pestañeó varias veces, escuchando todavía las palabras de Hanji en su mente. No sonaba tan mal saber que podía alterar a Levi de cierta manera, pero le hubiera gustado que las palabras de Hanji hubieran sido de broma. Una broma donde Levi le diría que se callara y Eren se reiría.

—Tengo que disculparme con él —Eren dijo.

—¿Qué has hecho? —Hanji se acomodó y acercó más a Eren, mirando compresiva al menor.

—Prometí que estaría con él. Y lo dejé —decirlo en voz alta sonaba peor que pensarlo.

Hanji sonrió.

—Ahora que puedo pensar mejor la situación —la mujer miró hacia el frente—. No creo que Levi esté molesto mayormente por eso. Creo que es algo más personal. Escucha, Eren, tú y Levi son tan parecidos como diferencias tienen. Es extraño. Y por todos los años que he estado cerca de Levi, he aprendido a saber de él por mi cuenta, porque Levi no es de hablar de su vida personal con nosotros. A veces va de copas con Erwin, pero hablan sólo de trabajo o bromas tan malas que solo ellos entienden. Te lo recomiendo, Eren, nunca vayas a beber con Levi y Erwin. Volviendo al tema, creo que tú y Levi completan al otro. Y Levi sabe eso. Levi sabe que te entiende de una manera que yo no puedo, y no sé si tus amigos pueden, no los conozco. Así que Levi está molesto tanto contigo como con él mismo porque él pensaba que estaba llegando a conocerte. No sé si esto es verdad o no, pero también creo que Levi estaba viéndote como esa persona que a pesar de ser nueva en la vida, puede hacer en ti lo que otros de años no pueden. Y te has ido, lo que hace sentir como si él estuviera equivocado.

Eren hizo una mueca y suspiró, mordiendo su labio inferior por las palabras de Hanji. Nunca había pensado en cómo era su relación realmente con Levi. No había notado que otras personas podían ver algo especial entre ellos.

Saber eso volvió a formar el nudo en su estomago. La necesidad de tener a Levi cerca una vez más también se formó.

—Tengo claro lo que debo hacer, que importa ahora. Sin embargo, Hanji-san, no puedo avanzar. No puedo hacer todo solo, por mucho que lo intente. Necesito a Levi, a mi padre, te necesito y a tus compañeros. También necesito a mi madre, pero... No puedo tenerlos. Levi está molesto, discutí con mi padre, tú no tienes por qué preocuparte por la madre de una persona que no conoces y mi madre no está. No está para apoyarme —sus ojos picaron y limpió con la manga de su sweater sus ojos. No quería llorar—. Todo ha caído.

—Nuestro trabajo es proteger a la gente, Eren. Te metimos en esto, tenemos que compensar lo que has hecho por nosotros. Y si ellos quieren destruir, no dejaremos que eso ocurra. No daremos lo que ellos quieren —la alegre Hanji pasó a ser una mujer seria y determinada. Sus ojos brillando—. Lograremos terminar con ellos —ella volvió a mirar hacia Eren—. Levi sigue estando para ti. Tanto si él quiere por motivos personales o porque el trabajo lo obliga.

—¿Puedes llevarme con él? Y, por favor, si no logro salir de su casa, quiero que dejes en claro que no fue suicidio, no iba con intenciones de que Levi me destrozara a palabras por hacer la decisión equivocada —Eren intentó bromear—. Palabras y golpes.


Había estado varias veces en la casa de Levi, conocía la entrada perfectamente y hasta se sentía familiar el jardín bien cuidado. Todo eso calmó un poco al menor, por fin encontrando algo familiar a lo que aferrarse.

Siguió a Hanji y se quedó detrás de ella mientras la mujer llamaba a la puerta. Eren no entendí si dependía del humor de ella para llegar y entrar o llamar a la puerta. O mejor dicho, la mujer tenía un radar para llegar en malos momentos, como cuando entró sin avisar y encontró a Eren en una situación incomoda con Levi.

Recordar a Hanji molestando sobre Levi queriendo besar a Eren dolió, porque minutos antes había estado en lo más cercano a bromear con Levi por culpa de su homosexual sueño donde quería besar al mayor. Todos los recuerdos se encontraban tan distantes.

Sus recuerdos sumado a Levi de brazos cruzados en el marco de la puerta, no muy contento, terminó por empeorar las cosas.

—He traído visita —Hanji intentó pasar pero Levi bloqueó su camino.

—Vete —Levi ordenó.

Eren sintió que su estomago comenzaba a doler e iba a dar un paso atrás cuando Levi volvió a hablar.

—Hanji, vete. No te necesito de chismosa mientras hablo con Eren.

La mujer dijo unas cuantas palabras más y sonrió a Eren cuando pasó por su lado.

—Buena suerte, Eren. ¡Tú puedes hacerlo!

Hanji desapareció del campo de visión de Eren, por lo que la hora de enfrentarse a Levi había llegado.

—Lo siento —se apresuró a decir Eren—. Es solo que...

—Entiendo. No hay problema.

Eren bajó su vista y esperó a que Levi siguiera hablando, pero nada ocurrió. Respiró profundo y juntó todo su coraje para enfrentarse a lo que tuviera que hablar con Levi. Aunque enfrente de él, sentía que ya no tenía nada que decir. Sus palabras estaban dichas, el error estaba cerrado.

—¿Cómo estás? —Levi preguntó.

—No del todo bien.

Levi entró a su hogar e invitó a Eren a pasar con un movimiento de su mano.

Adentro Eren supo que incluso con sus palabras dichas y el error cerrado, quedaba mucho por hablar.


Hola ~ Estaba acordándome de que originalmente quería terminar la historia en ocho capítulos, pero tengo diferentes que ideas que quiero desarrollar y tampoco quiero meter a Eren y Levi en un romance tan pronto... Ahora los sensuales se están dando cuenta de que necesitan al otro, así que se está acercando el amor ~ Oh, también quería comentarles que cuando empecé a hacer borradores de esta historia, pensaba hacerla de humor. Pero una vez más me di cuenta que hacer humor no va en mí :')

Sus comentarios ayudan a seguir ~ ¡Que tengan un lindo fin de semana! Con mucho yaoi para ustedes.

Rin.