Nuevo capi, perdón por tardar tanto en actualizar
¡He estado muy ocupada este tiempo!
(Exámenes...)
Espero que os guste
Besos
Emma se encontraba en la pista de baile mirando al infinito, notando como las luces se movían a gran velocidad dañándole los ojos y la música le taladraba la cabeza. Era extraño, aquello que tanto disfrutaba ahora solo le molestaba. Miraba a la gente de su alrededor, bailando y sonriendo disfrutando de la noche, ella hacía lo mismo, aunque mejor dicho intentaba dar aquella imagen delante de los demás, pero notaba un gran vacío en su interior, era incapaz de disfrutar en aquel momento donde sus ojos ardían y no precisamente por el humo y las luces del local, por más que quisiera evadir aquellos sentimientos le era imposible.
Dos jóvenes habían entablado conversación con ellas. Emma los observó, eran muy atractivos, lo admitía, pero ninguno le llamaba la atención y tenía miedo de admitir el porqué, cualquier otra noche ella y Sey hubiesen terminado dándoles el teléfono a alguno de aquellos atrevidos hombres que tenían el valor de entrarles a dos de las chicas más hermosas del local, no se consideraba una persona narcisista pero sabía apreciarse a sí misma y sabía que tanto ella como Sey eran mujeres atractivas. Pero aquella noche era incapaz de prestar atención a las conversaciones de aquellos hombres, simplemente sonreía a todo lo que decían sin saber exactamente a que lo hacía, pero hubo un momento en que la música, los láseres y todo aquel vacío pudo con ella.
-Oye Sey, estoy un poco mareada, voy a salir un rato fuera-Le susurró al oído a la morena, que entablaba una divertida conversación con uno de chicos.
-¡¿Qué?! Te marchas, ¿Por qué?-Preguntó preocupada, aunque no era tonta y tenía ciertas sospechas de lo que le ocurría a su mejor amiga.
-Será solo un momento-Volvió a susurrar mientras aquel nudo que tanto odiaba empezaba a aparecer en su garganta.
-¿Quieres que te acompañe?-Preguntó preocupada por el estado emocional de su amiga.
-No, no te preocupes. Además el chico con el que estás hablando es muy guapo. No seas tonta-Le dijo mientras forzaba una risa, que no terminó de convencer a su amiga pero acabó por dejarla ir sabiendo que quería estar sola.
-Vale, pero si me necesitas llámame, ¿Sí?- Le dijo con un tono más serio dando a entender a Emma que no podía engañarla.
-De acuerdo-Le contestó con una sonrisa mientras se marchaba del lugar a buscar a su hermano, cosa que no fue difícil ya que se encontraba en su reservado naranja resolviendo temas pendientes.
-Hola Vincent- Entró al reservado seria, sin ninguna emoción en su voz, cosa que no pasó desapercibida para su protector hermano, ya que imaginaba lo que quería, pocas veces se lo pedía pero cuando lo hacía sabía que algo ocurría.
-¿Qué quieres?-Pregunto mientras afilaba la mirada, sabía exactamente lo que quería, pero otra cosa es que quisiera dárselo.
-Hierba-Contestó tajante mientras le mantenía aquella mirada afilada de la misma manera creando una tensión que se podía cortar con un cuchillo en aquel mismo instante.
-¿Por qué?- Preguntó el rubio manteniendo aquel tono de voz sin dejar ver lo realmente preocupado que estaba.
-¿Me la vas a dar o tengo que pedírsela a otro?-La voz de Emma destilaba cierto rencor, sabía que su hermano no tenía la culpa de nada y que lo hacía para protegerla, pero en esos momentos los sentimientos amenazaban con desbordarse de cualquier manera y uno de ellos era la rabia y el despecho. Sabía que si aquella conservación continuaba así terminaría pagándolo con él y era lo último que quería.
-Aquí tienes-Le contestó su hermano mientras sacaba una bolsita hermética de plástico con la hierba que le había pedido y se la daba a su hermana que la cogió con desesperación y se marchó con paso firme del reservado.
Vincent se quedó mirándola marchar sabiendo que algo le ocurría a su hermana y no cualquier cosa.
-Mañana tendré que hablar con ella quiera o no quiera-Pensó preocupado mientras se encendía un cigarrillo y mandaba pasar al siguiente cliente.
Emma subía enfada tras hablar con su hermano por las escaleras para llegar a la habitación, se conocía el local como la palma de su mano, sabía dónde estaban las llaves y cuál era la mejor habitación de todas, la número trece, abrió la puerta y entró, espaciosa ,repleta de velas y un olor a rosas agradable, pero en ese momento todo aquello tan romántico solo hacía que agobiarla y que sus ganas de tirar todas aquellas flores a la basura se multiplicasen por mil, necesitaba aire, relajarse y que aquel torbellino de emociones tuviese fin, no lo dudo ni un instante y se marchó directa a la terraza, se apoyó sobre el balcón de esta y observó el paisaje, Roma, una ciudad bellísima y desde allí aun lo parecía más, miles de luces encendidas, creando un paisaje espectacular junto con el aire frío que le daba de lleno en la mejillas encendidas de su cara, consiguiendo que todo aquel calor producido por aquel torrente de rabia desapareciera dejando lugar al frío y al vacío de su interior. Así estuvo más de veinte minutos sin pensar en nada solamente mirando aquel paisaje mientras controlaba su respiración intentando controlar las ganas de llorar, quería ser una mujer fuerte, fuerte como su hermano, no quería ser la damisela en apuros ni la típica chica que llora por cualquier tontería, porque lo sabía, en el mundo de la mafia si eres débil es sinónimo de estar muerto.
Tras aquello empezó a liarse ella misma la hierba, le prendió fuego y dio una fuerte calada, notando como el humo llenaba sus pulmones y su garganta ardía, empezó a toser, ella nunca fumaba y cuando lo hacia se notaban que sus pulmones eran vírgenes, notaba el sabor de la hierba en su boca, odia aquel sabor, aquel sabor a hierba húmeda, pero ni el dolor de garganta ni el mal sabor la hizo retroceder, volvió a darle otra calada aún más fuerte, esta vez intentando no toser, así estuvo un buen rato hasta que empezó a notar los efectos de la sustancia, un ligero mareo que le hacía relajarse, tras aquello continuó fumando hasta que terminó el cigarrillo y se sentó en las cómodas sillas de la terraza, debido al mareo lo más cómodo era sentarse y recostarse, se quitó los tacones y apoyó los pies sobre la mesa de cristal , los sentimientos de rencor y despecho fueron remplazados por la nostalgia. Y en aquel momento lo admitió, aquello que tanto miedo le daba.
-No le he olvidado, nunca lo hice. Yo aún le amo-Susurró con tristeza mientras notaba como las lágrimas surcaban su rostro, durante aquellos seis años nunca había derramado ninguna lágrima y ahora un fantasma del pasado había vuelto para recordarle que nadie era invencible.
-¿Por qué la persona que más dolor te causa es la persona por la cual darías todo?, es ilógico, si una persona te hace llorar no merece que te preocupes por ella, ¿Verdad? Entonces ¿Por qué soy tan masoquista?, ¿Por qué quiero lo mejor para la persona que ni siquiera debe haberse acordado de mí en estos años?, Por qué recuerdo una persona que me ha olvidado...-Susurraba entre sollozos mientras aquella imagen volvía a su cabeza, aquella mirada que Antonio le dedicaba a Lovino, aquella chispa en la mirada, aquella magia, con la que nunca le había mirado a ella y aquel beso que nunca había recibido, un beso lleno de sentimientos. Totalmente diferente a cuando le besaba a ella.
Lo admitía, al ver aquello sintió como si algo le impidiera respirar, como si unas cuerdas le estrujaran hasta el ahogo, miles de cuchillos lanzados por la espalda, una caída libre de más de cien metros y sin paracaídas, notar el dolor de caer al suelo, aquel suelo árido que tanto odiaba, porque aun que ella misma se dijera que no, tenía esperanzas, esperanzas de que algún día aquel que la había abandonado se diese cuenta de que ella era lo que realmente buscaba y volviera a por ella. Nada más lejos de la realidad, ella no era lo que él buscaba y nunca lo sería. Porque aún recordaba las últimas palabras de Antonio antes de marcharse y dejarla sola en aquel orfanato.
-Lo siento Emma, no siento lo suficiente para seguir teniendo una relación contigo, lo he intentado pero es imposible. Yo te quiero, pero te quiero como una amiga, eres una persona increíble, personas como tú se merecen lo mejor, de verdad, espero que nunca cambies y que seas feliz sin mí. Lo siento, de verdad.
Y recordaba su reacción, una sonrisa, una maldita sonrisa cuando lo único que quería era llorar, llorar hasta morirse, aceptó aquella amistad como si no le doliese, ¿Ser feliz? ¿Cómo se puede ser feliz si lo único que quieres no lo puedes tener? Aquella era una pregunta que aún no había encontrado respuesta.
Y ahí se encontraba, tirada en la silla, con el rímel corrido y derrotada llorando por una persona que no la valoraba, estuvo años pensado cual fue su error, y no lo encontró, nunca encontró el error, a lo mejor era su personalidad demasiado altruista, al fin y al cabo siempre oía que las a las malas personas les iba mejor, a lo mejor es que le iban morenas o simplemente porque era mujer. Nunca lo supo. Pero sabía que había vuelto a tocar fondo, y odiaba aquella sensación, aquella sensación que prometió nunca volver a sentir, defraudarse a sí misma era lo peor que podía ocurrirle, ¿Y por qué simplemente no le odiaba? Sería lógico odiar a la persona que te hace daño.
-Soy idiota...-Susurró antes de quedarse dormida.
Vincent sabía que su hermana necesitaba apoyo, siempre daba lo mejor de sí a los demás sin pedir nada a cambio, pero sabía que su hermana para sus temas personales era muy reservada y que hablaría con él si ella quería, no podía obligarla, sabía por experiencia que aquello solo haría que se encerrase más sobre sí misma. Pero le daba igual que su hermana no le hablase de sus problemas o que no confiase en él para desahogarse, él simplemente estaría allí a su lado apoyándola como había hecho siempre. Porque para él no había persona más importante en el mundo que su hermana. Llegó a la habitación trece, la favorita de su hermana, sabía que amaba la terraza que poseía, por lo cual no se sorprendió al ver que la puerta estaba abierta y entró despacio en ella sin hacer ruido.
-¿Emma?-Preguntó esperando una respuesta que no llegó y supo el porqué al entrar a la terraza y verla dormida allí mismo. Sintió como su corazón se partía en dos al verla de aquella manera, verla deprimida era una sensación que odiaba porque no era algo que él mismo podía resolver, era un problema que ella misma debía superar.
La recogió en brazos y la acostó en la cama, arropándola con las sabanas para que no pasase frío y dejándole un beso de buenas noches en la frente como hacía cuando eran niños.
-Cuando estés preparada habla conmigo-Le susurró mientras se marchaba preocupado de la habitación.
Antonio abrió despacio los ojos, notaba como a través de la ventana se filtraba la luz del Sol y le daba de lleno en sus ojos verdes, tuvo que volver a cerrarlos debido al dolor de cabeza que le proporcionaba la luz a sus ojos aun no acostumbrados a ella, poco a poco se levantó de la cama y se sentó al borde de esta mirando al infinito, notando como la cabeza le daba vueltas al igual que su estomago que amenazaba en expulsar todo la bebida ingerida la noche anterior.
-Joder, maldita resaca-Susurró mientras se sobaba la cabeza inconscientemente intentando disminuir el dolor que sentía. Se marchó de inmediato directo al baño de su habitación al notar como de repente la bilis subía a través de su esófago y advertía con salir de su organismo sin ningún pudor.
Tras más de media hora en el baño donde decidió darse una ducha con agua helada para despejarse y eliminar el olor a alcohol de la noche pasada se vistió y bajó a la cocina a desayunar algo que su estomago pudiese tolerar en dicho momento.
Al llegar allí vio como Vincent le dedicaba una mirada que no supo descifrar pero supo que no era bueno. Al revés un escalofrío le recorrió todo su ser.
-Mierda, no me acuerdo de nada de ayer, el ultimo flash que tengo es cuando estábamos tomando en el reservado.-Pensó asustado mientras se servía un vaso de agua ya que su organismo lo único que le pedía era aquel preciado líquido.
-Buenos días Antonio-Aquellas palabras produjeron un sudor frío en el cuerpo del español, sabía que ayer la había liado muy grande, pero no sabía exactamente a que nivel de grandeza.
-Buenos días Vincent-Contestó asustado mientras se sentaba con él en la mesa. Estuvieron más de cinco minutos en silencio mientras notaba como el rubio le fulminaba con la mirada.
-¿Qué hice ayer?-Preguntó derrotado Antonio que ya no soportaba más aquella tensión sobre él.
-Tuve que llevarte en brazos hasta tu cuarto-Contestó el rubio aumentando aun más la tensión en el ambiente.
-¿Y por qué tuviste que llevarme en brazos?- La voz de Antonio sonó débil y asustada, no quería oír la respuesta pero sabía que era necesario.
-Porqué ibas tan borracho que te quedaste dormido - Otra vez la voz de Vincent sumó más tensión al ambiente.
-¿Y paso algo con Lovino?-Preguntó con miedo a oír la respuesta.
-Pues por la cara de amargado que llevaba esta mañana, más aún que la que lleva de normal, creo que le dejaste con las ganas-Dijo el holandés mientras empezó a reírse a carcajada limpia rompiendo toda la tensión del ambiente, mientras que ahora era Antonio quien enfundaba una aura furibunda hacia el rubio.
-Ósea,¡Mira quien está aquí! ¿Cómo llevas la resaca, cariño?-Dijo Feliks mientras entraba en la cocina con su pijama rosa de Hello kitty y sus zapatillas de conejo blanco mientras miraba divertido al moreno.
-Podría ser peor-Dijo Antonio en voz baja al darse cuenta del espectáculo que debió dar la noche anterior.
-¿Peor? Si te lo estabas pasando en grande haciendo un striptease en la tarima del local-Dijo Feliks divertido mientras le dedicaba una mirada lasciva.
-Tierra trágame-Susurró mientras bajaba la cabeza avergonzado
Arthur se encontraba en su despacho frente al ordenador tecleando nervioso los códigos de seguridad de su programa informático, sabía que Alfred había sido capaz de entrar en él y no sabía realmente hasta que nivel de seguridad había conseguido llegar, la información era poder y lo sabía, y si había sido capaz de hackear la base de datos donde se encontraba toda la información de sus agentes y misiones realizadas sabía que estaba en problemas.
-Fuck, no encuentro ningún fallo en el sistema...-Murmuraba Arthur que empezaba a desesperarse al notar que Alfred le había ganado la batalla informática. Sabía que llevaba todo el día metido en su despacho y no tenía ni la más remota idea del error.
-Shit, no me queda otra voy a tener que pedir ayuda-Dijo derrotado mientras dejaba de teclear, cogía aire y se calmaba para no destrozar todo a su alrededor debido a la rabia contenida, buscó entre el cajón del escritorio su agenda y marcó un número en el teléfono. Arthur notaba como los nervios le consumían al notar como el tiempo pasaba y nadie le contestaba.
-Please...-Susurró ya desesperado, al oír como los pitidos iban sonando.
-¿Arthur?-Dijo una voz sorprendida al otro lado del teléfono.
-Hello ¿Te acuerdas del favor que me debes? Pues necesito tu ayuda en estos momentos-Dijo con una voz firme y segura sin rastro del nerviosismo del momento.
Muchas gracias por leer, y sobre todo a los reviews que me dejáis, me animáis mucho a continuar :D
Espero actualizar mucho más rápido la próxima vez
Besos :D
