Hola gente bonita. ¿Han estado bien? vengo a traerles un nuevo capitulo de Los Yeager's :'D tras tres semanas de no subir nada. En verdad creo que me he encariñado mucho con este Levi y no quería hacerlo sufrir.
Disclaimer: Los personajes de este FF no me pertenecen. Solamente soy autor de la trama y el desarrollo de circunstancias.
Nota: He cambiado la forma de escribir, por si no se dan cuenta. No influye mucho la verdad pero es solo por si algunos se le dificulta la forma en que se narra ahora. Si teneis problemas con ello, por favor decidme.
Advertencia: Mucha psicología en el desarrollo de la vida cotidiana. Metáforas y un Levi muy renuente.
Por favor, difruta la lectura.
Los Yeager's.
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La última vez que te vi fue sobre las montañas. Lejos, tan lejos que solo el viento me hablaba de tus días y llevaba consigo mis mensajes pero, tú jamás respondiste. Jamás lo hiciste. No te he visto desde entonces y ya el viento, solo viaja con el susurro de aquel que te ha olvidado.
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Han pasado tres semanas desde entonces. Mis hermanos no han aparecido por ningún lado y yo tampoco planeo hacerlo, los días se han sentido largos y flojos al no tener el caos que siempre debía solucionar al llegar a casa; en su lugar ha sido reemplazado por la paz y tranquilidad que la casa de Farlan ha podido ofrecerme durante este tiempo. No puedo quejarme de ella porqué ahora, es el único lugar al que puedo volver y sé que seré bien recibido.
Aún así no logro evitar el preocuparme por ellos, crecí junto a ese trío de idiotas; cuarteto si contamos a Grisha en él así que en el fondo me es difícil poder despegarme completamente de ellos en un par de días. Aún pongo cinco cubiertos sobre la mesa cuando preparo la cena y entonces recuerdo que ya no están y debo quitarlos antes que Farlan los vea y haga algún comentario sobre ellos; fueron mi familia después de todo.
El viento de invierno choca contra mi rostro mientras —Creo yo— comienza a perderse por en medio de los árboles y arbustos, haciéndolos estremecer mientras anuncia su pronta partida para una pronta vuelta de forma más violenta. Los cielos grisáceos amenazan con desatar una lluvia torrencial mientras las calles comienzan a hundirse en el olor de los cigarrillos y los tubos de escape por los automóviles, el fuerte olor a bencina, tabaco y alcohol puede llegar hasta mis fosas nasales mientras aprieto más la bufanda a mi cuello.
— Tch — Farfullo, deteniéndome en un semáforo y observando cómo los taxis y autos particulares comienzan a acelerar al ver el color verde dando paso a su preferencia. La ventisca que estos mismos crean es tan helada que me obliga a esconder mis manos en los bolsillos de mi chaqueta.
Aún lado de mí, el cruce hacia la otra calle está abierto y la gente pasa por mi lado para ir a la parte de enfrente. Por primera vez me digne a admirarlos. Todos completamente abrigados hasta las partes más pequeñas, algunas hasta con pasamontañas para que el frío no les calara tan profundo; uno tras otro y así sucesivamente iban avanzando mientras otros nos quedábamos allí, estancados viendo como ellos caminaban hacia adelante y seguramente seguirían haciéndolo.
Entre esa multitud que me quedaba me sentí completamente insignificante al saber que m estaba quedando detenido —Quizás no por mucho tiempo — con los pies estancados en mi lugar, ni si quiera daba un paso para avanzar y de esa forma esquivar a la gente o retroceder y luego volver a avanzar cuando el semáforo cambiara y la multitud desapareciera; simplemente estaba allí estancado en medio de una calle con miles de personas que seguían con su vida diaria mientras yo, poco a poco me perdía en la mía.
Entonces el semáforo cambio a verde y las personas en mi lado de la acera comenzaron a avanzar mientras yo aún seguía de pie sin moverme. No tenía un lugar hacia el cual moverme, hacia el que podría avanzar calle por calle mientras esperaba el color que pudiera indicarme el camino y la seguridad; era increíble como el simple hecho de cruzar una jodida calle podía hacerme pensar tanta barbaridad y tenerme de esa forma. Apreté las manos dentro de los bolsillos cuando nuevamente, el semáforo comenzó a titilar para cambiar a rojo.
El turno de los autos volvió y la multitud de mi lado volvió a avanzar.
— ¿Planeas quedarte allí parado todo el día? No es típico de ti, Levi — Hablaron a mi lado. Mordí mi labio inferior cuando lo observe por el rabillo del ojo y una presión en mi pecho se hizo presente. Eren no vestía nada más que unos jeans rasgados, una suda negra y una bufanda ligeramente grisácea con bordes negrumos. Bufanda que le regale hace cinco años atrás. — ¿Vas a algún lado? —
— Biblioteca — Respondí cortante, volviendo a perderme en el pasar de los autos.
— ¿Puedo acompañarte entonces? — Su voz sonó casi en susurro que de no ser por mi hubiera muerto junto al los sonidos de los autos pasando. De algún forma no importaba que tan bajo Eren pudiera hablar, siempre lo terminaba oyendo a la perfección; como si me lo hubiera gritado a la cara.
El semáforo cambio a verde y avance.
— Haz lo que quieras — No vacile. Fui yo quien había decidido irme de casa y por esa misma razón no debía volver con la cola entre las piernas. ¿Cuál era el punto de seguir aún lado de mi si no me querían?. Los pasos decididos del mayor de los Yeagers se escucharon a mis espaldas y por el reflejo en los grandes ventanales de las casas comerciales pude observar su cabeza gacha y el cómo se mordía los labios.
— ¿Te digo algo? — Murmuro de pronto, aún detrás de mí — Se siente raro no hablar contigo, no como antes. — No debía decirme eso para notarlo.
Más de una vez en medio de la noche desperté inquieto y con el miedo a flor de piel producto de las pesadillas que robaban mi sueño, entonces me giraba para poner los pies en el suelo con la intención de caminar hasta la habitación de Eren y recordaba con un dolor directo en la boca del estomago que el ya no estaba conmigo, que no sería él a quien acudiría en medio de la obscuridad en busca de consuelo si no a otro y volvía a acostarme, tapándome hasta la cabeza para decirme a mí mismo que no habrían más pesadillas, no habrían más malos sueños. Y entonces volvían a aparecer.
Mire a ambos lados antes de cruzar y me halle enfrente de un gran sector verde opacado por las nubes, un camino rodeado con flores y lavanda marcaba el único y gran sendero a tomar para poder llegar a la biblioteca municipal de la cuidad, de vez en cuando las propias piedras a los pies marcaban el inicio de un nuevo sendero hacia alguna banca, bajo un árbol o hasta las mesas de ajedrez libre en los costados del edificio. El frío viento gimió con fuerza sobre los pobres troncos que luchaban por mantenerse en pie en determinación pura, hojas volaron por sobre mi cabeza y algunas hasta rozaron mi rostro mientras el llanto de aquella invisible brisa se hacía más y más fuerte.
— Levi — Me llamó y yo seguí caminando. Sabía que debía detenerme pero no lo hice, no deseaba hacerlo. — Levi — Volvió a llamarme esta vez más fuerte y serio a lo que estanque los pies en el suelo, girándome por sobre mis talones hasta quedan levemente volteado.
— ¿Qué? — No podía darme el lujo de flaquear en este momento, no cuando había puesto tanto empeño en poder superarlos de a poco, de olvidarlos. — ¿Qué quieres maldita seas? Hace un jodido frío y quiero ir a casa — Esa frase pareció herirlo puesto que sus hermosos ojos aguamarina tambalearon un poco.
Eren abrió la boca y la volvió a cerrar para abrirla nuevamente volver a repetir la acción par de veces, pude ver como sus manos se empuñaban escondiendo los dedos desnudos que el aguante no cubría, su cuerpo rígido solo me recordaba y recalcaba que tan importante podría ser la situación. Gire mi cuerpo completamente quedando frente a frente, sus ojos determinados ardían en fuego desconocido que poco a poco se iba apagando gracias al violento viento que se detuvo de un momento a otro.
Había exactamente al menos tres metros de distancia entre nosotros y aún así podía notar como temblaba. Tomo aire con desesperación para abrir la boca y quedar con las palabras en la garganta, tuve la intención de reclamarle pero entonces seguir el lugar al que sus orbes miraban y lo encontré. Deslizándose en el aire con una delicadeza majestuosa un copo de nieve bajaba por entre nosotros, risueño, alegre, girando de vez en cuando hasta chocar con el frío pavimento de piedras y volverse nada más que un puntillo blanco. Luego cayó otro y otro, hasta que la nieve ya era evidente. Joder estaba nevando.
La semana en que mamá murió también nevó. Una causa de su accidente fue la nieve congelada en el camino, por ello hace falta decir que la nieve me desagrada.
— Marianne está viva — Soltó de pronto a lo que yo solo lo mire con… ¿Cómo lo había mirado? Recuerdo que estaba parado allí, con los labios morados y una herida en ellos por morderse tan fuerte, el cómo sus manos temblaban pero no podía recordar el cómo me sentía yo con respecto a ello — Ella no murió el día del accidente, está en coma. Papá está pagando el respirador automático con ayuda de nosotros. — Volvió a decir y yo solo lo observaba sin saber cómo reaccionar — ¿Levi…? —
— Estas mintiendo — Aquellas palabras salieron solas de mi boca mientras daba unos pasos hacia adelante — Estas mintiendo, mamá murió. Murió, estuvimos en su funeral ¿Lo recuerdas? — Dije a tan solo tres metros de distancia.
No podía ser posible que ella estuviera viva, estuve allí cuando el ataúd fue cerrado y la vi adentro de él con su vestido azul caribe ceñido al cuerpo, el cabello suelto y la herida cosida en la parte superior de su frente cubierta por chasquillas. De pronto me sentí mareado al imaginar que todos esos recuerdos eran mentira, debí abrir más mis propias piernas para poder mantener el equilibrio mientras esperaba una respuesta por parte de Eren.
— Está en coma, Levi. Está en el hospital, puedo llevarte a verla si quieres. — Ofreció.
Los copos de nieve seguían cayendo entre nosotros haciendo que el piso se perdiera en puntillos blancos que subían en densidad cada vez más, el viento violento y triste había dejado de soplar y en su lugar había sido remplazado por una suave y cálida brisa que me hacía sentir intranquilo. Las calles estaban aparentemente vacías y la biblioteca cerraría pronto por la nieve.
— ¿Levi? — La voz de Farlan llego hasta mis oídos y me gire para hallarlo a unos metros de distancia tras de mí. Por los libros que traía en su mano deducí que venía desde el gran edificio a mis espaldas. — Está nevando, ¿estás bien? ¿Por qué estas tan-? Oh, — Fue lo único que dijo al comprender la situación. — Hola Eren, ha pasado tiempo —
— Farlan — Fue lo único que dijo.
— Vámonos — Comente al aire, tomándolo de la mano libre que tenia par arrastrarlo lejos de allí, necesitaba ir lejos de allí. — Estas mintiendo — Solté cuando estuve lo suficientemente cerca sin detenerme.
Farlan no opuso resistencia a mi agarre si no que solamente apretó más nuestras manos mientras comenzaba a tomar la delantera para llevarme a casa. Zapateo tras zapateo me fui dando cuenta que prontamente las calles se habían visto cubiertas por los copos blancos que pisábamos en ese momento, las calles vacías y los autos cada vez menos vistos me recordaron un montón de cosas que había dejado en el olvido.
Y cuando gire mi rostro hacia a atrás pude ver a Eren parado en su lugar observándonos a la distancia mientras mis pisadas iban junto a las de Farlan, juntas. La nieve se había encargado de cubrir el camino que llevaba mis hacia Yeager y seguramente se quedaría así en un tiempo más. Al igual que mi corazón.
