Capítulo 8


Nobody said it was easy.


―¡¿QUÉ?! ―Grité a todo pulmón y la sonrisa que se me instaló en la cara fue tan grande que me llegaba hasta las orejas―. ¡Eso es genial, mamá! ¿De cuánto estás?

Mientras que mi madre hablaba, las lágrimas de felicidad acudieron a mis ojos y comencé a dar pequeños saltitos, de esos que daba Alice cuando estaba muy emocionada. Así estaba yo, con la certeza de que dentro de unos meses más tendría un hermanito del que cuidar. ¡Era tan fantástico! Uno de mis sueños se haría realidad, alegrándonos la vida a todos nosotros. Pensé en el nombre que le pondrían, su parecido a mí o a mi madre, sus ojitos, su escaso pelo y ¡en un millón de cosas más! Pero estaba tan contenta por mi madre y por Phil, se lo merecían de verdad.

El médico me ha dicho que estoy de un par de meses, así que todavía me quedan unos meses para ver su preciosa carita. ¡Estoy tan feliz, Bella! No te puedes hacer una idea, cariño.

―Mamá, ¡a mí sí que me has hecho feliz! ―Me sorbí la nariz y deslicé el dedo índice por debajo de mis ojos, para quitarme los posibles restos de rímel debido a las gotitas saladas―. ¿Cuándo se lo vas a decir a Phil? ¡A partir de ahora tienes que llamarme a diario!

Te lo prometo, Bella. ¡No! Le he dicho por teléfono que tengo algo que hablar con él, algo muy urgente…

―Fijo que lo has asustado ―Reí y mis saltos fueron en aumentos. Joder, quería tirarme así toda una vida, con ese subidón de adrenalina.

No te puedes hacer una idea; se ha quedado en silencio y en seguida ha puesto una escusa para colgar. ¡Pobre!

―Tengo tantas ganas de verlo… o verla. ―Volví a chillar y a reír. Me importaba muy poco que en esos momentos me mandasen a callar, porque no lo haría―. ¿Qué crees que es?

Que venga sano y que sea lo que Dios quiera.

―Pues sí. ¿Se lo puedo contar a Esme y a Carlisle? ―Pregunté.

La voy a llamar, así que como quieras. Tengo el número de su casa apuntado en algún lugar ―Rio―. Te tengo que dejar, cariño. Acabo de entrar al centro comercial. ¡Hoy toca compras!

―Está bien, mamá. Te llamaré luego. ¡Te quiero mucho! Transmítele todo mi amor, eh.

No lo dudes ni un segundo, cariño. Te queremos.

La comunicación se cortó para dejar paso a más pequeños gritos y saltitos. Era una sorpresa que no me esperaba para nada. ¿Veis? Este tipo de noticias que no te esperas para nada son las que más me gustan, no regalos ostentosos. ¡Palabras y acciones! ¡Como que iba a tener un hermano! ¿No puede ser eso más perfecto? Lo cuidaría con todo mi ser y sería el hermano o hermana más mimado del mundo.

―Hey, Bella ―Llamó Edward, mientras bajaba por las escaleras de la grada. Supuse que se habría enterado de toda la conversación por mis gritos―. ¿Pasa algo?

―¡Sí, sí, sí, sí! ¡Mi madre está embarazada! ―Le conté y, en un acto de desesperada euforia, le eché los brazos al cuello y le abracé―. ¡Estoy tan, tan, tan, tan contenta que no puedo expresarlo con palabras!

Edward me respondió al abrazo como si fuera la cosa más normal del mundo. Eso se sintió… raro.

―¡Eso es maravilloso! ―Dijo con una sonrisa sincera―. Me alegro mucho por tu madre y, por supuesto, por ti.

―Si te digo la verdad, uno de mis sueños que creía imposible era tener un hermano pequeño ―Admití.

―¿Por qué? ―Preguntó.

Le iba a contestar con una evasiva cuando sentí que la puerta del gimnasio se cerraba con un fuerte estropicio. Edward levantó la cabeza de mi hombro y miró hacia allí; pude notar como la tensión iba en aumento, tanto que se podía cortar con un cuchillo. Me giré y vi a Jessica Stanley y a Mike Newton parados como un pasmarote frente a la puerta. Me sonrojé y me separé rápidamente de Edward. Subí las escaleras a trompicones para coger mi mochila y pasé junto a los dos séquitos de Tanya ―porque así lo eran los dos― y me fui a cualquier otro lugar en el que no hubiera algún Cullen, Hale o cualquier otro alumno.

Saqué mi móvil y vi que ya se iba a terminar el descanso, por lo que me dirigí a mi siguiente clase. Era biología y, como habré dicho ya alguna vez, no era exactamente mi materia preferida. Y el profesor aún tenía que decir con quién íbamos en el tan ansiado proyecto de Biología. Tenía tanta mala suerte que seguramente me tocaría con esa persona. Pero nada ni nadie me quitaría mi euforia. Sonriente, me metí en el aula y esperé pacientemente a que cada alumno ocupara sus respectivos asientos.

El profesor entró y justo detrás de él, Edward. Dirigió una mirada hacia mí, me sonrió tímidamente y me vocalizó «perdón». ¿Otra vez queriéndose lamentar? Esta vez tenía que decir que él no había hecho nada; había sido yo la que había empezado el abrazo, él había respondido a un abrazo amistoso y justo ahí entraron Mike y Jessica. Nadie tenía culpa, excepto que seguramente la más cotilla y el más cabrón esparcirían rumores falsos sobre mí. Vaya por Dios (nótese el sarcasmo).

―Bueno, chicos, como ya sabéis y como yo os he estado comentando, haremos un trabajo de grupo de Biología. Ya expliqué de qué iría el trabajo, así que no hace falta que lo vuelva a repetir, ¿no? ―Unos negaron con la cabeza y los otros pasaron del tema―. Bien, aquí van las parejas ―Comenzó a decir los nombres de mis compañeros, uno por uno, y cada vez había menos gente con la que podría haberme emparejado el profesor. ¿El karma estaba en mi contra por haber hecho algo malo? ¿Qué había hecho yo para merecer aquello?―. Isabella Swan con Edward Cullen ―Mierda.

Mierda.

Y otra vez mierda.

Pero mirándolo por el lado bueno, podrían haberme emparejado con un alumno que no hiciera nada y se limitase a dejarme todo el trabajo a mí. Mi madre me solía decir «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer», así que aceptaría a Edward y me esforzaría al máximo. Ya sabía cómo trabajaba Edward, ya que durante todos los días que no había estado yendo al instituto me había dejado sus apuntes; sabía cómo se manejaba.

―Hey, compañera ―Saludó de nuevo Edward.

―Hola ―Le contesté y me prometí a mí misma que haría todo lo posible por no sacar mi lado irritable cada vez que él estaba a mi alrededor―. Me vas a tener que disculpar, pero no tengo ni idea de lo que es el trabajo.

―No pasa nada. Es muy fácil.

―Claro, fácil para alguien a quien saca buenas notas y le gusta la materia, ¿no?

―Exactamente ―Rio―. Vamos allá. ¿Tú estabas el día en el nos dijo lo del trabajo?

―Sí. Que él elegiría los compañeros de proyecto y que podríamos hacer cualquier tipo de trabajo mientras que lo que hagamos esté en el libro. ¿Has pensado en algo?

―La verdad es que sí ―Un débil sonrojo se instaló en sus mejillas.

―Por favor, Edward, dime que no es sobre el cuerpo humano ni de las células. Me moriría del aburrimiento y no conocería a mi hermano.

Edward bufó y rio.

―Pensaba que me tenías más estima, Bella ―Abrió el libro por una página y su cuaderno de notas―. ¿Qué te parece si lo hacemos de la genética?

―¿No has podido escoger un tema más difícil? ―Le pregunté entrecerrando los ojos.

―Mmm ―Se sonrojó―. Pues entonces…

―¿Y si cogemos un poco de todos los temas de Biología? ―Pregunté.

―Eso estaría genial.

Estuvimos lo que quedaba de clase seleccionando las cosas que investigaríamos de cada tema. Sería fácil, me había dado cuenta de que Edward le gustaba mucho la Biología y que se sabía, prácticamente, todo el libro de memoria, así que no tendría muchas complicaciones en la nota gracias a este trabajo. El proyecto, en sí, no nos quedaría muy largo ni tampoco muy escaso de información, por lo que no me tendría que preocupar por esta asignatura en lo que quedaba de curso.

El timbre sonó y nos apresuramos en guardar nuestras cosas.

―¿Cuándo podríamos hacerlo? ―Inquirí, echándome la mochila al hombro.

―No sé. Tenemos que hacer también el otro trabajo de Literatura ―Suspiró.

―Es lo que digo yo: no sé para qué os metisteis ―Murmuré, dirigiéndome a la puerta con Edward a mi lado―. ¿Puedes esta tarde?

―Veré lo que puedo hacer ―Aceptó con una sonrisa―. Vamos a Educación Física.

Nos mantuvimos callados hasta que él volvió a hablar.

―Te ves bien con esa ropa.

―Uhm, gracias ―Me sonrojé―. Esta mañana ha habido un altercado y Alice le ha tenido que pedir a Rosalie que me deje su ropa de emergencias.

―Deberías vestirte así más a menudo ―Ahora le tocó a él que la sangre subiera a sus mejillas.

―Todos me han dicho eso, pero prefiero seguir con mi línea de sudaderas.

Entramos a los respectivos vestuarios y nos fuimos cada uno a donde nos tocaba. No me cambié de ropa, por lo que abrí mi taquilla, metí la mochila y saqué los dos justificantes ante la atenta mirada de todas las chicas que se estaban cambiando. Por suerte, Tanya no estaba por allí, así que no quise tentar a la suerte y salí antes de que llegara; y si ya estaba en las pistas, allí ya habría gente. De todas formas, ¿qué más me iba a hacer? Aparte del tirón de muñeca que me había dado, claro. Igualmente, estuviéramos o no frente al director le plantaría cara y le contestaría, como casi siempre hacía.

Cuando salí fue Alice a la persona que vi, junto con Emmett, Rosalie, Jasper y Edward. Repasé con la mirada toda la cancha de baloncesto y me fijé que Tanya estaba en medio de un corrillo de niñas pijas con lágrimas de cocodrilo en sus mejillas. Genial.

Me dirigí hacia Angela, la cual estaba en las gradas con Ben.

―Hola, chicos ―Saludé.

―Hey, Bella ―Saludaron―. ¿Es cierto eso que dicen?―A Angela le faltó tiempo para preguntarme.

―¿A qué te refieres? ―Intenté evadir el tema, pero no pude.

―Eso de que has hecho que Edward y Tanya discutieran. Tanya dice que le pegaste y que embaucaste a Edward para que te defendiera.

―Esa chica está mal de la cabeza ―Dijo Ben.

―Claro que no es cierto. Estaba en la cafetería con Emmett y los demás cuando me sentí fuera de lugar y me largué. Me encontré con Tanya en el pasillo y empezó a decirme todas esas cosas que siempre me dice. Me defendí, ella me cogió de la muñeca y dijo varias cosas sin sentido. Edward estaba por allí y escuchó todo el discursito que Tanya me había dicho ―Terminé de narrar a la vez que volvía a rodar los ojos.

―Qué estúpida ―Angela frunció el ceño―. Debo suponer que lo otro del abrazo con Edward es mentira, ¿no?

Me sonrojé.

―Bueno…

―¡Bella! ―Dijo Angela. Su novio rio al ver su entusiasmo.

―Todo tiene su explicación, chica lista ―Argumenté y le saqué la lengua. Me miró con esa típica mirada suya de «quiero saberlo todo», pero en ese momento llegó el profesor y ordenó que comenzáramos con el calentamiento―. Tengo que hablar con el profesor. Te veo luego.

Bajamos las gradas y me dirigí hacia el entrenador Clap. Me miró con desaprobación y con esa típica mirada lasciva con la que miraba a todas las chicas del instituto.

―¿Qué haces así vestida, Isabella? ¿Y tu ropa? ―Preguntó.

Le entregué el papel donde ponía que el médico, o sea Carlisle, me había prohibido totalmente practicar algún deporte o hacer algún esfuerzo brusco, con la firma de mis padres y la de Carlisle también.

―¿Piensas que me voy a tragar esto, Isabella? ¡Empieza a correr ahora mismo si no quieres que te expulse de mi clase y te ponga un parte en tu expediente!

―El médico me recomendó no…

―A la mierda con el médico. ¡Corre! Vamos, Isabella. ¿No querrás que en tu expediente haya alguna falta, no?

―Mire… ―Intenté hablar, pero no pude porque me cortó.

―Isabella, escúchame bien: si no empiezas a correr haré que tu vida sea un infierno durante lo que queda de curso, así que atente a las consecuencias. ¡Ahora corre, cojones!

No me quedó más remedio que empezar a correr, ya que no me podía arriesgar a algo así. Tampoco sabía si tenía el derecho o podía hacer algo así. De todas formas, ¡el tío era un gilipollas! ¿Quién en su sano juicio haría que una alumna, asmática y recién salida de una contusión grave en la espalda, practicara ejercicio aún habiéndoselo prohibido terminantemente el médico? ¡Solo el cabrón este!

No sabía cuántas vueltas había dado a la maldita cancha, pero mientras que mis compañeros habían parado para comenzar a jugar al baloncesto, a mí me obligó a seguir corriendo y, cuando pasaba a su lado, me gritaba que debía correr más fuerte. Y lo hacía, porque era una estúpida y tenía miedo. Había empezado a jadear hacía un buen rato y mis pulmones ardían cada vez que intentaba respirar. Pero de nuevo mis bronquios se habían cerrado completamente, sin oportunidad para que el aire pasara. Necesitaba muy URGENTEMENTE mis aerosoles. Mierda. ¿Todo me tenía que pasar a mí?

Con mi vista periférica vi que los Cullen, los Hale, Angela y Ben se acercaban al profesor. No le tomé mucha importancia, así que seguí con mi maldita tarea. Será capullo.

―¡¿Pero usted está loco?! ¡¿Cómo ha podido hacer que corra?! ¡Sobre todo con su enfermedad! ¡Usted está lo-co! ―Le decía Angela.

―Por Dios, señorita Weber. Cállese o la mandaré a dirección.

―¿La va a mandar al despacho del director solo por decir la verdad? ―Dijo Ben.

―¿Qué verdad? ¿Que supuestamente padece de…? ¡Esa niña miente más que habla!

―No vamos a permitir que hable así de ella ―Rugió Jasper.

Cada vez yo estaba peor y sentí que ya no podría más. Sentí que mis piernas se volvían de gelatina y que no podrían aguantar mi peso por mucho más tiempo. Dándome igual los gritos que el profesor me profería, me fui hacia los vestuarios. Intenté llegar a mi taquilla, pero caí al suelo de culo y me dejé llevar.

Sentí como si hubieran pasado horas, pero no. Apenas habían pasado unos minutos desde que llegué al vestuario.

La primera cosa que vi fue a Angela, frente a mí, dándome golpecitos en las mejillas para que me espabilara. Meneé la cabeza para que parase. No sé muy bien lo que estaba pasando, pero escuchaba gritos y algún que otro llanto débilmente, como si la persona estuviera muy lejos de mí.

Cerré los ojos de nuevo, pero Angela volvió a darme pequeñas palmaditas en mi cara.

―Bella, Bella, no cierres los ojos ―Me pedía―. Quédate conmigo, ¿de acuerdo? ―Sentí que Angela se esforzaba al máximo para no derrumbarse y echarse a llorar.

―Mmm…

―Shh, Bella. Abre la boca e inspira suavemente, ¿vale? ―Me puso, lo que supuse que era el aerosol, e hice lo que me dijo. Lo repetimos dos veces con cada uno de los dos aerosoles.

La puerta de los vestuarios se volvió a abrir y a cerrar. Se escuchaban pasos, no muy lejos de mí. Los ignoré e intenté que mi respiración se volviera normal. La gente seguía con el escándalo. Hice el acopio de levantarme, pero un par de manos gentiles me volvieron a tumbar contra los bancos. Angela se levantó y otro par de piernas, que era mi almohada provisional, se posicionó bajo mi cabeza.

―Hey, Bella ―Escuché la voz de Jasper, levanté la cabeza y vi sus ojos azules―. ¿Cómo te encuentras?

―Mejor ―Mi voz sonó rara, ronca y grave. Carraspeé.

―Me alegro. Nos has dado un gran susto ―Admitió.

―¿Qué ha sido exactamente lo que ha pasado? ―Pregunté.

―Cuando saliste corriendo hacia aquí, Angela, Alice y Rosalie te siguieron y te encontraron aquí tirada. Intentaron hacerte reaccionar, pero hasta que no llegó la enfermera con alcohol no te has despertado. Por otro lado, Edward, Emmett y yo seguimos discutiendo con el profesor y tuvimos que retener a Emmett porque quería pegarle al profesor ―Solté unas risas al imaginarme a Emmett con cara de psicópata y al profesor totalmente fuera de sí―. Todo el mundo entró en pánico cuando Rose salió y dijo que te habías desmayado. El entrenador Clap cogió sus cosas y se fue corriendo; no sabemos nada de él. Mandamos llamar a la enfermera y mientras llegaba, gracias a los conocimientos que Edward tiene sobre medicina, pudimos hacer varias cosas.

La enfermera se encontraba allí y cuando vio que yo ya podía levantarme, se fue de nuevo a la enfermería. Por otro lado, Alice y Rosalie entraron de nuevo al vestuario a punto de llorar y se arrojaron encima de mí para apretujarme en un abrazo. Después, llegó Emmett con una cara de «mejor ni me hables» pero cambió a una menos intimidante en cuanto nos vio. Me dio un abrazo de oso e hizo alguna que otra broma de las suyas.

Solo había una persona que todavía no había venido. Me daba vergüenza preguntar dónde estaba, pero la pregunta se escapó de mis labios.

―¿Dónde está Edward?

Y, cómo no, me sonrojé.

―Fue a hablar con el director y con tu tutor; estaban metidos en una conversación en la que te defendía con uñas y dientes ―Contestó Emmett, sacando sus garras y meneándolas hacia mí. No pude evitar reír.

―La última vez que lo vi estaba peleándose con Tanya ―Remató Alice con una sonrisa de satisfacción en su cara.

―Ojalá que termine de una puñetera vez con ella ―Añadió Rosalie. Desde que Edward se cayó aquél día encima de mí, Rosalie seguía igual de hostil con Edward. Espero, que por favor, todos vuelvan a llevarse bien; no me gustaría para nada que siguieran así.

―¡Dios te escuche, Rosie! ―Dijo dramáticamente Emmett. Lo miró con mala gana y le dio una colleja en la nuca―. Ouch.

Estuvimos conversando un rato más de cosas verdaderamente sin importancia. Nadie quería hablar de lo ocurrido, y yo agradecía eso. No tenían que ser muy tontos para saber que esa «enfermedad» que había dicho antes el entrenador Clap era asma. Uniendo las piezas, una por una, encajaban perfectamente. Y era consciente de eso.

Después de estar hablado de un poco de todo, el timbre sonó, alertándonos de que ya habían terminado las clases por ese día. Estaba agotada y había experimentado muchas emociones para una sola mañana. Necesitaba llegar a mi casa y echarme una buena siesta y olvidarme de todo. Me pesaba todo el cuerpo y sentía como si me hubiese atropellado un autobús. Estaba exhausta.

Cuando llegamos al aparcamiento, nos despedimos de Angela y de Ben ―que se fueron al coche de Angela para despedirse―. Sabía que con Angela no podría ganar, pero con los Cullen y con los Hale sí tenía posibilidades. Porque no quería que pensaran en mí como si yo fuera algo de lo que tenían que hacerse cargo; no quería ser una obligación para nadie. Así que, a pesar de que me costaría llegar a mi casa, se me metió en la cabeza de irme yo sola y que nadie se responsabilizara de mí. Sería lo mejor.

Por lo visto, hoy habían ido en dos coches: Rosalie, Jasper y Emmett habían ido en el Jeep y Edward había ido con Alice en su propio coche. Y cuál fue nuestra sorpresa al llegar a donde estaba estacionado supuestamente el Volvo de Edward, cuando vimos que allí no había ningún Volvo; solo estaba el Jeep. Alice sacó su móvil para enviarle un mensaje, pero no contestó y dijo que la última vez que se había metido en el whatsapp había sido a la hora del almuerzo. Y ahí fue cuando tuve la oportunidad de convencerlos de que se fueran en el Jeep de Emmett, todos juntos. Les dije que no me iba a pasar nada y tras repetir muchas veces las mismas frases de «estaré bien» y «no me pasará nada», los convencí y se fueron de allí con unas expresiones de «no es lo correcto dejarte sola». Ni que me fueran a violar.

Eché a andar con calma, pues no tenía prisa por llegar a mi casa. Seguramente Charlie estaría allí, porque Rose me había dicho que la enfermera le avisaría, así que no me pasaría nada por llegar cinco minutos más tarde de lo normal. Total, Charlie nunca estaba cuando yo llegaba.

Pero entonces empezó a llover fuertemente como esta mañana, sin haber dado ninguna señal para poder resguardarme bajo algún techo. No, volvía a estar empapada. Me resigné, miré al cielo con furia y anduve de nuevo, sin poder hacer nada más.

No caminé mucho más que hasta la salida del instituto.

Iba perdida en mis pensamientos ―esta vez positivos, sobre el bebé de mi madre―, cuando un Volvo todoterreno negro se puso a mi lado y tocó el claxon; la ventanilla del copiloto bajó y miré discretamente para ver quién tenía interés en tocarme el claxon. Era Edward Cullen.

Como no.

―Estoy empezando a pensar que eres un acosador, Edward ―Le dije, notando como las gotitas de agua se estrellaban contra mí con violencia.

―Haré como si no hubiese escuchado eso ―Rio―. Vamos, sube.

―No quiero ―Le contesté con rotundidad.

―Bella, no seas tonta. Ya son dos veces las que te has mojado en un mañana, te has desmayado y… son muchas cosas para un solo día. Sube, no te conviene sufrir un colapso. ―Intentó persuadirme.

―No quiero ―Volví a repetir a la vez que entrecerraba los ojos y me cruzaba de brazos.

―¿Quieres coger una pulmonía? ―Preguntó él.

―Voy a mojar tu asiento ―Murmuré. Lo sé, fue una escusa un poco patética.

―¿Crees que me importa? ―Su pregunta retórica salió con más ímpetu del que pretendía y me encogí sobre mí misma; estaba tiritando. Me quedé totalmente descolocada cuando se bajó del coche y con paso lento se puso a mi lado―. Ahora, súbete, por favor ―Me abrió la puerta y yo estaba indecisa. No porque le mojara el coche, sino porque no sabía si era lo correcto o no.

Entonces, un estruendo sonó a lo lejos. Lo que faltaba, una jodida tormenta.

Accedí a subirme al coche.

De fondo sonaba una música clásica y al instante la reconocí: Claro de Luna de Debussy, una de mis preferidas.

―¿Debussy?

Y así fue como nos metimos de lleno en una conversación sobre música clásica durante todo el trayecto del instituto hasta mi casa. Hablamos sobre todo de música, tanto de la clásica, como del pop, del rock y de todos los tipos habidos y por haber. Me di cuenta de que, hablando en términos estrictamente musicales, nos parecíamos un montón. Y eso es raro, ya que había muy poca que tuviera los mismos gustos que yo. Para ser francos, podía estar escuchando pop y la siguiente canción podía ser de un género del que nadie había escuchado en su vida. Por eso me sorprendió.

Habíamos dejado la música y el tema de conversación era los libros para cuando Edward aparcó frente a mi casa.

No había reparado en la tormenta durante todo el trayecto, pero continuaba ahí, justo encima de nosotros. La lluvia era tan densa que apenas de veía fuera de las ventanas; el viento meneaba con ferocidad la copa de los árboles, incitándoles para que cayesen. Y los relámpagos nos acompañaban.

Por mucho que no quisiera ―aunque mi conciencia dijera lo contrario― no podía dejar que Edward se fuera a su casa con este temporal.

―Oye, Edward… ―Le dije.

―¿Qué? ―Frunció el ceño mientras miraba su móvil.

Le iba a contestar cuando mi propio móvil sonó. Era Charlie.

―Hola, papá ―Saludé.

Hola, cariño. ¿Dónde estás?

―Acabo de llegar a casa ―Y sin saber por qué, añadí―: Edward me ha traído hoy.

El susodicho me miró con una tímida sonrisa en los labios.

No me agrada mucho la idea, pero meteos en casa y no salgáis, ¿de acuerdo?

―¿Qué pasa, papá? ¿Es algo malo? ―Le pregunté.

Hay alerta roja. Me tengo que quedar en la comisaría. Por favor, Bella. No dejes que salga Edward hasta que yo te llame de nuevo. Y, por supuesto, tú tampoco salgas por nada del mundo. ¿Me has entendido?

―Sí. No te preocupes, papá. Ten cuidado.

Siempre lo tengo.

Después de unos minutos en silencio apacible, abrí la boca.

―Mi padre dice que metas directamente en mi casa y que no salgas por nada del mundo hasta que él lo diga ―Solté.

―¿Qué? ¿Por qué? ―Dijo exaltado.

―¿Esto supone algún impedimento para ti, Cullen? ―Le miré fijamente.

―Había quedado con Tanya para…

Alcé una mano para que parase. No necesitaba ninguna de sus explicaciones; y tampoco me las tenía que dar.

―Claro. Tanya. Como no ―Bufé.

―¿Me puedo explicar? ―Pidió.

―No. No soy nadie importante. No tienes por qué. Además, ni las quiero ni las necesito.

Mi mal humor había vuelto a hacer acto de presencia.


¡Hola!

Lo primero de nada, siento mucho haber desaparecido, pero el instituto absorbe todo mi tiempo. A penas tengo tiempo para mí (Que se traduce a leer y ver series). Pero he estado un poco liadilla estas fiestas haciendo trabajos y estudiando para un examen de recuperación de química... Mi mala suerte.

¡Pero he vuelto! Y espero que no sea para desaparecer en combate de nuevo jaja (lo siento, again)

¿Qué os ha parecido el capítulo? A mi parecer está muy bien, y el nueve (que ya tengo escrito) va a ser incluso mejor. ¿Por qué? Ya lo veréis ;) Espero que pronto, eso sí. Pero el capítulo 10 ya lo tengo bastante pensado, ya que iba a ser parte del 9, pero quedaría todo muy agolpado y pues prefiero hacerlo así.

Por cierto, soy completamente fan DELENA. ¿Alguien ve The Vampire Diaries/Crónica Vampíricas? Ya quiero que sea 17/18 de este mes para ver cómo sigue! (Tengo mono de Delena jajaja)

Muchas gracias por todos los reviews/alertas/favoritos que me dejáis. Lo aprecio mucho. ¿Podríamos llegar a los 65? jeje

Os tengo que dejar.

Un beso muy grande ^^

Sandy.