Muchísimas gracias por todo. En especial por leer. Seguimos con el juego de 1200 palabras justas.
Mil gracias a mi beta y colaboradora, Maye Malfter, te adoro.
Lo obvio: Nada es mío, y solo gano la enorme satisfacción de escribirlo. Y que a algunas les guste.
MIL DOSCIENTAS FORMAS DE LLEGAR A TI
Capítulo Dos
Albus Potter no era un chico de notas brillantes ni trabajos sobresalientes. El cuarto año lo había pasado justo y arrastrando. Solo le habían permitido presentar exámenes extraordinarios gracias a su gran desempeño deportivo.
Cuando tenía cuatro años, su padre, pensando en mantener la tradición familiar con el Quidditch, le regaló una escoba voladora de juguete. Albus se rompió el tobillo jugando sobre ella, pero no volando, sino que al caballito. A los siete años su padre lo intento subir a una escoba grande, la misma que usaba para los partidos amistosos familiares. Juntos sobrevolaron los alrededores de la Madriguera y cuando Albus se bajó vomitó por horas y sentenció que— No me gusta volar en escoba.
A sus padres casi les da un ataque.
Su madre dijo— Es la edad —y la abuela dijo— Seguro luego le pilla la gracia — tío George dijo— Es el karma.
Su tía Hermione, siempre tan lista, lo llevó a un campo deportivo muggle. Ahí, con ocho años, Albus Potter conoció el tenis.
Y se enamoró de inmediato.
Su tía le pagó un semestre completo de clases y esa misma tarde le compró su primera raqueta de tenis, una azul, la misma que usó hasta que el arco se curvo y le tuvo que dar de baja porque su entrenador se lo exigió. La colgó junto a su cama, cerca de la docena de medallas deportivas.
Cuando llegó a Hogwarts, tenia once años, miedo a Slytherin y ganas de unirse al nuevo y casi recién inaugurado club de tenis. A los doce se volvió parte del equipo de competencia intercolegial y a los trece ya era indiscutiblemente una de las estrellas. Incluso participaban en torneos muggles, haciéndose pasar por un internado snob hundido en los bosques de Escocia.
Evan Chandler, dos años mayor, fue uno de los primero en recibirlo. Con una sonrisa deslumbrante y un carisma casi insoportable, se dedicó a enseñarle la dinámica del club de tenis, sus mejores jugadas y en poco tiempo, hasta como colarse al Bosque Prohibido durante la noche.
Se hicieron amigos de forma casi natural, Evan era simpático y risueño y Albus era un payaso innato, o así era como lo describía Rose. La dupla era perfecta.
Cuando Albus cumplió los trece, Evan lo llevo a escondidas al pueblo y lo metió en una fiesta con chicos de quince. Bebió alcohol por primera vez en su vida y besó a una chica que ya se maquillaba. Quedó con la cara llena de rímel y gusto a cigarrillo en la lengua, pero fue espectacular. La vida le sonreía.
No era el chico más popular por calificaciones o por escándalos de pasillo, pero al menos era el número ocho de la lista de chicos guapos del baño de chicas del quinto piso, y nunca faltaba una linda muchacha que le aceptara un paseo, un café, una cerveza o unos cuantos besos a escondidas en la torre de Astronomía. No se podía quejar.
—Oye, tú prima, Rose ¿Sale con Luke o son solo amigos? — le preguntó Evan una tarde mientras trotaban alrededor del castillo. En ese momento, pasaban por fuera del invernadero. A lo lejos se podía ver como un grupo de chicas fumaba casi de forma descarada.
—No sé, Rose es rara —dijo Albus, al tiempo que se detenía a jadear— Paremos, por favor —dijo sin aliento.
Evan se detuvo unos cuantos pasos por delante, se volvió y le sobó la espalda.
— ¿Por qué rara?
—Bueno, es feminista, como que odia a los hombres y tiene estas ideas medio extremistas, como baños mixtos y abolición de las casas y el sistema de puntos —dijo Albus, aún sin recuperar por completo el aliento. Los invernaderos estaban demasiado lejos del castillo, esa ruta siempre le dejaba sin aire.
Evan sonrió a la nada— Es linda —dijo—, me gusta su pelo corto y el tono de su voz.
Albus miró a Evan como si fuese un extraterrestre. Rose era como su hermana. Cuando eran pequeños se bañaban juntos. El año anterior les tocó compartir habitaciones en vacaciones, y no, no podía verla como una chica del tipo "linda". Rose roncaba por las noches, se echaba pedos sin vergüenza y tenía esa rara costumbre de usar ropa de hombre. Rose bajo ningún concepto podía ser "linda".
—Ya sabes, con todos sus ideales y sus discursos, parece siempre tan llena... — susurró Evan mirando al cielo con cara de bobo— ...de vida — finalizó con la voz más soñadora que se le había escuchado hasta la fecha. Albus pensó que le daría un ataque de risa.
—Estas demente —dijo Albus tajante—. Scorpius es más femenino que ella, Rose ni siquiera se saca las cejas.
— ¿Para qué? Si tiene unas cejas muy lindas —dijo Evan con cara seria. Como si hablara en serio.
—A ver, momento —Albus levantó las manos y miró a todos lados antes de preguntar— ¿Me estás diciendo que te gusta mi prima, mi prima Rose? ¿Esa que no bebe combinados?
— ¿No bebe combinados?
—Dice que si no le quema la garganta, no sirve —dijo Albus sonriendo, por que cuando lo decía Rose, lo decía con orgullo, como marinero hablando de su barco.
— ¿Ves? es tan intensa —dijo Evan sonrojado.
Albus pensó que eso tendría que ser una broma, porque Evan se levantaba chicas como si fuese deporte, tenia club de admiradoras y todo, y no era posible que se hubiese fijado en Rose, que usaba ropa hasta tres tallas por encima de la talla que le correspondía.
—Evan —dijo finalmente, en un tono algo triste—, no sé como decírtelo, pero... —Albus buscó palabras suaves, confortables y alentadoras, pero no las encontró— Es imposible —sentenció—. Sale con Luke porque el chico es feminista y hasta que yo no lo vea, ni siquiera puedo estar seguro de que sea un hombre— agregó, con el mismo tono de lastima.
Evan lo miró ceñudo y bufó— ¿Sabes qué? Pensé que eras mi amigo, yo siempre he estado contigo, te apoyo en las ideas más estúpidas. Querías salir con la tonta de Fanny y ahí fui y te conseguí una cita, querías ir a tontear a Londres un fin de semana, me conseguí un Traslador, yo te pido un poco de apoyo moral con tu prima y tú me sales con esto —dijo de corrido, con voz medio molesta y medio ofendida.
—Yo... —Albus quedó en blanco. Una gran parte de su cerebro decía que eso era una completa tontería, conocía a su gente, conocía a Rose, pasaba todos los veranos con ella, y hasta los once años habían sido compañeros de curso y de puesto en la sala de clase. Sabía que Evan tenía tantas posibilidades de ligarse a Rose como Albus de ligarse a la directora. Suspiró con fuerza y sonrió, aún no lo decía, pero ya se estaba arrepintiendo— Tienes razón, tú siempre me has apoyado ¿qué sería de mí sin mi apuesto y talentoso Evan? ¿Quieres salir con Rose Weasley, la chica más desarreglada del colegio? Perfecto, yo te ayudo —Evan le miró con la sonrisa más grande de todos los tiempos—. Pero le vamos a tener que pedir ayuda a un tercero. Vamos a necesitar de Scorpius Malfoy.
Continuara-
