Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Sanando corazones
"Unas palabras, una sonrisa, un abrazo, saber escuchar, el amor, la amistad, una mirada… todos son gestos gratuitos, no gastarás nada en entregarlos y sin embargo ganarás mucho, llenando tu corazón y quizás, sanando los corazones de otros…"
Epílogo Mi vida después de conocerlos…
Ni una brisa podía sentirse ese día, era pleno verano y el calor que hacía rivalizaba con las peores temperaturas que había sentido en la Isla de Andrómeda. ¿Cómo podía ser tan caluroso Japón? ¿O sería que algún olímpico estaba haciendo de las suyas? No, eso no era posible, pues según la propia Athena, las guerras ya habían terminado y ellos estaban disfrutando al fin de una vida normal. Pero, ¿qué era normal para ellos? Todos los días se preguntaba lo mismo; después de haber pasado toda su infancia intentando salvar su vida para volver a ver a su hermano y luego de encontrarlo, verse arrastrado a un sinfín de batallas, una tras otra, sin descanso… ¿qué era normal entonces?
Para Shiryu, la respuesta fue reconocer su amor por Shunrei y, después de algunos años trabajando la tierra heredada por su maestro en Rozán, había decidido demostrar su amor contrayendo matrimonio con ella. Por recomendación de Saori y para facilitar la asistencia de todos, la fiesta se había llevado a cabo en la mansión y había resultado ser todo un éxito. Después de unos meses había llegado la noticia de que esperaban a su primer hijo.
En el caso de Seiya, el reconocer que ahora tenía una vida "normal" fue todo un reto, pues aunque al principio se había negado a proteger a la niña mimada de Saori, llevándose la razón de todos en ese momento, al final terminó haciendo caso a las palabras de Marín de ayudar a Athena al reconocer el cosmos divino en aquella adolescente. Entonces, su vida como caballero se había transformado en el centro de su mundo, esforzándose al máximo por cumplir con su misión. Haber encontrado a Seika era algo que lo ayudaba a mantenerse sosegado gran parte del tiempo. Además, trabajaba en el orfanato junto a Miho. Pero igual extrañaba su labor como santo.
Hyoga, por su parte, había vuelto a Siberia y todos los años visitaba a su madre, dejándole un ramo de flores sobre el grueso hielo que cubría su barco naufragado. Desde niño, había tenido que afrontar las cosas más difíciles, perdiendo a su madre al viajar a Japón para conocer a su padre, el que lo recibió como si fuera un huérfano más que cuidar en su Fundación, enviándolo a entrenar para conseguir una armadura igual que a todos sus medio-hermanos. Conocer a todos esos niños, que al no saber su propio origen lo despreciaron e insultaron, habría sido la gota que derramaba el vaso, si no hubiese conocido a sus amigos que lo aceptaron sin siquiera saber la verdad. Ahora, intentaba aprovechar su tiempo, ayudando en todo lo que podía a la pequeña comunidad que vivía en su pueblo, ganándose la gratitud de los escasos habitantes siberianos.
Como ya era conocido, Ikki había desaparecido después de la última batalla y no había dado señales de vida.
Debido a esto, Shun había decidido buscarlo, emprendiendo un viaje que lo llevó a conocer la miseria del mundo… ese mundo que se había esmerado por salvar. Aquella travesía le había demostrado que, quizás, solo quizás, su vida no había sido tan terrible, pues en su infancia había contado con el innegable amor de su hermano, había hecho amigos que nunca lo olvidaban y, su entrenamiento, aunque agotador y extremo, había estado acompañado del cariño de su maestro y del cuidado de su compañera.
La miseria que vio lo dejó anonadado. El mundo estaba inundado de egoísmo, orgullo, traición, celos, discusiones… todo a un grado que no esperaba. Su alma pura y sensible sufría cada vez que veía un niño pidiendo algo de comer siendo completamente ignorado por las personas que pasaban raudas por su lado. Él, que tampoco contaba con dinero de sobra, pues trabajaba en lo que pudiera para mantenerse, siempre se detenía, acariciaba los cabellos de aquellos niños faltos de todo lo necesario a esa edad y los invitaba a comer algo. Sabía que eso no era suficiente, pero esperaba haber sido un oasis en aquel desierto de egoísmo. Le bastaba con la sonrisa de gratitud con la que esos pequeños se iban. Algunos, a veces lloraban. ¿Qué más podía hacer por cambiar el mundo? ¿Acaso no bastaba con haber luchado por la paz? ¿No era suficiente haber defendido la tierra? Terminó su travesía en la Isla de Andrómeda, encontrándola en ruinas y sin siquiera un lugar donde recordar a su maestro. Entonces, resonó en su cabeza la promesa que le había hecho a June hacía unos años atrás.
Cabizbajo y sin poder encontrar a su hermano había vuelto a Japón. Se había encontrado con Saori, quien le ofreció vivir en la mansión. Él aceptó hasta que tuviera trabajo y pudiera encontrar un lugar propio. Esos meses en la mansión fueron por lo más extraños y satisfactorios. Haber vuelto a ese lugar, le hacía rememorar su vida de infancia. La habitación que le asignaron cuando habían estado en la mansión, se mantenía intacta. Ahí en el armario tenía guardada su caja con recuerdos de cuando era niño. Cuando se sentía melancólico, siempre sacaba aquellas cosas y sonreía recordando aquellos tiempos. Tomó entonces, el hábito de volver a dibujar. Hacía memoria e intentaba retratar aquellos recuerdos, como alguna vez había hecho en la Isla.
Estaba viviendo en la mansión cuando Shiryu se casó. Desde ese día en adelante las cosas habían sido muy extrañas. En aquella fiesta, su antiguo compañero de armas y ahora su medio hermano, se había acercado a él, abrazándolo por sorpresa, recordando un momento especial de su infancia. Le había agradecido entre lágrimas el que lo hubiera consolado cuando niños. ¿Tan importante habían sido sus palabras para él? Recordaba aquel hecho, pues no pudo olvidar que Shiryu nunca supo quién era su mamá. Era el único del grupo en esa situación, porque, aunque Seiya y él mismo tampoco las habían conocido, sus hermanos mayores les habían hablado de ellas y de alguna manera podían visualizarlas. Averiguar que había logrado sanar su herida y que él recordaba aquel suceso lo llenó de una alegría especial.
Después de eso, uno tras otro fueron acercándose a él para agradecer algún hecho de su infancia, recordando antiguas promesas.
Seiya lo había invitado a su departamento a orillas de la playa para mostrarle que había hecho algunas grullas, como cuando eran niños, para que pudiera pedir su deseo. Entre ellas, aún estaba la que había deslizado por debajo de la puerta del cuarto de castigos, para consolarlo por haber defendido a su hermana. Agradecido, su castaño amigo, le dijo que su contagiosa sonrisa lo había salvado en ese tiempo. Nuevamente, el aprecio sincero de él había llenado su corazón.
Luego, fue el turno de Hyoga, cuando un día en que paseaban todos juntos, debido a una reunión especial que habían acordado como hermanos, repentinamente recordó la promesa hecha cuando niños. Fue muy especial volver a comer aquel helado de piña, que esta vez no tuvieron que compartir, y recordar cómo se conocieron. Visiblemente conmovido, se había acercado a abrazarlo y le decía lo contento que estaba de haber encontrado una familia y de lo agradecido que se sentía de que lo hubiera consolado con un cálido abrazo. Y ahí de nuevo sintió esa satisfacción en su pecho de haber ayudado a alguien.
Lo más extraño de todo fue cuando Saori le recordó un suceso de infancia. Era insólito, pues se había cruzado muy pocas veces con ella. Aun así, ella no había olvidado aquel encuentro y le había manifestado su gratitud sorprendiéndolo completamente. Sus palabras y acciones le demostraron que realmente apreciaba su pequeño regalo sin ningún valor comercial. Y su corazón se sintió lleno de nuevo ante ese gesto.
Dos meses después, llegó la sorpresa que quizá más le había impactado. Su hermano, que ya había hecho algunas apariciones breves en el matrimonio de Shiryu y en la reunión de amigos, también le hacía recordar un bello e inolvidable instante de su niñez al sorprenderlo enviando globos de luz al cielo. Ese día, le pidió perdón por su abandono y le agradeció su amor incondicional. Desde ahí en adelante no volvió a desaparecer, aunque seguía manteniendo su distancia prudente. A él eso no le molestaba, era su hermano y entendía cualquier decisión que tomara.
Quizás fue tanto recuerdo… quizás fue el esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo trabajando de más para conseguir su objetivo… quizás fue su tormentoso pasado… alguna de esas cosas había gatillado en él un agotamiento severo que lo llevaron a desmayarse. Agotamiento que los médicos calificaron como depresión. Pero él sabía que no era eso, solo estaba cansado. No quería molestar a sus hermanos, por eso había seguido trabajando día tras día sintiendo el cansancio en su espalda, en sus piernas y en su corazón. Había tomado una decisión gracias a todos ellos y quería conseguir su objetivo sin ayuda de nadie. Esa era su meta.
Al ser internado, comenzó a dudar si realmente podría cumplir con lo que se había propuesto. ¿Y si eso era imposible para él? No, nada podía ser más difícil que conseguir una armadura como la de Andrómeda, ni más difícil que enfrentar a su propio hermano, ni más difícil que combatir aunque odiara pelear, ni más difícil que el que su cuerpo fuera usado en contra de su voluntad… no, nada podía ser imposible para él que había enfrentado lo peor. Tenía que lograrlo para mejorar el mundo, de una manera diferente esta vez.
Sin pedirlo, nuevamente sus hermanos buscaron la manera de reconfortarlo. Aunque no había estado de acuerdo en que lo sacaran sin permiso del hospital, después se dejó llevar y realmente había sido lo mejor. Tuvo la oportunidad de agradecerles en persona su amistad y apoyo cuando niños, y ahora, ya prácticamente, de adulto. Esa noche les comunicó su deseo y el motivo de su desgaste. Estaba trabajando sin descanso para lograr entrar a estudiar. Todos se quedaron mirándolo un tanto confundidos.
—Pero, Shun, nosotros nunca hemos estudiado. ¿Cómo vas a hacerlo? —preguntó en ese entonces Ikki.
—No te preocupes, nii-san, yo ya tengo todo calculado —le contestó sonriendo. Sabía que todos estarían preocupados por su decisión, por lo que se había preparado de ante mano.
—¿Cómo eso que ya lo tienes calculado? —era Seiya quien se mostraba un tanto incrédulo.
—Hace ya cuatro años que dejamos las batallas y, aunque estuve de viaje, aproveché mi tiempo en lo que consideré mejor. Terminé de nivelar mis estudios obligatorios el año pasado y ahora estoy reforzando lo más difícil para poder entrar a la universidad en unos meses más —hablaba con toda calma, mientras veía los rostros sorprendidos de todos sus hermanos —Además, estoy trabajando para poder pagar mi carrera y solventar los gastos que me genere.
—¿Por qué no nos dijiste nada antes? —Hyoga estaba un poco sentido con el hermetismo de su amigo.
—Porque no sabía si iba a lograrlo. Quería estar seguro antes de contárselo a ustedes.
—Me sorprendes Shun, pero en realidad era de esperarse de ti —Shiryu se acercó y puso su brazo en los hombros de él demostrándole su apoyo —Me alegra que hayas tomado una decisión tan importante.
—Gracias por tu apoyo, Shiryu.
—¿Y qué piensas estudiar? —Ikki finalmente salía del shock inicial y se atrevía a preguntar algo.
—Trabajo Social —vio que de nuevo los rostros de ellos eran de sorpresa —En mi viaje, vi mucha miseria e injusticia y de todos son los niños los que más sufren. Mi deseo es ayudarlos y aliviar un poco su dolor.
—Wow… sí que lo has pensado todo —Seiya cruzó sus brazos por sobre sus hombros en su típica posición de relajo —Lo único que puedo decir es que me sorprendes y que te deseo lo mejor —agregó sonriendo.
—En realidad, es el mejor rumbo que puedes tomar para tu vida —Hyoga finalmente reaccionaba —No hay mejor trabajo para ti que el de ayudar a los otros.
En ese momento todos se miraron, pues entendían plenamente a lo que se refería su compañero. Intercambiaron unas cuantas miradas y luego todos se abalanzaron sobre Shun en un extraño pero ameno abrazo grupal, demostrándole su apoyo en su decisión. No quiso decirles que había optado por esa carrera gracias a ellos también. Esos meses en que le habían agradecido sus pequeñas muestras de comprensión y cariño de niño, habían gatillado en él el deseo de ampliar esa faceta de su personalidad que se le daba con total naturalidad.
Uno días después, Saori le había informado que por fin había ubicado a June y podría comunicarse con ella. Su reencuentro había sido muy grato, ya que habían decidido construir un altar en la Isla donde poder recordar a su maestro. Además, ella también le había agradecido su amabilidad cuando niños, reafirmando aún más su decisión de estudiar.
Desde ahí en adelante todo fue más fácil. Estudiar para reforzar las materias y trabajar para ahorrar, se habían vuelto parte de su vida completamente. Saori, había querido ayudarlo de manera económica, pero él se negó rotundamente. Insistiendo, ella logró convencerlo de, al menos, seguir viviendo en la mansión para reducir sus gastos, a lo que había accedido agradecido.
Ahora, estaba ahí, en aquel enorme jardín, bajo la sombra de un gran árbol, intentando capear el insoportable calor. Sin quererlo, se había quedado dormido recostado sobre una manta, en el césped. En sus manos tenía un cuaderno en el que había estado dibujando. Su rostro tranquilo reflejaba plenamente su corazón lleno de felicidad. Una leve brisa comenzó a jugar con sus cabellos, rozando su piel, provocando que las hojas de los árboles se movieran, permitiendo entrar algunos rayos de sol que iluminaron su rostro e interrumpieron su sueño.
—¡Shun! —comenzó a escuchar que lo llamaban, pero aún estaba medio dormido — ¡Shuuun!
Conocía esa voz, la de su amigo que lo invitaba siempre a jugar. Entreabrió los ojos varias veces y al fin pudo ver a Seiya caminando rápido arrastrando a Shiryu del brazo. Era como estar viviendo un deja vú.
—Vamos, Shun, levántate para que juguemos a la pelota —dijo muy entusiasmado el castaño.
—¿No me digas que te trajo a la fuerza? —preguntó Shun, incorporándose al fin y soltando una risitas ante la actitud de su amigo.
—Ya lo conoces. No puede verme leyendo un libro, porque de inmediato se le ocurre jugar a la pelota —ironizaba Shiryu. Ya estaba acostumbrado a sus ocurrencias.
Más atrás venía Hyoga cargando una nevera y con el cabello completamente mojado.
—Traje helados para todos, no creo poder aguantar este calor —agregó con un visible cansancio — Si tenía calor dentro de la mansión, ¡cuánto más voy a tener después de jugar con ustedes! Solo a Seiya se le ocurren estas cosas en un día como este —terminó de decir, provocando la risa de sus amigos.
Ikki caminaba relajado como siempre. A él parecía no afectarle el calor como a los demás. Venía comiendo un trozo de sandía y traía otro en su mano.
—Toma, otooto, te traje sandía —cuando se la entregó, sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, pues era realmente como estar reviviendo el pasado.
Al final pudo ver salir a las jóvenes que los acompañaban, trayendo unas botellas de agua. Saori, Shunrei, Seika y June verían el partido de futbol desde la sombra.
Todos se habían reunido para despedir a Shun que partiría en unos días a su primera misión de ayuda. Recién había terminado su primer año de estudios con excelentes calificaciones y ahora se había ofrecido de voluntario. Estaban orgullosos de él y querían apoyarlo.
Comenzaron a caminar hacia el lugar donde solían jugar a la pelota cuando niños, alegres de estar todos juntos. Shun dejó su cuaderno sobre la manta donde había estado recostado. Después volvería por él.
La brisa empezó a deslizar las hojas de aquel cuaderno con suavidad, revelando los dibujos de su propietario. En la primera página podía distinguirse a un pequeño Shiryu llorando en una biblioteca. El siguiente dibujo, era el de Seiya peleando con otro niño. Más adelante se veía a Hyoga solo en medio de un bosque. Unas hojas más y aparecía Ikki llorando junto a su árbol de entrenamiento. Una Saori princesa con su vestido manchado y con lágrimas en sus mejillas también era parte de su trabajo. El siguiente era el June niña con su máscara cubriendo su rostro. Parecían todos dibujos tristes, pero con gran significado para el dueño de esos trazos. El viento volvió a soplar deslizando varias hojas, deteniéndose al final en el dibujo más significativo de ese cuaderno. Ahí estaban todos ya adultos, abrazados y sonriendo como posando para una fotografía. Una nota al pie de la página terminaba el dibujo.
"Gracias por ser parte de mi vida… haberlos conocido le ha dado sentido a mi existencia y felicidad a mi corazón"
FIN
Notas de la autora:
Espero que hayan disfrutado de este epílogo tanto como yo disfruté escribiéndolo.
No puedo creer que ya se haya terminado esta historia que empecé con algo de dudas, pero que terminó siendo tan animadora para mí. No saben cuánto agradezco sus comentarios sinceros, sus palabras de gratitud y sus deseos de que siguiera con mi historia. Todo eso alimentó mi imaginación y mis ganas por hacer cada capítulo cargado de emoción y sentimiento.
Mel-Gothic de Cancer, Adele Melody, darkacuario, hanehera, Lallen, Tepucihuatl-Shun, Shuny, SakuraBallSeiyaMejoresAnimes, LouiseUchiha, SakuraK Li, LAuren Saint Seiya, anonimus 30, Princesa andrmeda, kamiry hatake, Sakuragaby, Retired Kitkat, DarthAtomleeder y los que comentaron anónimamente.
A todos ustedes muchas gracias por leer, por su tiempo y por sus comentarios. Todos ustedes que siguieron esta historia desde el comienzo y los que se sumaron con el tiempo. Todos los que se detuvieron a leer mis palabras y las agradecieron de corazón. Gracias también a los que la agregaron a sus historias favoritas y a todos los lectores silenciosos.
Espero con ansiedad sus opiniones finales de este capítulo, si es su deseo dejarlas :D
Muchas gracias por su tiempo y será hasta la próxima... Saludos, Selitte :)
PD 1: Encontrarán unos dibujos relacionados con este fic en mi cuenta de Deviantart bajo este mismo seudónimo, por si quieren verlos ;)
PD 2: Subí una nueva historia para los que les agrade la pareja Shun x June. Se llama "Todo por una Promesa", por si desean leerla :)
