Mil disculpas por la demora. Muchas gracias por leer, por seguir, por marcar. Gracias!
Y gracias a mi querida Maye.
MIL DOSCIENTAS FORMAS DE LLEGAR A TI
Capítulo Cinco
— ¡Potter! —llamó el entrenador Miller, desde el otro lado de la cancha. Albus tomo la pelota que venía hacia él con la mano, se la metió al bolsillo y trotó hasta el robusto hombre quien tenía a Malfoy tomado del hombro.
—Aquí —saludó Albus mirando a Scorpius, quien lucía algo compungido.
—Potter, le pedí a Chandler que se encargara de este chico, pero fue peor —Miller zarandeó a Scorpius, quien se veía aun más frágil vestido de blanco— Este chico avanzó mucho en poco tiempo, pero de repente quedo estancado.
—Entrenador... — dijo Scorpius.
—Silencio —le cayó Miller— ¿Puedes, Potter?
—Lo puedo intentar —dijo Albus.
Faltaba un día para la famosa fiestecilla en el pueblo. Albus no había avanzado mucho con la supuesta investigación. Si bien se había pasado un puñado de ratos conversando con Scorpius en los jardines, en la biblioteca e incluso en la cena, no había sabido llegar al punto de Rose.
Scorpius hablaba de Rose, mucho, de lo grosera que a veces era y de cómo refunfuñaba por todo y lo mucho que lo hacía reír y la infinidad de tonterías que había hecho, pero Albus no sabía cómo ganar información sobre Rose en el plano amoroso. Entre más escuchaba de su prima, más se convencía que tal plano, no existía.
—Lo siento mucho —dijo Scorpius cuando Miller se fue a atormentar a otros chicos—. He estado un poco distraído —reconoció algo molesto.
— ¿Quieres que vayamos a otro lado? —Preguntó Albus— Yo también me distraigo de vez en cuando, solo necesito cambiar de escenario.
Terminaron peloteando en la cancha de futbol. Albus demoró menos de medio minuto en transmutar una perfecta red de tenis.
El moreno observó que el saque de Scorpius tenía fuerza y buena dirección. El chico tenía buenos reflejos, parecía hábil. Miller era un exagerado.
— ¡Tiempo! —pidió Scorpius después de casi sesenta minutos seguidos de juego. Soltó la raqueta y se tiro al césped— No tengo tanta resistencia —fue su explicación entre jadeos.
Albus trotó hasta quedar junto a él— No eres malo —se sentó al lado de Scorpius— ¿Te gusta alguien del equipo? —preguntó en tono casual.
Scorpius le miró con los ojos como platos.
Malfoy apretó la hierba que tenia entre los dedos.
Se había hecho el idiota, pensando que el "¿Es muy obvio?" de Potter había sido una frase sin sentido.
Quizás el moreno no era tan lento como parecía.
— ¿Qué? —preguntó Scorpius después de demasiado tiempo, se golpeó mentalmente. Mala respuesta.
—Juegas bien, pero Miller insiste que no, o te gusta alguien o... — Albus le miro con horror— O le gustas a Miller.
Scorpius rió con ganas, una risa mitad sincera, mitad de alivio.
—No sé cuál de las dos es peor.
Albus le miro con los dedos en la barbilla, claro gesto pensativo— Lo siento, pero no veo otra respuesta, así que confiesa.
Scorpius se incorporó, cruzó las piernas y suspiró. Rose le venía diciendo que indagara un poco más, que Albus no era tan perspicaz como para darse cuenta de algo con unas cuentas preguntas inocentes.
—Podría ser que me gusta alguien —dijo al fin, mirando el césped con interés. No quería seguir muy de cerca las reacciones de Potter—, alguien del equipo.
Era algo muy amplio, lo sabía, para empezar el equipo era mixto.
— ¿Te gusta alguien? —Preguntó serio Albus, Scorpius le miró y encontró real sorpresa en esos ojos verdes— Eres el chico más guapo de la escuela, la lista lo dice —dijo Albus— ¿Por qué no te confiesas y ya?
—No seas tarado, ser el más guapo no asegura nada —dijo Scorpius algo sonrojado. Odiaba sonrojarse con tanta facilidad.
—La vida es una sola, solo ve y disfruta de lo que te da —dijo Albus, acostándose sobre el césped.
—La vida solo me ha dado gustos extraños —dijo Scorpius.
— ¿Dices que tus gustos son extraños? Supieras los de Evan —dijo Albus riendo.
Scorpius sintió una punzada tan fuerte en el pecho que casi jadea. Albus tenía los ojos cerrados, quizás no se había dado cuenta.
— ¿Raros? —Preguntó, tratando de sonar indiferente.
—Rarísimos —afirmó Albus—. Yo, que creo ser cercano a él, no lo entiendo, ni lo comparto —rió con ganas— ni de lejos, pero meh, me toca apoyarlo.
— ¿Apoyarlo? —Volvió a preguntar Scorpius, casi en un suspiro. Sentía las manos muy húmedas.
Albus se incorporó, apoyándose de los codos sobre el césped— Solo digamos que estoy jugando a la celestina —dijo, y guiñó un ojo.
Scorpius se le quedo mirando pasmado, y quizás se hubiese quedado allí un milenio, si no fuese por el chico que se acercó a decirles que el entrenamiento ya había terminado.
—Si ya te diste cuenta, no digas nada —dijo Albus camino a los vestidores, echándole más leña al fuego de la imaginación de Scorpius.
Cuando salió de los vestidores, Rose estaba allí.
— ¡Pero si es el hombre más guapo del universo! —Gritó la chica, y corrió a abrazarlo. Scorpius seguía medio perdido— Hombre, nos vamos al bosque— bajo el tono de voz y dijo confidente—. James me regalo María.
Rose siempre se emocionaba con la idea de fumar hierba. Scorpius lo agradeció, su mente era un jodido hervidero, quizás unas cuantas quemadas le ayudaran a aclarar las ideas y dejar de ver cosas que no existían ¿O sí?
Terminaron sentados en un saliente del bosque que daba al lago. Faltaba para el toque de queda, se perderían la cena, pero era un costo que podían pagar.
—Este primo mío ¿No es el más maravilloso de todos? —dijo Rose liando la marihuana con un papel de fumar absurdamente grande. Scorpius los había visto en el cine arte, ni ahí eran tan grandes. Rose era bestia para todo.
—Escucha marinera —dijo Scorpius, que necesitaba escupir lo que le había dicho Albus cuanto antes.
—Escucha tu guapote, tienes que enseñarle Química Aplicada a la Magia a Hugo ¿Si?
—Lo que quieras —dijo Scorpius ansioso, al parecer Rose lo malinterpretó, porque apuro el tramite y encendió el pitillo rápido—. Escucha, hoy entrené con Albus, me dijo que está jugando de celestina con Evan —dijo el rubio de corrido, Rose ya le estaba acercando el cigarrillo— y dijo que Evan tenía gustos raros —agregó, antes de darle una profunda calada.
Rose contuvo el aire un momento, lo exhaló con una sonrisa satisfecha— Marca James —dijo a la nada y luego pareció enfocar las ideas—. Albus dijo que Evan tiene gustos raros ¿más especifico?
—Nada — dijo Scorpius, conteniendo el aliento.
—Así es Albus —concedió Rose—; gustos raros, celestina —la chica aplaudió— ¡Cómo yo! ¿Será por eso que hoy se me acercó y todo? —Rose abrió los ojos y pareció comprender un tópico especialmente difícil— ¿Será que por eso esta tan interesado en que vayamos a esa condenada fiesta? ¿Por eso Albus te está hablando tanto, siendo tan amistoso? Cuando te estaba esperando, salió de los vestidores, todo encanto él y me preguntó, "Oooye, iras con Scorpius el sábado, la fiesta estará suuuper entretenida y habrá de lo que quieran" —Rose volvió a fumar con fuerza—. Todo encaja perfecto ¡Le gustas! —Dijo al fin la chica, confirmando todas las juguetonas ideas que había tenido Scorpius a lo largo del día.
Comenzaron a reír sin parar, quizás de felicidad, por la marihuana o ambas.
Continuara-
