Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Sanando corazones

"Cuando veas a alguien triste, escúchale, para él será como si le hubieras dado el mejor consejo… Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar…"

Capítulo 4 Saori, el poder de escuchar…

Se mantenía muy atento a la clase de arte, pues nunca había visto algo como lo que pensaba enseñarles a hacer la maestra. Ni siquiera su nombre lo había escuchado alguna vez, de hecho le sonaba muy difícil. Pero, girando ese artefacto y viendo las hermosas figuras de colores que se formaban en su interior, quería lograr hacer el suyo.

–Esto se llama Caleidoscopio – les dijo la maestra – Traje materiales reciclados para que hagamos algunos. Acérquense para recibirlos.

Todos los niños se pusieron de pie y retiraron los materiales cuidadosamente preparados para cada uno de ellos. Se sentaron en las mesas haciendo un círculo alrededor de la maestra, para que ella pudiera ayudarles en todo el proceso que era un tanto complicado. Comenzaron haciendo el prisma, cortando tres rectángulos de unos cd's que funcionarían a modo de espejo, uniéndolos con cinta al final, formando un triángulo.

–El prisma es el responsable de la magia del caleidoscopio – les explicaba – Son los tres espejos los que permiten reflejar los objetos, dándoles formas diferentes y coloridas.

Los niños miraban a través del prisma, girando alrededor de la sala, maravillados de las formas que veían.

–Ahora, debemos introducir el prisma dentro del tubo de cartón – todos le obedecían – Por un costado, cerraremos los espejos con este círculo de plástico transparente y en ese espacio colocaremos estas cuentas de colores – miraron una cajita que les mostró la maestra con una gran cantidad de cuentas de distintos tamaños y múltiples colores.

Continuaron con el proceso hasta que cada niño hubo terminado su caleidoscopio y finalmente lo adornaron a gusto personal. Shun forró el suyo de color azul oscuro adornándolo con escarcha plateada, simulando el universo. Estaba tan contento que no podía esperar a mostrárselo a su hermano y amigos.

Iba muy feliz mirando a través de su caleidoscopio cuando chocó con alguien sin darse cuenta.

–Oh, disculpe – hizo una reverencia en señal de arrepentimiento. Al levantar su cabeza pudo ver con quien había tropezado y un cierto temor lo recorrió. Era la nieta del dueño del lugar, la señorita Kido, como todos la conocían. Debido a su posición, ella siempre era un tanto déspota con los niños que su abuelo había "recogido". Aunque él siempre la reprendía cuando se le pasaba la mano molestando u ofendiendo a los pequeños.

–Fíjate por donde caminas – dijo la niña disgustada, girando el rostro en señal de fastidio.

Shun volvió a inclinar su cabeza y sin levantarla salió del lugar. Respiró aliviado cuando ya estaba en el patio, al notar que la niña no lo había seguido para continuar retándolo.

Entonces, decidió, ir a su lugar secreto, que ya no era tan secreto, pues desde el día que Seiya supo de él, ya no lo dejó en paz y todos los domingos lo iba a buscar para jugar a la pelota. Pero, hoy era jueves y él debía estar en su taller de fútbol junto a su hermano y como siempre pasaba, ellos seguían jugando hasta que los llamaban a bañarse.

Con toda calma, fue hasta el sitio junto al árbol donde su hermano entrenaba. Cuando se acercaba pudo notar la presencia de alguien más ahí.

– ¡Hyoga! – gritó al ver el rubio cabello de su amigo.

–Al fin terminaste tu clase – el niño se volteó a mirarlo al escuchar su voz –Estaba haciendo unas grullas mientras te esperaba – después que Shun le había enseñado su escondite y su deseo, se había propuesto a ayudarlo en agradecimiento.

–Ah, gracias – se acercó muy contento, sentándose al frente – Mira lo que hicimos hoy – extendió su mano para mostrarle su trabajo. Hyoga lo tomó y supo exactamente qué hacer con él.

–Es un caleidoscopio – decía, mientras el niño de verdes cabellos lo miraba impresionado – Mi mamá me regaló uno el año pasado – seguía girando el artefacto.

– ¿En serio ya lo conocías? – se sintió un tanto decepcionado, pues quería sorprender a sus amigos.

–Pero este es más lindo, porque se forman muchas figuras – al ver el repentino cambio en el rostro de su nuevo amigo, sintió la necesidad de subirle el ánimo.

Estaban tan distraídos conversando, que no notaron que unos niños se acercaban rápidamente. Sólo escucharon el llamado en voz alta que le dieron.

– ¡Shun! – Ikki se veía muy disgustado - ¿Qué haces con ese niño? ¿Acaso te olvidaste de lo que te dijimos? – no venía solo, Seiya y Shiryu lo acompañaban y estos lo miraban con sus ojitos abiertos de par en par al verlo tan cerca del gaijin.

Al escuchar a su hermano, Shun se levantó del suelo rápidamente para darle alguna explicación, mientras Hyoga también se ponía de pie dispuesto marcharse del lugar. Su rostro igual que siempre no mostraba ninguna emoción, ni enojo, ni tristeza, solo indiferencia. Estaba muy acostumbrado al rechazo.

–Nii-san, déjame presentarte a Hyoga – el pequeño se acercó a su hermano dispuesto a que conocieran a su nuevo amigo – Su papá es japonés y también habla nuestro idioma… no es un gaijin como dijeron los demás…

Aunque Ikki seguía con el ceño fruncido, demostrando su incomodidad ante la situación, Seiya y Shiryu se acercaron con un poco de temor.

– ¿Es verdad eso? – preguntó el castaño, quien era más extrovertido. El rubio asintió con su cabeza, sin hablar.

– ¿Entonces por qué todos dicen que eres un gaijin? – Shiryu preguntó interesado.

–Porque mi mamá es rusa y mi cabello es igual al de ella – Hyoga era conciso en sus respuestas.

–Hablas japonés muy bien – el niño se acercó más interesado aún, después de escucharlo hablar – Mi nombre es Seiya, un gusto conocerte – le extendió su mano a modo de saludo, igual que lo había hecho con Shun. El rubio lo quedó mirando confundido, pues esa no era una costumbre japonesa, pero ante la sonrisa sincera del otro niño extendió su mano y se atrevió a compartir el saludo.

–Yo me llamo Shiryu – el pequeño inclinaba su cabeza, saludando con una reverencia – Para mí también es un gusto conocerte – Hyoga le devolvió el saludo, inclinando su rostro.

Shun sonreía feliz, al fin todos sus amigos estaban juntos. Miró a su hermano, esperando que tuviera la misma actitud que los otros, pero Ikki era un poco más desconfiado, por lo que solo se limitó a observarlos. Para que no se sintiera fuera de lugar, tomó su nuevo trabajo y se acercó para enseñárselo.

–Mira, nii-san, esto hicimos hoy en clase de arte – le entregó con orgullo su caleidoscopio.

– ¿Qué es? – lo miraba confundido, pues nunca había visto uno. Los otros se acercaron curiosos para ver qué había hecho su amigo en su clase.

–Es un ca… cale… – Shun intentaba acordarse del nombre correcto.

–Caleidoscopio – dijo Hyoga ante la mirada sorprendida de los niños.

–Eso, un "caledoscopio" – seguía pronunciando mal la palabra.

–Calei… doscopio – corregía Shiryu, que también conocía el artefacto.

–Eso es muy difícil de decir – Seiya se metía en la conversación – Y ¿para qué sirve?

–Debes mirar por aquí y girarlo – le daba las instrucciones a su hermano. Ikki le hizo caso y su cara cambió del semblante enojado que tenía por uno maravillado ante las hermosas figuras que veía.

–Es muy lindo, otooto – decía orgulloso de que su pequeño hermano hubiera hecho algo como eso.

–Yo también quiero ver – el castaño siempre era impetuoso y saltando le quitó el caleidoscopio a Ikki – Oh, sí que es lindo – decía muy emocionado.

– ¿Me lo prestas, Seiya? También me gustaría verlo – Shiryu siempre era muy cortés. Ante su petición, el castaño se lo entregó – Qué hermoso, parecen copos de nieve.

– ¿Copos de nieve? – a Shun le llamó la atención la comparación.

–Sí, tienes razón, los copos de nieve tienen esa forma – Hyoga respaldaba lo dicho por el niño de largo pelo negro. Los otros tres se quedaron mirando interrogantes, ante lo que el rubio le preguntó si entre sus cosas no tendría un lápiz y papel para dibujárselos.

Así, se quedaron un rato, aprendiendo la forma de los copos de nieve y mirando a través del caleidoscopio, hasta que llegó la hora de marcharse. Shun estaba feliz de que al fin sus amigos aceptasen a Hyoga en el grupo, incluso su hermano terminó hablando con él mientras dibujaba en el cuaderno.

Al llegar al comedor, los cinco se sentaron en la misma mesa y todos los demás los quedaron mirando feo al verlos junto al gaijin, pero para ellos eso ya no era importante. Mientras comían y conversaban, el señor Kido junto a su sirviente personal hicieron aparición en el lugar, ante lo cual todos los niñitos se pusieran de pie para saludarlo.

–Pueden sentarse, niños – les dijo con su grave voz el señor – Les vengo a informar que mañana se llevará a cabo una fiesta aquí en la mansión a petición de mi nieta que quiere compartir un rato agradable junto a ustedes – les hablaba con seriedad, mientras los niños se miraban confundidos entre ellos – Después del desayuno deberán dirigirse al patio, donde estarán dispuestos unos baúles con disfraces en su interior para que escojan y se vistan. Espero que se porten muy bien con mi nieta y disfruten de la fiesta – finalizó diciendo, a la vez que los niños volvían a ponerse de pie para despedirlo.

A Shun le llamó la atención que Hyoga en ningún momento miró al señor Kido, manteniendo su rostro fijo en la mesa, pero, por el momento prefirió no preguntar.

Al día siguiente, todos los niños partieron corriendo hacia el patio después de desayunar para escoger su disfraz. Seiya y Shun estaban emocionados de tener esa oportunidad; Shiryu los miraba con una sonrisa, a él no le llamaba mucho la atención eso; mientras Hyoga e Ikki iban llevados a la fuerza por Shun para que también se disfrazaran.

Comenzaron a revolver los baúles, y los disfraces salían volando por lo aires, cayendo al suelo, mientras buscaban el que más les gustara. Eran muchos y todos diferentes, por lo que escoger se complicaba un poco.

De pronto, el que menos interesado estaba, vio uno que le atrajo como imán, un disfraz de pirata. Ikki abrió sus ojos y se abalanzó sobre él para que nadie se lo quitara, peleando un momento con otro niño que también lo quería. Pero, como todos imaginaron al ver el pequeño forcejeo, Ikki salió vencedor, quedándose muy contento con el atuendo.

El siguiente en encontrar su disfraz fue Seiya, que saltaba feliz al haber descubierto entre aquellas ropas el de un superhéroe, con capa y antifaz incluidos. Los ojitos le brillaban al pensar cómo se vería usando ese traje.

Sin mucho interés, Hyoga miraba los trajes que estaban regados por el suelo y de repente vio uno que le pareció lindo, un disfraz de osito polar. Él seguía teniendo el corazón de un niño, a pesar del dolor que llevaba dentro. Se agachó a mirarlo y lo recogió sin pensarlo mucho, total la fiesta no le importaba para nada.

A Shiryu ninguno le llamaba la atención, él era un adulto en cuerpo de niño, por lo que andar disfrazado no estaba en su lista de cosas importantes. Pero, buscando, al final se decidió por uno de astronauta que consideró apropiado para su edad.

Shun, siendo el más entusiasmado, aún no podía encontrar alguno que llamara su atención, hasta que en medio de varios disfraces rechazados, vio uno de león. Le pareció muy tierno, pues tenía una melena muy peluda. Al final, se decidió por ese y yéndose al cuarto junto a sus amigos, salieron todos listos para la fiesta.

Cuando todos los niños estuvieron disfrazados, hizo aparición la señorita Kido, vestida como una hermosa y pomposa princesa. Todos la miraban boquiabiertos, pues era la única niña del lugar. Lo que ella no sabía, era que muchos de esos niños le tenían una gran antipatía y se habían puesto de acuerdo para arruinar la ocasión.

El señor Kido no escatimó en gastos frente a la petición de su nieta y la fiesta estaba llena de todo lo que un niño pudiera desear, globos, juegos inflables, camas elásticas y mucha comida chatarra. Los niños disfrazados corrían por todo el lugar saltando, jugando y comiendo sin control.

Sin embargo, nadie tomaba en cuenta a la niña, quien intentaba acercarse para jugar con ellos, pero ninguno le hacía caso. Estaba muy enojada, a punto de gritarles para que le obedecieran, cuando un niño le tiró un vaso con bebida a propósito, dejándole todo el vestido mojado. Sintió que todos la miraban burlándose, por lo que salió corriendo del lugar, humillada y frustrada.

Iba tan distraída, con lágrimas en sus ojos, que no se dio cuenta cuando chocó con alguien. Al levantar el rostro, después de secar un poco sus mejillas, vio a un leoncito con una peluda melena y unos enormes ojos verdes. Se dio cuenta que era el mismo niño que el día anterior había tropezado con ella. Recordó lo altiva que había sido y esperando que ahora el niño se desquitara de ella como los otros ya lo habían hecho, agachó su cabeza, cerrando sus ojos, esperando su reacción.

–Disculpe – dijo Shun inclinando su cabeza, de la misma forma que lo había hecho la vez anterior. La niña abrió sus ojos, sorprendida de la actitud del niño. Él notó que había estado llorando y que su vestido estaba estropeado. Le dio pena verla así, pues se notaba que ella quería pasar un rato divertido con los niños, al menos eso pensaba él – No vi que venía hacia acá.

– ¿Qué haces tan lejos de la fiesta? – preguntó secamente la niña, al notar que estaban retirados del lugar. No podía cambiar su trato por un vaso de bebida arrojado en su vestido.

–Vine a buscar esto… es que quería que los demás niños vieran mi trabajo – Shun sabía que ella era así por los comentarios de los demás niños. Aun así le sonreía mientras le mostraba su caleidoscopio.

– ¿Tú lo hiciste? – cambió el tono de su voz, mostrándose interesada en el objeto, impresionada de que un niño de ese lugar se tomara el tiempo de hacer algo así.

–Sí, en clase de arte. ¿Le gustaría verlo? – le extendió el artefacto con confianza.

La niña comenzó a mirar las figuras, sintiendo que la pena que la inundaba se iba poco a poco de ella.

–Qué hermoso… me gustaría tener algo así – bajó su cabeza en señal de resignación. Comprendía que su trato hacia los niños la había llevado a ser rechazada por ellos. Pero, también notaba que ese niño era distinto a los demás.

–Y usted ¿por qué está tan lejos de la fiesta? – se atrevió a preguntarle. Ella lo miró entre sorprendida y confundida por su amabilidad.

– ¿En serio quieres saber? – él asintió con su cabeza – Un niño me tiró su vaso de bebida al vestido y los demás se burlaron de mí, por lo que salí corriendo hasta que choqué contigo. ¿Sabes? Ahora me doy cuenta que quizás… – se detuvo, nunca había hablado de sus sentimientos con nadie. Pero al mirar al niño y ver la atención sincera que le ponía, se atrevió a seguir expresándose – Siempre he estado sola en esta mansión, mi abuelo es el único que me acompaña y muchas veces está ocupado con su trabajo, por lo que no puede estar conmigo todo el tiempo. Me alegré cuando supe que vendrían niños a vivir aquí a la mansión, porque al fin tendría con quien jugar, pero creo que he abusado de mi poder sobre ustedes… – unas lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas nuevamente.

–Te lo regalo – dijo Shun, extendiéndole su caleidoscopio – Antes, cuando miraste por él, se te fue la pena… creo que a ti te servirá más que a mí – dijo a la vez que le sonreía.

La niña lo miraba impresionada. No solo la había escuchado sin criticarla, sino que, además, se preocupó de consolarla. Tomó el regalo de las manos del niño y le agradeció con una sonrisa. Por primera vez, se sintió acompañada en ese lugar…

….

Buscaba unos documentos importantes entre las cajas de la oficina de la mansión, cuando, en medio de unas carpetas encontró aquel regalo que le habían hecho. Se quedó un rato sorprendida de hallarlo ahí, pues no había podido localizarlo antes. Con felicidad, miro a través del pequeño agujero y girándolo, vio cómo se formaban aquellas coloridas figuras. Recordó lo mal que se había portado con aquellos niños y una punzada de amargura le atravesó el pecho… desearía haber sido más amable con esos pequeños. "Si tan solo hubiera sabido toda la verdad", pensó. Pero sobre el mismo pensamiento se rectificó. "En realidad, no hay excusa para mi actitud. Fui altiva y prepotente, por eso ellos se desquitaron aquella vez" Estaba sumida en sus reflexiones aun con el caleidoscopio en su mano, cuando tocaron a la puerta.

–Adelante – dijo saliendo de sus cavilaciones.

–Perdón por molestarte, Saori, pero necesitaba hablar contigo – era Shun que entraba por la puerta. Ella lo miró sorprendida debido a la casualidad.

–Shun, acércate… mira lo que encontré – levantaba el regalo para que pudiera verlo. Él, al recordar su trabajo, se acercó contento de ver que aún existía.

–Mi caleidoscopio… ¿puedo verlo? – preguntó un poco inseguro. Al ver las figuras sintió un poco de nostalgia, recordando aquellos días, que aunque fueron difíciles le acercaron a los que ahora eran su familia.

– ¿Sabes? Ese día que me lo regalaste me fui muy feliz – le revelaba Saori – En realidad, me quitó la pena, como dijiste.

–Esos fueron días complicados, pero los apreció porque me permitieron conocerlos – hablaba con toda sinceridad.

–Cada día que pasa compruebo que sigues teniendo el alma más pura – dijo mirándolo a los ojos, sorprendiendo a Shun – Nunca te di las gracias por el regalo – se acercó, tomándole las manos – Gracias, Shun… ese día no solo me regalaste algo importante para ti, sino que también me ayudaste al tomarte el tiempo de escucharme. Nunca he olvidado tu amable gesto que en ese momento sanó la herida de mi corazón…

Continuará…


Notas de la autora: Espero que les haya gustado este capítulo de Saori… intenté mantener su personalidad lo más cercana posible, pues me baso más en el manga que en el animé al escribir y ella casi no aparece siendo niña, pero si se le recuerda en algunas frases.

Agradezco enormemente a todos quienes se han detenido a seguir mi historia y a todos los que han dejado sus lindos comentarios… su apoyo sincero es el que me anima a seguir escribiendo :D

Gracias por leer este capítulo y espero que dejen su opinión ;)

Saludos, Selitte :)

PD: Próximo capítulo "Ikki, el poder del amor fraternal…"