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La chica Gilbert y Tyler aterrizaron a duras penas y, justo nada más llegar a tierra, oyeron la explosión de un motor. Al alzar la vista al cielo, vieron cómo uno de los Harrier se estrellaba en tierra a varios kilómetros de allí. En ese momento, el corazón de Elena dejó de latir –metafóricamente- al pensar en la posibilidad de que fuese el avión de Damon el que se hubiese estrellado y que el chico hubiese muerto.
-Elena –la llamó su compañero por quinta vez, pues esta estaba tan afectada por lo que acababa de pasar que ni le había oído las anteriores veces-, tenemos que ponernos en marcha. Hay que reunirse con el equipo.
-Hay que ir a ayudarles… -alcanzó a decir ella simplemente.
-Es peligroso –dijo Tyler muy a su pesar, pues también quería ayudar a los suyos-. Debemos cumplir la orden del Capitán e ir en busca del Teniente Saltzman.
Elena, sabiendo que él tenía razón, tuvo que aceptar la situación. Por eso, muy a su pesar, ambos recogieron sus mochilas y se pusieron en marcha.
D&E
Tras una larga caminata, consiguieron dar con sus compañeros, quienes tenían algún que otro rasguño pero que parecían estar bien.
-¿Dónde está el Capitán y los Mikaelson? -les preguntó Alaric muy preocupado al verles solos.
-El Capitán nos ordenó que nos retirásemos -le explicó Tyler.
-De acuerdo... -murmuró el Teniente-. ¿Estáis bien?
-El Harrier de la Soldado Gilbert no está operativo pero, por lo demás, estamos bien.
-Genial, entonces.
-Pero los que sí que no están bien son ellos, Teniente -intervino Elena muy preocupada por sus compañeros-. Cuando aterrizamos, vimos cómo uno de los Harrier se estrellaba en tierra.
-¿Visteis al piloto saltar y accionar el paracaídas?
-Fue a kilómetros de aquí –le explicó Tyler-, solo oímos la explosión y vimos el humo.
Saltzman se puso nervioso oír eso, por lo que se tomó unos segundos para tranquilizarse y recobrar la calma y la serenidad.
-El Capitán Salvatore ha pasado por cosas peores que esta -les dijo Alaric para intentar animar al equipo-. Y los Mikaelson también. Estoy seguro de que sabrán apañárselas muy bien solos.
-¿No vamos a ir en su búsqueda? -alucinó Elena, puesto que creía que si tan amigo decía ser el hombre de Damon, no dudaría en ir en su ayuda.
-Nos expondríamos a un peligro demasiado alto. Si el avión ha explotado, no somos los únicos que han visto el humo. Los que nos atacaron irán de inmediato a rastrear la zona. Ir allí sería una estupidez.
-¿Y qué propone que hagamos, Teniente? -intervino Matt, muy dispuesto a cumplir su papel de soldado.
-Continuar con nuestra misión: reconocer el lugar. Nos adentraremos en la selva y rodearemos la zona. Con suerte, el equipo de Salvatore hará lo mismo y nos encontraremos en breve.
-Teniente -le dijo Tyler-, seguimos teniendo dos Harrier operativos. Pueden despegar sin problemas y las cabinas están preparadas para dos tripulantes. ¿Por qué no regresamos a base e informamos de la situación?
-¿Y dejar al resto del equipo a su propia suerte? -gruñó Alaric muy enojado con esa propuesta-. Nunca abandonamos a los nuestros, ¿me oyes? Nunca.
-Sí, Teniente. Disculpe mi comentario.
-Que no se vuelva a repetir -le advirtió este-. Y, por el amor de Dios, que estamos en medio de una misión, ¡dejad las formalidades a un lado!
D&E
El equipo de Alaric se apresuró a sacar las provisiones de los Harrier y se dispusieron a caminar por la selva por largo tiempo.
Cuando se hizo de noche, decidieron montar un campamento. Las mochilas que llevan tenían sacos de dormir, por lo que los esparcieron por el suelo para mantenerse cerca unos de otros.
Durante la "cena"-algunas barras de nutrientes de supervivencia que llevaban en las mochilas-, con motivo de animar los ánimos del grupo, que estaban preocupados por sus compañeros y amigos, Alaric les estuvo contando misiones peligrosas en las que Damon y él participaron y salieron airosos de ellas. Incluso les habló también de una en la que Damon, Finn y él se libraron de una muy buena por los pelos. El objetivo de Alaric se vio cumplido cuando vio que los chicos, tras escuchar sus historias, lucían más positivos con respecto a la situación en la que se encontraban.
Una vez hubieron comido, Tyler y Matt se retiraron a dormir, mientras que Elena y Alaric se quedaron para hacer guardia. Ella fue a sentarse junto a un fuego casi inexistente, avivado lo justo para dar algo de calor sin que el humo delatase su posición. Mirando distraídamente la pequeña fogata, la chica se dejó llevar por sus pensamientos, los cuales la llevaron a recrear uno de los mejores momentos de su vida.
*Flashbacks*
Una noche, tres meses atrás, Elena estaba en el hangar de Harrier, sentada sobre un maletín de herramientas. Los trágicos recuerdos de su pasado habían vuelto a atormentarla una vez más y, esta vez, fue incapaz de contener sus lágrimas. Por suerte, estaba sola o, al menos, eso creía.
-¿No se supone que debería aprovechar el fin de semana para ver a su familia? -la sobresaltó una voz a su espalda.
Rápidamente, la chica se limpió las lágrimas aunque no lo suficiente como para evitar que Damon se diese cuenta de que había estado llorando. Este, preocupado, caminó hacia ella y se puso en cuclillas para mirarla directamente a los ojos.
-¿Te encuentras bien? -preguntó él con una voz dulce, dejando por un momento de ser el Capitán Salvatore para ser simplemente Damon.
-Sí -contestó ella algo molesta por su tono de voz sobreprotector-. No soy una niña indefensa, sé cuidar de mí misma.
Queriendo darle espacio, el chico se puso en pie y dio un paso atrás.
-Sé que puedes cuidar de ti misma –le aseguró él sinceramente-, no he conocido a nadie más capaz. Pero eso no es suficiente, créeme.
Este comentario hizo cabrear a Elena, quien se levantó de inmediato para encararle.
-¿¡Y tú qué sabrás!? -le gritó ella con furia-. No sabes nada sobre mí.
-He leído tu historial. Tus padres murieron en un atentado terrorista hace cuatro años. Eras la mejor de tu clase, acabaste el instituto con matrícula de honor, pero aún así lo dejaste todo para alistarte en Las Fuerzas Aéreas.
-Eso no dice nada sobre mí.
-Lo cierto es que dice bastante. Estás persiguiendo un fantasma, por eso estás aquí, para vengar a tus padres.
-¡Habló don perfecto! Tú solo estás aquí porque no fuiste capaz de hacerle frente a tu padre y romper la tradición familiar para vivir tu propia vida. Yo estaré persiguiendo un fantasma, ¡pero a ti te atormenta uno!
-No tienes idea de lo que hablas.
-Pues ya somos dos.
La respiración de ambos estaba muy acelerada y los sentimientos a flor de piel. Damon no supo qué fue lo que le llevó a dar el siguiente paso, pero eso no impidió que el chico se lanzase a los labios de Elena. Esta, sin dudarlo siquiera, rodeó la nuca de Damon y tiró de él para profundizar el beso, uniendo así sus lenguas en una lucha salvaje por llevar el control.
Casi sin darse cuenta, Damon condujo a la chica hasta la pared, donde la acorraló contra sus fuertes brazos, los cuales no se estaban quietos y cubrían de caricias el cuerpo de la joven. Elena gimió cuando una mano del chico copó uno de sus senos por encima de la ropa. Damon la aupó y esta rodeó la cintura de él con sus piernas y continuaron besándose intensamente sin descanso.
-Puede que este no sea el mejor lugar para... -murmuró Damon contra sus labios.
-No -coincidió la chica-. No lo es.
-¿Qué tal si continuamos esto en mi bungaló?
-De acuerdo -dijo Elena, dándole un último beso antes de soltarse de él y poner los pies en el suelo.
Nada más entrar en el bungaló del joven Capitán, la pareja se besó con necesidad. Elena le arrancó la camisa al chico, saliando los botones disparados por todas partes al romperla.
-Ansiosa –rió él divertido contra su oído, pues esta le estaba repartiendo húmedos besos por la garganta a la vez que acariciaba su torso desnudo con devoción.
Quien se sintió ansioso ahora era Damon, quien no tardó en quitarle la camisa a la chica, para después acariciarle con delicadeza los senos por encima del sujetador. El gemido de placer que se le escapó a Elena ante ese roce hizo que él se mordiese el labio inferior con deseo al verla tan receptiva.
La chica, mirándole fijamente a los ojos, se quitó el sujetador y sonrió victoriosa al ver la admiración en la mirada de Damon. Sin poder esperar a que este diese el siguiente paso, ella misma tomó las manos de su Capitán y las colocó sobre sus senos. Este los masajeó con devoción y se inclinó para besarlos. Elena echó la cabeza hacia atrás y gimió excitada.
Damon descendió sus besos y le quitó los pantalones a la chica, repartiendo húmedos besos por su vientre al hacerlo, para después depositar un último beso sobre la fina tela de encaje que eran las braguitas de Elena. Esta tiró de él para encontrarse de nuevo con sus dulces labios. Esta vez fue el turno de la chica de quitarle a Damon los pantalones y, mientras lo hacía, no paró de repartir besos por su cuello, incluso mordisqueándole juguetonamente la mandíbula.
Ya en ropa interior, Damon colocó una mano tras la nuca de la joven Soldado y la besó románticamente mientras la conducía hacia la cama y la tumbaba en ella. El chico se colocó encima de Elena y esta enterró sus manos en el cabello de él y compartieron una intensa mirada.
-No me alisté para vengar a mis padres -le explicó ella en voz baja-. Sino para evitar que otros perdiesen a los suyos del mismo modo en que lo hice yo.
-Así que... Ahora conozco todos tus secretos -sonrió él, sin dejar de mirarla mientras una de sus manos realizaba un viaje de caricias por el cuerpo de la chica.
-Puede que haya un par más, pero esos los dejaremos para más adelante -dijo ella con una sonrisa pícara, tirando de Damon para volver a unir sus labios.
-El ejército es lo único que conozco –le contó él al separarse para respirar-. No me alisté solo por mi familia, sino porque sentí que había nacido para ello.
-La aviación corre por tus venas –comprendió ella, quien acariciaba con cariño el cabello del chico-. Eres un gran piloto, Damon. El mejor que conozco.
-¿En serio? –preguntó este con una sonrisa traviesa-. ¿Eres mi groupie o algo así?
-Algo así –rió Elena divertida, volviendo a unir sus labios al principio de forma tierna para luego pasar a un tono más apasionado.
Sin dejar de besarse, la pareja se apresuró a quitarse la ropa interior, deseosos de unir sus cuerpo de una vez por todas.
-¿Tomas la píldora? -preguntó él contra el cuello de la chica mientras lo mordisqueaba y lo cubría de húmedos besos.
-Ajá... -susurró ella, apretándose con fuerza a Damon y disfrutando del momento.
-Eres increíble, Elena -murmuró él justo antes de introducirse dentro de esta.
Sus cuerpos se unieron como si hubiesen sido creados para ser uno solo, eran dos almas apasionadas que se encontraron la una a la otra. Tenían tal compenetración, que alcanzaron el clímax al mismo tiempo, cayendo rendidos sobre la cama, donde se abrazaron de lado mirándose intensamente.
Elena no podía dejar de sonreír, feliz de lo que había sucedido entre ambos y a la vez sorprendida por ello. La chica le retiró con cariño a Damon los flequillos de la cara, dejando al terminar su mano detrás de la oreja de este para jugar a enredar los dedos en sus cabellos de detrás de la nuca.
-¿Qué va a pasar ahora? -preguntó ella en un susurro, muy relajada y cómoda estando con él ahí y de esa forma-. Con nosotros, me refiero.
-Bueno... Tú me gustas y veo que yo también a ti, así que... –murmuró Damon acariciando distraídamente la espalda desnuda de la chica-. Creo que podríamos intentarlo, me gustaría empezar una relación contigo.
-¿Y qué pasará cuando todos se enteren de que me acuesto con un superior? Pensarán que lo hago para obtener privilegios.
-Eres la mejor de tu unidad, nadie en su sano juicio pensaría tal cosa –intentó calmarla él-. Pero comprendo tu miedo, el ejército puede ser muy machista cuando se lo propone.
"Así que, ¿qué te parece si mantenemos esto en secreto mientras vemos a dónde nos conduce?
-Me parece bien.
-Y ahora, ¿estás cansada o te atreves con un segundo round? -preguntó Damon con una sonrisa pícara.
-Creo que podré con ello -sonrió la chica divertida, inclinándose hacia él para unir sus labios.
*Fin flasback*
Elena sonrió ante ese maravilloso recuerdo, pero su alegría desapareció tan pronto como resurgió en su mente la idea de que a Damon le hubiese podido ocurrir algo. Alaric, viendo su rostro apenado, fue a sentarse junto a ella.
-¿Estás preocupada por el Capitán? –intuyó el hombre.
-Y por los Mikaelson -se apresuró a añadir la chica para que no sospechase de sus sentimientos hacia el Capitán Salvatore, aunque también era cierto que estaba preocupada por sus compañeros.
-Estarán bien, te lo prometo. Damon sabe lo que hace.
-Eso espero... -murmuró ella cabizbaja.
