¿La razón por la que quiero seguirte? Porque a pesar del tiempo y la distancia, siempre existirá entre nosotros esa promesa callada, ese cariño escondido, ese final anhelado. Podría vivir una vida entera sin verte y aún así, saber que al final de mi camino siempre estarás tu… mi amigo, mi confidente.. el otro lado de mi.
Era entrada la noche cuando Kágome regresó a la aldea. Había pasado toda la tarde practicando su poder espiritual junto al pozo devorador de huesos y cuando se dio cuenta ya estaba oscuro. Luego, se entretuvo buscando varias hierbas medicinales en el bosque: desde hacía un mes preparaba Rin una "infusión nutritiva" que le daba antes de dormir para evitar que su estado de salud empeorara ya que casi no probaba alimento.
Apuró el paso hacia la vieja choza. El tiempo pasa volando–pensó-. Estaba feliz, no logró abrir el pasadizo del pozo pero tenía la certeza de que pronto lo haría, la ilusión de regresar a su época para ver nuevamente a su familia y amigos la hacía tener plena convicción de que lo lograría.
Con una sonrisa entró a la cabaña. Estaba a oscuras, inmediatamente prendió unas velas y luego atizó la hornilla colocando un utensilio con agua limpia para el té. Luego, caminó hacia el "cuarto" de Rin: (Dos días antes de que salieran hacia las tierras del oeste, había hecho que Inuyasha y Miroku construyeran una especie de biombo alargado con madera y varas de bambú, que colocaron dentro de la cabaña donde estaba el futón de Rin, con el propósito de darle cierta privacidad, y para que pudiera descansar y recuperarse).
Al asomarse, se quedó estática, con una expresión de sorpresa y temor en el rostro: Rin no estaba, el futón estaba en el suelo, la frazada que le servía de cobija esta a un lado, pero ella no estaba. Se llevó un gran susto; revisó la pequeña cabaña con la vista una y otra vez, buscándola por los rincones, hasta que se dio cuenta de lo absurdo de su conducta: Rin ya no era una niña pequeña que pudiera esconderse en cualquier recoveco.
Miles de preguntas surgieron en su mente: ¿Se habría ido?. ¡No!, no era posible, estaba muy mal. –Se dijo-. ¿Y entonces; que paso? ¿Dónde estaba?, ¿Y si alguien se la llevó? Pero.., no, ¿quién?, ¿para qué?. Tal vez… Sesshomaru… NO, claro que no. –rápidamente desechó la idea- no tenía sentido, la había dejado aquí para protegerla, no podía venir por ella si estaba en medio de una guerra.
Se preocupó, casi volando se dirigió hacia la puerta para ir a buscarla; estaba a punto de cruzarla cuando vislumbró una silueta oscura que se acercaba lentamente hacia la entrada; se paró en seco de la impresión e involuntariamente dios dos pasos hacia atrás; la figura se acercó haciendo posible reconocerla: ¡Rin!…- dijo casi gritando, con una mano en su pecho, y exhaló un gran suspiro de alivio.
Sacerdotisa Kágome. –Dijo la ludida con un hilo de voz, apenas audible. Hizo una pequeña reverencia-.
Kagome la miró: El semblante demacrado: unas profundas ojeras bajo los hundidos párpados, pálida mas allá de lo imaginable; los ojos enrojecidos, hinchados por el llanto, el cabello y la ropa mojados. Se imaginó lo peor.
¿Qué te pasó? Preguntó alarmada. ¿Estás bien? Cuestionó expectante.
Yo…, si…, estoy bien..., solo salí.
Kágome no nada crédito a lo queoía. ¿Saliste?, pero.. ¿Cómo…Rin, si apenas…? Estabas muy mal. Guardó silencio: Rin tenía la mirada perdida, estaba sumida en sus pensamientos, pudo darse cuenta de que estaba muy lejos de ahí.
Rin….-dijo buscándole la mirada-. Como no reaccionó, tomó sus manos entre la suyas tratando de llamar su atención, inmediatamente percibió el calor que su cuerpo desprendía; le tocó la frente: Todavía tienes fiebre, -afirmó-. Ven, vamos a cambiarte esa ropa húmeda y luego voy a darte un té. La haló de una mano, la jovencita se dejó conducir dócilmente.
Luego de ayudar a cambiarse a una Rin totalmente muda y distante, la hizo sentarse y le dio la acostumbrada "infusión nutritiva" a la que agregó un ingrediente que le ayudaría a controlar la fiebre. Al probarla la muchacha hizo una mueca de disgusto.
Sé que sabe mal, pero tienes que tomarla, te ayudará. -Le dijo con una media sonrisa- Rin solo asintió, pero continuó distante, volteó la cara hacia la ventana, que daba al bosque, como buscando. Kágome le siguió la mirada, casi podía asegurar lo que pasaba por la mente de la chica, o más bien, quien. La miro seria, y pensando en el peligro que pudo haber corrido al salir de esa manera tan abrupta, sobre todo en su estado de salud. Le dijo:
Rin…-la muchacha la ignoró- ¡Rin!, la llamó en un tono más alto. La jovencita volteo, dejando a un lado la taza de té, ya vacía. No debiste haber salido sola, estás muy débil; pudiste haberte lastimado, o alguien pudo haberte hecho daño, y no había nadie que…
¿Me protegiera?, le contestó Rin, interrumpiéndola. No soy débil y no necesito que me protejan todo el tiempo. Dijo esto último con un recalcado tono de disgusto y dirigiéndole una mirada acusadora.
Kágome se quedó atónita, conocía a Rin desde pequeña, siempre le había parecido una niña dulce y alegre, sensible; incluso hasta antes de la muerte de la anciana Kaede seguía conservando ese carácter amable y cordial. Definitivamente algo no andaba bien; la miró intensamente a los ojos, y con una voz que reflejaba la sincera preocupación que sentía, le preguntó:
Rin… ¿Qué te pasa?. Puedes confiar en mí.
Al verla, Rin no pudo menos que sentir un poco de remordimiento por su reciente conducta; avergonzada, evitó la mirada de la sacerdotisa, y a modo de disculpa, contestó:
Yo.., lo siento señora Kágome… Lamento haberla preocupado. No había nadie… Hacía mucho calor, y salí a bañarme al río. No pensé.
Insatisfecha con la respuesta, kágome la tomó de las manos.
Rin…¿Qué pasa? Preguntó suave tacto y la dulce mirada de la sacerdotisa rompieron su barrera. Es solo que.., no quiero ser una carga para ustedes. Dijo apartando las manos suavemente, mirando al suelo.
Kagome exhaló un suspiró, no imaginaba como es que había llegado a semejante idea. ¿Qué es lo que te hace pensar que eres una carga para nosotros? Pregunto directa
Ustedes tienen su vida ya trazada; además de proteger el pueblo de monstruos y de cualquier otra amenaza, llevan la responsabilidad de cuidar del bienestar de todos los aldeanos; la exterminadora Sango y el monje Miroku, tienen hijos; usted es la sacerdotisa de la aldea, y el señor Inuyasha es un guerrero, no una niñera, como bien lo dijo; no necesitan una preocupación más. Contestó Rin.
Hay, Inuyasha estúpido. Pensó Kagome, apretando los ojos: Después de cerca de diez ¡Osuwariiiiiis! mentales para el semi demonio; repuso: Sesshomaru decidió dejarte aquí.
Lo sé, pero no debió hacerlo. –Dijo sin más-
¿Por qué no? Lo hizo porque sabe que con nosotros estarás bien cuidada y protegida.
Protegida… pensó Rin para sus adentros; no quiso reaccionar como hacía un momento, y solo suspiró resignada, diciendo: Este no es mi lugar.
¿Y entonces cual es, Rin? ¿Crees que tu lugar se encuentra al lado de Sesshomaru? Rin, se que el salvo tu vida, pero eso no significa que sea tu dueño o que tu vida le pertenezca. Afirmo kágome
No lo sigo por obligación. Contestó Rin, con una mirada tan impasible e inexpresiva que no le envidiaba nada a las del Lord de las tierras del Oeste; Solo hago lo que quiero. Recalcó esto último recordando las veces en que el demonio le diera la opción de tomar sus propias decisiones.
Kágome se sorprendía cada vez más, se daba cuenta de que realmente no conocía a esa jovencita a la que estaba acostumbrada a tratar. Aún así, la idea de que desperdiciara su vida al lado de un ser como Sesshomaru, para quien siempre sería una… simple humana, le parecía inconcebible, así que insistió:
Sé que aprecias y admiras a Sesshomaru, pero no puedes pasarte el resto de tu vida siguiéndolo en sus interminables viajes en búsqueda de poder; el tiene todo el tiempo del mundo, porque es un youkai, viven miles de años; pero tú no, porque eres un ser humano, tienes un tiempo limitado; si sigues a su lado nunca podrás tener una vida normal. ¿Acaso no deseas tener una vida normal?; no sé, tal vez casarte, tener hijos.
¿Una vida normal?, pensó Rin en voz alta. Yo… nunca he tenido una "vida normal". Así que no sé qué es eso. Y si una "vida normal" es lo que viví antes de conocerlo, supongo que entonces no debería de estar viva, ya que morí hace muchos años.
Kagome se quedó helada.
