Te diste media vuelta y tus duras palabras y nívea figura alejándose de mí, fueron lo último que quedó en mi memoria, dejando mi alma vacía. ¿Esto es la muerte? Me pregunté. Pero el intenso dolor de tu partida haciendo pedazos mi corazón, me hizo saber que aún estaba viva… No sé cómo, ni cuando, pero un día te alcanzaré, me prometí.

¡Amo sesshomaruuu!…. ¡Amo sesshomaruuu!, Gritó Jaken con urgencia desde afuera.

El youkai se apartó con disgusto de Rin.

¿Qué ocurre Jaken?. Te dije que me esperaras en el camino. Más vale que tengas una buena razón para desobedecerme.

El pequeño demonio tragó saliva. Lo siento amo bonito, -exclamó, haciendo reverencias sobre Ah-un. Llevaba un pergamino en la mano. Me ha alcanzado Hiro, y me dijo que le entregara esto urgentemente. (Extendió la mano).

¿Hiro?, -pensó Sesshomaru-, ¿que hacia el mensajero del reino del oeste en estos lugares?

Con presteza tomó el pergamino y lo desenvolvió. Al terminar de leer, una expresión de ira se dibujó en su rostro rápidamente y sus ojos dorados adquirieron una profunda tonalidad rojiza. Un gran rugido salió de su boca. Su aura demoniaca aumentó a tal grado que fue percibida por el monje Miroku quien despertó y corrió rápidamente a la choza, seguido por su esposa Sango. Al llegar, encontraron a Sesshomaru a punto de transformarse; no obstante, un instante después, había vuelto a la normalidad.

Jaken, nos vamos. Dijo con mirada fría, guardando el pergamino en su Kimono.

¿Qué pasa Sesshomaru? Preguntó inuyasha con urgencia. El youkai lo miró de frente –lo que por lo general solo hacia durante sus múltiples batallas-Inuyasha lo miro extrañado.

El reino del oeste esta bajo ataque.- Contestó.

¿Qué? Exclamaron todos al unísono, incluyendo el propio Jaken.

Iré contigo. Dijo Inuyasha, sin pensarlo.

No es tu asunto. Respondió el youkai.

¿Qué no es mi asunto?. ¿Pero que dices Sesshomaru?, es el reino de mi padre. No permitiré que caiga en manos enemigas y no necesito tu permiso.

Yo me aré cargo. Replicó el demonio peli plata posando su mano en su espada.

Kágome, Miroku y Sango, intercambiaron miradas y se colocaron a un lado de Inuyasha, flanqueándolo.

Inuyasha abiró la boca para replicar, pero fue interrumpido por una voz apenas audible.

Señor Sesshomaru. Rin había despertado por completo, y los veía tratando de sentarse.

Señor Sesshomaru, ¿ha venido por mi?. Preguntó con una media sonrisa en el rostro.

Rin… se acercó el demonio, clavando su mirada en ella, e imperturbable, dijo: Permanecerás en la aldea. Dio media vuelta, se detuvo, y mirando de reojo a Inuyasha, Miroku, Sango y Kágome, señaló: Aquí estarás protegida.

Ignorante de lo sucedido, para Rin, esas palabras significaron un rotundo NO. Desesperada, trató de caminar hacia él pero, débil como estaba, al pararse se precipitó de bruces al suelo. Sesshomaru, en un ágil movimiento, dio vuelta y la sostuvo, evitando su caída.

Sus rostros quedaron muy cerca, y durante un instante, el demonio pudo percibir en los ojos de Rin, la esperanza, el miedo y el dolor, la suplica de un ¡no me dejes!, que nunca salió de sus labios. Sin saber porqué, desvió la mirada. Con cuidado, la depositó en el viejo tufón, y antes de que ella dijese cualquier cosa, dio vuelta para salir.

Señor sesshomaru…. Por favor. Suplicó Rin.

El demonio se paró en seco, cerró los ojos por un segundo; los abrió, volteó lentamente y con la mirada fría e impasible de siempre contestó:

No puedo llevarte conmigo ahora Rin.

Pero…. Replicó Rin, llevándose las manos al pecho, como abrazando su corazón.

¡Rin!, contestó el youkai con tono autoritario. La chica lo miró. Debes entender que no podré protegerte todo el tiempo. Ella se quedó helada, solo asintió en silencio.

Y con estas últimas palabras, que retumbaron en la mente de Rin como un eco desenfrenado, enfiló sus pasos rápidamente hacia la puerta. Al llegar, de reojo miró a Inuyasha y le dijo:

Te mataré sin piedad si algo le pasa. Y rápidamente salió volando en una esfera de luz, seguido de Jaken y Ah-un.

¿Qué? Dijo inuyasha, sin saber exactamente el significado de aquello.

Kágome, Miroku y Sango, se miraron unos a otros muy sorprendidos.

Kágome se acercó y abrazó a Rin. Miroku, muy sorprendido, dijo:

Inuyasha, parece que Sesshomaru, te ha confiado el cuidado de la señorita Rin.

Si, eso parece. Convino Sango, aún si creer lo que había pasado.

Inuyasha, por su parte, gruñó furioso y apretando los puños dijo:

Haaaaygg, pero ¿quién se ha creído que es?

Tu hermano mayor. Dijo Miroku volteando los ojos y apuntando con el dedo hacia arriba, en una actitud algo cómica.

Sango sonrió al ver la casa de Inuyasha.

Piensan que es gracioso?. Yo no soy una niñeraaaa. Gritó Inuyasha.

Osuwariii, dijo kágome. Cállate Inuyasha, no seas imprudente. Y éste, con la cara en el suelo, gritó: kágome, por queeeeeeee?

Estarás bien Rin…, duerme. La dulce voz y los ojos castaños de una preocupada Kágome, -entre los gritos lejanos de Inuyasha- fueron lo último que escuchó y vio, antes de sumergirse nuevamente en un intranquilo sueño, que se le antojó eterno.

Los días siguieron su curso, inclementes. Rin no supo cuanto tiempo pasó. Desde la última noche en que lo vio, perdió la noción de la realidad. Solo una frase ocupaba sus pensamientos: "Debes entender que no podré protegerte todo el tiempo"… "Debes entender que no podré protegerte todo el tiempo". Una, otra, otra, y otra vez la escuchaba, incesante. Esas palabras taladraban su mente y corazón, quedando grabadas como trazos de cincel en la roca.

No podía dejar de pensarlas, pero, sobre todo, de sentirlas. Miles de dudas la asaltaban. ¿Qué era ella entonces, en la vida del youkai? ¿Una carga? No. Eso Sesshomaru lo había dejado muy claro.A su mente acudieron los recuerdos de una de las tantas ocasiones en que, cuando niña, esperaba a su señor en el bosque, acompañada del señor Jaken.Éste renegaba como de costumbre, pero en esa ocasión, ante un comentario de Rin sobre el hambre que tenía, dijo:"Niña latosa, si no fuera por ti, ahora estaría con mi amo muy lejos de aquí, pero siempre tengo que estarte cuidando; mi amo tiene razón en despreciar a los humanos, son unos seres muy débiles, muy indefensos, no sirven para nada, solo son una carga,…".Luego se alejó vociferando para buscar comida.

Pequeña como era, Rin naturalmente entristeció por estas palabras. En cuanto el demonio regresó, preguntó: ¿Señor sesshomaru?

¿Qué? contestó él, con su frialdad acostumbrada, mirando al horizonte.

¿Soy una carga para usted? Como pocas veces, el youkai se sorprendió y volteando a verla inquirió: ¿Por qué dices eso?

El señor Jaken dijo que como soy una humana no sirvo para na…. Y ahí se quedo. Sin dejarla terminar, Sesshomaru soltó un profundo gruñido y buscó a Jaken con la mirada. Al no encontrarlo, rastreo su olor seguido de una muy sorprendida Rin. Justo en esos momentos regresaba el pequeño sapo, cargando una gran cantidad de frutas y vegetales para comer; pero fue alcanzado por el enfurecido demonio, quien le salió al paso chocándolo de frente, para inmediatamente después propinarle tremendo coscorrón que lo dejó semi inconsiente en el suelo. Luego volteó a ver a Rin, quien corrió al lado del pequeño demonio, y sin más, dijo: No seas tonta… Vamos. Sin duda era de pocas palabras, pero sus acciones eran muy elocuentes.

No obstante, tenía que reconocer, muy a su pesar, que el señor Jaken tenía razón en algo, ella era un punto débil, un ser indefenso al que, como dijo su señor "había que proteger en todo tiempo"… era una simple humana, una simple….humana. Sacudía la cabeza constantemente tratándose de alejar esas ideas, pero era inútil.

Por su parte, ajenas a la maraña de sentimientos y emociones encontrados que atormentaban a Rin, Kágome y Sango, -que se encontraban en la choza de la difunta anciana- conversaban mientras preparaban la comida.

He estado pensando en algo Sango. Dijo kágome.

¿De qué se trata? Preguntó la aludida .

No estoy muy segura, pero creo que hay una forma de volver a abrir el pozo devorador de huesos.

¿Pero cómo Kágome? -Preguntó Sango-. Ese pozo ha estado cerrado desde que volviste, y la esfera de los cuatro espíritus ya no existe.

Si, lo se. Pero es que.., el día en que volví, cuando estaba en mi mundo, estaba tan triste porque pensé que jamás volvería a ver a Inuyasha ni a todos ustedes, que me acerqué al pozo y desee con toda mi alma volver aquí, fue cuando se abrió. No se.., pero creo que de alguna manera, mi poder espiritual transmitió mi deseo al pozo, y por eso el puente que separa los dos mundos se liberó. La esfera de Shikón ya no existía.

Es verdad. -Exclamó Sango con los ojos muy abiertos- Y aún así pudiste volver.

Ajá. - Asintió Kágome con un movimiento de cabeza. Por eso creo que ahora que puedo usar todo mi poder espiritual, tal vez pueda transmitir mi deseo al pozo para que se abra y poder volver a mi mundo. Lo intentaré.

¿Deseas volver Kágome? Pregunto Sango con una mirada de tristeza.

Es que.. extraño tanto a mamá, a Sota y al abuelo… y quiero saber cómo están mis amigas, volver a verlas.

Sango la miró comprensiva, y con una sonrisa en el rostro le dijo:

Lo lograrás, eres una gran sacerdotisa, si lo hiciste una vez sin la esfera, lo harás de nuevo, ya verás. Oye, ¿le has dicho a Inuyasha?

No –contestó- no tuve oportunidad, se fue antes de que pudiera hacerlo. Tal vez sea lo mejor, seguro no me dejaría ni intentarlo, a veces es muy testarudo y celoso.

Justo en ese momento, un pensamiento furtivo acribilló el cerebro de Sango.

¡Haaay, maldito monje infeliz!, -gruñó aprentando los puños- seguro debe andar de libidinoso con cuanta mujer se le atraviesa en el camino.

Caaalma Sango, -dijo Kágome arrastrando las palabras- Inuyasha lo tendrá controlado, ya verás.

Un leve quejido, escapó involuntariamente de los labios de Rin, llamando su atención.