Reconocimiento estrategia y oportunidad.

El asentamiento puesto por la reina de Kei y el ejército de Kantai, junto con las tropas de Tai, comandadas por Gyouso y Risai, y En, comandadas por Shouryuu, se encontraba en las afueras de la provincia de Ken.

Youko estaba preparándose para investigar la excavación en la base de las montañas, los sastres reales habían modificado su uniforme escolar con el que llegó a los Doce Reinos y lograron restaurarlo, tenía en la falda un compartimiento en el que le sería fácil ocultar su espada parcialmente, todavía se veía la joya hekisoujo sobresaliendo de su cintura, pero además de eso no había nada fuera de lo común a menos que los kaikyaku se fijaran en su raro color de cabello y ojos, por lo cual tiñó su roja cabellera a un tono más oscuro, como había hecho cuando fue a aquel burdel a ser vendida por Takki, la mujer que se hizo pasar por su protectora, pero algo había aprendido de ella y eso le era útil ahora; Keiki ayudaba a trazar el camino que recorrería Youko en compañía de Hankyo, éste estaría escondido mientras que su reina realizara la misión y actuaría en caso de ser necesario, de resto, ella estaría sola.

-Sigo sin estar de acuerdo con este plan, Shuujo –objetó Keiki, en la tienda de campaña principal cuando Youko se preparaba para partir –puede ser muy peligroso, ¿quién sabe de qué son capaces estas personas?

-Keiki, es necesario, si no lo hago ¿quién podrá acercárseles tanto? Aunque haya pasado tiempo, creo que aún puedo actuar como una estudiante japonesa normal.

-Sólo espero que esa mente retorcida no se les active a los kaikyaku. –Dijo suspirando con frustración.

-No hables así, Keiki –dijo ella acercándose a su kirin sugerentemente –no permitiré que me lastimen, si lo hacen, ¿cómo podré volver a verte? Algo así jamás me lo perdonaría.

Keiki sonrió con malicia y la abrazó para darle un beso.

-Yo no puedo ordenarle nada, Shuujo, pero sí puedo pedirle que me haga una promesa.

Youko asintió.

-Prométame que regresará sana y salva, además que en cuanto vuelva y este asunto acabe, no seguirá pensando en esa absurda idea de volver a Hourai.

-Keiki, tú… –Youko se sorprendió con la franqueza de las palabras de su sirviente, aún así dijo: - Lo prometo, puedes estar tranquilo.

Keiki sonrió satisfecho, cualquiera se impactaría de ver una imagen como esa, una emperatriz siendo abrazada por su kirin de esa manera; y más sorprendente aún, ver al serio y frío Kei-Taiho comportarse así, con tanta libertad con su emperatriz.

Al salir a la tienda de estrategias militares Gyousou junto a Risai y Shouryuu les informaron de la situación general.

-Al parecer lo intrusos están comenzando a construir una especie de camino en la entrada de la cueva en la que se está llevando a cabo su excavación, tienen tiendas de color blanco del tamaño de una casa pequeña y bastante maquinaria muy rara, montan en ellas como su fueran kijuu y ya están comenzando a acercarse mucho, -expuso Gyousou –quizá debamos mover el destacamento pronto, Youko ¿estás lista?

-Sí, me iré en media hora, Hankyo me acompañará, pero será el único, no quiero que ustedes estén cerca si surge algún imprevisto.

-Shuujo, por favor, -intervino Keiki con preocupación –insisto en que Hyouki y Kaiko también la acompañen.

-No, Keiki si ven muchos shirei, puede que los kaikyaku tomen medidas más extremas de las necesarias, es peligroso que los lleve a todos y no les vayas a ordenar que me sigan en secreto, por favor Keiki.

-Cómo quiera Shuujo –aceptó Keiki sumisamente.

-Youko, ten cuidado, estaré mandando a un pájaro mensajero para que ronde a tu alrededor por si necesitas ayuda –informó Risai mientras abrazaba a la emperatriz de Kei.

-No te preocupes, Risai, estaré aquí en menos de lo que te imaginas. –Aseguró ella sonriendo.

Sin más, decidió marchar a la misión, debía cumplir, no había habido más kaikyaku desde su llegada y sabía al menos cómo se comportaban los habitantes del Hourai actual gracias a la información de Enki, no habían cambiado mucho y estaba preparada.

Había ido montada en Hankyo y al llegar cerca de los ruidos de construcción ordenó al enorme shirei que se detuviera para ella bajar y caminar mientras él estuviera escondido en las sombras, no dudó un segundo y se acercó tímidamente, parecía un proyecto de excavación normal; había maquinaria, grúas, motocicletas, pequeños jeeps y gente trabajando de aquí para allá. Se percató de que salían y entraban del enorme agujero que habían logrado abrir, se dirigió allí para que pareciera que había acabado de llegar.

-Oye niña, ¿qué haces aquí? –Le gritó un hombre desde lo alto de una torre de control de hierro –Se supone que no habrían chicos aquí, deberías estar en clases.

-Eehh, es que yo… -balbuceó ella tratando de pensar una repuesta creíble –Me escapé de clase para venir a curiosear y me perdí.

-Bueno será mejor que hables con alguien que te lleve de vuelta, este no es lugar para mocosos.

-Claro iré a pedir a alguien que me lleve, jejeje –rió nerviosamente, se sentía extraña, era la primera vez que alguien la trataba así desde que estabilizó su país, pero no podía preocuparse por ello ahora, tenía que seguir con el plan, a esto dijo susurrando –Hankyo, necesito que investigues quién es el responsable de todo esto y si se encuentra aquí, mantente escondido, que nadie te descubra.

-Cómo ordenes –respondió una voz incorpórea desde alguna parte.

Youko siguió caminando para ver si veía alguna pista de quién estarían a cargo cuando vio algo que la paralizó por completo, la hizo olvidar que estaba en su reino, que era una mujer cincuentenaria y que estaba ahí con un propósito explícito. No podía creer lo que veía, era imposible o, al menos una coincidencia demasiado aterradora.


-¡Princesa! –llamó Hou-Ou en cuanto vio a Shoukei caminar por uno de los pasillo del palacio Kinpa.

Ella se detuvo con irritación, todos los días desde que le confesó su amor, Koui no había dejado de perseguirla sólo para hablar de cosas triviales e invitarla a comer con él, Shoukei había echo todo lo posible por evitarlo y sin Kantai, Youko, Suzu o Risai para acompañarla los días se estaban volviendo un verdadero engorro, sólo contaba con la ayuda de Houki para evitar que su rey se metiera en problemas y no molestara a, la ya muy atareada, Shoukei. Diariamente tenía que redactar noticias, respuestas e invitaciones, también recibir mensajeros de todos los reinos y a sus embajadores y enviados para indicarles lo sucedido y darles información sobre la posición actual del destacamento de los ejércitos aliados.

-Buenos días Hou-Ou ¿Cómo está? –dijo ella con un resoplido de fastidio.

-Princesa, ya te he dicho que me llames por mi nombre –sí, ahora se daba el lujo de tutearla.

-No puedo hacer eso, yo soy un funcionario de la corte de Kei y usted es un emperador de otro reino, sería una grave falta de respeto hacia usted y todo lo que representa.

-Pero no lo es si el emperador te lo pide personalmente –añadió él con una sonrisa, al menos había logrado que ella le dirigiera la palabra, normalmente lo ignoraba.

-¿Para qué me buscaba, Hou-Ou? –resopló ella.

-Quería darte esto –dijo alzando unos lirios color azul.

-Se lo agradezco, pero creo que sería inapropiado aceptarlas, como ya le he dicho antes, soy una mujer comprometida y no es bien visto que acepte regalos de un hombre que no tiene nada que ver conmigo.

-Me hieres con esas palabras, princesa –dijo él tratando de poner el ramo en sus manos patéticamente –al menos podrías tomar el té conmigo y Houki esta tarde, si no te molesta.

Shoukei lo miró inquisitivamente, era la primera vez que le proponía un encuentro en compañía de terceros, y más raro aún si era en compañía de su kirin, quién no apartaba la vista de su amo cada vez que lo veía cerca de ella, tal vez un té no sería algo riesgoso y ayudaría a que se quedara tranquilo, al menos por un tiempo.

-Hm, está bien –aceptó sin mucho ánimo –pero sólo si es en compañía de Hou-Taiho.

Los ojos del monarca brillaron complacidos, le prometió que sería una velada divertida y que no se iba a arrepentir, luego se alejó silbando alegremente logrando así el objetivo de Shoukei, mantenerlo lo más lejos posible.

-Shoukei-sama –llamó un sirviente presentando ante ella un rollo de pergamino atado con una elegante cinta –acaba de llegar una carta de parte del rey de Han, el mensajero que la trajo dice que Shuujo Han-Ou desea una respuesta inmediata.

-Dígale al mensajero que tendrá la respuesta en pocas horas, atiéndanlo a él y a su kijuu, no tardaré.

-Sí, señora.

Shoukei se dirigió a la oficina del escribano del palacio y leyó.

"Respetada y estimada Kei-Ou."

"El reino de Han acepta con respeto y solidaridad las propuestas de cooperación del Rey Glorioso de Kei, también consideramos como una amenaza a nuestro patrimonio la invasión de los kaikyaku que tan desprevenidos nos toma en tiempos de paz y prosperidad en nuestros respectivos reinos, si Kei-Ou está de acuerdo me presentaré junto con Han-Taiho en el palacio Kinpa para así juntar nuestras fuerzas contra la amenaza invasora."

"Con todo el respeto que se merece: Go Ranjou, Han-Ou, Emperador de Han."

-Bastante breve –pensó Shoukei –Youko me ordenó responder positivamente todas las propuestas de ayuda de parte de otros reinos así que no habrá problemas para eso, hm, tendré que aguantar a Han-Ou y a su caprichosa kirin otra vez, al menos hasta que se vayan a las montañas a ayudar a los demás, Kami, pero qué fastidioso es el rey de Han, aunque no creo que llegue a irritarme tanto como lo hace Koui actualmente.

Se sorprendió bastante al pensar así en su nombre, no lo llamaba Hou-Ou o Koui en su fuero interno, simplemente se refería a él consigo misma como "ese rey", por eso le sobresaltó bastante cambiar ese pensamiento tan de repente.

Sacudió la cabeza con violencia para alejar pensamientos innecesarios, debía mantenerse concentrada y hacer su trabajo correctamente, no tenía tiempo para pensar estupideces.


Por otra parte, Sekki y Suzu no habían tenido problema alguno en comunicarse con los demás gobernadores de las provincias del reino, hasta que llegaron a Meikaku, dónde los seguidores de Gahou todavía recordaban la rebelión causada por los habitantes de Shisui, la provincia dónde gobernaba Sekki, rebelión en la cual ambos había participado tan activamente.

Al entrar en el castillo del actual marqués de la provincia de Wa, no fueron recibidos de la mejor manera, el marqués era un hombre famoso por ser individual, pocas veces se rendía a los mandatos y prescriptos imperiales, actuaba por sí sólo y nada más para beneficio de su provincia; de hecho sólo pudieron entrar porque Kei-Ou había ordenado severamente que así fuera y había mandado una carta al marqués para expresar el porqué de la intrusión del gobernador de la provincia de Shisui y de su doncella.

-Shisuikou qué eh… sorpresa, verlo en Meikaku –dijo el marqués tratando de sonar lo menos cortante posible –no pensé que Kei-Ou tomara a sus gobernadores de confianza como vulgares palomas mensajeras, eso da mucho en que pensar acerca de nuestra estructura gubernamental actual.

-Haré cómo que no escuché eso último, marqués, ya que hay asuntos en los que nos conviene unir nuestras fuerzas y apoyar a nuestra reina –dijo Sekki con convicción, se le daba bien la oratoria y le era sencillo tratar a personas impertinentes como el marqués de Wa –se está llevando a cabo una campaña contra invasores de parte de varios reinos, están involucrados, Kei, Tai, Hou y En hasta ahora hemos recibido el apoyo de varios benefactores externos, es decir que no se encuentran ahora mismo en el reino, cómo lo son, Ren-Ou, Sou-Ou, Rikou príncipe de Sou y Kou-Ou, todos ellos dispuestos a cooperar en la medida de lo necesario contra un mal que ha llegado a plagar los Doce Reinos, kaikyaku han logrado infiltrarse a nuestro mundo, no sabemos cómo, no sabemos el porqué, pero no permitiremos que lleguen más allá de un simple atisbo, por eso, marqués, en nombre de la paz de nuestra gente le pido que una su armada con los ejércitos imperiales de Tai, Kei y En y de las propias tropas de mi provincia y las envíe a las montañas de Gantou, en la provincia de Ken para parar la campaña de intrusión de los extraños que amenazan con quitar el balance de todo lo que hemos llegado a crear.

-Lo que dice es una cosa muy grave, Shisuikou, ¿cómo saber que son en realidad kaikyaku? ¿Qué los diferencia para que pensemos en la legitimidad de su información? –El marqués de Wa permanecía obstinadamente escéptico a las palabras de Sekki.

-Supongo que conoce al famoso general Kantai –contestó él con una expresión triunfante, sabía que la brillante reputación del general no había pasado desapercibida por los agudos y voraces oídos del anciano marqués de Wa –él fue quién nos facilitó la información, comprobó su legitimidad y movilizó las tropas de tres reyes, un alto funcionario de la corte de Kou, tres kirin y un gobernador provincial para cumplir con el juramento que hizo de proteger el glorioso reino de Kei, además de renunciar a la dicha de convertirse en esposo pronto.

-No puedo discutir si pone las cosas de ese modo, he llegado a apreciar la hazañas del general y no menos asombrarme con su magnífica táctica estratégica para la milicia, esta es mi respuesta, Shisuikou, aunque no pongo toda mi lealtad hacia la reina de Kei por razones obvias, si mi jurisdicción corre riesgos mi deber principal es protegerla, cuento con la fuerza del general Kantai para liderar mis tropas y gustosamente las enviaré a Gantou para servir en esta empresa, sólo bajo su palabra de que únicamente la reina y el general sean quienes las comanden.

-Le doy mi palabra de honor que así será, no podría ser de otro modo.

Ambos hicieron respetuosas reverencias para dejar que Sekki se reuniera con Suzu en las salas de invitados del castillo, le anunció que contarían con el apoyo del marqués y que en éxito de su viaje había llegado al fin, ya tan sólo les quedaba reunirse en Gantou con los demás para pelear en nombre de la paz y la tranquilidad.


Shoukei se dirigió a fracción del palacio dispuesta para Hou-Ou y Hou-Taiho después de haber enviado al mensajero con la respuesta para Han-Ou; estaba nerviosa, no sabía qué esperar de este encuentro sólo quería que terminara lo más rápido posible, bebería el té con prisa, haría una conversación circunstancial sobre esto y aquello y saldría pretextando tener mucho trabajo, al menos eso pensaba hacer.

Se anunció su llegada y las puestas se abrieron para permitir ver a un Koui completamente solo con una bandeja de té y panecillos frente a él.

-¿No se suponía que Hou-Taiho nos acompañaría? –Dijo mostrándose claramente indignada.

-No se siente muy bien esta tarde, el trabajo ha estado agotando su mente y dijo que prefería ir a pasear al jardín, para calmar un poco sus pensamientos –dijo Koui con total descaro.

-Arg yo me voy –resopló Shoukei dándose la vuelta.

-Por favor princesa no te vayas –rogó el rey de Hou tomándola del brazo con delicadeza, pero lo suficientemente fuerte como para detener su huída. –Quédate a tomar el té y conversar, sólo eso, no está mal mantener una relación cordial entre un hombre y una mujer aunque ella esté comprometida.

Shoukei soltó un suspiro de exasperación, muy parecido a los que solía dejar escapar Kei-Taiho, lo cual la divirtió un poco a pesar de su molestia, Hou-Ou tomó con agrado su cambio de expresión y dijo:

-Sólo serán unos minutos, lo prometo.

-Está bien, sólo por unos minutos, luego me iré y usted dejará de molestarme.

-Gracias, princesa, le aseguro que no se arrepentirá –tomó la tetera y vertió torpemente el té en una de las tazas haciendo que el líquido se derramara un poco sobre la mesa.

-Déjeme hacerlo –intervino Shoukei tomando el recipiente de las manos de Koui, el roce lo hizo temblar, aunque ella no lo notó –es obvio que no está acostumbrado a eso, el té se sirve con cuidado, para no quemarse o derramar, me enseñaron a hacerlo cuando estuve en el horfanato.

-Eres muy talentosa, princesa, ahora sé porqué te llamaban la joya del palacio.

-En realidad no me enorgullece nada ese sobrenombre ahora que estoy aquí, antes sí lo hacía porque yo era cómo una muñeca, una tonta y sin cerebro que no se enteraba de nada en su propio reino, me alegra el haber conocido a mis amigos y a reina de Kei, soy útil y necesaria, y eso me hace más feliz que vivir en un palacio y tener lindos vestidos y horquillas.

-Yo no te recuerdo como una muñeca tonta como tú misma te llamas ahora –dijo Koui dejando entrever una sonrisa melancólica cuando tomó la taza de su té –yo veía a una chica linda, con sonrisa alegre y juguetona, una verdadera princesa.

-Si hubiera sido una verdadera princesa habría hecho algo con respecto al sufrimiento que padecía la gente de mi reino, pero yo no me interesé por ellos y pagué las consecuencias –Shoukei bajó la vista hacia sus manos que sostenían la taza –usted estuvo ahí, el día del regicidio, vio cómo entraban al palacio y cometían el pecado contra el cielo, yo estuve personalmente allí, al lado de mi madre, junto a la cabeza de mi padre, la de Hourin, pagué, pero ahora soy feliz, tengo una vida bella y no me arrepiento de nada más que de haber sido una tonta muñeca.

-Yo nunca pensé que lo fueras –Koui se acercó a ella –sigo pensando que eres mi princesa.

Se acercó más a ella y maniobró para poner su rostro frente al inclinado semblante de ella, acto seguido la besó con timidez, expectante, esperando su respuesta, la cual nunca llegó, sólo vio en sus ojos el asombro, la rabia y la confusión mientras sus labios permanecían unidos.


Gracias a todos los que están siguiendo el fic, por todos sus reviews y su apoyo, por cierto "Kumi Kinomoto", ya comencé a trabajar en el fic que me pediste acerca de Shouryuu, ojalá te guste jejejeje

Besos a todos y una vez más gracias.