CAPITULO 5: PESADILLA ARAÑIL
Expreso de Hogwarts ▪ 20:10 hrs. ▪ Domingo 30 de Junio ▪ Lluvioso
El hechizo de Xio impacto justo entre la pared de la ventana y el suelo. Varios chicos que corrían por el pasillo gritaron por el estruendo, pero no frenaron su marcha. La onda expansiva que se generó arrasó con una parte de los asientos y derribo por completo la pared de la ventana hacia el exterior.
Por fortuna, el encantamiento escudo funcionó a la perfección. Hubo un fugaz momento en el que lo obligue a crecer por temor a que la onda expansiva alcanzara nuestros cascos-burbuja y por un instante creí que se desvanecería por la potencia del hechizo de Xio, pero me concentré lo suficiente para que la pared flexible nos protegiera.
En cuanto el polvo se disipo, deshice el encantamiento escudo y miramos el enorme boquete que se había abierto en nuestro compartimiento.
—¡Miren! ¡Han abierto otra salida! —profirió en gritos una slytherin de tercero que estaba justo frente a nuestra puerta.
No nos lo pensamos dos veces antes de correr hacia el exterior para evitar la ola de gente que se nos venía encima. Dimos un salto que, para mi alivio, no fue tan alto como creí.
Estábamos en un sitio rocoso y oscuro, como si el tren hubiera entrado en una cueva. Olía a tierra mojada y pequeños riachuelos se formaban en el suelo. Chapoteé un poco dando tumbos, pero Xio llamó mi atención.
—¡Rápido, Jack! ¡Tenemos que buscar un lugar seguro! —espetó, tomándome de la mano, arrastrándome con ella.
En eso estábamos, cuando una fuerte explosión proveniente de uno de los extremos del expreso nos hizo tambalearnos pues hizo vibrar todo el lugar.
—¡Por Merlín! ¡¿Qué está pasando?! —exclamé todo temeroso.
—No lo sé, Jack. Pero espero que todos estén bien… —dijo por lo bajo la chica.
Sabía que estaba pensando claramente en Ethan y en sus amigos gryffindor. Yo al instante pensé en Jérémie. ¿Habría podido salir del expreso ya? ¿O aún se encontraba luchando con la muchedumbre? Todo el sitio era un caos total.
—¡Lumos Maxima! —dije para hacer aparecer una esfera de luz que iluminara la estancia.
De pronto, Goliat comenzó a revolverse más violentamente dentro de mi bolsa. Todo el tiempo había estado nervioso, pero ahora parecía rabioso, pues ladraba descontroladamente.
Mi mini crup se las ingenió para saltar fuera de la bolsa e irse corriendo en dirección contraria hacia donde todo mundo corría, como alma que se la lleva el demonio.
—¡Mierda! ¡Goliat! ¡Vuelve aquí, Goliat! —grité inútilmente.
De nuevo, actué sin pensar. Corrí detrás del animal comenzando a esquivar gente. Escuché a Xio gritar detrás de mí, pero no le hice caso. Corrí hasta que el flujo de alumnos disminuyó y llegué a un paraje donde no había absolutamente nadie y la oscuridad se agraviaba.
Entonces pude localizar a Goliat, ladrando como loco debajo del tren. Algo debajo de aquel vagón lo estaba poniendo furioso. Jamás lo había visto así, por lo que tuve la intención de ir a recogerlo, pero entonces algo más captó mi atención.
Unos metros más allá de donde estábamos, divise un cuerpo tirado en la tierra. Era pequeño y tenía el cabello largo y pelirrojo. No se movía en absoluto y si había usado un casco-burbuja, este se había desvanecido.
Sentí un tirón horrible en el estomago y me llevé una mano a la boca al mismo tiempo que sentía como mis ojos se humedecían en lagrimas.
—¡Ostia, Jack! Todo el mundo corre hacia el otro lado y tú te vienes para acá. ¿Es que acaso te has vuelto loco? —me recriminó Xio, que al parecer había logrado alcanzarme
Entonces la chica pareció darse cuenta de lo que veía y al igual que yo se sorprendió, pero ella en vez de pasmarse se dirigió corriendo hacia la pequeña tendida en el suelo.
Me armé de todo el valor que poseía y me dirigí hacia ellas, con las piernas temblándome. Me rehusaba a aceptar la idea de que una niña como ella pudiera estar… así. Pero entonces Xio confirmo mis temores.
—Jack… esta… muerta… —me dijo la chica totalmente descolocada.
Comencé a mover la cabeza de un lado para otro, incapaz de creer, o de querer creer, lo que mi amiga me estaba diciendo. Me acerqué un poco más para observar quien era.
Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que seguramente la habían aplastado los demás mientras trataban de huir.
—M-malditos… —murmuré por lo bajo— D-de s-seguro la-la han aplastado…
Hacía mucho que no tartamudeaba, pero aquello me había golpeado tremendamente en el alma.
—No creo que haya sido eso, Jack. —señalo mi amiga.
La mire expectante, con el ceño fruncido, tratando de ver porque decía eso.
—Mira… tiene varios agujeros en los brazos y en los pies. Además su piel esta levemente morada… Algo la ha estado picando, algo grande… —sentenció mi amiga.
Y vaya que tenía razón. Varios agujeros supurantes se podían ver en sus pequeños brazos y piernas, las cuales se estaban hinchando cada vez más.
Mientras tanto, Goliat seguía ladrando cada vez más salvaje.
Tenía la cabeza hecha un lio. No entendía que pasaba, no sabía qué hacer. Al menos para mí, el mundo se lo estaba yendo al caño. La prueba era que una niña había muerto sabe dios por qué. Ni si quiera me importaba el dolor de cuerpo que tenia, ni mucho menos la leve jaqueca que había comenzado a molestarme. Quería que todo eso acabara y acabara ya.
Entonces, el pelo de Goliat se erizó y comenzó a hacerse hacia atrás.
Algo peludo, con varias patas y mucho más grande que Goliat, comenzó a emerger por debajo del tren. Había visto criaturas como esa en los libros, pero en seguida me di cuenta de que las ilustraciones no le hacían el mínimo de justicia
—¡Una acromantula! —espeté impresionado.
—¡Por Merlín! ¡Esa cosa es la que debió matar a la niña!
La acromantula debía medir por lo menos un metro de alto por un metro de largo y aunque no éramos capaces de verle más allá de las patas peludas, podíamos escuchar el repiqueteo de sus pinzas venenosas.
A punto del colapso nervioso, mire a Xio de reojo y esta me miro a mi. Asintió levemente y apuntó con su varita a la criatura.
Para mí ese gesto fue todo lo que necesité para disipar el miedo y la incertidumbre que habían comenzado a invadirme.
Miré decidido a la acromantula, la cual parecía estarse planteando si atacar primero a Xio, a Goliat o a mí. Mi mini crup no paraba de ladrarle y mostrarle los dientes, pues a pesar de ser al menos seis veces más pequeño que la criatura, resultaba ser bastante osado.
Entonces, la enorme araña pareció tomar una decisión pues se lanzo por Goliat inesperadamente.
—¡No! —grité temiendo lo peor.
Para suerte de Goliat, Xio estaba ahí para salvar la situación.
—¡Impedimenta! —conjuró la chica, haciendo que la acromantula frenará su ataque el tiempo suficiente para que Goliat pudiera alejarse de su alcance.
La araña dio una sacudida, seguramente sufriendo los efectos del hechizo de Xio que tampoco durarían mucho.
—¡Jack! ¡Tenemos que deshacernos de esa cosa! —me exclamó la Gryffindor.
La miré compungido. ¿Cómo demonios íbamos a aniquilar a esa criatura tenebrosa? La observé detenidamente por un momento mientras se tambaleaba lentamente de un lado a otro con la intención de alcanzarnos, pues había retrocedido varios pasos a causa del impacto del hechizo.
Su cuerpo estaba completamente cubierto de pelo y seguramente, como muchas otras arañas, tenía varios ojos que le servían para ver en la oscuridad, a menos claro que fuera ciega. ¿A qué cosa la temían las criaturas que habitaban la oscuridad? "¡A la luz!" pensé entusiasmado, pero la luz solo la ayuntaría y después podría causar más daño. A mi mente acudió el recuerdo del cuerpo sin vida de la pequeña chica con cabellos tan rojos como el…
—Fuego… —murmuré por lo bajo con aire dubitativo.
—¡¿Qué?! ¡Jack, se está desentumiendo!
—¡Fuego! ¡Necesitamos fuego!
Xio pareció no pensárselo mucho, porque al instante conjuró un hechizo de fuego que impactó de lleno a la araña que se había recuperado ya del hechizo anterior.
Decidí imitar a mi amiga, lanzándole llamarada tras llamarada a la criatura que comenzaba a retorcerse a causa de las quemaduras.
Rápidamente, el pelo que la cubría comenzó a arder con estupor. La araña trataba inútilmente de apagarse golpeándose contra una de las paredes de aquella cueva, pero eso no hizo más que aturdirla más.
— ¡Lacarnum Inflamajor! —grito Xio.
Una enorme bola de fuego, casi tan grande como la propia acromantula, salió disparada de su varita. Cuando la bola de fuego alcanzó a la araña, esta se quedo inmóvil ardiendo lentamente hasta ennegrecer calcinada.
—Es una suerte que hayamos estudiando los hechizos potenciadores ¿No crees? —le dije un tanto sonriente.
Ella solo se limitó a observar cómo se terminaba de chamuscar el animalejo.
Goliat no dejaba de ladrar a pesar de que la araña se estaba consumiendo. Tal vez sentía pena por el animal, porque también había comenzado a lanzar gemidos de desconsuelo.
—Tranquilo, chico. Ya no hay nada que temer. —Le espeté mirándolo.
Entonces me di cuenta de que el mini crup no miraba a la araña chamuscada, sino que de nuevo veía hacia el expreso. Adiviné porque antes de que pasara, pero aquello no hizo que mejorara la situación.
Varios metros más allá, una enorme masa amorfa de patas peludas comenzaba a salir debajo del expreso en dirección hacia donde estábamos.
Instintivamente, agarré a Goliat y lo metí nuevamente a mi bolsa, esta vez asegurándome que no pudiera salir.
—¡Xio! Tenemos que irnos de aquí. —le ordené a mi amiga mientras veía como las criaturas se acercaban cada vez más.
La chica volteó hacia la pequeña que yacía tendida en el suelo rocoso y me miró implorante.
—¡No la podemos dejar ahí!
—¡Pero tampoco podemos llevarla con nosotros, Xio! ¡Madre mía! ¡Son demasiadas arañas! —exclamé más que asustado al ver la cantidad de criaturas que venían en pos de nosotros, de seguro con toda la intención de vengar a su compañera muerta— Vamos Xio, ¡No tenemos tiempo!
—¡Por Merlín, Jack! —me gritó exasperada— ¡Tenemos que hacer algo, Jack!
Ante la insistencia de Xio, evalué la situación tan rápido como me fue posible. No era humano dejarla ahí a merced de las acromantulas, pero tampoco podíamos cargar con ella, ni si quiera mágicamente. Pero tal vez podía intentar otra cosa…
—¡Wingardium Leviosa!
Para mi sorpresa, el cuerpo de la chica se elevó por el aire como si de una muñeca de trapo se tratara, con los brazos, piernas y cabeza cayéndole del cuerpo de una manera sumamente tétrica.
Sentí mucha pena, pero no podíamos hacer más en ese momento por ella.
—¡Corre, Jack, corre! —me ordenó mi amiga a la vez que ella salía hecha una bala.
La seguí muy de cerca, sintiendo que en cualquier momento una de esas patas peludas se enredaría alrededor de mí.
Sentía que mi corazón latía a mil por hora, mis piernas parecían haber adquirido consistencia de la gelatina y tenía un dolor de cabeza que no sabía exactamente cuando había aparecido, pero que se mostraba latente a cada paso que daba.
Sin duda, la adrenalina que seguramente estaba corriendo por mis venas estaba haciendo su trabajo.
—¡No creí que el hechizo levitador funcionara…! —me dijo Xio sin parar de correr, apartándose el cabello de la cara.
—¡Ni yo…! —atiné a decir.
La verdad es que el hechizo estaba diseñado para objetos, no para seres vivos, aunque si lo pensaba un poco, era evidente que la chica pelirroja ya no entraba en esa última categoría, pero me resultaba muy cruel e inapropiado encasillarla en la primera.
El sonido del choque de pinzas arañiles se escuchaba cada vez más cerca. Yo no me atrevía a mirar hacia atrás, pero a Xio al parecer no le importaba hacerlo de vez en cuando.
—¡Maldición! ¡Nos están alcanzando! ¡Tenemos que correr más rápido! —me gritó.
Era ahora cuando lamentaba no hacer un poco de ejercicio de vez en cuando. El flato comenzaba a dolerme y el dolor de cabeza incrementaba a pasos agigantados. ¡¿Hasta dónde se encontraban los demás?!
Entonces, por alguna estúpida razón, mire hacia atrás y… ¡Vi a una de las arañas a escasos pasos de nosotros!
—¡Xio! ¡Nos han alcanzado!
Mire lo suficiente para ver como la acromantula se impulsaba y se lanzaba hacia nosotros.
Lo siguiente que ocurrió me descolocó bastante.
Agité mi varita en un intento de protegernos, más por una reacción física que por lanzar un hechizo propiamente dicho. Xio agitó la suya y gritó el conjuro de la bola de fuego. La esfera ígnea se formó al instante, pero en vez de impactar directamente a la araña, fue como si chocara con algo, explotará y de la nada se formara un enorme muro de fuego que se tornó azul.
La vista se me nubló y caí de bruces al suelo. Estuve a punto de no saber más de mí, pero escuché a Xio casi al instante.
—¡Ennervate! —sentí como la energía mágica recorría todo mi cuerpo, como una descarga, obligándome a incorporarme al instante— ¡Jack, no hay tiempo para más desmayos! ¡Vamos, corre!
Me levante rápidamente y corrí detrás de Xio como si nada hubiera pasado. Sentía la nariz congestionada y entonces un líquido cálido comenzó a chorrearme, pero supuse que era efecto del hechizo.
Corrimos un par de minutos más, sin preguntarnos por cuánto tiempo el extraño muro de fuego azulado nos protegería y fue entonces cuando a lo lejos divisamos a varias personas, iluminadas por lo que parecían ser volutas de luz suspendidas en el aire, probablemente producto de varios lumos máxima.
—¡ACROMANTULAS! ¡HAY ACROMANTULAS POR TODO EL LUGAR! ¡CORRAN A PONERSE A SALVO! —Gritó Xio con su varita puesta en su cuello, para amplificar su voz.
La muchedumbre pareció ignorar la advertencia, pues aunque se movían de un lado para otro, no se movían del punto de concentración.
Xio continuó con su advertencia un par de veces más, pero cuando nos acercamos lo suficiente supimos por qué no nos prestaban atención.
Los alumnos que aún se encontraban de pie, pues había varios tendidos en el suelo ya sin casco-burbuja, luchaban frenéticamente para mantener a raya a las acromantulas que los atacaban. ¡El lugar estaba infestado de aquellas bestias!
Sentí el alma caerme a los pies cuando localicé a Jérémie luchando ferozmente con una de las arañas que lo amenazaba. De inmediato sentí una imperiosa necesidad de lanzar rayos y centellas contra el animalejo, pero desgraciadamente quedaba fuera de mi alcance.
—¡Ethan! —gritó Xio, por lo que volteé a ver hacia la dirección que veía.
Y ahí estaba el slytherin. Lanzando hechizos a diestra a siniestra para alejar a sus atacantes, peleando con la espalda pegada a otros dos slytherin de un curso por encima de nosotros, Ian Miller y Robertha Ferguson.
De pronto, Xio se lanzó a correr hacia la multitud de chicos y arañas sin que yo pudiera hacer algo para frenarla y sin saber muy bien como, la perdí de vista.
Me quedé ahí solo, como morboso espectador sin saber qué hacer. Quería ayudar a mis amigos, temía realmente por ellos, pero el ver a tanto monstro congregado me paralizaba. Eran demasiadas, casi podía apostar que había dos o tres por cada persona en pie. No sabía de nada que pudiera frenar el ataque de tantas criaturas a la vez, ningún hechizo, ninguna poción ni ninguna clase magia.
En eso estaba cuando detrás de mí escuché el ya familiar ruido de pinzas multiplicado por mil. No tuve que voltear para saber que el muro de fuego que había mantenido a raya a las acromantulas se había desvanecido, pero lo hice para hacerme a la idea de que tendría que enfrentarme yo solo a toda esa cantidad de criaturas.
Sentí una fuerte punzada en el estomago al ver a todas aquellas acromantulas congregadas, pero aún así me arme del poco valor que me quedaba y les apunté con la varita.
Estaba a punto de lanzar un conjuro cuando una peculiar sensación comenzó a recorrer mis piernas.
—¡CHICOS NO TEMAN! ¡ESTO NO LES VA A DOLER…! ¡O AL MENOS ESO ESPERO! —Gritó una voz masculina amplificada.
Una fuerte corriente eléctrica comenzó a expandirse por todo el terreno rocoso, haciendo que las acromantulas se retorcieran y quedaran paralizadas. ¡Se estaban electrocutando!
Suspiré aliviado para mis adentros viendo como una a una las arañas caían patas arriba, lo que significaba que aquella pesadilla arañil estaba llegando a su fin.
