Muchas gracias por leer, seguir y/o comentar esta historia, me hacen enormemente feliz.
Mil gracias a mi querida beta y colaboradora, Maye, es tan tuyo como mío.
Y nada es mío, claro (sadface)
MIL DOSCIENTAS FORMAS DE LLEGAR A TI
Capítulo 3
Scorpius nunca había sido muy bueno para correr. Odiaba el calentamiento tanto como odiaba madrugar en verano. Le puso un poco más de empeño, paso a unos cuantos chicos de primer año y se adentro por el borde pedregoso del lago. Tenía que llegar al otro lado, para recién tener derecho a hacer el peloteo inicial del entrenamiento de tenis.
Miro al chico que corría adelante de él, "Potter" rezaba el polo negro con mayúsculas y letras escarlatas. Rose le había dicho que intentara entablar amistad con Albus, que el chico no mordía y que sería una buena fuente de información para saber que pensaba Evan de los homosexuales y todo eso. Rose le dijo— O le preguntas tú a tu modo, o le pregunto yo a mi modo.
Apuró el paso.
Albus era mucho más alto que él, no que Scorpius se hubiese fijado demasiado, pero tenía las piernas muy largas, así que era obvio que se movía mucho más rápido.
Era increíble que siendo compañeros de curso, compartir clases y ser del mismo club deportivo, no fuesen más que conocidos. Incluso habían pasado unas cuantas festividades juntos, cuando Scorpius iba a visitar a Rose a casa de sus abuelos y ni así.
Lo que más sabía del chico, es que era atlético, condenadamente bueno en el tenis y muy amigo de Evan.
Scorpius iba tan concentrado en la espalda de Potter, que cuando este giro la cabeza, sus miradas se encontraron de inmediato.
— ¡Eh! Scorpius —dijo Potter sonriendo, y aminoró el trote, Scorpius lo alcanzo y comenzaron a recorrer el borde del lago codo a codo en trote ligero.
Scorpius estaba algo sorprendido. Era primera vez que pasaba eso. Albus nunca había sido descortés con Scorpius, siempre le saludaba e incluso habían tenido unas cuantas conversaciones cordiales, pero eso de correr juntos… raro. Albus era titular del equipo y Scorpius estaba recién a nivel de reemplazo.
—Oye, tú que hablas más con la desquiciada de Rose —dijo Albus, manteniendo el trote— ¿Sabes si tiene algo serio con Luke?
Scorpius sonrió. James y Hugo también hacían eso de acercarse a él para pedir reportes de Rose.
—Salen —dijo riendo—, pero no salen —agregó—. Nadie lo tiene muy claro.
Albus le miró un segundo con cara de duda— ¿Entonces...?
—Entonces no tengo idea —dijo Scorpius, antes de jadear. Hablar y correr era una pésima mezcla, más para alguien que odiaba correr.
—Para —dijo Albus, tomándolo del codo—. No tienes que sobre exigirte —dijo, y le presionó la espalda— Agáchate —ordenó.
Scorpius hizo caso de forma inmediata. Muchos decían que Albus tenía pasta de entrenador.
—Gracias —dijo el rubio con las manos en las rodillas, mientras sentía las palmas de Albus hacer presión en distintos puntos de su espalda.
—Tengo un amigo que tiene problemas de vista —comento Albus, sin dejar de masajear—. Y de oído —comentó ausente—. Que está interesado en Rose.
—Ah —atinó a decir Scorpius, quien estaba más preocupado de recuperar el aliento.
—Así que este amigo, quiere saber si Luke es o no un problema.
—Rose dice que el amor es libre —dijo Scorpius después de unos cuantos segundos, más compensado. Se levantó, quitándose el pelo de la cara—. Uno no puede amarrarse a un cuerpo o a un sentimiento, uno tiene que amarrarse a su libertad —agregó—. O eso dice ella.
Albus se quedó mirando a Scorpius algo sorprendido.
— ¡Eh! Potter, Malfoy, no vienen aquí a coquetearse mutuamente ¡A correr! —Ladró la voz del entrenador Miller, desde el otro lado del lago, amplificada con magia.
Scorpius se sonrojó con fuerza, los chicos que pasaban cerca comenzaron a pifiar y reír. Albus también estaba sonriendo.
—Corramos —dijo el moreno.
Scorpius trató de llevar un paso ligero, con la esperanza de que Albus lo pasara, pero este se mantuvo a su lado hasta que llegaron al lado del lago donde estaban las canchas de entrenamiento. Cuando separaron a los grupos para los partidos de prácticas, Albus se despidió con la mano sonriendo.
Scorpius respondió de forma inconsciente.
Muy raro.
El entrenamiento comenzó. Cindy, la chica de cuarto que se le había declarado la semana pasada, se le acercó mordisqueándose los labios pintados de cereza.
— ¿Entonces, Scorpius, sales conmigo este finde? —preguntó en un tono infantil. Scorpius hubiese suspirado, pero eso era de mal gusto, así que se lo tragó.
—No, lo siento, tengo planes —dijo en un tono lamentable.
— ¿Con quién? —preguntó la chica, ya sin tono infantil.
Scorpius pensó en las posibilidades y todas las veces que había sabido de tontas riñas de pasillo por decir el primer nombre que se le venía a la cabeza— Con...
—...Migo —finalizó una voz varonil, grave y a oídos de Scorpius, perfecta. Evan Chandler le paso el brazo por los hombros sonriendo, desbordando encanto. Hasta Cindy quedó algo perpleja—. Lo siento linda, pero yo llegue primero —dijo el chico de dientes perfectos— ¿verdad? —preguntó mirando a Scorpius, sin soltar sus hombros.
Scorpius sentía las rodillas de gelatina. Agradeció haber estado peloteando con más ganas de lo habitual, así podría decir que por eso era el sonrojo que seguro cubría toda su cara. Asintió de forma autómata.
Cindy dijo algo que Scorpius no registró, Evan dijo algo más que Scorpius no escuchó porque estaba concentrado viendo como esos carnosos labios formaban palabras. No podía ver eso y escuchar al mismo tiempo. No tenía las capacidades.
— ¿Entonces, te sumas? —preguntó Evan, y Scorpius volvió de su viaje astral con esos labios.
— ¿Qué? —Dijo medio perdido— Lo siento ¿Me sumo a qué?
—Tenemos una fiesta el fin de semana, en casa de una chica en el pueblo, Albus me dijo que habló contigo, que te gustaría ir —dijo Evan sin dejar de sonreír y ser encantador.
¿Albus? ¿Quién era Albus? Scorpius estaba demasiado alucinado, Evan olía increíble aun después de cuarenta y cinco minutos de deporte intenso bajo el sol.
—Claro, sí, voy —dijo finalmente, cuando Evan comenzó a mirarlo raro, luego recapacitó y dijo— ¿Puedo llevar a alguien? ¿No es una cita doble, verdad?
Evan pareció encenderse como una supernova. Scorpius casi queda ciego.
—Ya invite a Rose —dijo alguien, Albus quizás, que apareció de alguna parte desconocida. Scorpius no estaba muy seguro de nada.
—Entonces en eso quedamos, el sábado nos vamos de fiesta con los chicos del pueblo y tu llevas a Rose— recapituló Evan, Scorpius asintió y recordó que no era nada elegante tener la boca abierta sin razón. La cerró de golpe.
Evan se despidió con un apretón de hombro y se alejó sin dejar de brillar.
Scorpius no registró cuanto tiempo pasó, pero cuando volvió a tierra, Albus Potter seguía ahí, mirándolo.
— ¿Es muy obvio? —Preguntó Albus, Scorpius abrió los ojos con espanto— ¿O solo yo lo encuentro obvio?
— ¿Qué? —dijo el rubio, intentando sacar la histeria de su voz.
Albus le miró sonriendo y guiñó un ojo— Nada, eres un buen amigo —dijo, le golpeó suave el hombro—. Nos vemos el sábado —fue su despedida.
Scorpius quedo ahí medio flipado, medio aterrado hasta que llego Miller y le sacudió— ¡Malfoy! Por lento te quedas conmigo, vamos a jugar unos singles —dijo y le empujó a la cancha.
Continuara-
