¡HOLA! :D Otra vez… xD

¡Aquí otro capítulo! Gracias, nuevamente (Si que escribo demasiado esa palabra, ya saben nuevamente) por esos reviews. Repito, las mejores.

OUAT no me pertenece, la trama sí.

-Quiero el divorcio-. Dijo bajito y lentamente, como si estuviese diciendo un secreto.

¡MENTIROSA! dijo una voz en su cabeza. Frunció el ceño, tenía razón era una mentirosa, ella no quería que eso se acabara. Aquello que tenían era una de las mejores cosas que tenía en la vida, mejor dicho, la mejor y ahora Regina lo arruinaba todo.

-¿Qué dijiste? – dijo Regina desconcertada.

-He dicho que quiero el maldito divorcio – dijo ella, girándose.

Regina atrapó su muñeca antes de que ella se fuera.

-No lo hagas, por favor – dijo arrodillándose-. Te lo ruego, te amo. No lo hagas.

Estaba llorando a mares. Eso exactamente era lo que quería Emma que la llorara un rio.

-Pienso en irme de aquí – dijo sin mirarla-. Buscaré otro apartamento o me iré a los suburbios. Tal vez me convenga volver a Storybrooke, pondré uno de mis clubes allá y vendré aquí de vez en cuando – dijo como si estuviese pensando en voz alta, luego la miró-. En realidad, ni puta idea. Ya veré.

-Emma, no, por favor-. Dijo ella, todavía de rodillas.

Emma la miró con asco.

-Levántate y deja de hacer el ridículo-. Dijo con voz cortante-. Vete.

Regina se quedó de rodillas.

-¿Ya no me amas? – dijo llorando.

-¿Qué maldita pregunta es esa? – dijo ella enojada-. Se supone que yo debería hacer esa estúpida pregunta. Tú fuiste la que te acostaste con ese malnacido, no yo. ¿Crees que si no te amara estuviera así? ¡Si no te amara me daría lo mismo! ¡Me daría 3 veces lo mismo!

Dicho esto bajó las escaleras y se sentó a ver el noticiero. Trató de no pensar en ella. Ya cuando se fuera ella se encargaría de hacerle una jugarreta. Pensó en hacerle el desayuno, preparar café o algo, pero incluso pensarlo era ser demasiado benevolente y considerada.

Luego de un rato, ella bajó, con un vestido azul y un abrigo negro, que era de su propiedad, colgado del brazo. Trató de no mirarla en lo que ella hacia café.

-Te dejare sopa – dijo Regina.

Emma no respondió. Ella suspiró y siguió haciendo esa sopa. Una vez terminada, buscó una manzana para llevar, luego se acercó a Emma.

-No quiero divorciarme de ti – dijo Regina.

-Dame una razón para no hacerlo, Mills – dijo sin despegar la vista de la televisión.

-Te amo.

-No es suficiente para mí. No tengo garantías de que no me vas a volver a engañar – dijo mirándola-. ¿Tienes alguna otra estúpida razón? ¡POR QUE QUIERO RAZONES!

-Pensé que estábamos bien – dijo ella, agarrándole la mano y entrelazando sus dedos.

-¿Eres estúpida o algo por el estilo? – dijo Emma, sintiéndose mal. Nunca le había llamado estúpida-. ¡NO ESTAMOS BIEN! – chilló desesperada.

Se acababa de dar cuenta de que Regina era una maldita masoquista. La trataba como si fuese una mierda y ella seguía rogándole.

-Pero…

-PERO NADA – dijo alterada-. Me estas fastidiando, Regina. Vete por el amor de Dios – dijo cansada.

-Pero estás enferma – dijo ella, con cara de sufrimiento-. No te dejare sola.

-Sí, sí lo harás y lo harás en este preciso momento.

Dicho esto se levantó y la agarró por el antebrazo, forzándola a levantarse. La llevó a la salida del loft, agarrando, de paso, todo lo necesario para que ella se vaya.

-No quiero hablar contigo ahora. Estoy enojada – y le cerró la puerta en la cara.

Volvió al sofá con una sonrisa en la cara. Nunca pensó que trataría a una dama de esa manera, pero ella estaba encantada. Había descubierto que le gustaba que le rogasen, a pesar de que en este momento no quería nada con Regina.

Ahora tenía que pensar en darle por donde le dolía. Si bien le había pedido el divorcio, sabía que Regina no iba a firmar, al menos no de la noche a la mañana. Ella la conocía como la palma de su mano.

Se levantó del sofá y se fue a la habitación. No lo pensó dos veces cuando ya estaba dentro del armario. Todos los vestidos de Regina estaban allí. Versace, Dolce & Gabbana, Channel y un montón de diseñadores que, ella ni siquiera sabía que existían. Sonrió diabólicamente. Un plan se formaba en su cabeza.

Regina trabajaba como fotógrafa en Vogue y era exitosa. No solo eso, de vez en cuando su opinión era importante y escribía una que otra crítica. Ya sabía lo que podía hacer… Renovar su vestuario.

Sacó las mejores piezas y las más nuevas. Se daría vida destruyendo cada uno de ellos. Con todos los vestidos en una gran bolsa, se fue al sofá nuevamente y tomó unas tijeras.

Debía ser creativa, siempre había razones para ser creativa. Primero clasificó los vestidos por diseñador. Dependiendo el diseñador ella utilizaría las tijeras, lodo o fuego, también el auto, si es necesario.

Había más de 30 vestidos allí. Paseó su mirada por todo el loft y sonrió al ver que había unas plantas allí, solo necesitaría agua. No le importaba ensuciarse las manos. Ahora debía solucionar lo de quemar varios vestidos. Decidió quemar un máximo de cinco, no más. Los otros tendrían las marcas de las llantas de uno de sus autos, como adorno. Sería el último grito de la loba.

Se rio a carcajadas de aquel pensamiento. No le gustaba eso de la venganza, pero hoy se divertiría a lo lindo y a lo grande. Solo esperaría por la reacción de Regina, quien enloquecería y posteriormente se arrastraría llorando.

Con algunos se encargó de tomar las tijeras y hacerle uno que otro corte por allí, ya saben, para que enseñe un poco más. Con otros, les puso guantes y los tendió para que se secaran.

Luego se abrigó bien y bajó al vestíbulo.

-¿Sabes dónde puedo quemar algunas cosas, Marco? – le preguntó al hombre, después de desearle un buen día.

-En el callejón de aquí al lado, señorita Swan – dijo el hombre con una sonrisa.

-Bien… ¿De casualidad tienes gasolina? – preguntó.

-Bueno… en mi auto tengo un galón – dijo confundido.

-¿Me darías un poco? – dijo con las manos en los bolsillos del abrigo.

-Perdone que me entrometa, pero, ¿No pensara en hacer vandalismo, cierto? No quiero ser cómplice – dijo él.

-¿Qué? No – se rio-. Son algunos papeles que Regina me pidió que quemara y yo también estoy aprovechando para quemar algunos que no me sirven – dijo angelicalmente.

El hombre asintió un poco más convencido. Cuando ya Emma tenía el galón de gasolina, fue por los 5 favoritos y se dirigió al callejón. Allí quemó los vestidos y cuando vio que no quedaba nada de ninguno, sonrió de satisfacción. Era como si hubiese tenido un orgasmo.

A pesar de estar enferma, tenía energía para más. Los vestidos restantes fueron aplastados con las llantas del auto. Y cada uno tenía una marca. Una parte de esos fueron esparcidos por la 5ta. Avenida, gracias a un vagabundo. La otra parte fue al armario, junto con los cortados y los de lodo, que ya estaban más o menos secos.

Luego de dicha misión, se sentó nuevamente en el sofá, para ver las caricaturas y posteriormente, gracias a los efectos de las píldoras se quedó dormida.

Pero se quedó dormida con un pensamiento…: Quería razones, explicaciones y por supuesto que las pediría y, también obtendría unas respuestas. Ella quería esas razones.

¿Qué me dicen de este? ¿Les gusto? ¿No les gusto? ¿Soy malvada? ¿Emma hizo lo correcto? En mi opinión… yo haría eso mismo, es más, ni siquiera sabía que podía escribir esto… xD

¡Gracias por leer!