Hola, mi nombre es Ryan y soy el hermano mayor de Lace.
Por problemas de conexión ella no ha podido hacer acto de presencia y me ha pedido el favor a mi. Debí haber actualizado el sábado pasado por un trabajo muy jodido no pude, perdón por ello. Estaré viniendo aquí hasta que ella pueda hacerse presente.
Antes que nada me gustaría agradecerles el tiempo que se toman para leer este escrito, les aseguro que ustedes son personas muy importantes para mi hermana y también para mi, me alegra saber que ustedes la motivan a poder seguir con lo que le gusta y le apasiona; me siento orgulloso de ella por eso. También les agradezco las criticas que le dan así sean de mala manera, gracias a ellos se enfada y trata de hacer las cosas lo mejor posible, se que no debería pero como hermano mayor me enorgullece y me hace sacar pecho cuando alguien dice su nombre y "Ella es la hermana pequeña de Ryan".
Lace, si alguna vez me haces un comentario de esto, lo negare.
Por favor, perdonen la tardanza y disfruten la lectura.
Los Yeager's
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Y finalmente todos terminan convirtiéndose en la persona que dijeron nunca serian.
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Eren.
— ¿No están siendo un poco duros con Levi? —Marco se sentó a mi lado con una lata de café caliente, su aliento por sobre la bufanda se observaba tan nítidamente blanco, recordándome que el invierno había llegado antes este año. — Lo han ignorado todo este tiempo, el también se siente solo Eren. —
— Se que está mal, pero necesitamos hablar de esto Marco. No es fácil mirarlo a la cara y fingir que todo está bien cuando en realidad no lo está— Fruncí el ceño mientras miraba la lata de café, no es como si en verdad deseara hacerlo eso a Levi, como si disfrutara ignorarlo todos los días. Es mi jodido hermano pequeño, no disfrutaría hacerlo sufrir.
— Sabes, siempre te he dicho las cosas como son, ¿verdad? — Asentí, sentía su mirada sobre mi cuerpo pero aún así no pude levantar la mirada, sabía exactamente que sus molestos ojos cafecinos me penetrarían hasta el interior de mi alma y eso, es lo que estaba tratando de evitar. — Deberían decirle la verdad, Levi entenderá si le explican pero si siguen evitándolo terminara dejándolos antes que se den cuenta. —
Sin ningún previo aviso, Marco se levanto de su banca excusándose con la segunda clase que ambos teníamos en treinta minutos, vertió el café completamente en basurero y lanzo el pequeño carton de vaso dentro de este mismo. Sus manos empuñadas y el cuerpo rígido solo indicaban lo cabreado que estaba, además de los insultos que el perfecto y amable Marco Bosard jamás decía.
Apreté el envase de aquel caliente liquido en mis manos y suspire, por más que me empeñara en negarlo él tenía la razón pero, el miedo recorría cada zona de mi cuerpo, la culpabilidad era tan grande que ni siquiera podía pensar en una reacción que no fuera odio instantáneo. Temblé de solo imaginar la fría mirada de Levi sobre mi cuerpo, esa que solía poner cuando alguien traicionaba su confianza y excedía el límite de su paciencia y se decidía a romper todo tipo de relaciones con ellos mediante el odio.
No, no puedo hacer algo como eso. No cuando estoy a punto de caer a sus pies de tan perdidamente enamorado me encuentro.
"Levi entenderá si le explican pero si siguen evitándolo terminara dejándolos antes que se den cuenta"
Muevo la cabeza y me levanto para ir a mi siguiente clase, botando el café sobrante en el basurero. Pero las palabras de Marco no me abandonan en ningún momento.
.WoWoWoWoWoWo.
Levi ha desaparecido.
Sus cosas no están en ninguna parte y su habitación esta vacía.
El comedor está completamente destrozado al igual que los cuadros en el la pared de la escalera, como si hubiera pasado un tornado furioso destrozando toda causa de sus heridas y recuerdos, un tornado llamado Levi. El alama se me escapaba poco a poco mientras recorría cada centímetro de la habitación destrozada, así es como en verdad lo habíamos hecho sentir, ese desastre era el como mi pequeño hermano había sobrevivido tantos años sin poder mencionar el nombre de su madre, de nuestra propia madre.
Me agache a tomar una fotografía familiar, el marco estaba desencajado y el vidrio rotos sin embargo la imagen parecía estar a salvo, en ella estaba papá sosteniendo a Mikasa, sentado en el sofá junto a mamá quien sostenía a un pequeño Armin en sus brazos, detrás de ellos estaba yo con Levi sobre mis hombros, aún a aquella corta edad su semblante se era serio y distante, recuerdo haber insistido mucho para que aceptara subir a mis hombros.
— Eren, ¿Qué es lo que haremos? — La voz de Mikasa suena completamente quebrada en mi mente, está en la puerta de la habitación y no se atreve a entrar por la culpa. — ¡Levi se fue Eren, se fue! —
— Lo sé… —
— ¿¡Por qué estas tan tranquilo!? ¡Nuestro hermano se ha ido y tu tan solo miras una fotografía! —
— Lo sé… —
— ¡Entonces que estas esperando par—
— ¡Solo cállate de una maldita vez Mikasa! — Los ojos de mi hermana se desorbitan y miran el suelo en silencio. Me he pasado pero, en estos momentos lo que más necesito es silencio.
Cerré los ojos cuando un dolor de cabeza de instalo en todo mi cráneo, penetrando los huesos y asegurando que no iría pronto. Bien, Levi se había ido pero de alguna forma tendría que haber dejado una señal, algún a pista de donde podría haberse ido en tan poco tiempo sin embargo no importaba cuanto intentara moverme mi cuerpo simplemente no respondía.
Jamás debimos comenzar a ignorarlo, no debimos empezar con toda esta estupidez de ocultar la verdad, deberíamos haberle puesto la atención que correspondía, haberle dados los abrazos que el negaba con insistencia pero aún así deseaba. Debimos.. Debimos…
Mi cuerpo comenzó a temblar y prontamente me vi atrapado en mi mismo, el color y las cosas desaparecían como las ondas del agua dando paso a una obscuridad, una obscuridad sin levi. Entre en pánico(*), sentía como mis piernas temblaban al igual que mis propias manos; en un abrir y cerrar de ojos todo desapareció y me vi a mi mismo envuelto en el color negro, negro en el piso, negro en el cielo, negro en los lados, negro.
Negro como el cabello de Levi, negro como las ruedas de un auto, negro como la sangre coagulada en el cuerpo, negro como los números de una habitación, negro como el respirador automático de Marianne.
La vida se me fue en un respiro, en medio de la obscuridad de la habitación la imagen de mi hermano pequeño caminando se hizo presente, desde la distancia y sin hacer ningún gesto se quedo el silencio mientras me observaba, sus ojos grises brillaban en sobremanera por las lagrimas que se escapaban de sus ojos y a pesar que escondía sus manos en los bolsillos del pantalón podía ver que temblaba.
Me levante del suelo pero me vi jalado nuevamente hacia él, giré mi cabeza topándome con cuatro cadenas que me anclaban al suelo inexistente. Forcejee con ellas hasta que logre hacerlas más y más grandes, más y más largas permitiéndome ponerme de pie y también poder caminar.
— Eren, ¿Me quieres? — La delicada figura de Arckerman estiro una mano temblante hacia mí. — ¿Me quieres? —
— ¡Sí! — Grite, caminando hacia él, una ansiedad desconocida tomo posesión de mi cuerpo y me vi corriendo desesperadamente hacia él, las largas cadenas no parecían acabarse, no deseaba que se acabaran.
De pronto otro cuerpo apareció en la esquina contraria hacia mi hermano. El cuerpo del mismo Levi se repetía otra vez en la negrura y las cadenas me apretaban más las extremidades. Una sonrisa burlesca y llena de perversidad paso por sus labios, sus ojos rebosantes de deseo y lujuria me miraban por encima de su propio hombro, recorriendo mi cuerpo como si de un dulce se tratase.
El otro reflejo mientras, tan solo tendía su mano aún llorando hacia mí.
— ¿Me quieres? —
— ¿Me amas? —
— Eren —
— Eren—
— ¿Me quieres? —
— ¿Me amas? —
— ¡Te quiero! ¡Te amo! — Grite, y las cadenas me apretaron. Anclándome al piso nuevamente.
Intente zafarme, intente con todas mis fuerzas poder liberarme de tal prisión y cárcel pero no podía lograrlo, era como si mientras más empeño pusiera algo mucho más fuerte me atrajera hacia el suelo, pegando mis pies a la tierra y mis manos a mis propios tobillos. Mi voz callo de repente, me vi a mi mismo silenciado cuando quise gritar el nombre de mi hermano seguido de un te amo, las palabras no salían, mi garganta ardía y entonces quede inmóvil.
Mis ojos se fueron de un Levi a otro, de uno cuerpo al otro mientras sentía mi propia alma desfallecer. Comenzaron a alejarse, sin mirara hacia atrás, ignorándome a mi y a mis suplicantes gemidos que abandonaban mi garganta atrofiada.
— ¿Lo quieres, Eren? ¿Lo amas? — Un escalofrió recorrió mi propia espalda cuando escuche la voz de Marianne detrás de mi. — ¿Lo quieres, lo amas? —
Aquella pregunta se repetía una y otra vez mientras el rostro de mamá se hacía cada vez más notorio, era una ilusión, debía estar soñando porque Marianne no podía estar allí. Giro por sobre mi cuerpo y comenzó a rodearme como un buitre, repitiendo la pregunta una y otras mientras empezaba a perder la cabeza, ¿Cuál era el punto de responder? ¿Qué es lo que quería?
— Se supone que los cuidarías. — La voz quebrada me hizo levantar el rostro pero ya no estaba allí, había desaparecido — Es tu hermano, ¿Recuerdas? —
— Es mi niño —
— ¿lo amas? ¿Lo quieres?
— Eren… —
— ¡Es mi hijo! —
— Eren… —
— Mi niño… mi hijo… el es mío —
— Mi culpa… él accidente fue mi culpa… —
De pronto, ya no era una voz si no muchas. La misma que se lamentaba una y otra vez sin obtener un descanso.
— ¡Maldición Eren, reacciona! —
Negro, ya nada era negro, no estaba el cielo negro, ni el piso negro, ni las cadenas, ya nada era negro.
Todo se volvió color.
La voz de Armin era lo único que podía escuchar a medida que mi vista volvía a normalidad y también mi propia respiración, descubrí mis manos atadas al sillón y un pañuelo húmedo en cuello cuando mis sentidos estaban mucho más tranquilos y renovados. Todo más y más colorido, menos y menos asfixiante, la casa volvía a ser ese lugar tranquilo y pacifico que lograba ser por las tardes, todo estaba volviendo a la normalidad.
Excepto la usencia de Levi.
— ¡Hey, idiota! ¿¡Estas bien!? ¿Cómo te encuentras? — Sus manos frías y temblantes se posaron en mi frente, regulando mi temperatura mientras sus ojos azules se encontraban con los míos.
— ¿Qu-qué paso? —
— Tuviste un ataque, recaíste otra vez y te cortaste la garganta, no es profundo. ¿¡Por qué no nos dijiste que abandonaste el medicamento, imbécil!? ¿¡En qué demonios estabas pensando!? —
— ¿Y Mikasa? —
— La mande a algún lado mientras te hacia reaccionar. Joder, Eren, ¿Podrías haberte matado? ¿En qué mierda pensabas? —
— No puedo seguir con esto Armin. Ya no puedo mentir más; se que fui yo quien apoyo a papá en todo esto pero no puedo soportarlo, Debo decirle a Levi que Marianne está viva —
