¿Una vida normal?, pensó Rin en voz alta. Yo… nunca he tenido una "vida normal".Así que no sé qué es eso.Y si una "vida normal" es lo que viví antes de conocerlo, supongo que entonces no debería de estar viva, ya que morí hace muchos años.
Kagome se quedó helada.
La muerte; eso fue lo que me dio la "vida normal"; -señaló Rin- Primero, la muerte de mi familia, en mi propia cara, a manos de muchos "seres humanos". Recuerdo bien esa noche. Cuando los bandidos atacaron la aldea, estaba con mi madre en la choza, íbamos a preparar la cena; mi padre y mi hermano fueron al bosque por leña; teníamos mucha en casa, pero a papá le gustaba tener reservas por cualquier cosa; a mí me gustaba hacer escondrijos entre los maderos que tenía papa guardados; cuando mi hermano y yo jugábamos, siempre me escondía ahí.
Comenzaron los gritos; mi madre salió a ver qué ocurría, dejándome dentro de la casa; cuando entró tenía el rostro horrorizado. Rápidamente me escondió entre los leños de tal manera que estuviera bien oculta, me dijo que no hiciera ningún ruido, que pasara lo que pasara y viera lo que viera, me mantuviera en silencio. Obedecí. Casi en cuanto terminó de esconderme, entraron dos bandidos, preguntaron si había alguien más; mi madre negó con la cabeza.., lo que pasó después… bueno (bajó la cabeza); en pocas palabras, intentaron abusar de ella; como se defendía, la golpearon hasta que quedó inconsciente; yo lo veía todo en silencia, con las manos me apretaba la boca para no gritar. La habían desnudado por completo cuando aparecieron mi padre y mi hermano; los bandidos estaban tan entretenidos que no se dieron cuenta. Mi padre se acercó por detrás y le propinó un leñazo en la cabeza a uno de ellos, mientras mi hermano hirió al otro con una lanza que recogió del suelo; pensé que nos habíamos salvado, mi padre y mi hermano se apresuraron a ver a mamá, estaba a punto de salir de mi escondite, cuando escuché un ruido seco, seguido de un quejido y luego un golpe de caída; cuando volteé, vi el cuerpo de mi padre atravesado por una lanza, tendido en el suelo, un bandido lo había matado por la espalda; otro venía con él, entre los dos inmovilizaron a mi hermano, uno de ellos lo levantó por el cuello, el otro se lo cortó con una daga entre risas e insultos; en ese momento mi madre reaccionó y al ver a mi padre y mi hermano muertos soltó un grito de dolor, como pudo de paró y se echó encima del bandido que mató a mi hermano, pero el otro cobarde la tomó por el cabello, y luego, la mató con su espada, se la clavó directamente en el corazón.
Quise gritar, salir corriendo, pero el miedo me venció; las palabras de mi madre me venían a la mente; "guarda silencio", escuchaba. Después de que todo pasó, lloré hasta el cansancio, quería gritar, pero ya no podía, algo me lo impedía. Luego, ya no pude pronunciar palabra.
Así fue que perdió el habla. Pensó kágome, horrorizada.
Luego, siguió mi propia muerte; mi resurrección a manos de un demonio que dicen que odia a los humanos; mi nueva vida a su lado; mi segunda resurrección por ese mismo demonio. No, yo creo que no, no sé que es tener una vida normal, y supongo que nunca la tendré; en cuanto a lo demás…, si tengo que elegir, prefiero vivir un solo segundo a su lado, aún y cuando fuera él mismo quien me arrebatara la vida, a hacerlo por siempre entre los seres humanos, en una existencia vana y sin sentido.
Kágome no lo podía creer, se paso las manos por el cabello. Luego recordó cuando Sesshomaru vino, dispuesto a llevársela a pesar de que estaba enferma, recordó la sonrisa, el cambio en los ojos de Rin al verlo; el cambio en el tono de voz de él, al hablarle. No entendía la necedad de ella por seguirlo ni la de él por mantenerla a su lado. ¿Qué era lo que unía a esos dos seres tan opuestos? -pensaba. ¿Qué era lo que hacía que él, un demonio frío y cruel, con su auto proclamado desdén por los humanos y con la eternidad por delante, respondiera al llamado de ella, una joven perteneciente a la especie humana con la vida limitada y siempre pendiendo de un hilo, dada su fragilidad?
Sus neuronas trabajaban en vano, sin encontrar respuesta; miró a Rin, y pudo percibir en sus ojos la decisión, y la añoranza de aquel ser del que hablaban; en un intento por comprender aquel lazo que parecía ir mucho más allá de lo que hasta ahora parecía justificable, preguntó:
Rin… ¿Qué es lo que te une a Seshomaru? ¿Por qué te empeñas en permanecer a su lado?
Rin sonrió.La misma pregunta me hizo mi abuela. –Contestó, refiriéndose a la anciana Kaede. Soltó un suspiro melancólico; luego dijo:
El fue el único que me vio. Kágome la miró sin entender.
¿El único que te vio?, ¿cómo? ¿Qué quieres decir con eso?
Si. Fue el único que volteo a verme. La sacerdotisa la miraba interrogante, aún sin comprender.
Rin continuo: Fue el día que lo conocí. Después de que mataron a mi familia, no había salido de la aldea, no sé cuánto tiempo pasó, pero fue mucho; ese día, fue la primera vez que salí. Tenía hambre, así que fui al bosque a buscar algo para comer; me agaché para ver unos pequeños arbustos que estaban justo detrás de un árbol que daba a un claro, pero no encontré nada, así que me levanté; fue entonces que lo vi: estaba recostado en su estola blanca, bajo un gran árbol; creo que debí hacer mucho ruido, y .., no sé, supongo que lo asusté: soltó un gran gruñido; sus ojos eran rojos y me enseñó sus colmillos. Me dio un gran susto, pero después de ese momento, ya no sentí temor y me acerqué.
Kágome se sorprendió, no imaginaba como siendo tan pequeña no salió corriendo al ver a Sesshomaru, y más de esa forma, cuando su sola presencia infunde temor.
Enseguida me di cuenta de que era un hombre, pero no humano. Supuse que era youkai, un demonio como los de las historias que me contaba mi hermano mayor para asustarme; pero no parecía un monstruo como lo decían los cuentos, sus rasgos eran… diferentes, más bien, me pareció.., algo así como un ángel.
Kágome alzó una ceja: ¿Sesshomaru…un ángel? Esa idea chocaba por mucho con su apreciación sobre el demonio. Pero luego reflexionó: Viéndolo bien, él se encontraba lejos de parecer un monstruo –pensó-.
Ante este pensamiento, no pudo evitar imaginar la impresión de Rin cuando lo vio por primera vez: Era un youkai, si, pero poseía rasgos finos y…bastante atractivos. Recordó su rostro, era realmente muy apuesto: Sus facciones eran muy varoniles; su piel blanca, nívea, hacía resaltar sus marcas de nacimiento: esa hermosa luna en cuarto menguante de intenso color azul que adornaba su frente y las dos líneas púrpuras que surcaban sus mejillas; el dorado de sus ojos, ligeramente rasgados, resaltado por una sombra natural del mismo color de las marcas de sus mejillas; su larga y sedosa cabellera plateada que cubría toda su espalda; y para rematar, su alta y atlética figura, además de su porte, elegancia natural y arrogante personalidad. Sonrió, ligeramente sonrojada, tenía que reconocer que realmente ofrecía una imagen imponente y llamativa. Era natural que, a los inocentes ojos de Rin, esta visión se antojara hermosa, casi celestial. Si lo hubiera conocido en diferentes circunstancias, tal vez hubiera pensado lo mismo que ella. Dijopara sí misma. Continuo escuchando a Rin.
Estuve parada frente a él largo rato, observándolo; hasta que habló.
Mientras relataba, a su memoria acudió la escena: Sesshomaru se encontraba con el torso recargado en un frondoso árbol, descansando sus piernas sobre su blanca estola. Muy a su manera, a pesar de saber que estaba presente, ignoraba a Rin olímpicamente, con el rostro volteado, viendo hacia ningún lado. Después de un rato, empezó a impacientarse ante la insistente mirada de la niña.
"¿Qué tanto miras, niña? ¡Aléjate! Quiero estar solo."
Rin no se movió ni un centímetro, parecía no escuchar. Solo lo miraba, anonadada. Sesshomaru terminó de molestarse: "¡Largo!" –Le ordenó- La niña se alejó.
Al decir esto, Kagome sonrió: Ese es el Sesshomaru que conozco -pensó.
Caminé hacia la aldea, -dijo Rin-, pero no podía quitármelo de la cabeza, así que regresé.
¿Porqué regresaste?, preguntó Kagome.
Porque lo vi herido, triste y muy solo… igual que yo. No podía dejarlo.., como me dejaron a mí.
