NdA: Aunque no he recibido ningun comentario en muuuuucho tiempo, sigo publicando porque se que por lo menos la leen... :( En este capi comienza un poco de acción... Espero que les guste ;)


CAPITULO 4: ATRAPADOS

Expreso de Hogwarts ▪ 19:45 hrs. ▪ Domingo 30 de Junio ▪ Lluvioso

Todo se había vuelto muy oscuro.

Escuchaba una voz a lo lejos, pero no entendía nada de lo que decía. Estaba tirado y algo me movía hacia atrás y adelante, zarandeándome. También sentí algo cálido y húmedo que frotaba mi mano con insistencia.

Poco a poco comencé a escuchar mi nombre y me di cuenta de que era Xio la que me llamaba y el que frotaba mi mano, con su lengua, era Goliat.

—¡Jack! ¡Jack! ¡Despierta! ¡Vamos! —decía mi amiga sin dejar de jalarme la camisa, con la intención de que me levantara.

El piso y la estructura del tren retumbaron bajo mis pies, haciendo que me tambaleara un poco, pero al final logré agarrarme de Xio para estabilizarme.

—¿Q-qué ha pasado? —dije mientras me sentaba apoyándome en ella.

—¡Pues no lo sé! ¡Me has metido un susto de muerte, Jack! —me regañó la Gryffindor, sin saber exactamente qué cara ponía.

Me sentía entre adormilado y mareado, pero aún así con un poco de esfuerzo fui capaz de sacar mi varita de mis vaqueros y encenderla para poder ver a más de dos palmos de mi cara.

En la penumbra, me encontré con el rostro de Xio bastante descolocado. Estaba preocupada y enojada a la vez, una combinación muy propia en ella. Una vez que vio que no me encontraba del todo mal, decidió imitarme encendiendo su propia varita.

Goliat al parecer también se había convencido de que estaba bien, porque ahora se encontraba olfateando con suma insistencia la puerta del compartimiento.

De nuevo, sentí una vibración impropia en el suelo, pero lo achaqué a mi desorientación. Fue entonces que me percaté de la ausencia de movimiento por parte del expreso.

—¿Qué sucede? —pregunté más que confundido— ¿Por qué se ha detenido el expreso?

—No lo sé, Jack. Se ha comenzado a detener justo después que tú te desmayaras… —dijo un tanto compungida— Y ahora ha comenzado a retumbar de manera extraña…

¿Me desmayé? ¿Cómo había podido desmayarme? Lo último que recordaba era a Xio riñéndome poco antes de que apareciera...

—La luz… —dije para mí mismo, recordando aquel destello que me envolvió minutos antes.

—Se ha ido. Creo que entramos en una especie de túnel y luego…

—¡No, no! ¡Hubo una luz! —la interrumpí— Recuerdo haber visto una luz antes de… despertar en el suelo.

—¡Oh por Merlín! No me vayas a salir con que fuiste al más allá y volviste porque sinceramente no te creería, Jack.

—¡Te hablo en serio, Xio! Se lo que vi, vi una luz antes de desmayarme.

La chica entorno sus ojos hacia mí, pues no estaba muy convencida de lo que decía, pero al ver que yo tampoco cedía en mi postura, suspiró y me miró resignada.

—Vale, vale. Te creo. Posiblemente fue un reflejo del sol o algo así. Puede que inclusive fuera la causa de tu desplome. Venga, lo mejor es que salgamos de aquí porque sospecho que ha pasado algo raro con el expreso. Frenó de manera tan repentina que casi me caigo encima de ti. —dijo la chica con seriedad y preocupación.

Se dispuso a abrir la puerta del compartimiento, pero al parecer no pudo porque comenzó a forcejear con ella unos segundos después.

—¡Qué demonios…! La puerta está atascada… —señaló y acto seguido saco su varita— ¡Alohomora!

El hechizo hizo vibrar el pestillo, pero nada paso.

—A lo mejor tiene algo atorado. ¡Waddiwasi!

Mi hechizo no tuvo más efecto que el de ella.

—Las ventanas tampoco se abren… —sentenció mi amiga, quien había ido a comprobarlo mientras yo estaba ocupándome de la puerta.

Goliat había comenzado a lanzar quejidos por lo bajo y de vez en cuando soltaba un leve ladrido en dirección a la ventana que daba hacia afuera. Me estaba poniendo nervioso, así que lo tomé y me lo metí a mi bolsa, tratando de tranquilizarlo.

—Esto no me gusta, Xio… —dije a la vez que pegaba mi rostro a la ventana, intentando ver algo en el exterior.

No se veía absolutamente nada. Era como si la única fuente de luz fueran nuestras varitas, pero estas resultaban inútiles al querer ver afuera, pues el reflejo de la luz sobre el cristal empañaba todo nuestro campo de visión. No era claustrofóbico, pero estar encerrado en la penumbra no era nada agradable.

De pronto, Xio sacó un pedazo de tiza de su bolso y comenzó a trazar una figura en la madera de la puerta. Cuando terminó pude ver que se trataba de una runa de apertura.

Momentos después, la punta de su varita hizo contacto con la runa para activarla y un brillo nacarado comenzó a emanar de esta. De pronto el brillo cesó y la runa desapareció como si nunca hubiera estado ahí.

—Esto lo comprueba… —dijo la chica más acongojada que alegre por haber obtenido una respuesta, fuera cual fuera.

—¿Qué comprueba? —pregunté sin entender.

—Que al parecer han asegurado el tren. A lo mejor no quieren que nadie salga. —señaló.

—O a lo mejor no quieren que nadie entre… —Dije volviendo a mirar hacia afuera, de manera totalmente inútil.

Xio dejo escapar un suspiro de exasperación, pero no me dijo nada. Simplemente se sentó, tomo su revista y comenzó a leer como si nada únicamente iluminada por la luz de su varita.

—Vaya gryffindor estas hecha, eh… —le reproché.

—Ser un Gryffindor no significa ponerme a gritar como loca, lanzando hechizos a diestra y siniestra intentando salir de aquí, cuando se que es prácticamente imposible. Ya hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance y no ha funcionado. Lo mejor es esperar pacientemente a que arreglen la avería para que volvamos a ponernos en marcha.

Dijo todo aquello con completa calma sin apartar la mirada de su revista.

—¿Avería? ¿De qué hablas?

—Pues es lo más lógico. ¿Por qué otra razón nos habremos de detener? De seguro hechizaron el tren para que no empezara una histeria colectiva que…

La chica se interrumpió y se quedo mirando a la puerta del compartimiento fijamente y con suma extrañeza. Traté de ver lo que estaba mirando, pero afuera solo estaba el pasillo en completa oscuridad como había estado en los últimos minutos.

—¿Qué pasa? ¿Qué has visto? —le pregunté insistente.

—Me ha parecido ver… correr a alguien afuera.

—¿Estás segura? Yo no he visto a… ¡La puta madre que te parió! —grité sobresaltado, tan fuerte que hice que Xio también lo hiciera.

Sentía que mi corazón se me iba a salir en cualquier momento. Ethan había aparecido del otro lado de la puerta tan repentinamente, que era un milagro que no me hubiera dado un infarto del susto que me había dado.

Pero no solo era el hecho de su sorpresiva aparición, sino que además en un primer ángulo parecía que le habían echado algún maleficio que había incrementado el volumen de su cabeza, por lo que de buenas a primeras no parecía él.

Gritaba algo, apuntándose a la cabeza, pero no se le escuchaba nada. Al parecer, también habían insonorizado el expreso. ¿Por qué habían hecho todo eso? Ethan nos miró bastante alarmado, haciendo gestos, señalándonos, apuntando a su cabeza insistentemente. De pronto, el desesperado chico agitó su varita hacia la ventana y esta se empañó con una sustancia negra que no nos dejo verle más.

Miré a Xio más que confundido, con el temor creciendo en mi pecho. Estaba a punto de preguntarle si había comprendido algo de todo aquello, cuando de pronto algo llamó nuestra atención.

Un humillo grisáceo había comenzado a filtrarse por debajo de la puerta con rapidez. El olor a chamuscado no se hizo esperar mucho. Entonces, fue como si hubieran vuelto a activar el sonido de sopetón pues gritos, chillidos y detonaciones se hicieron presentes al instante.

Sin dirigirme una sola palabra, Xio se aproximó a la puerta y, para sorpresa de ambos, esta se abrió sin miramientos. Una densa nube de humo se abrió paso en nuestro compartimiento, al igual que algunas voces cercanas.

—¡Vamos! ¡Hay que salir del expreso ahora mismo! —grito un alguien autoritariamente.

Casi a la vez, el expreso vibro y comenzó a tambalearse de un lado a otro tan frenéticamente que gritos de histeria y pánico no se hicieron esperar.

—¡GUARDEN LA CALMA, JÓVENES! ¡ESCÚCHENME CON ATENCIÓN! —grito una voz conocida, amplificada mediante magia.

Se trataba de nuestra directora, la profesora Augusta Roserade. ¿Qué demonios hacia la directora en el expreso?

—¡LAS DEFENSAS MÁGICAS DEL TREN HAN SIDO DESACTIVADAS! ¡ES IMPERATIVO EL USO DEL ENCANTAMIENTO CASCO-BURBUJA! ¡POR FAVOR, LOS MÁS GRANDES HÁGANSELO A SUS COMPAÑEROS MÁS PEQUEÑOS! ¡HÁGANLO AHORA!

Si algo tenía esa mujer, era su capacidad innata para que los alumnos acataran las órdenes, por lo que a nadie le importo que estuviéramos expuestos dentro de una gran carcasa de metal que podía ser destruida mediante magia en cualquier momento.

Al instante, el pasillo se lleno de voces vociferando el encantamiento. Para mi sorpresa, cuando me volteé a ver a mi amiga, la encontré apuntándome con su varita directamente a mi cara.

Por un leve instante aquel gesto me descolocó, pero luego comprendí sus intenciones por lo que le asentí. Yo también le apunté justo en la nariz con mi varita.

—¡Cassidi Bullae! —exclamamos los dos al mismo tiempo.

Si algo habíamos aprendido a lo largo de nuestra educación mágica, era que la magia defensiva y de protección era mucho más poderosa si se efectuaban para salvaguardar la integridad de alguien más, sobre todo si este era alguien con el que se compartía algún vínculo afectivo.

—¡MUY BIEN! ¡ES INDISPENSABLE QUE TODO EL MUNDO SALGA DEL EXPRESO LO MÁS PRONTO POSIBLE! ¡OLVIDEN SUS AFECTOS PERSONALES! ¡TODO AQUEL QUE TENGA PUESTO SU CASCO-BURBUJA VAYA SALIENDO POR LOS PASILLOS EN FORMA ORDENADA Y TRANQUILA! ¡EN UN MOMENTO LAS SALIDAS DEL EXPRESO SE ABRIRÁN Y…! ¡AL SUELO TODOS!

Xio reaccionó más rápido que yo. Se lanzó al suelo de inmediato y se aferro a mí para tirarme junto con ella.

Un fuertísimo estruendo se escuchó a lo largo y ancho del expreso y después, todos y cada uno de los cristales estallaron en miles de pedazos. Algunos de los fragmentos de vidrio me abrieron cortes en la cara y las manos, pero por fortuna, mi túnica se había llevado la peor parte.

De nuevo, los gritos de terror y desconcierto se hicieron presentes, pero esta vez una tromba de chicos comenzó a pasar por el estrecho pasillo en busca de una salida.

Impulsado por el miedo, ayudé a Xio a ponerse de pie. Vi que ella también tenía algunos cortes, pero ninguno grave. Miramos hacia el pasillo y el mar de gente que pasaba por él era impresionante. Todo mundo parecía querer huir del otro extremo del expreso que, por las cantidades de humo que emanaban de ahí, se estaba incendiando.

Sin pensárselo dos veces, mi amiga me tomó de la mano y se aventuró a atravesar el flujo de la muchedumbre. El resultado fue que le propinaron varios empujones, impidiéndole cruzar si quiera.

—¡idiotas! ¡Que no ven que nosotros también queremos salir! —gritó desesperada mi amiga, sin que nadie de los que corrían desesperados le hiciera caso.

—Calma, Xio. Pensemos en algo… —dije con convicción.

Definitivamente no podíamos quedarnos ahí esperando a que todo el tren se vaciara. Tal vez si lanzáramos un hechizo obstaculizador a mitad del pasillo, nos daría el tiempo suficiente para salir, pero con aquella cantidad de gente seria inútil.

Xio parecía desenvainarse los sesos también por encontrar una rápida solución, pero por la expresión de su cara no tenia mejores resultados que yo. Encima de todo temía que cualquier otra cosa pudiera pasar con las inexistentes defensas del expreso.

Si tan solo las ventanas fueran más grandes y menos altas, podríamos saltar por ellas sin problema.

De pronto, fue como si aquellas dos últimas ideas encajaran como piezas de un puzle haciendo un clic en mi mente.

—¡Eso es! —grité emocionado.

—¡Dilo rápido! —exigió Xio.

—¡Tenemos que hacer un boquete para salir! Sin las defensas del expreso será relativamente fácil…

—¡Bien pensado, Jack! Pero… ¿Cómo? Hay un hechizo para hacer eso pero… es algo avanzado… —señalo la chica preocupada.

—Estaba pensando en algo más sencillo… ¡Como un maleficio explosivo! —sentencié con entusiasmo.

—¡Pero, Jack! El espacio es muy reducido, podríamos lastimarnos… —dijo la chica, pero medito por un momento— ¡Ya lo tengo! ¡Uno de los dos lanza el explosivo y otro hace un encantamiento escudo para protegernos!

—¡Eso!

—Tu lanza el escudo, a ti se te dan mejor… ¿Listo? A la cuenta de tres… ¡Uno…! ¡Dos…! ¡Tres! ¡Bombarda Maxima!

—¡Protego Maximum! —grité al mismo tiempo que la gryffindor, haciendo una floritura con mi varita y rezándole a todos los dioses porque aquello resultara bien.