Muchas gracias por leer, comentar, marcar o lo que sea, que estén por estos lados me hace muy feliz.
Infinitas gracias a mi querida Maye.
MIL DOSCIENTAS FORMAS DE LLEGAR A TI
Capítulo Cuatro
—No sé qué demonios paso, pero es perfecto —dijo Rose a modo de saludo cuando Scorpius, agotado, entro a la sala común. Miller se había puesto muy pesado con eso de "Estas cada día más malo Malfoy ¿Cómo es eso posible?" y su entrenamiento extra.
—No sé de qué hablas —dijo Scorpius derrumbándose en el sofá más cercano.
— ¡La fiesta esa! —dijo Rose sonriendo— No son de mi estilo, pero como soy tan buena amiga, voy a ir —dijo Rose pasándose las manos por el cabello.
Scorpius quiso reírse en su cara. En esas fiestas siempre había alcohol gratis y alguna alma descarriada que llevar por las sendas del feminismo y la anarquía, Rose de alguna forma retorcida amaba esas fiestas, llenas de chicas estereotipadas que no hacían más que hablar de ella.
—Claro, amiga —comentó Scorpius, acomodándose en el sofá.
— ¿Qué pasó? ¿Cuándo pudiste ver a Albus? Esta mañana en Pociones se me acercó y me dijo que había una fiesta, y que Evan te iba a invitar a ti, y que para que estuvieses más cómodo, mejor que fuese yo —Rose le miró con picardía— ¿Llegaste a un acuerdo con Albus?
Scorpius negó— Quizás fue una coincidencia.
—Raro —dijo Rose ausente, pero luego sonrió—. Tengo un plan, vamos, llevamos un chico guapo y te lo agarras en el jardín. Listo, todos sabrán que eres gay.
—Tú y tu sutileza —dijo Scorpius sonriendo.
Los planes de Rose siempre eran absurdos. La chica le hacía tremenda gracia— Primero ¿De dónde sacamos a un chico que me quiera besar?
—Seguro encuentro uno —dijo Rose segura. Scorpius se lo pensó y la encontró capaz.
—No seas tonta —dijo finalmente—. No es mi idea, quiero que Evan sepa que soy gay y saber si tengo una oportunidad.
—Bueno, si pone cara de celos, es que le gustas, si se pone violento, es un estrecho de mente y te prohíbo salir con alguien así—dijo Rose.
— ¿Y si le da igual?
—Ganas un rechazo o una muestra de que tiene una mente muy abierta —dijo Rose—, más un magreo seguro. Soy un genio.
—Eres una bruta —dijo Scorpius, se puso de pie y enfiló a las habitaciones—. Vamos a ir el sábado, te pondrás lindas, hablaras hasta por los codos e incluirás a Luke sin preguntarle a nadie —Scorpius suspiró con fuerza—. Yo veré como me las arreglo con lo de mis preferencias ¿Si?
—Eres tan aburrido —refunfuñó Rose.
— ¡Es perfecto! —dijo Evan, palmeando a Albus, quien casi se atraganta con su comida de media tarde, justa entre la merienda y la cena. Era deportista, tenía derecho— Jamás pensé que aceptarían tan rápido, llevo invitando a Scorpius a fiestas hace tiempo.
—Quizás es porque siempre le ponías una chica de pareja o nunca le dejaste llevar a quien él quisiera —comentó Albus, raspando el fondo del plato.
— ¿Crees que le a guste Rose? —dijo Evan en tono preocupado.
— ¿Estás loco? —Dijo Albus muerto de la risa— Son amigos —agregó—. Está eso de dormir juntos de vez en cuando —comentó Albus, Evan se puso pálido—. Pero son amigos, seguro —agregó el moreno.
Evan no parecía muy seguro.
Albus intentó imaginar un mundo paralelo donde Rose y Scorpius fuesen pareja. No le sonó para nada.
—En fin, el sábado es el día, el sábado me declaro —dijo Evan firme.
— ¿Declararte? —Albus le miró alucinado— ¿Estás loco? — Volvió a preguntar— ¿Es esto una comedia romántica de los ochenta?
Evan le miró haciendo un puchero. Albus siempre había sido medio débil a los pucheros.
— ¿Entonces qué?
—Declararse, nada, eso está pasado de moda y Rose seguro hasta se ríe en tu cara —Albus tomó un trago de jugo, quería pensar, imaginar cómo había que levantarse a Rose.
Nunca había visto el proceso completo. Cuando salían, solo estaban ahí, de fiesta, aparecía un chico, algunas veces una chica, conversaban, llegaban a increíbles conclusiones e incluso encontraban como terminar con la hipocresía en el mundo y al momento siguiente se estaban besando, o tocando, o escribiendo manifiestos. Con Rose el proceso era extraño, Albus no tenía idea de cómo funcionaba.
Algunas veces salían con Scorpius, quien miraba todo muerto de la risa, aportaba cosas muy agudas, ayudaba a encontrar la cura a la ignorancia que padecía el mundo, y después se desaparecía.
Scorpius tenía pinta de observador, no de conquistador. Albus podría apostar que nunca lo había visto con una chica, aunque no estaba al cien por ciento seguro.
— ¿Qué día es hoy? —preguntó Albus.
—Miércoles —dijo Evan medio molesto— ¿Me vas a ayudar o no?
—No sabes cuánto —dijo Albus, tomó su polo y se levanto de la mesa—. Vuelvo a la cena —fue su despedida.
Cuando llego al hall del castillo saco el mapa del Merodeador de su pantalón deportivo. Era su semana de tenerlo, pero no lo necesitó, por que cuando levantó la vista, en línea recta a su posición, estaba Scorpius Malfoy, de espaldas, sentado en una de las bancas de piedra del castillo.
Se sonrió.
—Malfoy —saludó cuando llegó a su lado, se sentó sin preguntar si podía y sonrió aun más.
—Potter —comentó Scorpius. Usaba gafas de lectura, Albus se las veía puestas en clases y a veces en la cena, le sentaban bien, se veía interesante.
—Dime Albus —comentó Albus—, o Al —agregó.
—Albus —dijo firmemente Scorpius, y no dijo más.
— ¿Te puedo decir Scorpius? —dijo Albus riendo, Scorpius asintió.
—O como quieras —comentó el rubio, quitándose las gafas—. No me gusta mucho mi nombre.
—A mi tampoco el mío —dijo Albus— ¿En qué estaban pensando?
—En tu caso en alguien importante, en mi caso, en bichos.
Albus rió a carcajadas y contempló la sonrisa de Scorpius.
—Me dijeron que tu familia usa el nombre de constelaciones y estrellas.
—Es la excusa romántica, para una seguidilla de nombres horrorosos —dijo Scorpius con rapidez. Albus volvió a reír.
—En mi caso no hay excusa.
—No, la verdad es que no —dijo Scorpius serio, aparentando lamentarlo profundamente—. Mis condolencias —agregó sonriendo.
—Las mías para ti... —Albus se lo pensó ¿Ya habían pasado esa barrera de mantener distancias? —...bicho —decidió que si, ya tenía el derecho de apodar a Scorpius.
Scorpius le apuntó con el dedo— Que poco original, me llamaban así en el kínder.
—Es que no soy muy creativo —dijo Albus—. Tu me puedes llamar Mono, así me llamaban a mí en el kínder.
—Mucho gusto, Mono —dijo Scorpius solemne— ¿Por qué Mono?
—Saltaba por todos lados, era muy inquieto —respondió Albus, con la voz llena de nostalgia.
Antes de darse cuenta, se encontró conversando con Scorpius Malfoy como si se conocieran de toda la vida. Era fácil, Malfoy era mucho menos estirado de lo que parecía, y las devolvía todas con una rapidez mental impresionante.
El chico era divertido, y cuando reía, tenía hoyuelos. A Albus le estaba dando un revoltijo extraño en el estomago, a veces le pasaba, cuando estaba con chicos que le agradaban. Cuando le preguntó a James que podría significar, el jodido de su hermano rió con ganas y dijo algo como "Ya sabrás tu, campeón."
Ese día, no preguntó una mierda de Rose a Scorpius.
¡Continuara!
