CAPITULO 6: LAGRIMAS

Expreso de Hogwarts ▪ 20:47 hrs. ▪ Domingo 30 de Junio ▪ Lluvioso

El hechizo eléctrico no me hacia cosquillas si quiera, pero por si las dudas me mantuve muy quieto hasta que la corriente se interrumpió.

Miré a mí alrededor y aunque había varios chicos en el suelo, la mayoría nos encontrábamos de pie. Al parecer el hechizo solo afectaba a las arañas, algo que resultaba bastante oportuno dada la situación en la que nos encontrábamos.

De pronto, un chasquido que solo puede provocar la aparición me hizo voltear hacia atrás. Enseguida me topé con el más que familiar rostro del profesor Salvatori, el cual estaba sudando y además tenía una herida muy fea y sangrante en su frente que miré con alarma. A pesar de eso, el alivio que sentí al verlo fue instantáneo.

—Al fin te localizo, Jack. Dime, ¿Te encuentras bien? —me dijo con suma preocupación a la vez que sus ojos me examinaban de pies a cabeza.

Me sentía un poco aturdido y fatigado, pero fuera de eso me encontraba bien. O al menos eso creía, hasta que el profesor me apuntó con su varita en el rostro.

—¿Qué te ha pasado en la nariz? Has estado sangrando… —dijo preocupado mientras con un rápido movimiento mágico me limpiaba.

Yo me limité a permanecer quieto y a hundirme en hombros sin recordar que me había pasado, aunque a decir verdad, en ese momento aquello era lo que menos me importaba.

—¿En verdad te sientes bien, Jack? Luces muy pálido y cansado —sentenció dubitativo.

—Sí, estoy bien… Bueno, eso creo —atiné a decir por lo bajo.

Él se limitó a lanzarme una sonrisa de lado y me palmeó levemente el hombro, sin duda un gesto con intenciones reconfortantes. Lamentablemente el efecto tuvo en mí no fue para nada el esperado, tomándome por sorpresa y de seguro al profesor también.

Un inesperado y lastimero llanto se abrió paso por mi garganta y salió de ella acompañado de enormes lagrimas que al instante nublaron mi visión y empaparon mis mejillas.

Sentí como el profesor me tomaba en sus brazos y trataba inútilmente de consolarme, mientras acariciaba mi cabeza y me trataba de limpiar las lagrimas.

Me aferré a su cuerpo hundiendo mi cabeza en su pecho, sumiéndome en la oscuridad de mis parpados cerrados, en busca de algún refugio seguro lejos de todo lo que había pasado en los últimos minutos.

Varios días después estaría llegando a la conclusión de que había podido sobrellevar todo aquello a causa del estado de shock en el que probablemente había estado desde que quedé encerrado en el compartimiento del expreso con Xio, pero el fino escudo que me proporcionaba la falsa sensación de bienestar y me daba inmunidad de los sentimientos reales, se había roto al sentir el contacto del profesor Salvatori.

—Jack, todo va a estar bien. Calma, todo va a estar bien… —me repetía sin descanso una y otra vez.

Pero en esos momentos yo sabía que nada iba a estar bien, sino todo lo contrario, ya que casi podía asegurar que muchos de los chicos tirados en el suelo estaban tan muertos como la pobre niña que Xio y yo dejamos atrás.

El recordar a Xio no hizo más que incrementar mi miedo, ya que no sabía si se encontraba a salvo o había sido otra víctima mortal más de las acromantulas.

De pronto sentí la imperiosa necesidad de expresar aquello, así que como pude me separé un poco del profesor, sin dejar de abrazarlo, lo suficiente para que pudiera escucharme.

—¿Es… están muertos? —dije en un sollozo.

El profesor me miró compasivamente y volvió a tratar de secarme las lágrimas con su dedo pulgar, mientras sostenía mi mejilla con el resto de la mano.

—¿Eso es lo que te preocupa? Tranquilo, Jack. El veneno de una acromantula adulta mata al instante, pero afortunadamente estas eran crías. Su veneno solamente induce a un estado de coma que puede ser reversible con el antídoto adecuado.

Su voz parecía querer quebrase en algunas de sus palabras, pero fueron lo suficientemente sinceras para serenarme por un momento. Además, eso quería decir que la niña pelirroja en realidad no estaba muerta.

Dejé de llorar pocos segundos después, así que me separé del profesor, pero mantuve la mirada agachada, esta vez por la vergüenza que me ocasionó ser consciente de la escena que acaba de hacer.

—Bien. ¿Por qué no vamos con el resto de tus compañeros? La enfermera me ha dicho que se te dan muy bien los hechizos curativos en el Club de Sanación. Estoy seguro que encontraremos algo en lo que podamos ayudar —me dijo.

Alcé la mirada lo suficiente para mirar cómo me sonreía con orgullo, a lo que yo solo respondí frunciendo un poco el ceño y arrugando los labios mientras los ladeaba para denotar mi incredulidad.

—Sabes… cuando haces eso con la boca me recuerdas mucho a un viejo amigo mío…

Abrí la boca con la intención de preguntarle de quien hablaba, pero otro chasquido de aparición me interrumpió.

Esta vez se trataba de la profesora Alexandra Burke, una metamorfomaga que impartía Transformaciones y una las profesoras más jóvenes de la plantilla de Hogwarts, solo precedida por Madame Smethwick, la encargada de la enfermería y del Club de Sanación.

Usualmente lucia una ondulada melena rubia con destellos marrones que hacía contraste con su piel apiñonada, lo que en conjunto con su destellante sonrisa y sus envidiables curvas para cualquier mujer de su edad, la hacían muy popular entre los alumnos. Pero en aquel momento, hasta su más asiduo admirador podría haber renegado de ella.

Era como si le hubieran caído veinte años encima, pues además de que parecía agotada, su cabello caía totalmente lacio y oscuro por su rostro pálido y demacrado, por no mencionar que su túnica mostraba claros signos de batalla al estar rota y con manchas de polvo y sangre por la parte baja.

Lo que delataba su capacidad metamorfomágica para manipular su apariencia a su antojo, eran sus ojos, pues estos reflejaban el estado de ánimo en que se encontraba. Según ella, ni sus propios padres sabían cuál era su verdadero color. En aquellos momentos sus ojos eran de un negro azabache, totalmente opacos.

—Sebastian, que bueno que te encuentro. Necesitas venir a evaluar a una de tus alumnas. La encontramos flotando casi al final del expreso —dijo la profesora atropellando las palabras, sin duda alguna refiriéndose a la chica pelirroja.

De pronto, la profesora reparó en mi presencia y miró con ahincó al profesor Salvatori. Yo por mi parte me quedé inmóvil a la espera de escuchar algo más sobre la chica.

—No te preocupes, Alexandra. Jack ya estaba por irse con sus demás compañeros, ¿No es así, Jack?

Claramente me estaba instando a marcharme, pero no podía irme sin saber que había ocurrido con la chica.

—Disculpe, profesora, pero la chica de la que habla es… ¿Pelirroja? —la profesora frunció el ceño pero no afirmo ni negó nada— Sí es así, Xio y yo fuimos quienes la encontramos. La hicimos levitar para que las acromantulas no la atacaran más…

La profesora volvió a mirar al profesor Salvatori, pero cuando volvió a hablar se dirigió a mí mirándome a los ojos.

—¿Viste cómo la picaban las acromantulas? —preguntó incrédula.

—No, la encontramos en el suelo. Después las acromantulas salieron debajo del expreso y… tuvimos que escapar. No queríamos dejarla sola pero… no sabíamos que hacer y… nosotros… yo… —balbuceé— solo la hice levitar, pero… se va a poner bien, ¿No?

De nuevo, los profesores intercambiaron miradas evaluativas. Era casi como si pudieran comunicarse mentalmente y aunque aquello no era imposible, era muy poco probable.

—No lo sé, no luce como todos los demás en estado de coma…

Sentí como algo en mi interior se retorcía. Aquello era raro, pues por alguna razón me sentía responsable de lo que sea que le hubiera pasado a esa chica. Estaba comenzando a sentirme mal de nuevo.

—Pero el profesor Salvatori dijo que… el veneno de las acromantulas no era mortal… —dije con el llanto asomándose por mis ojos.

La profesora me miró y emitió un pequeño suspiro, para luego agachar la mirada y volver a levantarla solamente para mirar al profesor Salvatori.

—El problema es que… sus heridas no se parecen a las de los demás… —sentenció.

Aquello fue como si una manada de hipogrifos me hubiera pasado por encima. Casi pude sentir como el alma se me caía a los pies de manera estrepitosa y se quebraba en un millar de pedacitos.

—Nosotros… yo… yo tuve la culpa… —murmuré por lo bajo sintiendo como las lagrimas volvían a rodar por mis mejillas.

—¡No! Por supuesto que no, Jack. El hacer que levitara le ha permitido permanecer intacta. Hicieron muy bien, Jack… —Se apresuro a decir el profesor Salvatori, pero yo no le presté atención.

Yo solo negaba con la cabeza y cuando sentí que sus manos se precipitaban a mis hombros, me moví para quedar fuera de su alcance.

Él me miró desconcertado y cuando mis ojos encontraron los suyos, me di la media vuelta y salí corriendo de ahí.

Ni él ni la profesora Burke intentaron detenerme, probablemente porque tenían que ir a ver a la chica que minutos antes había abandonado a su suerte. «Seguramente aún estaba viva cuando la dejamos a merced de las acromantulas… una más grande la debió haber picado y… y…» pensé sin dejar de correr.

De reojo, veía algunas personas que gracias a mi carrera quedaban atrás, pues no tenía intención de detenerme. No fue hasta que una extraña fuerza surgió de la nada y me sujetó con ímpetu, que mi escape llegó a su fin.

Cuando aquel inesperado agarré me obligó darme la vuelta, me tope cara a cara con Selena Fitzgerald, la prefecta de ravenclaw de séptimo curso y una de las ganadoras del premio anual de ese curso.

—¡Jack! ¿Qué te pasa? ¿Estás herido? ¿Te sientes bien? —Me bombardeó con preguntas, que por supuesto no conteste de inmediato.

Tras una rápida evaluación y una breve charla de lo sucedido, llegó a la conclusión de que solo me encontraba un poco alterado, por lo que me tomó del brazo y comenzó a andar conmigo.

—Acompáñame. Ling te ha estado buscando como desquiciada desde que cayeron las acromantulas. La he visto por aquí hace unos minutos, incluso me ha preguntado por ti pero le he dicho que no te había visto. Necesitas calmarte, Jack, de lo contrario la vas a preocupar más de lo que ya esta —me señaló mi compañera, a lo que yo solo pude asentir levemente.

Mientras andábamos, me contó rápidamente que ella y el resto de los prefectos también quedaron atrapados en su vagón, pero que cuando el hechizo de aseguramiento se rompió, rápidamente se apresuraron a ayudar a salir a la gente. Después, al igual que Xio y yo, trataron de mantener a raya a las arañas, pero que cada vez salían más y más por todas partes por lo que muchos alumnos fueron picados.

—Temía lo peor —dijo con desconsuelo—, pero el hechizo de Morrison acabo hasta con la última de ellas, sino solo Merlín sabe que nos hubiera ocurrido. No sé cómo le hicieron, pero es una fortuna que llegaran tan rápido…

Aquel comentario me hizo pensar un poco, pues no había caído en cuenta de que el hechizo eléctrico lo había conjurado el profesor Morrison, cuya reputación daba mucho de qué hablar por sus métodos de enseñanza tan poco ortodoxos y tan fuera de regla, lo que lo hacían único en su tipo.

Muchos incluso no solo lo cuestionaban como encargado de la clase de encantamientos, sino también su puesto como subdirector del colegio. A pesar de todo, era en momentos como esos que los magos y brujas demostraban sus verdaderas habilidades y aptitudes y por lo que a mí respecta el profesor Morrison había sido el héroe del día.

Mientras andábamos, me di cuenta de que algunos alumnos iban de aquí a allá ayudando a los compañeros heridos y a los que estaban en un estado de alteración incluso peor que el mío.

Sin duda, algo que teníamos los alumnos del Hogwarts moderno era que no importaba de qué casa fuéramos, pues cuando se trataba de ayudar eso pasaba a segundo plano.

En eso estábamos, cuando pude divisar la larga melena de Xio a cunos cuantos metros más allá de donde nos hallábamos. Para mi sorpresa no se encontraba sola, pues estaba junto a Ethan el cual estaba hablando con el mismísimo profesor Morrison. El gesto de los tres resultaba inescrutable para mí.

Selena al ver que había visto a Xio, se marchó para seguir ayudando en lo que se pudiese, no sin antes aconsejarme que me mantuviera lo más sereno que me fuera posible, pues las cosas no estaban como para ponerse a correr como loco por todo el lugar.

Esperé pacientemente a que Xio e Ethan se separaran del profesor. Mientras tanto me aseguré de que Goliat no estuviera herido o algo parecido. Por fortuna el mini crup se había comportado a la altura de la situación y no había vuelto a dar ningún problema.

Estaba cerrando mi bolsa, cuando escuche la voz de Xio llamarme.

—¡Por todos los cielos, Jack! Te he estado buscando por todas partes y tu ni tus luces. ¿Estás bien? —me espetó mi amiga mientras yo asentía levemente.

Me giré un poco para ver a Ethan, el cual lucia más pálido y hosco de lo habitual. Lo miré con desconcierto y estaba a punto de preguntar que le ocurría, pero Xio pareció adivinar mis intenciones antes de hacerlo.

—Ethan y yo estábamos hablando con el profesor Morrison porque... Ethan vio como se llevaban a la profesora Roserade mientras trataba de escapar del expreso —dijo en un tono de voz tan bajo que tuve que forzar mi oído para entenderle— Nos ha hecho guardar el secreto, porque no quiere que esto se convierta en un caos, pero todo indica que esto no fue un accidente…

Las palabras de Xio tardaron un poco en hacer eco en mí. Hasta ese momento, mi cerebro se había hecho a la idea de que el tren se había descarrilado dentro de una cueva infestada de acromantulas, pero ahora resultaba evidente que aquella terrible coincidencia era demasiado caótica e inconveniente para ser cierta.

—Además… han matado a un chico de tu casa porque se interpuso entre los secuestradores de la directora e Ethan. De no ser por él… bueno… pues… Ethan probablemente no estaría aquí…

Instantáneamente miré a Ethan y detecte amargura en sus ojos. No podía imaginarme lo que podía estar pasando por su cabeza en esos momentos, pero sabía muy bien que mi amigo no estaba pasando por sus mejores momentos.

Con cautela, me acerque al slytherin y comencé a acariciarle un brazo. Sabía que el chico no era muy afecto al contacto físico de aquel tipo, pero probablemente se encontraba tan sumido en sus pensamientos que apenas y notó mi toque, o al menos eso pensé yo.

Xio se llevo las manos a la cara y estalló en un llanto silencioso, casi inaudible. Sabía que estaba llorando por las convulsiones que daba su cuerpo, pero de no ser por eso, cualquiera hubiera pensando que se cubría el rostro por otra cosa.

Cuando mi amiga se hubo calmado un poco, la atraje hacia mí y la abracé con uno de mis brazos, mientras que con el que me quedaba libre, aun acariciaba a Ethan. El slytherin de pronto se dejo vencer por todas sus emociones reprimidas y comenzó a llorar de forma silenciosa y discreta. Fue entonces que se acerco aún más a Xio y a mí y lo abrazamos, al mismo tiempo que él nos abrazaba a nosotros, permaneciendo totalmente ajenos a lo que ocurría a nuestro alrededor.

Pasamos así varios minutos, reconfortándonos mutuamente, hasta que el profesor Salvatori se posó frente a nosotros, acompañado de Ian Miller cuyo rostro parecía estar a punto de hacer erupción y con unos ojos que no podían estar más hinchados.

—Chicos, eh, lamento mucho decirles que la chica a la encontraron era hermana de Ian. Ella desgraciadamente no sobrevivió a las picaduras. En verdad lo lamento mucho, pero creo que también habló en nombre de Ian cuando les agradezco por haber puesto el cuerpo de la pequeña Lizbeth fuera del alcance de las acromantulas. —Nos soltó así sin más el profesor.

Ian nos miró por unos segundos, reprimiendo su llanto, algo que interpreté como su forma de agradecernos por lo que habíamos hecho, pero luego volvió a romper a llorar y por consiguiente nosotros también.

Si ya nos encontrábamos mal después de todo lo que había pasado, aquello no solo venía a ser la gota que derramó el vaso, sino la que lo hizo estallar en miles de pedazos. Un vaso que, para nuestro infortunio, ni la magia podía regresarlo al estado al que antes se encontraba.

Después de aquello, todo lo que ocurrió me pareció que sucedía muy rápido.

Recuerdo escuchar la voz amplificada de la profesora Burke indicándonos que nos quitáramos los encantamientos casco-burbuja, pues estos eran ya innecesarios.

Poco después, los heridos y los que estaban en estado de coma fueron llevados al interior del expreso, donde fueron atendidos por sanadores que aparecieron en el lugar junto a un gran grupo de agentes ministeriales y aurores que no paraban de inspeccionar el lugar y hacer tantas preguntas como podían. Todo esto con la intención de descubrir al responsable de aquella situación.

Desafortunadamente no les estaban haciendo las preguntas a las personas indicadas, puesto que Xio, Ethan y yo habíamos sido llevados a un compartimiento lejos de todos los demás para que no fuéramos interrogados por nadie.

Unos días después llegué a la conclusión de que nos habían ocultado mágicamente del resto para pasar desapercibidos, pues ni una mosca se nos acercó.

Nunca nos preguntamos realmente porque los profesores habían hecho todo eso por nosotros. A primera instancia nos pareció que no querían que volviéramos a tener que repetir nuestras experiencias non gratas a personas desconocidas y que ellos se encargarían de contarle todo a la gente del ministerio de magia, algo que nos pareció más que perfecto, pero el tiempo nos diría que estábamos totalmente equivocados.

Hubo un momento en el que Xio e Ethan se quedaron dormidos. Yo solo me limitaba a observarlos mientras sostenía en mis piernas a Goliat, pues aunque me sentía horrorosamente cansado, no podía si quiera cerrar los ojos. El hacerlo hacia que en la oscuridad, mi mente reviviera fragmentos de aquella pesadilla que aún me resistía a creer que hubiera pasado. A decir verdad, mi mente era la principal causante de mi reticencia a quedarme dormido, pues muchas preguntas que sabía que carecían de respuesta en ese momento luchaban por salir a flote, pero que yo no les permitía emerger porque lo que menos quería hacer era pensar en lo que había acaecido.

Cuando por el fin mis parpados estaban comenzando a ceder al agotamiento, alguien llamó a la puerta del compartimiento. Se trataba de Jérémie. A través del cristal pude ver que estaba algo sucio, con algunos cortes y rasgaduras en su ropa. Aún así, para mí, verlo fue como ver salir el sol después de una dura noche de tormenta.

Cuando entró me lanzó una sonrisa que en aquellos momentos me pareció algo forzada pero por extraño que parezca, también sincera.

—Hola, Jack. Espero que no te moleste que me siente un momento. —me dijo al mismo tiempo que se sentaba a mi lado— Me envió mi tío a decirte que tu madre aparecerá de un momento a otro para venir por ti. Tu papá acaba de llegar hace un rato pero no se ha podido zafar de su jefe. No quiero agobiarte pero, ¿Te encuentras bien?

Lo mire directamente a aquellos ojos llenos de amabilidad y dulzura. Yo solo pude mover la cabeza levemente para asentir.

—Luces cansado. Creo que cuando llegues a casa te espera una buena dormitada, eso si tu mamá no te atiborra de comida antes. Al menos eso es lo que la mía haría.

Esta vez no pude evitar sonreír un poco. Era tan cálido y reconfortante tenerlo a mi lado que tuve que luchar contra mis deseos de abrazarle fuertemente y olvidarme de todo concentrándome solo en él.

—Animo, pequeño Jack. Cosas como estas pasan todos los días en el mundo, pero la vida sigue y nosotros debemos hacer lo mismo. Cuando estés listo ven afuera, te estaré esperando para que busquemos a tu mamá.

Diciendo esto, se levantó y me revolvió un poco el cabello. Su contacto hizo que me estremeciera. Cuando salió me quedé mirando el lugar por el que se había marchado, di un largo suspiro y mire de nuevo a mis amigos que aún seguían totalmente aletargados. Saqué un trozo de pergamino y les deje una pequeña nota de despedida a ambos, indicándoles que me marchaba con mi madre y que esperaba tener noticias de ellos muy pronto.

Cuando salí nuevamente al exterior, fui testigo del enorme jaleo que se había armado. Padres buscando a sus hijos, unos a gritos, otros en pleno llanto, otros en completo silencio pero todos y cada uno yendo de un lado a otro. Por fortuna yo no tuve que buscar entre la muchedumbre, pues Jérémie me indicó que mi madre se encontraba con el profesor Salvatori.

Cuando dimos con ellos, mi madre estaba al borde de la histeria. Daba gracias al profesor Salvatori por mantenerla a raya y no permitirle hacer una escena como las que solo ella podía hacer. Lo que no pude evitar fue que me cubriera de abrazos y besos, aunque tampoco voy a negar que resultaban bastante agradables después de todas las cosas por las que había tenido que pasar.

Poco después localizamos a mi padre, quien también me abrazó y agradeció a todos los cielos que me encontrara bien y en pie. Al parecer el profesor Salvatori lo había puesto al tanto de cómo Xio y yo habíamos ayudado a salvar el cuerpo de la pequeña Lizbeth Miller, algo de lo que mi padre se sentía más que orgulloso y que relataría en futuros eventos familiares.

No paso mucho tiempo cuando los padres de Xio aparecieron y fueron en su búsqueda, sirviéndose de Jérémie como guía. A la que no pude ver fue a la señora Pevensie, pues mi madre no quería pasar más tiempo dentro de aquella multitud de gente, así que tras despedirnos rápidamente del profesor Salvatori y de mi padre, nos desaparecimos.

Cuando llegamos a casa comprobé que la teoría de Jérémie no estaba lejos de la realidad, pues aunque no me obligo a comer algo propiamente preparado, si insistió en que bebiera un poco de chocolate caliente con una hogaza de pan antes de dejar que me marchara a mi dormitorio.

Me acosté, pero no lograba conciliar el sueño a causa del olor dulzón y extraño que desprendía, así que decidí darme una ducha caliente para quitarme toda la suciedad que tenia encima. Después de eso ni si quiera me molesté en vestirme. Solamente me deje caer en la cama, me cubrí con las sabanas, dejando que el cansancio físico y el agotamiento mental hicieran su trabajo.