VIII. Libertad
Recién recibió noticias en su cuarto día viviendo junto a Levi. En los días anteriores había optado por no preguntar por su padre ni volver a sacar a luz el otro tema. No quiso preguntar por su padre porque, aunque sea por unas horas, quería estar libre de todo problema. Y su vergüenza no dejaba que pudiera abrir su boca para preguntar a Levi qué significado tenía el repentino beso. No estaba molesto por ser besado de repente, al contrario, se encontraba complacido por tal acción.
Eran las diez y cinco de la mañana cuando Levi interrumpió en la habitación para despertar a Eren. Hoy estaba siendo considerado con respecto al sueño del menor, porque habitualmente a las ocho y media de la mañana ya tenía a Eren vistiéndose.
—Eren —Levi agarró la ropa de cama y la tiró hacia atrás, dejando al descubierto a Eren con una camiseta café parte de su pijama —el cual no usaba completo— y ropa interior.
—Hace frío… —Eren se dio vuelta y se acurrucó más en sí mismo, buscando protección contra el frío en su calor corporal—. Sólo un poco más. No seas amargado.
El mayor decidió que mejor sería un amargado porque no iba a dar unos minutos más para dormir. Tomó a Eren de un brazo y lo arrastró hacia la orilla de la cama, con la intención de dejarlo en el suelo, pero nunca lo conseguía porque Eren despertaba y se zafaba de su agarre para sentarse en la cama y mirar con cara de pocos amigos a Levi, el cual se limitaba a hacer lo más parecido a una sonrisa de lado.
—Erwin me ha llamado —Levi se sentó en la orilla de la cama.
—¿Qué ha dicho? —Eren buscó la ropa de cama, la tomó y la llevó hacia él, tirando con más fuerza cuando el peso de Levi no dejaba que subieran—. Tengo frío, déjame taparme —habló Eren—. Por favor —agregó ante la mirada poco amistosa de Levi.
Quedó sentado en la cama, tapado hasta su estomago. Para Levi era una imagen divertida y, a la vez, una respuesta a por qué Eren en las noches terminaba pegado a él como si la cama no fuera suficiente para los dos —Levi estaba acostumbrado a vivir solo, por lo que no tenía ninguna habitación para visitas—.
Después que Eren terminó de taparse, Levi siguió:
—Hanji está fuera de la ciudad por unos días, así que todavía no han podido hablar con tu padre. Y antes de que preguntes por qué no poner a otra persona, es porque Erwin no quiere que nadie más se incluya en el tema. Esos hijos de puta saben mover bien sus hilos, así que Erwin no va a arriesgarse a poner a alguien que no conozca del todo.
—Oh, entiendo. ¿Qué haremos mientras Hanji está lejos?
—Tú, nada. Te quedarás aquí e intentarás no crear problemas.
—Pensé que estabas acostumbrado a que te diera problemas —bromeó Eren, intentando ocultar su decepción detrás de la risa.
Se había mantenido creyendo que todo terminaría pronto, no en dos semanas o tres días, pero luego. Agarraba la esperanza de que pronto estaría junto a su madre y podría saber cuáles eran las intenciones de su padre.
—¿Poco contento? —preguntó Levi.
Eren susurró su respuesta afirmativa.
—Después llamé a Hanji. Fue lo suficientemente claro para que entendiera que esto tiene más prioridad que cualquiera de sus investigaciones en otra ciudad. Hanji lleva años involucrada con sus estudios e investigaciones, por lo que estamos acostumbrados a su agenda, pero ahora no. Esto hay que terminarlo lo más pronto posible para el bien de todos. Así que no estés triste, Eren, el mundo no se ha acabado. Saca ese espíritu tuyo y sigue luchando. Luego podrás llorar o hacer lo que quieras.
—Entiendo. No soy débil ni una princesa en apuros, lo que me has dicho no me detendrá —esta vez Eren mostraba seguridad en su voz.
Levi pasó su mano por el desordenado cabello de Eren. Si su cabello era un enredo peinado, cuando despertaba era todo diferente.
—Hace la cama y ve a la ducha.
Las voces de la televisión eran las únicas que se escuchaban. Eren estaba acostado a lo largo del sillón boca abajo, su mano izquierda colgaba en un costado y el control era sujetado peligrosamente.
No estaba seguro sobre cuánto tiempo llevaba en esa posición, ni siquiera sabía qué estaba viendo. El programa de entretención acabó hace minutos y ahora en la pantalla Eren veía la teleserie de las tres. No estaba interesado en lo que había en la televisión, pero tampoco sentía las ganas de cambiar de canal y no quería apagar porque no quería quedar en silencio.
Levi poco después de que Eren saliera de la ducha se fue y no volvería hasta en la noche. Eren tenía todo el día libre para hacer lo que él quisiera, incluso podía invitar a sus amigos, después de insistir a Levi que dejara tener más visitas.
Hubiera llamado a sus amigos si el aseo no estuviera listo. El hogar no quedaría intacto si sus amigos pasaban, y Eren no quería volver a hacer las cosas.
El control cayó al suelo, trayendo a Eren de vuelta al planeta Tierra. El castaño se movió más hacia la orilla y estiró su brazo para coger el control.
Se quedó con el control afirmado por la punta, su brazo estirado y casi cayéndose del sillón. Cuando estaba aburrido también se ponía un poco flojo. No quería moverse de su sitio.
Quince minutos después la puerta se abrió. Por primera vez Eren no reaccionó a la llegada de Levi, simplemente se quedó en su posición y se limitó a decir:
—¿Tan temprano? Bienvenido.
Levi caminó primero hacia la televisión para apagar, luego quitó el control de la mano de Eren y lo dejó sobre la mesa. Entonces su atención fue hacia Eren.
—Te caerás.
—Lo sé.
—Levántate.
—Oblígame —sin pensarlo desafió—. No, no. Me levanto yo solo —se incorporó antes de que Levi lo alcanzara. No quería ser sometido a la poca delicadeza que el otro tenía.
Sentado en el sillón dio espacio para que Levi se colocara a su lado. El hombre adoptó su típica posición para sentarse casi de inmediato: piernas cruzadas y un brazo hacia atrás.
—¿Por qué tanta cara de derrotado? —A Levi le importaba cómo Eren se sentía, por eso no se demoró en preguntar.
—Ah, no me ocurre nada. Estoy aburrido, eso es todo —no quería que la conversación fuera hacia su lado—. ¿Por qué has llegado tan temprano?
—Hoy es mi día libre. Fui porque quería asegurarme de que todo iba según lo planeado.
—No sabía que podías tener días libres.
—No los tengo, en cierto modo. Es difícil encontrar un día para relajarse cuando estás siguiendo a los malos.
—¿Entonces?
—Erwin cree que debería pasar un momento contigo porque piensa que necesitas mantener tu mente ocupada. Si él dice que eso es necesario, entonces yo sigo lo que él dice.
El rostro de Eren se iluminó.
—¿Por qué no hacemos algún plan? No nos quedemos aquí todo el día, es aburrido. Tú necesitas relajarte un poco y yo necesito mantenerme distraído. Hagamos que este día sea sólo para nosotros.
—No suena mal.
Eren se animó más al escuchar que Levi aceptaba su idea. Esperaba tener que insistir un poco más para hacer que el otro cediera.
—No quiero ir a un lugar lleno de gente, además sé que te molesta todo el ruido que hacen. Así que… —Eren buscó alguna idea. Tenía que ser algo que ambos pudieran hacer y, sobre todo, que Levi aceptara. —Quiero ver las estrellas.
—Las ves todas la noches.
—No, pero no así. Con toda la luz de la ciudad es casi imposible verlas en su totalidad. ¿Por qué no ir a una zona rural? Tú tienes licencia para conducir, yo tengo el lugar. Si dices que sí y salimos ahora, nos tomará como una hora y media llegar. Allá podríamos caminar un rato hasta que empiece a anochecer. Y para volver, eso puede ser durante la madrugada. Mientras tú duermes un rato antes de volver, yo vigilo.
Viendo el empeño que el menor ponía en sus planes, Levi no podía negarse a hacer un viaje de hora y media por mucho que odiara conducir. Por lo menos tenía a favor de que no encontrarían tanto tráfico en las calles.
—Primero pasaremos donde un amigo. Odio los automóviles así que en él encontraré lo que me gusta.
No tenía miedo de caer o de la velocidad. Era lo opuesto, a Eren le gustaba disfrutar de la velocidad y el riesgo, amaba superar los obstáculos y probar que él podía.
Y aunque explicó lo anterior a Levi, a Levi poco le importó porque tenía que encargarse de que Eren llegara sano y salvo. Por consecuencia de que a Levi no le importaba, Eren tenía sus brazos alrededor de la cintura del mayor. Afirmándose de él mientras el paisaje pasaba rápido ante sus ojos.
A medida que más recorrían, Eren podía notar el cambio en el paisaje. Desde calles con semáforos en cada esquina, casas, edificios y vehículos en todos lados a una autopista acompañada con pocas casas, árboles, más lugares verdes, animales.
Le gustaba ver nuevas partes de la ciudad. Quería explorar todo lo que pudiera.
Levi dobló hacia la salida de la autopista, condujo por unas calles locales y finalmente llegó hasta el camino de tierra que Eren señaló antes de iniciar el viaje. Eren se encargó de dejar todas las indicaciones claras.
El camino seguía y se perdía en el horizonte. Al lado del camino había campos con el césped un poco crecido, con árboles plantados en diferentes partes, flores también decoraban.
Levi ingresó con la moto al terreno para no estacionar a un lado del camino. A pesar de que no se veía mucha gente, no quería arriesgarse a entrar en alguna pelea con cualquier imbécil que quisiera pasarse de listo.
Al bajar Eren estiró sus brazos y piernas mientras miraba el paisaje a su alrededor. Debían ser cerca de las cinco de la tarde dado que durante el viaje hicieron una que otra parada a causa de Eren.
—Debemos estar ocupados hasta las once —Eren quitó la mochila de su espalda, usó su rodilla como soporte y buscó un paquete de galletas—. Comeré algo, ¿quieres? —ofreció a Levi, quien estaba frente a él.
—No.
—Podríamos caminar. Sé que hay aves, sería un buen recuerdo verlas.
Desde su infancia Eren gustaba de las aves. Le gustaba como podían volar, ser libres en un mundo donde siempre estabas atrapado a algo o alguien. Cuando tenía la oportunidad se quedaba viendo a las aves del zoológico volar desde un punto a otro en su jaula a pesar de que sentía cierta molestia por ese cautiverio. Era estresante ver cómo tenían poco espacio para abrir sus alas y volar cuando ellas estaban destinadas a ir hacia donde quisieran a través del ilimitado cielo.
—Tú conoces el lugar, muéstrame algo interesante —respondió Levi.
Eren guardó sus galletas y limpio su boca con un pañuelo desechable que llevaba con él. Sabía que Levi detestaba los restos de comida en cualquier parte; Eren quedaba con uno que otro resto de galletas en sus labios.
—Hay una laguna —recordó—. Está un poco lejos, por lo que ir a pie nos tomaría tiempo. Aunque no importa si no quieres, caminaremos por aquí.
—Sube —Levi apuntó hacia la moto.
Eren se acuclilló en la orilla, pasando sus dedos por la superficie del agua. Su reflejo lo miraba desde abajo.
Levi de pie a su lado miraba todo el paisaje. Al otro lado de la laguna se lograba divisar árboles, muchos de ellos plantado uno cerca del otro. Y en lado opuesto, el cual era donde ellos estaban, la tierra no era del todo dura debido a todas esas veces donde la laguna crecía en invierno. Crecía algo de césped y musgo cerca de árboles.
—Era un niño cuando vine con mi familia. Estaba aquí, en la orilla, no escuchaba a mi madre decirme que no me inclinara tanto hacia el agua hasta que terminé mojado y llorando. Lloré porque estaba mojado, pero luego empecé a tomarlo con humor. Fue un buen día, Levi. No había nada de qué preocuparse.
—Eras un niño. El mundo es un excelente lugar cuando eres un niño —respondió el mayor.
—¿Tú tienes algún recuerdo que aprecies de cuando eras niño? —Eren se levantó y secó sus dedos en sus pantalones.
—Lo tengo.
Eren esperó a que Levi continuara, estaba interesado en oír más sobre el pasado de Levi. Quería conocer más detalles sobre su vida, sobre qué hizo, qué le gustaba en esos tiempos, con qué personas se relacionaba. Esta vez Eren estaba seguro que no dejaría a Levi como la vez anterior, no huiría después de que él confiara sus recuerdos.
—Quiero saber —Eren tomó a Levi por su antebrazo, quería conversar tranquilo así que lo llevó hasta bajo un árbol para sentarse.
Levi fue el primero en sentarse sobre el suelo, luego lo siguió Eren quien en vez de sentarse a su lado, dejó su cabeza sobre las piernas de Levi, causando que Levi bajara su vista hacia él.
—Estoy listo para oír —el castaño guiñó un ojo—. No me iré a ningún lado esta vez, estoy siendo sincero.
—Fuimos a la nieve. Era la primera vez que iba tan lejos, a pesar de que no iba tan emocionado como otros niños, estaba interesado. Todo era una nueva experiencia para mí, por lo que intentaba grabar cada detalle. No jugué con otros niños, me mantuve cerca de los adultos que no estaban tan felices, pero yo estaba cerca de ser feliz. Hice mi propio mundo ese día.
El castaño miraba con una sonrisa en sus labios e interés en sus ojos. Presentía que los recuerdos favoritos de Levi no incluirían mucha gente, por lo menos no que él los nombrara, pero Eren sabía que todas esas personas eran importantes para Levi. Si algo había aprendido durante todo el tiempo con Levi era que por dentro era muy diferente. Levi era una de las personas con sentimientos e intenciones más sólidas y auténticas. Creer que él era una máquina fría sin sentimientos era incorrecto. Él no era delicado ni suave con sus palabras o acciones, pero eso no iba de la mano con lo que sentía.
—Es cómodo en tus piernas —Eren cambió de tema. No necesitaba responder porque su sonrisa hablaba por él.
—¿Oh sí? Tu cabeza no es para nada cómoda. Pesa aunque esté llena de aire.
Eren rió.
Comenzaba a relajarse, a sentir esa tranquilidad en su interior. Su mente se alejaba por un momento de la realidad que esperaba por él una vez que volviera; se acercaba a la calma de sólo ser él y Levi.
—Espera —Eren entró en alerta—. ¿Dónde he dejado mi mochila? —levantó su cabeza para buscar con la mirada.
—Allí —Levi señaló a un punto no muy lejano.
De vuelta a su calma, Eren volvió a las piernas de Levi. No había necesidad de palabras cuando todo estaba yendo sereno entre ellos. Esa misma serenidad llevó a Eren a cerrar sus ojos e irse a su mundo de sueños.
Levi vio a Eren dormir, como su pecho subía y bajaba, como en ocasiones hacía expresiones raras en su rostro —no eran pesadillas—. Se quedó así un rato, manteniéndose quieto lo mejor que podía para no despertar a Eren. Tanta quietud junto al chico durmiendo también hicieron que Levi se permitiera dormir por un rato, sin preocupaciones de qué vendría una vez que sus ojos se abrieran nuevamente.
Al despertar Eren encontró que el cielo estaba más oscuro a causa del atardecer. Miró hacia el cielo y luego al durmiente Levi.
No estaba seguro si despertar o no al mayor. Era una imagen agradable verlo dormir, pero tampoco podían quedarse ahí todo lo que quedaba de día. Pensó sus opciones y escogió dar unos minutos más antes de tener que despertar a Levi.
Se levantó con cuidado para caminar hasta su mochila. Buscó el paquete de galletas anterior y lo terminó de vaciar. Guardó el paquete en su mochila, no quería ser lanzado a la laguna por Levi si este descubría que tiraba la basura al suelo.
Después de dormir y comer se sentía mucho mejor, por lo que se apresuró en llegar hasta Levi para seguir con sus planes.
No tuvo que hacer mucho para despertar a Levi. Estaba agradecido de no tener que llegar al método del agua o golpe.
—¿Qué hora es? —se levantó del suelo.
Levi limpió su ropa para luego arreglarla ante la mirada fija de Eren.
La noche llegó en su totalidad y Eren no podía estar más maravillado con lo que veía. Estaba teniendo un día que partió como cualquier otro pero fue haciéndose cada vez mejor. Desde tener a Levi más temprano, salir a otro sitio con él, un lugar donde ambos podían estar cómodos y lejos de la presión que en la ciudad esperaba; por lo menos Eren quería creer que Levi estaba liberándose también y no solo pretendiendo estar más tranquilo. Siguiendo su día estaba la laguna, a la cual dieron poca atención pero no iba olvidar como terminaron durmiéndose en el aire libre, lo que daba más esperanza a Eren de que Levi estaba disfrutando tanto como él para dejarse cerrar los ojos sin desconfianza.
—Es sorprendente —Eren habló sentado desde la moto, ambos pies colgando en el mismo lado. A su lado Levi estaba levemente apoyado contra el tanque.
—Mejor que la ciudad, no lo niego.
Eren recordó sus días leyendo con Armin sobre el universo. En las noches improvisaban su "cuartel" en el patio del rubio e intentaban identificar constelaciones o estrellas importantes.
Volvió a hablar para decirle a Levi sobre las estrellas que veían, para mostrarle donde estaban las formas que él veía. Tenía la atención de Levi porque él escuchaba a sus palabras, pero sus ojos no se despegaban del radiante rostro de Eren. No recordaba haber visto a Eren de tal manera antes.
Eren giró hacia un lado su cabeza para encontrarse con Levi mirando hacia él. Se calló inmediatamente por unos segundos antes de bajarse del asiento y tomar la mano de Levi. Con ella siguió señalando figuras en el cielo.
Como Levi no parecía estar molesto —si lo hacía lo ocultaba muy bien—, Eren tomó más confianza para no dejar ir esos dedos que se entrelazaban con los suyos en el momento que era acercado hacia Levi, sus labios juntándose nuevamente en un beso respondido por ambas partes. Esta vez Eren no estaba sorprendido como para no saber qué hacer. En el momento en que los labios de Levi rozaron los suyos, Eren respondió moviendo sus labios contra los de Levi. Inclinó su cabeza levemente para evitar que sus narices chocaran e interrumpieran la comodidad del beso.
No podía decir exactamente cuánto duró porque se sintió largo. Pudo haber sido corto, pero para Eren seguiría siendo extenso. La chispa que nació en su interior junto a la calidez no eran para olvidarse tan luego. Quería volver a experimentar todo otra vez.
Sus labios se separaron y Levi, con su mano libre, pasó la yema de su dedo índice por la mejilla de Eren.
—No estás colorado —comentó.
No se había percatado de que no sentía sus mejillas arder. La calidez que vivía temporalmente en su interior camuflaba todo.
—No necesito avergonzarme —Eren respondió.
Impulsado por los sentimientos del momento, Eren volvió a besar los labios de Levi. No importaba pasar toda la noche entre besos y palabras, no molestaba para nada. Eren quería olvidarse de que tiempo atrás fue capaz de dejar atrás al hombre que besaba, porque tenía claro que no podría hacerlo por segunda vez y, si en algún momento tenía que hacerlo, no sabría dar con la decisión correcta.
No estaba seguro de que fuera correcto involucrarse emocionalmente con Levi teniendo en cuenta la situación que los unía, ¿pero desde cuándo el amor era correcto? Siempre llegaba en las peores situaciones para alumbrar la oscuridad, como también podía llegar para espesarla. En este caso Eren creía que intentar encontrar un sentimiento que no había sentido antes era lo mejor que podía mantenerlo estable en la presión. Podía estar equivocado, pero él también creía que Levi no estaba viendo el lado negativo de estar interesado en Eren.
Si ambos estaban de acuerdo, nada detendría que siguieran su camino.
