IX: Regresos
Para el regreso de Hanji, Eren estaba, para sorpresa de la propia Hanji, lejos de la casa de Levi, compartiendo con sus cercanos. Desde que la vida de Eren cambió sin previo aviso, era muy poco lo que socializaba con otras personas fuera de Levi y su gente. Era como si Eren solo se mantuvieran pensando en lo ocurrido, como si no hubiera más vida fuera del incidente. Él no podía ser culpado por quedarse parado en medio de su camino, pero pensar tanto sobre un mismo tema podía afectar su mente tarde o temprano.
No era de extrañar que lo primero que Eren preguntó a ver a Hanji fue con respecto a su padre. Si había tenido un agradable momento en el exterior, ya se esfumó de su mente para dar paso a la realidad que lo esperaba cada vez que volvía a estar con Levi.
—¡Eren! —Hanji, a pesar de sus ojos cansados, sonaba optimista en su voz—. Sabía que me preguntarías sobre tu padre. Como le dije a Levi, recién ayer llegué. Hoy, en la mañana, arreglé todo para lo que estás esperando.
—¿Cuándo? —la esperanza se asomaba en sus grandes ojos.
Eren llevaba esperando por el regreso de Hanji. Ansiaba que en cualquier momento la mujer apareciera, porque sin ella no podía continuar. La ansiedad era calmada, un poco, por Levi. Desde que entre ellos nació un nuevo vinculo, Eren podía buscar la calma entre sus brazos. Necesitaba una presencia familiar, una persona cercana e importante que estaría ahí para él, que no se iría ni sería arrancado de su vida por la fuerza. No es que al principio Levi fuera nada para él. Lo que pasaba en un comienzo era que Eren estaba demasiado concentrado en su familia y en las dudas que las decisiones difíciles traen como para prestar atención a lo que nacía cerca de él.
—Pronto —afirmó.
No estaba muy convencido con la respuesta. Pronto podía ser cualquier cantidad de días. Desde uno a treinta. Se mordió el labio, mostrando su disgusto a través de su cuerpo. Sus ojos mirando hacia otro lado, su nula sonrisa. Eren no necesitaba ser muy claro en sus acciones para que tanto Levi como Hanji notaran que él no estaba contento con la respuesta.
La mirada de compresión que Levi intercambió con Eren tampoco fue pasada por alto. Hanji era demasiado detallista como para que algo pasara sin ser notado por ella. Aunque estuvo tiempo lejos del par, ella podía notar como existían un acuerdo mutuo. Algo que antes no estaba. O si existía, no era posible percibir porque seguía siendo negado. Acomodó sus gafas y miró hacia Levi, quien por el rabillo de sus ojos no quitaba su mirada de Eren, el cual estaba absorto en su mundo.
—Levi, necesito hablar contigo. A solas —Hanji se volvió hacia Eren—. No es nada personal, Eren, sólo necesito un poco de espacio con este gruñón.
Hanji y Levi salieron al jardín. Eren esperó a que ninguno volviera a entrar para acercarse a la puerta. Oír conversaciones ajenas no era correcto, pero no sería la primera y, después de todo, no podía decir qué era lo correcto para hacer. Se pegó lo mejor que pudo contra la puerta, esperando poder oír algún fragmento de conversación.
La voz de Hanji fue la primera que oyó.
—¿Le dirás? Sabes que podría no ser muy bien recibido por él. Menos si viene de ti.
La respuesta se demoró en llegar, y cuando llegó, no había ni una suave muestra de simpatía.
—No es necesario.
En el exterior, donde la conversación se producía, Hanji se paseó frente a Levi, haciendo que el hombre la siguiera con una mirada fría. Admitía que la intuición de la mujer era práctica, porque muy pocas veces las cosas resultaban al contrario de lo que ella esperaba. Y ahora la detestaba por eso. Tenía claro conocimiento de que Hanji no tenía mala intenciones cuando empezó con toda su burla sobre Eren y él. Pero ahora Eren y él eran algo. No se le podía dar un nombre específico, todavía.
Con todo pasando tan rápido, ese leve detalle que Hanji preguntaba se había esfumado de la mente de Levi. ¿Pero todo duraría lo suficiente como para que ese detalle fuera un problema?
—Tiene que saberlo. No le diré a nadie —estaba siendo sincera—. Pero le debes decir, Levi, no quiero corazones rotos.
Un claro tch salió de Levi. Si las sonrisas fueran típicas de él, seguramente una con gracia se formaría en su rostro ante las palabras de Hanji.
—Preocúpate de lo que te concierne —Levi estaba apático ante la preocupación de su compañera—. No se lo menciones a Eren. Por una vez en tu vida, Hanji, mantén tu boca cerrada.
Antes de que Levi abriera la puerta, Eren se apartó y se sentó en el sofá más cercano, intentando fingir que no había escuchado nada. Quería preguntar. La pregunta estaba lista para salir, pero calló. Tenía que aprender a guardar silencio y esta era una ocasión para comenzar. Si seguía sintiendo curiosidad y desconfianza sobre lo que Levi ocultaba, podía preguntar después, cuando Levi estuviera dispuesto a ser más abierto con su vida.
Hanji miró una vez más a Levi, en un intento silencioso de hacer que cambiara su opinión. Luego su atención fue a Eren, y como si nada hubiera pasado, dijo:
—Mañana haré hablar a tu padre.
El frío de la noche era parte de los gustos de Eren. Gustaba sentir el frío sobre su rostro, haciendo que su piel se sintiera distinta. Por cómo se encontraba emocionalmente, la calma de la noche se contagiaba de a poco en él. La escasez de gente en las calles, de sonidos molestos, de perros ladrando entre ellos era todo un lujo para él.
A las dos de la mañana existía poca vida. Todos dormían tranquilos en sus camas, esperando a que llegara otro día para seguir con la misma vida de siempre. Más que nunca Eren deseaba ser parte de esas personas. No le importaría volver a su rutina pasada, donde todo seguía normal para él. No Titanes. No secretos. No ansiedad ni preocupación. No encontraba posible estar tranquilo cuando sabía que dentro de horas Hanji hablaría con su padre. Era incomodo reconocer que, en parte, también se preocupaba de los medios que usarían para hacer hablar a Grisha. Nada podía cambiar el hecho de que era su padre y le debía mucho, a pesar de no ser el mejor padre.
Se apartó de la ventana y miró a Levi, quien estaba a unos metros de él durmiendo. No tenía como probar que estaba en lo correcto, pero desde que la confianza entre ellos aumentó, Levi dormía más calmado. Era agradable para Eren saber que también podía entregar algo positivo a Levi.
Los ojos de Levi se entreabrieron, volvieron a cerrarse y se abrieron una vez más, esta vez manteniéndose abiertos.
—¿Pasa algo? —su voz sonaba agotada.
—Sólo puedo girar y pensar en la cama —dijo—. No puedo ignorar lo que va a pasar.
—Es normal. Deberías intentar dormir, aunque sea un par de horas.
Eren negó con su cabeza. Su mirada volvió a estar hacia la tranquilidad del exterior. Aunque no miraba a Levi, podía saber que la mirada del mayor estaba sobre él, porque sentía sus ojos encima.
A los minutos sintió como unos brazos pasaban alrededor de su cintura. Abrazado desde atrás, los dedos de Levi se entrelazaron sobre su abdomen, en un cálido y apretado abrazo.
Era la primera vez que Levi demostraba cariño sin la necesidad de ocultar sus intenciones en palabras bruscas.
—No hagas que me arrepienta —habló Levi—. Mañana podría cambiar todo, Eren, lo sabes. Escucha, si le cuentas a alguien, te mataré —susurró; su aliento chocaba contra el cuello de Eren—. Sin importar que pase mañana, puedes contar conmigo. Somos más parecidos de lo que tú crees, te entiendo. Entiendo lo que sientes, Eren. Si me he apegado tanto a ti es porque tengo razones para hacerlo. Y, por último, hay algo que debo decirte.
Eren permaneció quieto. Por alguna razón, no quería escuchar lo que Levi tenía para decir. En otro momento podía tratar con lo que sea que viniera, pero hoy no. Hoy su interés y atención estaba en otro tema.
—¿Puedes decirlo otro día?
El agarre de Levi se aflojó. Eren escuchó algo parecido a un sí.
—¿Estás molesto? —Eren preguntó.
—No, no lo estoy.
Levi mentía mucho mejor que él, porque le creyó. O puede que Levi estaba diciendo la verdad, y Eren solo estaba siendo inseguro. No lo sabría porque, por mucho tiempo que pasara con el mayor, no lograba descifrar todo de él.
Suspiró y colocó sus manos sobre las de Levi, acariciando la no muy suave piel. Las ganas de hablar se fueron tan rápido como sus ganas de seguir despierto.
—Está haciendo frío —quitó sus manos de Levi para cerrar la ventana—. Vamos a la cama.
Se apartó y caminó hasta la cama. Se acomodó en su lugar, llevó las sabanas hasta arriba, tapándose lo mejor que podía. Esperó a que Levi se uniera a su lado, pero no llegó. Escuchó como la puerta se abría y cerraba. A los minutos oyó el agua corriendo en la ducha.
La mañana no fue muy diferente de la noche. Eren seguía ansioso por oír los resultados de Hanji. Lo único que cambiaba era que Levi actuaba como si nada hubiera pasado anoche, lo que relajaba al menor, porque no quería tener que estar con Levi en malos términos cuando más lo necesitaba.
Un poco después del mediodía, a Levi llegaron las palabras de Hanji.
—Una vez más —dijo la mujer— ha funcionado. Nadie puede callar por mucho tiempo cuando soy yo quien está forzando a hablar.
El ánimo de Eren cambió a uno mejor. Era el momento de avanzar y traer a su madre de vuelta. Se sentía de tan buen ánimo que podía escuchar lo que Levi quería decir con respecto a su secreto.
