Capítulo 9


"En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber."

William Shakespeare


―¡Vamos, Bella, tienes que venir! ―Decía Alice a mi lado mientras que yo ojeaba tranquilamente la página del libro que estaba tratando de leer.

Me encontraba en la cafetería del instituto en la hora del almuerzo con los Cullen, algo que viene a ser muy frecuente; se ha convertido en una costumbre a la que nadie ponía impedimento… Bien, tal vez alguna que otra mujerzuela sí le molestaba de sobremanera. Pero, de todas formas, a los Cullen no les importaban. Me acogían en su mesa como otra más del grupo. Ya que Angela se sentaba con su novio y, conociéndome tan bien como me conoce, sabía que no quería ser la tercera en discordia, así que empezó a instarme para que me sentara con ellos. Al día siguiente de la tormenta, ella se acercó a su mesa y, como si los conociera de toda la vida, les preguntó si podía sentarme allí con ellos. Antes de que terminara la frase ya había sido sentada al lado de Rosalie gracias a los brazos de Emmett. Y así, me había acostumbrado a compartir la mesa de los Cullen.

Ya había pasado casi un mes desde aquél día de tormenta. Aquél en el que me enteré que mi madre estaba embarazada, que esperaba un hijo, mi hermano pequeño. No dudé ni un segundo en descolgar el teléfono de mi cocina para llamar a Esme y darle la maravillosa noticia. Pude escuchar los chillidos de emoción y alegría que dio Esme cuando solté la bomba y después de la euforia del momento, que casi igualaba a la mía, prometió que más tarde llamaría a mi madre para hablar. Esa noche, llamó Carlisle para preguntarme cómo iba de la espalda. Se escandalizó completamente cuando escuchó todo lo que había sucedido y me juró que haría todo lo posible, que hablaría con él para hacerle entrar en razón. Suerte con eso, pensé en mi interior, ya que no me habría gustado nada cortarle el royo diciéndole que mis padres ya lo habían intentado y habían fallado. Tras eso, me felicitó por la vida que venía en camino y que si me encontrase mal, no dudara en llamarle, fuera la hora que fuera. A día de hoy, Carlisle no había aparecido por aquí.

Mi padre no reaccionó como yo esperaba que lo hiciese. Es decir, ¿a qué ex-marido le gustaría saber que su ex-mujer ha rehecho su vida, va a tener un bebé y que su hija en común está saltado por las paredes de la emoción? Pero no. O él era anormal por no reaccionar de la forma correcta o la anormal era yo por tener pensamientos tan rebuscados y crueles. El caso es que actuó bien, ¡demasiado bien! Una sonrisa boba se instaló en su cara, me abrazó con tanta fuerza como le fue posible y se fue al teléfono para mantener una larga y entretenida charla con Renée.

Por otro lado, me había vuelto muy ―demasiado― cercana a los Cullen. A Alice, a Rosalie, a Jasper, a Emmett… pero no a Edward. Con Alice y Rosalie era fácil hablar, teníamos infinitos temas para charlar durante horas. Series, música, películas… excepto de libros. La conversación de libros iba más con Jasper que con ellas. Con Jasper también era fácil hablar, con toda era aura de paz y tranquilidad a su alrededor. Era un poco tímido al principio, pero se desenvolvió en cuanto tocamos el tema de los libros; él me recomendaba algunos muy buenos, yo se los recomendaba a él, criticábamos algunos de ellos… Era algo como yo pero en chico. Era muy gracioso, pero aquí todos sabemos que el bromista es Emmett. Estar con él era genial, se reía de todo y de todos sin ningún tipo de maldad. ¡Se reía hasta de sí mismo! Siempre que tratábamos con el tema de las series, ponía una cómica expresión en la cara de «no me tires de la lengua que te cuento todo», lo que llevaba a más y más risas. Pero todo eso no ocurría con Edward. No conversación fácil, no risas, no nada. Desde aquél día de alerta roja.

No sabía lo que había ocurrido, pero hay rumores. Y tú y yo sabemos que hay dos posibilidades: verdaderos o falsos. No hay más. Algunos de ellos, obviamente, eran falsos de tales barbaridades que se decían en ellos. Otros no tanto. Pero no me gusta juzgar y ya lo hice una vez con Edward; no me gustaría hacerlo una segunda. De todas formas, no le sacaba el tema a ninguno de ellos. No me gustaba cotillear y eso no cambiaría por nada de mundo. Además, ni si quiera Alice parecía saberlo. Y eso que ello lo sabe todo, y mucho más si incumbe a su hermano.

―Venga, sabes que lo estás deseando ―Siguió Emmett a la súplica de su hermana.

A todos ellos se les había metido en la cabeza de ir a una estúpida fiesta conmigo. Desde que había confesado ―o más bien me sacaran la información con insistencia― que nunca en mi vida había ido a una fiesta, querían que fueran a una de esas en donde nunca sabes quién es el anfitrión, con música estridente, vasos de plástico rojos, gente bailando… todo lo opuesto a mí. Estaba dando evasivas; era muy evidente que quería negarme, pero estaba claro que a ninguno de los cuatro le haría gracia ―ni aceptarían― que yo dijese que no.

―No creo que sea buena idea ―Contesté a sus persistentes intentos que convicción.

―¡Te divertirás! ―Intervino Rose, sonando como si estuviera en un anuncio de la tele anunciando cualquier cosa rara.

―Sí… ―Susurró Alice. Y en ese momento supe que estaba perdida.

Ella me puso su carita de cachorro apaleado bajo la lluvia. Estaba intentado ganar, pero Rosalie se unió a ella con un ligero «por favor». De repente, Emmett y Jasper aparecieron a sus lados con las misas caras.

―¿Qué es lo que está pasando aquí? ―Preguntó una voz muy reconocida, como terciopelo. «Ayúdame, por favor. ¡AYÚDAME!». Estoy a punto de decir esa respuesta ganadora, ese perfecto no, pero entonces Edward hace algo totalmente inesperado. Se posiciona tras Alice e imita sus expresiones.

Madre mía. Dios Santo. ¿Qué cojones?

¿Acabo de exclamar en mi cabeza esas cosas? Como si fuese algo de otro mundo, solo es un chico adolescente con una cara muy dotada de cualidades.

―Sí. Iré. ―Me encuentro a mí misma diciendo, embobada con la cara de él.

Eso ocurrió el lunes y la fiesta no era hasta el viernes siguiente. ¿Qué pasó durante esa semana? Fácil. Alice me estuvo atosigando con lo que debía ponerme ―tacones obligados, ¿de dónde iba a sacar unos?―, con lo bien que me lo pasaría, que me integraría genial y hablaría mucho con la gente… todo ese tipo de cosa. Había salido hastiada de la maldita fiesta. Si tan solo hubiera dicho «No. No iré», pero tuve que decir totalmente lo contrario. Y todo por esas estúpidas caras de perro maltratado que me ponen porque saben que son mi punto débil.

Así que hoy era viernes.

No estaba preparada.

Le dije a Alice exactamente lo que me pasaba, pero ella lo despachó con un despectivo movimiento de mano. Ella se preocupaba por la ropa.

Y yo no tenía ropa de fiesta.

Otra preocupación para ella.

―¿Qué te vas a poner, Bella? ―Se dirigió a mí, de camino a nuestra próxima clase, la de ese profesor irritante que manda redacciones por todo. Literatura.

Estuvimos quedando durante toda la semana por las tardes para hacer el trabajo. Alice se encargaba del primer trimestre, yo del segundo ―que era el menos extenso; me quejé, pero Edward y Alice se negaron a darme otro trimestre― y Edward se quedó con el más largo y mucho más extenso, el último trimestre. En realidad, me lo había pasado bien, dentro de lo que cabe mientras haces un trabajo. Alice estaba constantemente quejándose de los «malditos trabajos» que mandan los profesores, mientras que yo le recordaba que había sido su culpa por haberse metido en lo que no la incumbía. Lo que llevaba a otra discusión sobre lo correcto y lo incorrecto. Al final, el profesor se vio obligado a ponernos una nota bastante buena y tuvo que tragarse esa futura satisfacción de suspendernos el trabajo.

―Sólo tengo sudaderas, y según tú, es un delito aparecer en una fiesta con una de ellas ―Me encogí de hombros.

―¡Nunca, Bella! ¡NUNCA! ―Se alteró, para que después de cinco segundos volviese a su estado habitual de ánimo―. No te preocupes por la ropa; Rosalie y yo nos ocuparemos de todo ―Dijo con una sonrisilla maliciosa.

El arrepentimiento de haber dado el sí en vez del no había vuelto a mí.

Entre clase y clase, me escondí en uno de los cubículos de los cuartos de baño para llamar a mi padre y decirle que me iría directamente a casa de los Cullen después del instituto. No puso ninguna pega y con un «¡Pásatelo bien esta noche!» me colgó. A Charlie le encantaba la idea de yo siendo amiga de los Cullen y parecía que se le había abierto el cielo cuando le pedí permiso para ir a la fiesta.

Sé que Alice y Rosalie no me iban a mantener toda la tarde arreglándome, pero debía darle los últimos retoques a mi trabajo de Biología que tenía con Edward e iba a aprovechar esa tarde para hacerlo y quitárnoslo de encima de una vez por todas. Llevábamos todo el mes quedando, porque este trabajo ni de coña se podía hacer en dos días.

Noté que Edward estaba mucho más apagado de lo usual. No le pregunté, no es de mi incumbencia. Solo que el pobre ya no sonreía, casi no comía y se pasaba las tardes y noches encerrado en su habitación sin salir para nada excepto cuando quedaba conmigo o para la cena. Tampoco le pregunté a Alice, ni ella me lo dijo, pero al parecer tampoco lo sabía. Edward se había cerrado en banda, sin dejar pasar a nadie, ni siquiera a su familia. Esme le decía que por favor comiese, Carlisle más bien le obligaba. Cuando le preguntaban, él contestaba muy pobremente. Pude notar la angustia que sentía Esme al ver a su hijo en tal estado.

Así que esa carita de cachorro abandonado había sido el primer sentimiento que había dejado salir después de un mes.

Estaba equivocada si Alice y Rosalie me iban a dejar libre parte de la tarde para hacer el trabajo de Biología. Esas dos estaban locas.

Nada más llegar a la casa de los Cullen, me bajé del Jeep de Emmett y me dirigí al Volvo de Edward.

―Hey, Bella ―Dijo mientras salía del coche.

―Hola. ¿Terminamos hoy el trabajo? ―Directa al grano.

―Eso sería ge… ―No pudo terminar porque de repente dos manos me tiraban hacia la casa.

―¡De eso ni hablar! ―Gritó Rosalie―. Hoy no se hace nada del instituto.

―¡Lo siento, hermanito! Pero tenemos mucho que hacer si quieres ver a Bella preciosa ―Le guiñó un ojo a Edward a la vez que el sonrojo se instalaba en mis mejillas. Me giré con violencia y salí escopetada de allí. Y no me caí.

Me tuvieron encerrada toda la tarde, sin exagerar. Primero me mandaron al baño para tomar una ducha y después me aplicaron diferentes mascarillas en la cara, para después ponerme otra. Después me maquillaron con base, rímel, lápiz y sombra de ojo y gloss para los labios. También estuvieron un rato toqueteando mi pelo; secador, plancha para abajo, plancha para el lado, plancha para el otro lado… ya no sabía ni lo que estaban haciendo. Me levantaron de la silla donde estaba sentada para dirigirme como un robot al vestidor de Alice, donde me entregó un vestido blanco roto. No rechisté, sin embargo, porque sabía que no serviría para nada. El vestido se me ceñía en las partes donde debía de hacerlo. Me alzaba mucho los pechos y me llegaba muy por encima de mis rodillas. Para variar, me gustó cómo me quedaba.

Cuando salí, me encontré con Alice embutida en un minúsculo vestido blanco strapless, subida en unos tacones negros de vértigo y con su cabello totalmente liso. Rose, por otro lado, llevaba otro pequeño vestidito como el de Alice pero en negro y con los tacones en negro y su pelo caía en cascada tras ella.

Me tendieron unos tacones blancos que dejaban ver el interior de mi pie. Eran bonitos, pero no estaban diseñados para mí.

―Ten, póntelos.

―¿Estás segura? Esto va a acabar en el hospital y un pie torcido… ―Musité.

―Muy segura. Te quedarán bien ―Rosalie se dio la vuelta y sacó una caja de uno de los cajones de Alice.

―Y aquí está tu toque final ―Como una vendedora experta, Alice señaló la caja.

―¿Qué es?

―Lentillas.

Parpadeé una, dos, tres o cuatro veces seguidas.

―¿Q-qué? ―Tartamudeé.

―Sí, Bella, lentillas. ¿Sabes lo que son? Bien, pues mira. Se cogen con cuidado y las colocas con mucha delicadeza dentro del ojo y…

―Sé cómo se hacen, Rose ―Rodé los ojos y miré de nuevo a la caja.

―¿Entonces qué pasa?

―Mmm… ―No sabía si decirle o no, era algo que no sabía nadie, excepto Angela, y temía que se rieran de mí si se lo decía. Pero pude ver como la impaciencia de ambas aumentaba por momentos―. Veréis… Me siento insegura y desprotegida sin mis gafas… ―Logré susurrar sonrojándome y mirando al suelo.

―Oh ―Guardaron silencio durante un par de segundos para después volver a la carga―. ¿Sólo por una noche? ¿Por favor, por favor, por favor, por favor…?

―¡Está bien! ¡Me las pondré! ―Exploté chillando y todo. A veces me sacaban de quicio.

Alice se acercó a mí mientras que pegaron a la puerta con insistencia.

―¿Pasa algo, chicas? ―Preguntó Edward desde el otro lado de la puerta.

―¡No, no pasa nada! ¡Vete! ―Le gritó Rosalie en respuesta.

El pomo de la puerta se agitó.

―¿De verdad?

Lo único que quería hacer era ponerme las malditas lentillas y salir de esta casa e irme para la fiesta.

―¡Qué sí! ―Fue mi turno de contestarle hoscamente, haciendo que la puerta comenzase a abrirse.

―¿Qué pasa, Edward? ¿No entiendes un no? ―Alice prácticamente corrió hacia la puerta para encarar a su hermano.

―Bueno, he escuchado de gritar a Bella, algo no muy usual en ella y pasaba por aquí y… bueno…

―No pasa nada, estamos bien ―La voz de Alice se suavizó, murmuró algo más y cerró la puerta tras ella―. Bien, terminemos con esto.

Me entregaron la cajita y dejé que ellas me la pusieran. Sabía cómo iba, ya que una vez la chica de la óptica me dijo cómo hacerlo, pero Rosalie dijo que mejor las ponía ella porque yo podría arruinar el maquillaje. Cierto.

Rose me contó que ella secretamente lleva lentillas y me sentí mucho mejor conmigo misma sin saber por qué. También me confesaron, cuando yo les pregunté, que sabían cuánto tenía de miopía y astigmatismo debido a que Alice le preguntó a mi padre sobre ello mientras Edward terminaba de recoger todas las cosas del trabajo de Biología. Había sido uno de esos días en los que Alice y Edward iban al instituto en el Porsche y ella lo dejaba allí para después irse.

Una vez puestas, me levanté de la silla y me giraron hacia un espejo. Esa que me devolvía la mirada tenía que ser otra. Esa no era yo. Sus ojos marrones estaban brillantes con una mirada de incredulidad en ellos. El pelo lo llevaba liso con algunas ondulaciones en la parte final de él y dos trenzas me coronaban el tope de mi cabeza. Estaba… hermosa. No lo podía creer. Para nada.

Y llegó el momento de partir a la fiesta.

Alice bajó primero y después Rosalie y yo fuimos juntas, porque temía que me cayese con estos tacones. A mitad de escaleras vi como Alice se dejó caer con un grácil salto para después dar una vuelta sobre sí misma. Jasper la miró con adoración, la atrajo hacia él y le plantó un dulce beso en la mejilla de ella. Emmett se quedó prendado de toda Rosalie, no sabía a dónde mirar y un leve sonrojo adornó sus mejillas.

No aparté la vista de los escalones hasta que pisamos suelo plano, entonces la alcé. Todos me estaban mirando con sonrisas en sus labios y miradas de verdadera sorpresa y admiración. ¿Todo eso por mí? Imposible.

―Mmm… ―Emmett estaba pensando, o al menos lo simulaba―. ¡Vaya, estás genial, Bella! No me esperaba menos de ninguna de las tres ―Nos guiñó un ojo.

―Estás radiante ―Aportó Jasper con su tono tranquilo y pacífico.

―Gracias.

―Bueno, al parecer Edward se ha quedado sin voz al ver tal maravilla ante él ―Rio Emmett. Me sonrojó fuertemente y puedo decir que Edward también lo hizo.

Rosalie cogió en su mano su gran brazo y lo empujó hacia la puerta principal murmurándole cosas. Mi mirada conectó con la de Edward.

―¿Vamos? ―Interrumpió Alice el momento.

Asentí. Y fue ahí cuando me fijé en la ropa de Edward. No era para nada la ropa que llevaban los chicos para una fiesta. No como Emmett ni Jasper, que llevaban camisas y vaqueros, casuales pero algo formales. Pero él vestía un pantalón de chándal y una camiseta básica para hacer deporte.

―¿No vienes? ―Le pregunté.

―No, Edward no viene ―Contestó Alice por su hermano―. Se nos hace tarde.

Le echó una discreta mirada a su hermano ―la cual capté― mientras cogía mi mano e íbamos hacia el Jeep de Emmett.

En el camino hacia la casa de un chico desconocido para mí ―me dijeron el nombre pero ya lo había olvidado― se me hizo corto, a pesar de que estaba lejos de la casa de los Cullen. La música golpeaba fuerte las paredes y ventanas de la casa y podíamos escuchar la canción que estaba sonando en ese momento en cuanto nos bajamos del coche. Con un sonoro «¡Fieeeesta!» por parte de Alice, nos encaminamos hacia la casa. Había gente fuera de la casa, hablando, bebiendo y que nos notaron cuando pasamos por su lado. Algunos nos miraron de arriba abajo, otros gritaron cosas muy impropias. Al entrar en la casa, todo fue un mundo nuevo para mí. Gente por todos lados, sosteniendo vasos rojos y bailando en donde quiera que estuviese en ese momento.

―¡Oye! ―Llamé la atención de Alice y Rosalie cuando Emmett y Jasper fueron a por unas bebidas―. Iré con vosotras, ¿vale?

―Está bien ―Contestaron. Un chico muy guapo se quedó viendo a Rosalie, y ésta le saludó coquetamente por encima de su hombro. Me quedé anonadada, ¿no estaba saliendo con Emmett o todo fue mi imaginación? El muchacho se acercó a nosotras y Rose se encontró con él a mitad del camino. Después de un par de minutos se fueron al salón principal y comenzaron a bailar.

―¿Por qué hace Rosalie eso? ―Le pregunté a Alice.

―¿A qué te refieres?

―¿No está saliendo con Emmett?

Alice se quedó callada. Entonces Jasper y Emmett llegaron con vasos de plástico. Emmett me tendió uno.

―¡Oh, Jasper, muchas gracias, de verdad lo necesitaba! ―Le plantó un beso en su mejilla y noté cómo Alice me estaba dando evasivas.

―¿Dónde está Rosalie? ―Preguntó el grandullón. Alice la señaló. La expresión de Emmett cambió totalmente y se bebió de un sorbo todo el contenido de su vaso.

Me llevé el vaso a la boca y tomé un sorbo. Estaba bastante fuerte y quemó toda mi garganta.

―¿Qué es esto? ―Le pregunté a Emmett, ya que Alice y Jasper habían desaparecido y los vi bailando por donde estaba Rose.

―Vodka. ―Con razón―. Voy a por más. ¿Vienes?

Asentí hacia él porque no tenía ganas de quedarme sola en un lugar repleto de personas que no conocía de nada. Emmett tomó mi mano para que no me perdiese entre los cuerpos de los fiesteros.

Dos horas más tarde estaba un poco contenta con tres vasos y medio de vodka en mi organismo. Emmett estaba mucho peor que yo, pero ¡fiesta! Las fiestas son eso, ¿no? Había bailado infinidad de canciones con Emmett, una tras otra sin parar, excepto para ir a por más bebidas. No había visto para nada a Jasper, o a Alice, o a Rosalie. ¡Ni me importaba! Me lo estaba pasando genial con Emmett. Baile, baile y más baile. ¿Desde cuándo Bella Swan bailaba? ¡Desde esa misma noche!

Cuando la canción paró, Emmett me condujo a otra sala adyacente. Había muchos chavales de nuestra edad o más mayores gritando a un círculo de personas «¡Bebe, bebe, bebe, bebe!» y pensé en más bebida. Nada me apetecía más que más alcohol. ¡Fiessssta!

Nos abrimos paso entre el gentío y nos dejamos caer. ¡Ronda de chupitos! Me encanta. No sé de qué iba el juego pero yo trataba de beber lo más rápido posible. ¡De verdad que me encantaba esto! El chico que había al lado mío se levantó tambaleante y otro chico, uno muy guapo al parecer, se dejó caer. Tenía el cabello y ojos muy marrones y unos labios ligeramente vueltos hacia arriba.

―Hola, guapa ―Saludó con un guiño.

―Hola, ¿qué haces? ―Le regresé.

Tomé mi chupito, lo alcé, lo llevé a mi boca y tragué con fuerza. Después alcé el chupito hacia arriba con un chillido.

Entre chupito y chupito me fui acercando más y más al chico de al lado. Hasta que casi estuve completamente encima de él. Su cabeza se inclinó hacia la mía y la mía hacia la suya. Mi lado no-borracho ―si es que había uno en esos momentos― me diría que me detuviese, pero el borracho era un mar de «¡bebe, bebe, bebe, bebe!» junto con «Bésalo, tonta. ¡Estás borracha!». Así que hice lo propio, me besé con un tipo que no tenía ni idea de su nombre. Su mano, alojada en mi cintura, se fue hacia mi pecho y la otra hacia mi trasero; su lengua rozando mi labio inferior. Cerré los labios en banda, me preparé para apartarme, pero el tipo parecía una lapa y no me dejaba ir. Entonces, noté cómo fui levantada y di gracias internamente a quien me hubiese arrancado de los brazos de pulpo de ese tipo.

―¡Hey, quién te crees que eres para quitarme a esa zorra de encima! ¡Nos lo estábamos pasando muy bien! ―Argumentó arrastrando las palabras.

―Su novio. ¿Y tú? ¿Quién mierda eres tú para meterle mano a mi chica? ―La voz de un chico se elevó unas octavas más de lo normal. ¿Quién era el chico? No lo sabía. Quería otro chupito.

―Quiero… ―Empecé a decir, pero la voz del chico este calló lo que estaba diciendo.

El chico que me había alejado del chico con quien me había besado se dirigió hacia él y le propinó un golpe en toda la mandíbula.

De repente un círculo de gente se creó alrededor de ellos, dejándome a mí dentro de él. Empecé a agobiarme por tanta persona a mi alrededor, pero tal y como empezó la pelea se acabó. Por lo visto el que había montado toda la fiesta había venido alertado por el escándalo y separó al muchacho desconocido y mi buen amigo Emmett cogió por los brazos a mi salvador. Vaya, ¿estaba lo suficiente no-borracho para pensar con claridad? Y él había bebido mucho más que yo. La última vez que lo vi estaba liándose con una chica rubia con un similar parecido a Rosalie Hale. Aunque creo recordar que no era ella. ¿O sí? Yo qué sé.

Una nívea mano se interpuso en mi camino hacia… la nada. La tomé sin dudar ni un instante y me embargó un cálido sentimiento por todo el pecho. Me gustó. No sabía si era bueno o malo. Simplemente disfruté de ello. El chico que sostenía mi mano comenzó a andar, pero mis piernas fallaron y noté cómo mi cuerpo cedía ante mi peso y me temblaban las rodillas como gelatina. Esperé el golpe que seguramente me daría contra el suelo, pero mi salvador me cogió a tiempo y pasó uno de mis brazos por sus hombros y cogió mis rodillas, llevándome en volandas.

No sabía si mi héroe había bebido o no, solo era consciente del estado de inconsciencia al que estaba entrando. En cuanto posé la cabeza en el frío cristal de la ventanilla del coche, me dormí.

Me desperté cuando mi chico me dejó sana y salva en la cama de mi habitación. Tuve que mirar un par de veces para enfocarme y descifrar dónde nos encontrábamos. Ahora fui yo quien parecía un pulpo: me había agarrado fuertemente de su cuello y había empezado a intoxicarme de buena manera con su fragancia masculina y natural. Era taaan embriagante… Prefería los chupitos. ¿O no?

Lo dejé libre al sentir las suaves sábanas de mi cama; me desperecé y casi le doy una patada mientras él hacía todo lo posible para descalzarme. Me dio la risa floja cuando sentí sus dedos en mi piel. No podía parar de reír. Él se unió a mí con una risa breve y leve.

―Hey, ¿estarás bien? ―Me preguntó.

―No ―Quise hacerlo corto, pero sonó más bien a «nooooooo» seguido de otra carcajada.

Escuché un suspiro y cerré los ojos, las sábanas arropándome e incitando a que el sueño volviese a mí. El colchón se hundió a mi lado y abrí con cuidado mis ojos. Lo miré directamente y nuestras miradas volvieron a conectar duramente en un solo día.

Una pregunta escapó de mis labios. El sentimentalismo llegó a mí.

―¿Has sentido alguna vez que no eres bienvenido? ¿Que todo el mundo te odia? ¿Hagas lo que hagas, vayas donde vayas? ¿Que nadie te… quiere? ―Mi mente borracha hizo que tuviera todo el valor que no tenía cuando estaba en un estado de sobriedad.

―A veces ―Toda su cara demostraba sinceridad. Lo creí.

―Ojalá las cosas fuesen distintas. Que todo fuera diferente.

―Yo también ―Suspiró y comenzó a levantarse. Sin querer dejarlo ir, alcé mi mano y agarré la suya.

―Quédate conmigo ―Lágrimas acudieron a mis ojos―. No quiero estar sola.

Él pareció pensarlo durante unos segundos; después se agachó y se quitó los zapatos. Levantó uno de sus brazos e inmediatamente me eché sobre su pecho, aspirando de nuevo ese olor que me traía loca a pesar de haberlo probado hacía apenas unos minutos. Me quedé allí, viendo por mi ventana y…

―¿Edward? ―… en un acto completamente anormal en mí, giré la cara hacia la suya mientras pasé mi pierna por su cadera.

―¿Qué pasa? ―Susurró, aparentemente tranquilo, pareciendo no querer romper aquel ambiente tranquilo que se había creado en mi habitación.

―Me gustas ―Y mi yo-borracha pegó mis labios a los suyos. Después, me dormí.

A la mañana siguiente me desperté como si tuviera mini personas pisoteándome el cerebro. Quería morirme. Y a ser posible alguna aspirina para quitarme el dolor de cabeza. La recasa. Qué bien comenzaba mi día.

Lo primero que hice después de levantar la almohada de la cama fue mirar hacia el lado en el que se suponía que estaba Edward. Pero allí no había absolutamente nadie; solo las sábanas arrugadas por haber dormido ahí. La ira y la furia se abrieron paso a través de mí. ¿Por qué no estaba aquí? ¿Le daba demasiado asco dormir al lado mía? ¿Recordó a Tanya? ¿Le entró nostalgia? ¿Me comparó con ella (Vale, eso sí que es asqueroso) y llegó a la conclusión de que seguiría tratándome con la punta del zapato porque su novia se lo pedía? ¿O qué le pasaba por la cabeza? Se va sin decir nada, sin dejar una nota. ¡Al menos debería haber dejado algo parecido a eso! Un «Lo siento, Bella, debo irme». Qué sé yo. Lo peor que podía hacer un hombre es dejar tirada a una mujer en la cama después de haber dormido juntos… Aunque claro, nosotros no hicimos nada extraño. Sólo le pedí… ¿Qué le pedí?

Mierda.

No me acuerdo de nada.

Nada.

NADA.

Otra vez mierda.

¿Pasó algo? ¿Hicimos algo? ¿Me obligó? ¿Hice algo en contra de mi voluntad? ¿Se quedó? ¿Fue mi imaginación? ¿Y Emmett? ¿Y Rosalie? ¿Los imaginé? ¿O fue todo producto de mi imaginación? ¿Bebí poco? ¿Mucho? ¿Me emborraché? Oh, mierda. ¡Necesito saber! ¿Exactamente el qué? Hasta ahí no llego. Para la última pregunta… pues obviamente sí que lo hice. Lo único que recuerdo es haber empezado a beber y bailar con Emmett cuando vio a Rose con otro chico. Vodka, vodka y más vodka. Y chupitos. ¿Lo demás? N-a-d-a.

Lo siguiente que hice fue seguir devanándome los sesos en busca de algo sustancioso para satisfacer mi ansiedad de conocer las respuestas a todas esas preguntas, y mientras tanto, me fijé en la almohada. No había ni rastro de maquillaje, y al mirarme en el espejo mis sospechas se aclararon: el maquillaje con el que había dormido estaba todo corrido por mi cara. Eso tenía que significar que tuve que dormir con él y… ¿encima de él? Otra explicación no había.

Como papá se había salido temprano a pescar como todos los fines de semana, no tuvo que verme en tal estado, con todo el maquillaje corrido, el pelo revuelto, el vestido arrugado. Me quité con cuidado el vestido para no mancharlo con mi cara y lo eché a lavar para entregárselo a Alice limpio; me puse el pijama más cómodo que tenía y fui al cuarto de baño para limpiarme la cara. Desayuné en compañía de mi amado Glee en la Fox y me tiré toda la mañana vagueando en el sofá.

Entonces llegó la hora de comer y estaba preparando el almuerzo, pelando una cebolla cuando comencé a llorar. Me eché la mano a las gafas, pero qué sorpresa me llevé cuando cogí solamente aire. Ahí fue cuando caí que las había dejado en el cuarto de Alice. Y ahora estaba en unas lentillas de usar y tirar que no duraban más de ¿cuánto? No lo sabía. Decidí que después de comer me llegaría para recogerlas.

Más tarde, cuando ya había terminado de comer y de limpiar todo lo que había utilizado, me senté un momento a seguir viendo la tele. La cabeza me seguía doliendo, pero habían disminuido los zapatazos que sentí cuando me desperté. Decidí que sería mejor ir antes de quedarme dormida, porque soy de esas personas que en cuanto posan la cabeza en el sofá no hay manera de no quedarme dormida. Me cambié mi pijama y me puse mis vaqueros más cómodos junto con una sudadera de color gris bastante holgada y las converses. Cogí mi iPod y salí rumbo a la casa de los Cullen.

El trayecto hacia allí se me hizo muy corto; tal vez porque estaba acostumbrándome. El caso es que llegué bastante rápido a mi parecer. Toqué el timbre y una amable Esme me abrió la puerta con esa sonrisa tan característica suya.

―¡Hola, Bella!

―Hola, Esme ―Saludé de vuelta.

―Pasa, no te quedes ahí. ¿Qué te trae por aquí?

―Bueno, ayer Alice confiscó mis gafas y me puso lentillas, que son de usar y tirar, y necesito mis gafas ―Le contesté.

―Oh, es verdad. Estás muy mona sin ellas ―Dijo.

―Gracias ―Me sonrojé. La casa estaba muy en silencio, así que pregunté―. ¿Dónde están los chicos?

―Están durmiendo ―Eso lo explica todo―. Se han levantado para comer y se han vuelto a la cama.

―Entonces, ¿puedo subir un minuto a por mis gafas?

―Sí, sí, no hay problema, cariño. Sólo no hagas mucho ruido ―Asentí y subí las escaleras. Iba hacia el cuarto de Alice cuando me topé de frente con Edward. Me miró entre sus pestañas y sus mejillas se colorearon de un dulce rosa. Pero giré la cara y entré al cuarto oscuro de Alice. Comencé a buscar y no me tomó mucho tiempo encontrarlas: estaba exactamente donde las recordaba haber visto por última vez. Anduve de puntillas hasta la puerta, hasta que me tropecé. Nada se cayó, pero mi pie sí que había hecho un ruido espantoso al recibir tal golpe. Un grito de exclamación quería salir de mi boca, pero no lo dejé salir y esperé para ver si Alice se había despertado. Seguía roncando levemente. Fiu.

Al salir, Edward estaba allí parado, mirándome fijamente. ¿Y a este qué le pasa?

―¿Qué? ―Le pregunté con hostilidad.

―¿Qué haces?

―Gafas ―Me limité a contestar. Se creó un silencio muy tenso; yo no tenía nada que decirle y él parecía que el gato le había comido la lengua. Sin embargo, no esperé y me fui de allí hacia la cocina―. Me voy ya, Esme. Gracias por dejarme coger las gafas.

―¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? No sería una molestia para mí.

―No, no hace falta ―Rechacé. Iba a agregar algo más, pero Edward entró. ¿Me estaba siguiendo?

―Mira por dónde. ¿Puedes llevar a casa a Bella, cariño?

―No hay problema ―Contestó a la vez que yo decía «No hace falta». Mmm, momento incómodo en 3, 2, 1…―. Eh, bueno, pues, déjame al menos acompañarte a la puerta.

En el porche, me dijo:

―Sobre la noche anterior…

―No, no quiero oírlo, ¿de acuerdo? Prefiero vivir en la ignorancia ―Le corté.

―Pero…

―Déjalo estar, Edward ―Me encogí de hombros―. Hasta luego.

―Adiós ―Cedió con un suspiro de frustración―. ¡Ten cuidado!

No sabía si lo dijo por las personas que podían hacerme algo o por mis pies. A cada cual peor enemigo. Pero me daba igual. No sabía nada y estaba feliz así.


¡Hola!

¡Qué decir de este capítulo! Muchas de vosotras creíais que iba a continuar donde el capítulo anterior, pero ¡no! No se me ocurría nada bueno para enlazar ambos capítulo y un día estaba viendo TVD y me surgió esto (por una de las tantas fiestas que celebran durante una misma temporada jajaja) ¿Qué os ha parecido? A mí me ha gustado mucho, i don't know why. Tengo el capítulo 10 recién salido del horno, solo me queda terminar el final jeje.

Tengo que deciros que no sé cuándo subiré el 10 (tengo que escribir antes el 11) porque tengo un estrés encima increíble. Me he tenido que leer un libro de filosofía que me ha costado la vida (porque no lo entiende ni el autor) y ya he hecho el examen, pero seguro que lo tengo suspenso, por lo que me quedaría la asignatura... Después, me estoy leyendo el QUIJOTE. Madre mía, en castellano antiguo. Eso sí que es misión imposible xD Mañana tengo un examen de 3 temas de química, y exámenes por todos lados... La semana blanca me la voy a tirar estudiando Literatura, Matemáticas y más Química y seguramente Biología... Estoy super agobiada -.- Y en abril me voy a HOLANDA a casa de la chica que estuvo en la mía. Estoy muy ñajdlfkhla por ir :')

No me entretengo más, debo seguir con mis enlaces y reacciones de química. ¡Deseadme suerte!

¡Ah! Muchas gracias por los reviews y los favoritos. ¿Podríamos llegar a los 75? A lo mejor el capítulo llega antes de tiempo... ¡Quién sabe!

Muchos besos :3

Sandy.

She thinks she's made of candy!