NdA: Muchas gracias por leer ;)


CAPITULO 2: DOLOR EXPRESO

Expreso de Hogwarts ▪ 17:48 hrs. ▪ Domingo 30 de Junio ▪ Nublado

Una vez que bajamos de los carruajes, en la estación de Hogsmeade, nos apresuramos a subir al expreso para poder tomar nuestro compartimiento preferido. Corríamos uno detrás del otro tratando de llegar hasta el final del vagón, pues por lo regular eran los primeros lugares que se llenaban.

Doblamos a la derecha en el último corredor, cuando de repente una lámpara resplandeció y choqué contra algo. Primero sentí el peso de Xio sobre mi espalda y luego el de Ethan, quien había chocado contra la propia Xio.

De inmediato nos apartamos para ver qué es lo que nos había bloqueado el paso, pero lo que vimos fue una pared del vagón como cualquier otra. Al parecer aquel sitio había cambiado desde nuestro último viaje, pues ya no estaba el pasillo hacia los compartimientos que usualmente ocupábamos. Por si fuera poco, el lugar estaba impregnado de un olor a café casi como recién hecho y a cigarrillo. Probablemente alguien había tirado café en el lugar y por eso olía así y aunque se suponía que los cigarrillos estaban prohibidos en el colegio, todo mundo fumaba cada vez que tenía oportunidad. Extrañado e inquieto, lleve mi mano hacia delante y toqué la pared.

—¿Qué mierda le paso a la sección donde estaba nuestro compartimiento? No nos equivocamos de vagón, ¿O sí? —preguntó Ethan igual de extrañado que nosotros y molesto como solo él podía estar.

—No, este es el vagón pero… hay algo raro aquí, ¿Notaron el destello de luz antes de que chocáramos con esta pared? —nos preguntó Xio a ambos.

—Creí que había sido el resplandor de una de las lámparas… —les dije mientras seguía tocando la pared, sintiendo un inusual y leve hormigueo en la palma de la mano— ¿Crees que la pared se haya materializado mediante magia?

—No se me ocurre que otra cosa pueda ser… —dijo antes de que Ethan la contradijera.

—Pues sinceramente no creo que las paredes del expreso se materialicen dando destellos de luz, Xio.

Aquel desdeñoso comentario, hizo brotar una idea tan repentinamente, que cuando lo pensé por segunda vez me resultó casi un hecho evidente.

—¿Recuerdan las últimas clases de encantamientos? Esas en las que buscamos objetos ocultos por toda el aula. Nos dijeron que prestáramos atención porque…

—La verdad es que aquella vez me limité a lanzar el hechizo revelador a diestra y siniestra, pero lo único que logré revelar fueron las bragas de Mellissa Klum cuando hice que se le cayeran hasta los tobillos —me interrumpió Ethan entre risas perversas.

Lo miré de mala manera por segunda vez en el día y por enésima vez deseé que se esfumara.

—¿Podrías dejar tus guarradas para después? —le espeté enojado, por lo que luego únicamente me dirigí a Xio— El punto es que en las clases el profesor dijo que la magia dejaba rastros de los encantamientos y sortilegios que se habían efectuado.

De inmediato puse ambas manos en la pared, esta vez sintiendo leves pero notorias cosquillas en ellas.

Mire con suma extrañeza a Xio, por lo que rápidamente se apresuro a imitarme para examinar la superficie de aquel muro que, a mi juicio y aunque no lo fuera para el de Ethan, tenía toda la pinta de haberse aparecido mediante magia.

—Ahora que lo mencionan, se siente como cuando no se puede atravesar el andén nueve y tres cuartos… —señaló el slytherin que al parecer había optado por hacer lo mismo que Xio y yo hacíamos.

Ambos lo miramos confundidos

—¿Ya saben de lo que habló, no? Digo porque ustedes son los cerebritos aquí —soltó de mala gana.

—Explícate y déjate de tonterías —le ordenó nuestra amiga, sin dejar de escrutar la pared.

El chico frunció el ceño, más de lo que ya lo hacía usualmente, pero después de unos cuantos segundos soltó:

—Pues antes de morir, mi abuela me llevo a conocer King's Cross. Me dijo que cuando cumpliera 11 años tenía que atravesar la barrera hacia el andén para tomar el tren que me traería al colegio. También me dijo que la barrera solo se abre el 1 de Septiembre, los días que regresamos todos de vacaciones y al finalizar el curso. Me lo dijo porque toqué la pared para intentar cruzar en ese momento.

Tanto Xio como yo miramos a Ethan con una expresión llena de desconcierto.

Ethan era de los que pocas veces hablaba de su pasado, más si este tenía algo que ver con su familia y más si se trataba de algo tan personal como lo que nos acaba de contar.

Hasta ahora, lo único que Xio y yo sabíamos del pasado del slytherin era que había sido criado por su abuela materna porque su madre había muerto al darlo a luz, eso hasta que la señora murió a causa de una extraña enfermedad. Tenía escasos 8 años cuando se vio obligado a vivir y hacer todas sus cosas contando únicamente con el elfo domestico de su familia llamado Kirbly, quien hasta la fecha velaba por los intereses del muchacho. Aparentemente no tenía a nadie más en el mundo, por lo que ni Xio ni yo habíamos preguntado nunca por su padre, aunque teníamos la ligera sospecha de que el Sr. Pevensie nunca había formado parte de los Cartier, la familia de su madre.

—¡Bueno, no me miren así! Si no me quieren creer allá ustedes… —nos dijo el chico con un falso tono de ofendido.

De nuevo nos quedamos en completo silencio dejando de tocar la pared y mirando a Ethan sin saber que decir.

Me puse a pensar en lo que realmente nos había dicho nuestro amigo con todo aquello. Si aquella pared se sentía como la barrera del andén 9 y tres y cuartos cuando se sellaba eso solo podía significar una cosa: Que la sección de compartimientos donde siempre nos sentábamos aun estaba detrás de lo que tal vez era…

—¿Un muro camaleónico de contención? —dijo Xio más para sí misma que para Ethan y para mí, rompiendo por fin con el incomodo silencio.

Luego volteó a verme como esperando que yo le confirmara sus sospechas.

—Es lo mismo que pensé yo —dije a la vez que asentía con la cabeza.

—¿De qué demonios hablan? ¿Qué es eso? —preguntó Ethan irritado, probablemente por el hecho de no saber algo que nosotros dos si, como era costumbre.

—Son las barricadas más comunes y efectivas que existen en el mundo mágico —le contesté un tanto pensativo. ¿Por qué habían puesto una de esas en el expreso?

—Vaya, eso sí que ha sido bastante esclarecedor de tu parte, ¿No crees? —me dijo sarcásticamente.

—Sí, Ethan, pero aquí la pregunta no es el qué son ni su función, sino su uso. —dijo Xio examinando nuevamente la pared invisible, al parecer un tanto suspicaz.

—Bueno, pues si alguno de los dos me lo quiere decir podríamos ahorrarnos todo este innecesario misticismo. Pero les sugeriría que lo hiciéramos en aquel compartimiento que aún permanece vacio porque dentro de nada el tren se va a poner en marcha.

Y vaya que Ethan tenía razón. Ni bien habíamos entrado al compartimiento cuando sonó el silbato de partida y el expreso se puso en marcha. Nos habíamos enfrascado tanto en el asunto de la pared, que no nos habíamos percatado de que ya medio vagón estaba lleno.

Después de eso, un par de chicos de primero habían llegado hasta nuestro compartimiento con la intención de ocupar los lugares que quedaban disponibles, pero Ethan se apresuro a amenazarlos para que salieran huyendo y nos dejaran charlar a gusto.

—Bien, ¿Entonces ahora si me van a explicar de qué va todo eso de los muros hincha pelotas?

—Muros camaleónicos de contención… —terció Xio.

—¡Ya lo sé, joder! ¡En verdad que les gusta ser unos sabelotodo insufribles todo el tiempo! Pues déjenme decirles una cosita, muchachos. ¡Nadie les va a quitar el puesto, así que pueden dejarse de chorradas y decirme de una puñetera vez de que va todo esto! —gritó más que ofuscado con la desesperación brotándole de sus ojos.

—Bueno ya, tampoco es para que te pongas así. Pero en fin… No soy un experto ni nada por el estilo, pero por lo que sé esas barricadas se usan para ocultar algo del resto de la gente mágica y no mágica. Son comúnmente usadas por el Ministerio, incluso muy probablemente por Gringotts y otros lugares de máxima seguridad. Tal vez incluso Azkaban…

—No vayas tan lejos, Jack —me interrumpió Xio—. El propio Hogwarts tiene un potente muro que nos resguarda sanos y salvos de amenazas del exterior. Aunque a decir verdad no creo que haya muchas, es más bien para mantener los secretos del colegio a salvo de los otros colegios de magia.

—¡Es verdad! Lo pone en "Historia de Hogwarts" y además mencionan que cuando…

—¡Vale, vale! ¡No se vayan por las ramas! Ya me quedo claro lo de los muros, ¿Pero qué tiene que ver eso con la pared del pasillo? —soltó Ethan.

Xio y yo nos miramos como solíamos hacer cuando creíamos que pensábamos lo mismo. Deje que ella hablara primero.

—Es solo una idea pero… creo que todo apunta a que han hecho inaccesible la última sección del vagón porque están ocultando algo…

—O a alguien, tal vez… —finalicé con seguridad.

Por un momento nos quedamos pensando en lo que habíamos dicho. Nadie dijo nada, pero cuando volvíamos a mirarnos los unos con los otros… estallamos en risas.

—¡Son unos gilipollas! —nos dijo entre risas Ethan, sosteniéndose la barriga— ¿Quién… o que… se va a ocultar en el tren? En serio que se leen demasiados cuentos de chiflados, eh chicos…

No le contestamos nada porque muy en el fondo sabía, e intuía que Xio también sentía lo mismo, que el chico tenía razón. Vamos que nuestra estadía en el colegio había sido de lo más normal hasta ahora y la verdad era que nos estábamos creando una historia de aurores y magos tenebrosos digna de best-seller.

—Tal vez alguien solo quería poco de privacidad… —dije finalmente cuando acabamos de reír.

—Pues tuvieron que ser chicos de séptimo, porque esos muros son magia nivel EXTASIS —señaló Xio con determinación.

—Pues miren, yo también tengo una teoría —comenzó a decir Ethan— Algunos de séptimo se ponen de acuerdo para pasársela bomba y deciden crear sus muritos esos con la finalidad de tomar unos tragos, fumar unos porros y follar a sus anchas. Vamos, una fiesta en el tren como dios manda. Entonces cuando nosotros intentamos cruzar pues se activo su muro y para nuestra mala suerte pues no pudimos ver, oler ni escuchar nada… ¿Qué les parece?

Xio y yo solo nos limitamos a mover la cabeza en señal de desacuerdo, pero una sonrisa en los labios delataba nuestra verdadera opinión.

Había que darle el crédito por el hecho de que aquella teoría era más apegada a la realidad que nuestros delirios de misticismo y secretismo que habíamos tenido, más guarra sí, pero también más creíble. Además se trataba de Ethan, el noventa por cierto de lo que salía de su boca eran guarradas y el resto groserías.

En eso estábamos, cuando de repente la puerta del compartimiento se abrió.

Una chica rubia, alta y con una figura equiparable a la Venus de Milo presidiaba a un sequito de chicas con características similares a las suyas, pero era obvio que ella captaba la mayor atención. Se trataba del grupo de animadoras del equipo de hufflepuff, comandado por la popularísima Melissa Klum, una chica de nuestro curso que desde nuestro ingreso a Hogwarts había llamado la atención por las prominentes curvas con las que desde siempre había contado.

—Hola Xio —saludó con voz cantarina la chica. Luego se fijó en mí y me sonrió, aunque solo por educación—. Hola… ehm… ¿Stevens?

—Stevenson… —le corregí cansinamente.

No le culpaba que no supiera mi nombre, al fin y al cabo solo compartíamos un par clases, las cuales la chica casi con frecuencia se saltaba.

Entonces, miro hacia donde estaba Ethan y su expresión cambio por completo.

Tengo que aceptar que la mayoría del tiempo miro de mala forma al slytherin, pero mis miradas se quedaban cortas en comparación con la que la Hufflepuff le lanzó. Ethan para colmo de los males había elegido ese preciso momento para rascarse muy despreocupadamente sus partes intimas.

Sí la chica hubiera sido un basilisco, Ethan probablemente estaría muerto… o lo que le sigue. El chico en cambio la miro sonriente y expectante, cómo una serpiente acechando a su presa.

—Ejem… Meli, ¿A que debemos tu repentina visita? —soltó Xio al ver que la chica parecía haberse quedado pasmada fulminando con la mirada a nuestro amigo.

—¡Ah! Esto… Vengo a invitarte a la fiesta que daré el proximo mes en mi casa para celebrar mi cumpleaños.

Mientras la chica le tendía una carta color magenta a mi amiga, Ethan soltó una risa por lo bajo que Melissa optó por ignorar.

—Solo un grupo reducido de amigos cercanos, ya sabes. Por supuesto que Stevens también es bien recibido. ¡Pero solo Stevens! No quiero que mi casa se contaminé con la escoria de Hogwarts… —sentenció lanzando nuevamente una mirada recelosa a Ethan cargada del más puro odio.

—Tranquila, pequeña zorrita. Ya sé que si me invitas tu braguitas corren peligro, aunque tal vez esta vez quieras bajarlas tu solita… grrr…

Varias cosas sucedieron a la vez.

Melissa sacó su varita y lanzó un haz de luz hacia donde nos encontrábamos Ethan y yo. El chico se lanzó al suelo y el hechizo de la Hufflepuff me dio de lleno, haciendo que comenzara a sentir un terrible dolor en los huevos, como si una manada de elefantes me hubiera pasado justo encima.

Me tiré al suelo, completamente encogido, con lágrimas brotándome de los ojos y gritando como un completo desquiciado. Lo único que deseé en ese momento fue mi inexistencia, eso o que me arrancaran los huevos para dejar de sentir aquel dolor atroz.