X. Alivio

Creía que estaba preparado para la larga espera, pero se equivocó. Cada día parecía más largo que el anterior. No importaba cuánto intentara buscar distraerse, incluso hasta la ayuda de Levi parecía poco efectiva. La ansiedad le estaba haciendo todo más difícil. Quería a su madre ahora, quería dar fin a todo ahora. No quería esperar dos semanas más, ni un día más. Entendía a la perfección que no era un trabajo de un día para otro, que necesitaba preparación, pero sólo una parte de él aceptaba aquello. Llevaba dos semanas esperando y sabía que aun faltaba.

Escuchó la voz de Erwin Smith en el primer piso. Su reacción fue bajar inmediatamente, corriendo escaleras abajo. Aquella fue la primera esperanza de que la espera estaba llegando a su fin. Él no podía venir para decir que todo había fracasado o sido cancelado, porque Eren no tenía problemas en lanzarse sobre el rubio y enfrentarse contra él hasta cansarse. No le importaba ganar o perder, pero si desahogarse.

—¿Qué es? —Eren, con sus ojos bien atentos y entusiasmados, preguntó.

—Estamos casi listos —Erwin sonrió—. En cinco días iremos.

Eran las palabras que más deseaba oír. Intentaba no recordar que él no podía participar, porque sentía que su ansiedad aumentaba mientras su alegría disminuía. Él quería estar ahí, destruir a cada uno con lo mejor que tenía, quería reírse de ellos mientras estaban dando sus últimos respiros. Los quería ver sufrir tanto como ellos lo hicieron con su madre.

—Estaré esperando —dijo Eren.

Intentaría confiar en ellos, en Levi. Dejaría la poca energía que le quedaba en la espera, deseando que todo saliera bien.


Al quinto día Hanji colocó una taza con té frente a Eren, queriendo obligarlo a beber. La mujer nunca había visto a Eren tan desprotegido contra el mundo. Estaba consciente de que Eren no era de ocultar lo que sentía, pero su inquietud, los momentos en que parecía irse a otro mundo, las ojeras bajo sus ojos, la poca conversación que lograba mantener con él… Ese no era el Eren que conocía. Y le preocupaba. No sabría predecir cómo Eren reaccionaría si todo resultaba en un fracaso, lo cual era tan posible con el éxito. ¿Rabia? ¿Decepción? ¿Tristeza? No podía leer lo que pasaría por la mente de Eren, el chico no era tan predecible como parecía.

—Te ayudará —dijo Hanji.

Eren ni siquiera probó el té antes de volver a pararse, por lo que Hanji intentó llegar a él una vez más. Se levantó de su silla a un lado de la mesa para ir a buscar a Eren. Ella colocó ambas manos sobre los hombros de Eren, deteniéndolo.

—Calma —dijo—. Todos son competentes.

—Lo sé.

Se sentó junto a él en el sofá. Intentaría animar al chico.

—Sabes que Levi también está allá. Él intentara hacer lo mejor que puede por ti.

—Lo sé —repitió.

No estaba funcionando. Eren Yeager era demasiado apegado a sus ideas como para cambiar sus pensamientos tan rápido. Hanji pensó en dejarlo, que siguiera llevando la situación a su modo, pero ella tenía experiencia que Eren no y eso evitaba que lo dejara. No quería que Eren supiera lo que era el fracaso en una situación de la cual tenías grandes expectativas.

—Hemos tenido peores enemigos, Eren. No siempre hemos ganado en el primero intento, pero no nos conforma perder. Volvemos a intentarlo, con una mejor táctica. No puedes ganar sin perder algo en el camino, tú lo sabes. Cuando ganes a tu madre, ¿seguirás teniendo a tu padre? Y, aunque saliera impune, ¿seguirías con él?

Eren negó.

—No podría —Eren quitó el cabello que molestaba en su rostro—. No saldrá impune, de todos modos. Si lo vuelvo a ver dentro de cinco años, sería el mejor caso. ¿Cuánto le darán? No veo posible una condena de por vida, y la sentencia a muerte no es legal.

—Nosotros no podemos hacer mucho en ese caso. Sin embargo, podemos asegurarnos de traer de vuelta a tu madre. Y es lo que importa.

Eren respondió con un corto "sí" y se quedó en su lugar. Desde hace minutos no sabía cómo sentirse. Tenía una bomba llena de sentimientos en su interior, la cual amenazaba con explotar en cualquier momento. Ya se veía sentado en el suelo, llorando mientras reía con una gran sonrisa. La falta de sueño estaba haciéndole mal, y sumado a la espera, no obtenía un buen resultado.

Miró el reloj para encontrar que habían pasado cinco horas desde la última vez que vio a Levi, lo que significaba que habían pasado cinco horas desde que la posibilidad de tener a su madre se abrió.

—¿Cuánto tiempo puede pasar? —preguntó.

—Nunca se sabe.


Cuando la noche llegó, Eren estaba seguro que todo fue un fracaso. No podía ser tan larga la espera si todo iba bien. ¿Qué haría ahora? No quería esperar más, no quería seguir sintiéndose inútil. Ni aunque gritara iban a dejar que participara en la segunda vez —si es que había—, no tenía más opciones.

Se cuestionó si todo hubiera salido del mismo modo si no conociera a Levi. Todo partió cuando sus caminos se cruzaron, aunque Levi siempre supo de la existencia de Eren, el último no sabía nada. "A veces es mejor ser un ignorante", eso lo había oído de su padre. A lo mejor, si nunca hubiera conocido la verdad ni a Levi, todo seguiría igual. Una tranquila familia engañada. No quería ser egoísta ni cobarde al desear que, quizás, todo hubiera sido mejor sin Levi ni la verdad. Negó con su cabeza los pensamientos. No. El engaño de su padre era peor. Lo mejor que pudo pasar fue encontrar la verdad a través de Levi. Sólo estaba perdiendo el control de sus pensamientos por la desesperación de no saber qué pasaba.

Estaba aburrido de sentirse ansioso, confundido.

—¡Eren! —Hanji habló— ¡Eren!

La mujer se levantó y fue hasta Eren, lo paró de su asiento. Sonrió animada al menor antes de abrazarlo efusiva.

—¡Se ha terminado! Tu madre está en el hospital, desde hace horas. Puedes golpear a Levi por la espera, no quería avisar hasta asegurarse de que ella se encontrara estable.

Eren se liberó del apretado abrazo y miró perplejo a la mujer.

—¿De verdad?

Volvió a sonreír genuino. Hanji no tenía razones para mentir sobre tan delicado tema.

—Por supuesto —Hanji colocó sus manos en sus propias caderas—. Ahora iremos al hospital. Erwin nos espera.


En la sala de espera Eren corrió hasta el rubio, deseando oír sus palabras. Vio que Erwin estaba agotado sobre la silla, manteniéndose despierto porque la situación lo pedía y él era un profesional. Buscó en la sala de espera pero no encontró a Levi.

—¿Puedo verla?

—No todavía. Está estable pero no en su mejor condición.

Eren llevó sus manos a los bolsillos. Su odio hacia todos esos mal nacidos crecía por minutos, no aguantaba la idea de saber todo lo que pudieron hacer con su madre por diversión. Ella era inocente, no tenía culpa de casarse con un hombre que no estaba en su mejor estado psicológico. Todo era culpa de Grisha. Hanji estaba en lo correcto: no existía forma de volver con él. No iba a compartir hogar con un cómplice.

—¿Dónde está Levi?

—Creí que estaría contigo.

—No hemos sabido de Levi en todo el día —informó Hanji.

Erwin se encogió de hombros.

Eren se sentó lejos de Hanji y Erwin. Su ánimo cambió de inmediato al saber que estaba cerca de su madre. No tenía dudas sobre ellos y su trabajo. Todo estaba bien, por ahora.
Quedaba un largo camino por delante. Debía explicar todo a su madre, ayudarla en su recuperación y, lo más importante, pasar de página para seguir con su vida. ¿Adónde irían ahora? No quería llegar donde familiares, no le apetecía tener que contar la verdad, pero si no quedaba más, lo haría. Haría todo para asegurarse de que su madre estaría bien. Aunque irse lejos también significaba irse lejos de Levi.

Levi.

Con tanta presión encima, no se detuvo a pensar en qué había entre él y Levi. Sabía que, en un principio, querían mantenerlo cerca de Levi para usarlo. Luego Levi terminó realmente preocupado por él, nacieron los sentimientos que no se demoró en confesar, si es que podía llamarse confesión. No desconfiaba de lo que sentía Levi. Desconfiaba de lo que él mismo sentía. No podía diferenciar si realmente correspondía a Levi, o si solo aceptó acercarse a él para llenar el vacío que sentía, para dejar de sentirse solo y para tener a alguien en quien apoyarse. No quería creer que solo había creado la ilusión de que existía amor.

No todo estaba bien. Y con eso en mente, se fue durmiendo lentamente.

—Ve a casa, Eren —escuchó una voz—. Despierta y ve a dormir.

Eren pestañeó varias veces. Reconoció a Hanji frente a él, estaba distinta, lo que significaba que, en algún momento, volvió a casa.

—Erwin se fue cuando llegué —dijo—. El doctor ha hablado conmigo, si sigue estable dentro de las próximas horas, podrías verla. Así que ve a casa, has pasado toda la noche aquí, ve a dormir en la comodidad de una cama. Te avisaré si algo ocurre.

Se despidió y con paso lento abandonó el hospital. Había sol cuando salió, no estaba en lo más alto, por lo que no era más tarde que las diez de la mañana. Por primera vez no se sentía cansado al despertar, a pesar de que la silla no era tan cómoda, no sentía ninguna molestia. Su sueño tranquilo estaba de vuelta.

Tenía una copia de las llaves para no tener que llamar a la puerta cada vez que saliera. Cerró con cuidado la puerta, no quería que Levi lo regañara por despertarlo —si es que dormía—. Aunque hubiera dado igual si metía ruido al llegar, porque Levi salió del baño, con su cabello húmedo y sólo en pantalones. Dejaba al descubierto unas heridas que antes no estaban. Eren se preguntó si eran recuerdos de ayer.

—Oh, ya has regresado… —alcanzó a decir Levi.

Eren, sin pensarlo, fue hasta él con rapidez. Sus manos tomaron el rostro de Levi y lo besó. El beso no era ni lento ni delicado. Quería devorar los labios de Levi, deseaba besarlo hasta cansarse. Buscaba lamer, succionar, morder sus labios, y que él hiciera lo mismo. No tenía dudas de que no había creado ilusión. Se sentía estúpido al recordar sus pensamientos. Él quería a Levi, sólo que antes no tenía el tiempo de darse cuenta. Le debía mucho a Levi, y a los otros, pero Levi era más importante.

Su respiración estaba agitada al separarse, confirmando la duración del beso. Sus labios rojos también era una señal de la intensidad que había puesto.

—Levi, no puedo creer que… —esta vez fue su turno de callar.

Levi tapó su boca con una mano y dijo:

—No arruines el momento con tus frases.

Eren rió cuando la mano dejó su boca libre. Besó su mejilla varias veces, mientras que las manos de Levi se metían bajo su chaqueta y luego, no encontrando suficiente, pasaron bajo su camiseta para encontrar piel. Acarició con determinación cada parte a la que tenía acceso, buscó los labios de Eren y volvió a besar, con reiterados y cortos besos que aumentaban las ganas de seguir besando, pero no únicamente sus labios. Tenía todo un cuerpo para besar.

—Estorba —Levi primero quitó la molesta chaqueta, luego la camiseta.

Una vez que logró sacarlos de Eren, tiró la ropa hacia el sillón más cercano. Con mayor facilidad para explorar, pasó sus manos por el torso libre. Sus labios besaron una vez más lo de Eren y se desviaron hacia su lóbulo izquierdo, pasando sus dientes en una delicada mordida. Bajó por su cuello, preocupándose más de besar que marcar. Eren llevó una mano al cabello oscuro, hundiendo sus dedos, agarrando el cabello entre sus dedos. Los besos de Levi fueron bajando hasta llegar a su abdomen.

La situación no era para seguir de pie, pero tampoco quería darse el tiempo de subir. Terminó sobre Eren en el suelo, encima de la alfombra.

No tenía idea de cuánto tiempo pasaba. El tiempo era su menor preocupación, sólo podía estar preocupado por Eren. Estaba deseando oír sus gemidos, jadeos. Quería que Eren no olvidara lo ocurrido. Cuando por fin tuvo a Eren desnudo, listo para terminar lo que varios minutos antes habían empezado, Levi se detuvo para observar su cuerpo, para mirar cada bello detalle. Eren, sintiendo la mirada sobre él, desvió su vista hacia otro lado. Nunca antes se había presentado desnudo frente a otra persona, por lo que era normal que sintiera algo de vergüenza.

—Eren —Levi atrajo la atención de Eren, pero no su mirada—. Mírame.

Sus ojos conectaron.

—Quiero que me mires —se acercó a su oído—. Quiero ver cada expresión que haces, cada movimiento. Quiero oír cada sonido que salga de ti. Y, lo más importante, te quiero a ti.