¡HOLA! ¡Gracias por los reviews! :D En serio, gracias…
Ya saben… cualquier pregunta, solo tienen que escribirla y mandarla… yo responderé.
OUAT no me pertenece. La historia es mía.
Emma no estaba para nada feliz. Estaba acostada en la camilla y se sentía frustrada. No podía mover sus piernas, su corazón podría fallar en cualquier momento y Regina no se despegaba de su lado.
-¿Necesitas algo, cariño? – preguntó Regina, por centésima vez en el día.
-No – dijo con voz cansada, mientras miraba por la ventana.
Regina estaba más que triste y no encontraba un tema de conversación. Se había quedado todos los días en el hospital sin despegarse de Emma e incluso había pedido trabajar desde allí. La relación, apenas había mejorado. Emma le dirigía la palabra de vez en cuando y a veces, la llamaba Gina.
-¿Estas segura? – intentó de nuevo-. ¿Quieres que te pase tu máquina de escribir?
-No, Regina, no quiero – dijo con la vista clavada en la ventana.
Regina hizo una mueca incomoda. Nada de esto resultaba fácil, pero estaba un poco feliz de tener a Emma las 24 horas del día. Se levantó de su incomoda silla y se sentó en la camilla, justo al lado de las piernas de Emma.
Emma ni se inmutó. No podía sentir nada.
-Amor – dijo Regina, tomándole la mano.
Emma la miró.
-¿Qué sucede? – preguntó ella.
Trataba de hacerse la dura pero, sabía que pronto ella no aguantaría e iría a los brazos de Regina.
-Te amo – dijo, como todos los días a cada oportunidad que tenía.
Emma bajó su mirada y empezó a jugar con las manos de Regina.
-Y yo a ti – dijo bajito.
A Regina se le iluminó la cara. Esperaba escuchar esas palabras desde hace meses. Levantó el mentón de Emma, obligándola a mirarla.
-Repite esas palabras, por favor – dijo.
-¿Cuáles? – preguntó Emma, haciéndose la inocente.
-Esas que acabas de decir, Emma – dijo Regina, sin borrar la pequeña sonrisa que adornaba su cara.
Emma se sintió como en casa. Iba a abrir la boca, cuando la puerta se abrió de repente. Whale y Cora entraban a la habitación sin tocar.
-Hola, Emma – dijo el doctor sonriendo tímidamente.
Al parecer a alguien le estaba gustando la rubia. Regina se limitó a gruñir y ni siquiera lo miró, mientras Cora la reprochaba con la mirada.
Emma movió la cabeza sin interés alguno en el doctor. No le gustaba, lo encontraba demasiado estúpido para su gusto.
Whale la examinó rápidamente y en cuanto iba a decir algo, Regina lo interrumpió de forma brusca diciéndole que había visto a una enfermera pasar por allí buscándolo. Finalmente se fue con resignación. Cora corrió la misma suerte. Esos dos merecían irse; nadie puede interrumpir un momento de esa magnitud en dichas circunstancias.
Cuando estuvieron finalmente solas, luego de que Cora se resistiera una hora a irse, Regina volvió a su lugar en la camilla. Emma, quien ahora miraba el crepúsculo con expresión tranquila, solo puso su mano sobre la de Regina y la apretó suavemente, provocando que esta se sonrojara.
-Te amo – susurró Emma-. ¿Es eso lo que querías que repitiera?
Regina la miró a los ojos y se acercó lentamente hacia ella. Sus caras quedaron a escasos centímetros.
-Exactamente – dijo Regina.
Entonces, se besaron lentamente, con suavidad y sin apresurarse mucho, total, nadie las estaba esperando. Para ambas se sentía como el primer beso.
Se despegaron en cuanto Emma empezó a respirar con dificultad.
-¿Te sientes bien? – preguntó Regina totalmente preocupada.
Emma ignoró la pregunta. Solo quería besarla, si iba a morir y a romper las reglas sobre no ponerle asunto a su bellísima esposa, lo iba a hacer bien, por lo que acarició a Regina lentamente, haciendo que esta respirara entrecortadamente.
-Sabes que de la cintura para abajo nada te funciona, ¿cierto? – dijo Regina.
Emma la fulminó con la mirada y Regina soltó una carcajada, la primera en mucho tiempo y la cual sonó como la mejor melodía a los oídos de Emma.
-Además debes tener cuidado… Nada de emociones muy fuertes – prosiguió Regina, acariciándole el pelo.
Emma asintió.
-¿Eres mía? – le preguntó.
-Fui, soy y seré siempre tuya, independientemente de todas las estupideces que he hecho – dijo Regina.
Entonces, tanto Emma como Regina se perdieron en los ojos de cada una. Y Emma pensó que si debía morir en ese momento, moriría feliz. Todo porque sabía que nada en el mundo se compararía con lo que estaba sintiendo en ese momento.
Regina, también se moría de la felicidad. El amor incondicional de Emma era más que suficiente.
¡QUE CURSI! Ni siquiera yo me aguanto con tanta cursilería…
¿Qué me dicen? ¿Bueno? ¿Malo?
Ya casi se viene el final… :(
¡Gracias por leer!
